jueves, 25 de noviembre de 2010

LA PIEL BAJO ASEDIO


Con el tiempo, la exposición de la piel a los rayos del sol la hace más vulnerable a la amplia gama de los efectos perjudiciales de éste. Para las personas de piel clara, la primera línea de defensa biológica ante las radiaciones solares es el protector solar contra el bronceado. Sin embargo, demasiado tiempo al sol puede conllevar quemaduras, que destruyen las células vivas de la capa superficial de la piel, la epidermis. Al cabo de uno o dos días las células muertas caen o se desprenden a tiras. Quemaduras frecuentes durante la infancia pueden provocar que una persona sea más propensa a desarrollar cáncer de piel más tarde en la vida.

La piel tiene un extraordinario poder de recuperación. Una herida que atraviese la epidermis pone en marcha una reacción en cadena: el flujo sanguíneo se detiene, se llevan a cabo reparaciones iniciales y, a la larga, la zona afectada vuelve la normalidad. Sin estos recursos, a través de una herida, el cuerpo quedaría expuesto a los millones de bacterias y otros microbios que abundan en la superficie. Otras amenazas para la piel son las radiaciones ultravioletas, que causan mutaciones en el ADN, y las toxinas del humo del tabaco. Cuando una persona se expone al sol, la piel se broncea porque los melanocitos aumentan la producción de melanina; éste es el mecanismo de que se sirve este pigmento para proteger las células de la piel. A la larga, sin embargo, el bronceado reduce la flexibilidad de la elastina, lo que a menudo se traduce en profundas arrugas en la piel del rostro. Por otra parte, la radiación ultravioleta debilita el sistema inmunitario y con el tiempo, si esa exposición es excesiva, puede activar los protooncógenos, el primer paso hacia el cáncer.

PROTOONCÓGENOS

El cáncer de la piel es el tipo más común de cáncer. Aunque es muy infrecuente, el más peligroso (puesto que se metastiza a otras partes, como el cerebro) es aquel en el que un melanoma maligno, con su color marrón característico, se desarrolla en los melanocitos, las células del pigmento de la piel.



La abundancia de  arrugas, conocida como "cara de fumador", es el resultado de un consumo prolongado y frecuente de tabaco, que estropea el colágeno y la elastina de la piel.



EL PROCESO CURATIVO

Las pequeñas heridas de la piel se reparan siguiendo una serie de pasos. Primero se produce un coágulo de sangre para cerrar los pequeños vasos sanguíneos dañados y unir los bordes de la herida. Poco a poco, la superficie del coágulo se seca, dando lugar a una costra. Durante los siguientes días, por debajo de la costra se forman nuevos vasos sanguíneos para restaurar la zona. Mientras tanto, unas células carroñeras denominadas macrófagos se ponen en marcha para limpiar la sangre coagulada y los restos de células destruidas por la herida.

CÉLULA BLANCA MACRÓFAGA

Otras células, los fibroblastos, empiezan a fabricar el colágeno que se incorporará a la herida en proceso de curación, incluso el tejido de cicatriz que pueda formarse.

 FIBROBLASTOS


FASES DEL PROCESO CURATIVO

A medida que la piel se regenera, la costra se separa, hasta que se desprende del todo. Casi todas las heridas dejan algún tipo de cicatriz. Por las cicatrices apenas circula la sangre y, puesto que están formadas casi completamente de colágeno, no son tan flexibles como la piel de su alrededor.



      • La piel se desgarra surgiendo la hemorragia.
      • Se produce un coágulo apareciendo los fibroblastos.
      • Se forma un nuevo tejido y los macrófagos actúan sobre la sangre coagulada.
      • La costra se desprende y el vaso sanguíneo se ha restaurado.

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