martes, 30 de noviembre de 2010

EL SER HUMANO MORIBUNDO TAMBIÉN TIENE DERECHOS


Derechos del ser humano moribundo:

  • El derecho a saber que va a morir;
  • El derecho a rehusar un tratamiento;
  • El derecho a expresar su propia fe;
  • El derecho a mantener la conciencia lo más cerca posible de la frontera de la muerte evitando el dolor;
  • Morir sin el estrépito frenético de una tecnología puesta en juego para otorgar al moribundo algunas horas suplementarias de vida biológica;
  • Morir manteniendo con las personas cercanas contactos humanos, sencillos y enriquecedores.



EL PLAN DE HUMANIZACIÓN DE LOS HOSPITALES está basado en los DERECHOS Y DEBERES DEL CIUDADANO EN MATERIA DE SALUD, reconocidos en la Constitución Española y desarrollados en la ley General de Sanidad, a través del seguimiento de la Carta de Derechos y Deberes, Servicio de Atención al paciente, Comisión de humanización de la asistencia, realización de encuestas post-hospitalización con el fin de detectar fallos para su corrección, mejoras estructurales de los hospitales, tales como su señalización interna, incorporación de enseñantes (maestros) en los hospitales infantiles, intentos por favorecer la unión de la madre y el niño durante la estancia hospitalaria, biblioteca para los pacientes, información a los pacientes sobre autopsias, clínicas donación, instauración progresiva de las comida a la carta para los enfermos, el Servicio de Atención al Paciente, etc. Cuyo objetivo ha de ser acercar la Sanidad al ciudadano, satisfacer las necesidades del paciente hospitalizado, superar los aspectos puramente asistenciales y la incorporación de la opinión del usuario a los instrumentos de medición de la calidad asistencial.

Los objetivos sintetizan los puntos contenidos en el Plan de HUMANIZACIÓN y se pueden resumir en las siguientes funciones:

  • Propiciar la integración del usuario en el hospital, mediante el control de acogida a pacientes y familiares.
  • Realizar el seguimiento de la CARTA DE DERECHOS Y DEBERES.
  • Centralizar y dar respuesta a las reclamaciones.
  • Analizar la información obtenida y elaborar propuestas de medidas correctoras tendentes a mejorar la política de HUMANIZACIÓN.



Los avances clínicos han permitido curar enfermedades que hasta hace poco eran incurables, prolongar la vida o retrasar el momento de la muerte durante mucho tiempo con sostificados medios técnicos. Pero no debemos olvidarnos de crear un ambiente cálido y sosegado, para un enfermo angustiado. La disponibilidad es lo que se echa de menos en las relaciones humanas en un hospital. ¿Qué es lo que impulsa a trabajar en un lugar donde cada día se convive con el dolor y la muerte? ¿Será una naturaleza espiritual debido al entorno familiar? ¿Será la sorpresa o el sentimiento por el alma humana? ¿Deberíamos desarrollar con más intensidad la ciencia del contacto afectivo llamado haptonomía?.



El estudio de la vida humana nos hace ver que no podemos evitar nuestra muerte, ni la de los demás seres humanos. El ser humano no sólo es lo que vemos o creemos ver porque cada individuo es único y tiene una propia y exclusiva vida que se escapa a cualquier capacidad de juicio ajeno.




El ser humano cada segundo se construye, se intenta perfeccionar y realizar; y acaba transformándose, a través del tiempo y en cualquier situación de apogeo o crisis porque la vida en sí misma es una prueba desde el momento de la fecundación hasta el momento de la muerte. Todo ser humano, en un momento u otro, se ha planteado la gran cuestión de la existencia, ¿qué hay después de la muerte?.



La muerte ha sido y es un gran tabú del ser humano. Durante una buena parte de mi vida he intentado meditar sobre la muerte; llegando a una conclusión que puede no ser muy ortodoxa, pero que me ha abierto mis cinco sentidos a buscar el placer por la vida y al amor por la vida porque es lo único tangible que podemos sentir. Llegué a descubrir que podemos hacer algo en la vida porque es lo único realmente valioso que tenemos. Sé por experiencia propia cuánto pesa, cuánto cuesta y cuánto duele la pérdida de un ser querido. Sé lo que he perdido por no poder expresar en palabras, en gestos de amor, de gratitud, lo que realmente sentía, aunque como cada ser humano lo expresamos de la mejor manera que nos han enseñado o hemos aprendido.





Una verdad sí que descubrí a través de la experiencia y es que la peor soledad para una persona al final de la etapa de su vida es no poder comunicarse con sus seres queridos, sea por la evolución de la enfermedad, sea por la educación recibida, sea por las reminiscencias del pasado que originó cicatrices no sanadas, sea por las circunstancias propias de la supervivencia que genera el hecho de estar vivos. La meditación al lado de mi padre en una unidad de cuidados paliativos, leyendo un artículo sobre niños muriendo de hambre, niños explotados o niños luchando en ejércitos de la innominia con una mirada de crimen de lesa humanidad, me hizo llegar a una conclusión que puede ser acertada o no, pero pienso que cualquier ciencia dedicada a la salud es un ejercicio de humanidad, es afrontar una competencia profesional, con la técnica, con la ética y el humanismo. He intentado con un libro entre mis manos aprender a escuchar y he aprendido que no por hablar más alto se tiene más razón, he aprendido a escuchar dudas, preguntas, a desmitificar, a ver no sólo un cuerpo como si fuera un objeto, sino ver más allá, porque entre las cuatro paredes de una habitación existe un ser humano que es una vida entera, y digo esto porque creo que para un moribundo lo peor es sentirse excluido del mundo y de la vida. Por ese motivo, creo que la dimensión humana ha de aprender a relacionarse con otro ser humano a través del tacto afectivo, prestar atención a la mímica, al lenguaje corporal, a desarrollar la receptividad, la delicadeza, el trato, la sensibilidad, la intimidad, a aumentar la autoestima de la persona y el bienestar afectivo junto con la calidad de vida en el tiempo, por encima de la propia enfermedad.   



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