jueves, 25 de noviembre de 2010

BAJO LA SUPERFICIE DE LA PIEL

Al mirar por debajo de la superficie de la piel se entiende mejor por qué la cobertura del cuerpo humano es tan versátil, resistente, flexible y duradera. Sus capas, la epidermis y la dermis, se reparten las funciones que la piel debe llevar a cabo. La capa escamosa de células muertas rica en queratina de la superficie de la epidermis contrarresta las constantes agresiones y la exposición a los elementos. Las células vivas que hay debajo de esta primera capa están pegadas unas a otras formando una lámina compacta, una segunda línea de defensa frente a pinchazos o microbios. Pero la capa más resistente de la piel es la dermis; construida por colágenos y elastina, es muy resistente y se mantiene elástica durante décadas. Es el tejido que sostiene y nutre la epidermis. Por debajo de la epidermis está la hipodermis, cuya función es unir la piel a los músculos y huesos.

CÉLULAS DE COLÁGENO

CÉLULAS DE ELASTINA

LA REGENERACIÓN DE LA PIEL

La superficie de la piel se regenera constantemente. Como escaladores epidérmicos, las células se forman en la base de la epidermis y se ven empujadas hacia la superficie al producirse nuevas células debajo. La mayoría de las células de la epidermis son queratinocitos, que producen una proteína impermeable denominada queratina. Estas células mueren durante su viaje por lo que, cuando llegan a la superficie, sólo quedan de ellas bolsas planas de queratina que forman un protector impermeable. Al frotar la piel, estas células muertas se desprenden y otras toman su lugar. La epidermis entera se renueva constantemente en períodos de unas cuatro a seis semanas. En la base de la epidermis hay otras células, los melanocitos, que producen melanina. Esta sustancia contiene una gama de colores que van del amarillo anaranjado al negro. Es lo que da color a la piel. La concentración de muchos gránulos de melanina en una área reducida produce una peca o lunar.

MELANOCITOS

CÉLULAS DE MELANINA
 

QUERATINOCITOS 

CÉLULAS DE QUERATINA



Al envejecer se pierden colágenos, los que quedan se endurecen y las fibras de elastina degeneran. La piel se afloja paulatinamente y aparecen las arrugas, especialmente en las zonas que se fruncen más a menudo.

El color y la cantidad de melanina de la piel de una persona vienen determinadas por los genes. La diferencia en el color de la piel es un distintivo de la diversidad humana.



La dermis tiene vasos sanguíneos y los nervios serpentean entre los folículos pilosos, mientras el vello, los canales de las glándulas sebáceas y los largos conductos de las glándulas sudoríparas se abren paso hacia la superficie. Los poros visibles en la piel son las aberturas de los folículos pilosos a los que, por debajo, están pegadas las células musculares. Cuando estas células se contraen como respuesta al miedo o al frío, los folículos pilosos se yerguen o erizan, y el resultado es la popularmente conocida piel de gallina.


La mayor parte de la grasa está contenida en la hipodermis, una capa de tejido por debajo de la dermis. Las fibras de colágeno de la dermis hacen que ésta sea resistente y duradera.



DERIVADOS DE LA PIEL

La piel no sólo cubre nuestro cuerpo, sino que también sirve de soporte a estructuras que refuerzan su protección, incrementan el aislamiento y ofrecen otras ventajas, como la posibilidad de aliviar un picor. El pelo y las uñas se desarrollan a partir de la capa superior de la piel, la epidermis, y están formadas de queratina. Esta protéina, densa y fibrosa, es extremadamente dura, y resiste roturas y desgarros, una característica que la convierte en el material ideal para aquellas partes del cuerpo que están más sometidas a fricción o a otras presiones mecánicas. El pelo, formado mayoritariamente por queratina, es uno de los materiales más resistentes del cuerpo. Sólo las labios, las palmas de las manos, las plantas de los pies y algunas zonas de los genitales no tienen pelo ni vello. Las uñas protegen los delicados tejidos de la punta de los dedos, y cada una tiene una raíz, que está inserta en la piel subyacente. De hecho, la parte de las uñas que sobresale está muerta, y eso es lo que les permite resistir el desgaste cotidiano.


El cabello en una persona tiene un promedio de unos cien mil cabellos, procedente cada uno de ellos de un folículo piloso. Estos folículos permanecen activos entre 3 y 5 años, para luego descansar durante unos meses antes de desarrollar un nuevo cabello. Como consecuencia, se pierden unos cien cabellos al día. La testosterona, por ejemplo, estimula el crecimiento del vello corporal; una mala alimentación, en cambio, lo debilita. El proceso de envejecimiento hace que disminuya la actividad de los folículos pilosos. La forma de los folículos pilosos determina el tipo de pelo. El pelo liso procede de folículos redondeados, el pelo ondulado es resultado de folículos alargados, y los folículos curvados son los responsables del pelo rizado. Un cabello es una fibra flexible y escamosa de células atestadas de queratina. La cubierta exterior está formada por células achatadas y superpuestas que forman una duradera cutícula. A diferencia de las células queratinizadas de la superficie de la piel, las células de la cutícula del cabello contienen una forma especialmente densa de queratina que evita la descamación. A su vez, las estrías en forma de teja de su superficie evitan que los cabellos se apelmacen.

Las uñas son el equivalente humano de las garras y pezuñas de los animales. Normalmente, las uñas sanas tienen un color rosado que se debe a la presencia de vasos sanguíneos en la dermis subyacente.

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