martes, 28 de diciembre de 2010

CONTROL ELECTROQUÍMICO

ENCÉFALO Y SISTEMA NERVIOSO



Descartes comparó el cuerpo con una maquinaria de un reloj, sabía lo que decía al hacer tal comparación. Concebía todas las acciones del hombre como reflejos. Un estímulo excita un órgano de los sentidos y éste envía un mensaje a la médula espinal o al encéfalo que a su vez reconducen la excitación a un músculo o glándula, generando actividad. Descartes creía que los nervios eran tubitos huecos que conducían impulsos de presión por todo el cuerpo, de forma muy parecida a las tuberías que permitieron a las fuentes del Renacimiento expulsar agua a presión y crear secuencias elaboradas. Descartes situaba el centro de control de estas detonaciones del espíritu -una especie de estación central donde en último término, convergían de entrada o salida de todos los tubos- en el alma, que según él residía en una glándula, con forma de habichuela, situada en medio del presencéfalo.

¿Por qué esta teoría y otras sobre el espíritu animal persistieron tanto tiempo? Llama la atención porque, desde la época de Descartes, los anatomistas habían diseccionado el cerebro y los nervios del ser humano descubriendo que se componían de fibras, no de tubos. No obstante, no fue hasta finales del siglo XVIII cuando los fisiológos hicieron una recapitulación de todo el trabajo reciente sobre la electricidad y las teorías sobre el sistema nervioso. Los anatomistas trazaron la arquitectura ramificada de las vías neurales, si bien las señales químicas y eléctricas que les daban vida quedaron lejos de su comprensión.

Pero neurólogos y biológos descubrieron que no era así, concibieron el sistema nervioso como una red de comunicación ultrarápida, identificando muchos de sus mecanismos electroquímicos, entre los cuales hay docenas de grandes moléculas que transmiten señales en el interior de las células, y de célula a célula, así como familias de proteínas recién descubiertas (conos de la nariz) que guían las neuronas para que establezcan conexiones eficaces y otras que mantienen la distribución de los cien mil millones de neuronas -la instalación eléctrica del cuerpo-, com una especie de pegamento molecular. Un eminente anatomista danés de la época de Descartes, que se quejaba de que el cerebro, la obra maestra de la creación, les era casi desconocida, se había quedado de piedra, si bien no es probable que los científicos y filósofos estén próximos a localizar la sede biológica del alma.



El dicho universal de que la naturaleza se construye de abajo hacia arriba en ningún caso está mejor expresado que al hablar del desarrollo del cerebro humano. Apenas dos semanas y media después de la concepción, a lo largo de la línea media de la capa de células más externa del embrión aparece un surco semejante a una cuchara. Al principio, las células dispuestas a lo largo del surco no se diferencian de las situadas alrededor, aunque, a medida que el surco adquiere profundidad, se repliega sobre sí mismo formando un cilindro; cada nueva generación se vuelve progresivamente más fina y se despliega en largos filamentos. Dentro del tubo, el ritmo de producción de nuevas células es asombroso: 250.000 por minuto.


EMBRIÓN

Al cabo de diez días, las células empiezan a migrar extendiéndose y superándose unas a otras como si subieran por escaleras invisibles. La compleja y sutil liberación de sustancias químicas marca la coreografía de sus movimientos del mismo modo que el sistema nervioso, que finalmente debe transmitir señales a todos los subsistemas celulares del cuerpo y se construye literalmente a sí mismo de dentro hacia afuera. A lo largo de la cabeza se urden nuevos canales nerviosos por medio de cables que se ramifican y conectan una y otra vez mientras el embrión se transforma en un feto, y luego, durante el último trimestre, se produce un crecimiento explosivo del cerebro.


EMBRIÓN EN LA TERCERA SEMANA
EMBRIÓN EN LA 7ª SEMANA
FETO EN SU TERCER MES
Desde el punto de vista de un ingeniero, la migración de las células que se convertirán en el centro del pensamiento -la corteza cerebral- es como una pesadilla. Es como pedir a toda una población del Este que emigre hacia el Oeste afirma un neurocientífico de Yale, el doctor Pasko Rakic. Al igual que hacia el séptimo mes los dos hemisferios del presencéfalo se extienden por casi el resto de las estructuras del cerebro, sus superficies emergen formando pliegues precisos - fisuras- que en todo encéfalo humano normal se localizan en la misma posición, con idéntica profundidad y con exactamente las mismas conexiones con otras fisuras. El mapa del cableado de esta superestructura, que comprende unos 10 trillones de conexiones y que en términos moleculares equivale a miles de kilómetros de longitud deja pequeña la red de internet. 

