viernes, 26 de noviembre de 2010

SISTEMA INTEGUMENTARIO

Dura, pero sensible, así es la arquitectura interna de la piel que varía según su localización y actividad, pero aflora continuamente durante la vida de este órgano. Continuamente perdemos células muertas y achatadas en la capa más externa (la mayor parte del polvo de una casa son restos de piel). Las células más externas son reemplazadas por células nuevas generadas por la división de células vivas presentes en la base de la epidermis. El proceso dura casi un mes y a medida que la células se abren camino hacia la superficie y se alejan de su fuente de nutrición, se achatan y se encogen, pierden su núcleo y se convierten en queratina, una proteína sin vida, creando una capa dura y continua, cuyos enlaces de azufre son demasiados robustos para destruirse con las enzimas normales de la digestión impidiendo que microbios potencialmente invasivos se hospeden en ella.

La dermis interna mantiene su integridad estructural, un tejido fibroso en el que se abren paso vasos sanguíneos, nervios, glándulas sudoríparas, glándulas sebáceas y folículos pilosos, estando su capa más profunda anclada a los tejidos subyacentes. Por cada 25 milímetros cuadrados, la piel contiene unas 700 glándulas sudoríparas, 100 glándulas sebáceas y 21000 sensores del calor, la presión y el dolor.




La piel está diseñada para manipular objetos con precisión, los arcos y espirales de las yemas de los dedos están perfectamente dotados de glándulas sudoríparas, pero carecen de pelo o glándulas sebáceas. Esta superficie lampiña y ondulada presente en los dedos y palmas de las manos y en las plantas de los pies ayuda a asir objetos y evita que resbalen. Debido a que las ondulaciones y espirales de la piel varían de una persona a otra, y como al tocar superficies lisas dejamos una impronta de sudor a las que llamamos huellas dactilares o digitales, resulta posible que nos identifiquen por lo que tocamos.

Unos 100.000 cabellos cubren el cuero cabelludo surgiendo de diminutas, pero largas fositas, aislando la cabeza del aire al tiempo que la protegen de la radiación dañina del sol. Las células foliculares vivas presentes en el bulbo piloso dentro de esta fosita se dividen para formar cabello y empujarlo al exterior. Al igual qu las células cutáneas, a medida que ascienden, se llenan de queratina y mueren, gracias a lo cual no duele cuando nos cortan el pelo. El sebo liberado en los folículos por las glándulas sebáceas humedece y vuelve flexible el tallo del cabello, y los folículos están tan firmemente hundidos en el cuero cabelludo.



Cuando el cuerpo se sobrecalienta, las glándulas sudoríparas liberan agua en la superficie de la piel. Cuando el agua se evapora, disipa el calor del cuerpo enfriándolo. Una persona inactiva transpira unos 2,4 mililitros por hora, mientras que una persona muy activa puede producir un litro o más de sudor en el mismo período.

DIFERENCIAS ENTRE HOMBRES Y MUJERES

El exterior del hombre y la mujer, aún siendo funcionalmente el mismo, difiere en la producción de las glándulas sebáceas y en la distribución del vello y la grasa corporal; es decir, juzgamos nuestro aspecto físico externo como "masculino" o "femenino" menos sobre la base del sexo que sobre patrones específicos de desarrollo.

El hombre almacena la grasa corporal en el abdomen, las mujeres en el hemicuerpo inferior, lo cual resulta muy aparente en el modo distinto de engordar y menguar al envejecer. Por su parte, las homonas esteroides, llamadas andrógenas (más conocidas por el nombre de testosterona) estimulan la producción de sebo, una compleja mixtura de grasas que provocan que el pelo sea áspero y crezca con una configuración característicamente "masculina"; en la cara, el pecho y el abdomen. Como la mujer también produce andrógenos y el hombre produce estrógenos (hormonas que estimulan las características sexuales "femeninas") el tipo de vello y su distribución y aparición es una mezcla de patrones masculinos y femeninos.

Una piel bronceada es más que respetable y tal vez el oliváceo sea un color más adecuado que el blanco para el hombre, morador de los bosques. El pálido hombre blanco al cual los africanos le tenían lástima, decía Thoreau.



La finalidad del color de la piel y el cabello está por encima de conceptos como la vanidad, la identidad y otros tipos de camuflaje. La melanina (feomelanina amarilla a roja, y eumelanina pardusca a negra), un pigmento que actúa de protector solar, ayuda a filtrar la radiación ultravioleta que, si entrara en contacto con el cuerpo, dañaría el ADN de los tejidos subyacentes.



 FEOMELANINA

Unas células tentaculares, llamadas melanocitos, siembran la base de la epidermis, produciendo melanina que inyectan en las capas productoras de queratina cerca de la piel exterior. Presentes en todo el cuerpo, los melanocitos se concentran especialmente en los órganos sexuales, los pezones, las axilas y la región anal, ofreciendo protección adicional a estas regiones sensibles además de atraer la atención visual durante el proceso reproductor.

MORIR PARA VIVIR

El cabello aparece cuando las células se dividen activamente en el folículo y se van queratinizando de forma progresiva hasta morir. La raíz y el tallo se componen de tres tubos concéntricos: la cutícula externa, una envoltura de escamas superpuestas que mantienen los tallos separados; la corteza media, que contiene pigmentos en el cabello oscuro y burbujas de aire en el cabello blanco; y la médula interna, un núcleo de escasas células que contiene pigmentos y celdillas de aire. La forma del tallo determina la textura del pelo. Redonda en el pelo liso, oval en el pelo ondulado, plana en el pelo rizado y el tono más suave u oscuro de la melanina decide si el pelo será rubio, rojo, castaño o negro. Una cintilla de músculo involuntario (el músculo erector del pelo) tira de la base de la raíz, elevando el pelo cuando se contrae mediante un mecanismo barométrico que registra el frío, las emociones y el terror.



Siendo su misión proteger los extremos de los dedos de las manos y los pies, las uñas son láminas duras de densas capas de células queratinizadas. Bajo la raíz (visible en la luneta blanca situada en la base de la uña) prolifera una matriz híbrida de células epidérmicas en constante división. El lecho ungueal, la porción de uña que vemos, se extiende más allá del dedo hasta su extremo sobresaliente, la porción distal de la uña que tenemos que recortar. Útiles para asir y arañar, las uñas crecen más rápido en climas cálidos que fríos, y las uñas de los dedos de la mano crecen un 300-400 por ciento más rápido que las de los dedos de los pies.

IGUAL MATERIAL, DISTINTAS FORMAS

La piel, el cabello y las uñas son en su mayor parte proteínas. La queratina, al igual que todas las moléculas funcionales de las células, se compone de largas cadenas de aminoácidos que forman una espiral. Pero son únicas porque sus cadenas contienen niveles elevados de átomos de azufre, que, al juntarse, crean uno de los enlaces químicos más resistentes de la naturaleza: los puentes disulfuro. El revestimiento externo del cabello se compone de células queratinizadas muertas, que forman haces longitudinales y se mantienen unidas por los puentes disulfuro.

Las células queratinizadas en la superficie de la piel forman articulaciones tensas y enlazadas, que se ondulan creando una superficie rugosa similar al alquitrán y que mantiene fuera el agua y los microbios y otras sustancias esenciales. En las uñas, las células queratinizadas se superponen en capas y crean una corteza lisa.

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