EL SISTEMA COMPLETO

Cuando el escultor francés Auguste Rodin dió forma al sufrimiento, al malestar y al tedio del siglo XIX en su famosa creación "El pensador", lo que hizo fue plasmar una humanidad virtualmente perdida en la hondura del pensamiento. Pero son las porciones involuntarias del sistema nervioso las que mantienen el control sobre el cuerpo, administrando las múltiples facetas de la empresa de la vida para permitir al cerebro superior angustiarse con su propia realidad.



Encerradas en el cráneo y la columna vertebral, las redes de nervios responsables de procesar la información y dirigir las acciones -el sistema nervioso central (SNC)- son muy capaces ero, en último término, frágiles: al sufrir heridas o lesiones este sistema no se regenera. En comparación, los 48.000 kilometros de nervios externos al SNC (el sistema nervioso periférico) son individualmente menos complejos, aunque también se dividen y ramifican para llegar al mayor número posible de partes y tejidos del cuerpo y volver a crecer cuando sufren daños.



Unidos a los meridianos a lo largo y ancho del cuerpo los nervios periféricos se organizan según su función. Transmiten información sensorial, estimulan los músculos voluntarios o llevan instrucciones a órganos y glándulas. Esta última división se completa con dos ramos bien diferenciados: el ramo simpático o de "lucha o huida", que durante las emergencias nos hace sudar involuntariamente mientras late con fuerza el corazón y la boca se reseca; y el ramo parasimpático, que calma el cuerpo y conserva nuestras energías cuando todo se resuelve bien.




DIFERENCIAS ENTRE 
HOMBRES Y MUJERES

Hace 50 años, el psicoterapeuta Carl Jung rechazó la teoría de la sexualidad de Freud por demasiado mecanicista: "considera al cerebro un apéndice de los órganos genitales". De hecho, los investigadores saben ahora que en el hombre, el pene está bajo el control completo del SNC, tanto durante la excitación como en reposo, y que muchas regiones del encéfalo contribuyen a la respuesta sexual del varón: desde el centro del rombencéfalo, que vuelve la respiración más profunda, hasta ciertas áreas de la corteza cerebral que despiertan las fantasías eróticas. Durante la excitación sexual, las señales excitantes del encéfalo o el fruto de la estimulación física espolean los nervios del pene para que liberen sustancias químicas que ordenen a los músculos lisos de las arterias relajarse y llenarse de sangre, lo cual provoca la erección.

CARL JUNG


La interrupción de la actividad del sistema nervioso simpático también mejora las erecciones, lo cual explica por qué es prácticamente imposible sentirse excitado sexualmente cuando estamos huyendo de un oso.



En la mujer el gran número de neuronas excitatorias permite una respuesta sexual más directa e inmediata. Pensemos en el clítoris, que, como apunta la escritora Natalie Angier: "es simplemente un manojo de nervios; 8.000 fibras nerviosas, para ser precisos. Hay una concentración de fibras nerviosas mayor que en cualquier otra parte del cuerpo, incluyendo las yemas de los dedos, los labios y la lengua, y casi el doble que en el pene. En cierto sentido, el cerebro de la mujer es mayor que el del hombre". Touché Dr. Freud.

SIGMUND FREUD

SISTEMA DE PROTECCIÓN

Los neurocirujanos calculan que la fuerza del puñetazo de un peso pesado equivale a un golpe dado con un martillo de 5 kgr. a 32 km./hora. Sin las estructuras protectoras del sistema nervioso central -un complejo sistema en suspensión- nuestros centros nerviosos vitales quedarían tan expuestos y serían tan vulnerables a los daños causados por fuerzas mecánicas como un molusco sin su concha. Los anales del boxeo son un catálogo de defunciones y daños cerebrales permanentes en boxeadores que sufrieron repetidos golpes en la cabeza y el cuello.



Un colchón líquido de circulación lenta separa los huesos sólidos del cráneo, que se pueden fracturar si se golpean con suficiente fuerza, del tejido del encéfalo; este colchón también rodea la médula espinal, donde masajeado por los movimientos de las vértebras, desciende por la espalda y sube por la cara anterior de la médula espinal. Como una lámina blanda, tres membranas -las meninges- recubren el encéfalo: una túnica externa, rica en vasos sanguíneos que nutre el cráneo; una capa intermedia de tejido conjuntivo elástico como una tela de araña, llamada aracnoides debido a su textura; y una capa interna y delicada que se adapta minuciosamente a las fisuras y que contiene un líquido claro.


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