miércoles, 15 de diciembre de 2010

EL CICLO CIRCADIANO

Un pequeño alojamiento de neuronas de nuestro cerebro marca el reloj de las funciones del organismo con múltiples relojes biológicos.



La tierra completa una rotación sobre su eje cada 24 horas, dando lugar a un período en el que se alternan la luz y la oscuridad. Este ritmo diario es algo inseparable del ser humano, ya que las funciones de nuestro organismo, y algunos de nuestros hábitos y conductas están perfectamente adaptados a ese ciclo diario y regidos por él.


La cantidad de hormonas que circulan por nuestra sangre, la temperatura corporal, nuestra alimentación y los ciclos de sueño y vigilia son sólo algunas de las funciones reguladas por este ciclo de 24 horas conocido como ritmo circadiano, del latín circa (cerca) y dies (día). Los relojes circadianos de nuestro organismo permiten que nos ubiquemos en esas 24 horas para anticipar los cambios ambientales que favorecen o perjudican nuestras oportunidades de supervivencia. Por ejemplo, adaptan nuestra necesidad de alimentarnos a la disponibilidad de alimento o nuestra reacción al estrés a la presencia de depredadores que pueden amenazar nuestra vida. Y prácticamente todas las especies del planeta están sujetas a este ritmo. El tiempo dicta el ritmo de la vida a través de los relojes biológicos.



Nuestro principal reloj biológico se encuentra en nuestro cerebro, se trata del llamado núcleo supraquiasmático, una agrupación de entre 15000 y 20000 neuronas que ocupan un espacio del tamaño de un guisante. Cuando se observa mediante resonancia magnética, este núcleo da la impresión de encenderse y apagarse a un ritmo regular y constante. El núcleo supraquiasmático funciona de forma autónoma, sin necesidad de estímulos externos. Pero factores externos como la luz ayudan a ajustarlo a las variaciones ambientales. Cuando viajamos a un país que se encuentra en una zona horaria distanta a la nuestra, el ajuste al nuevo horario se realiza gracias a ese reloj interno. Estas neuronas se encuentran en nuestro cerebro en un medio oscuro, pero que gracias a la luz que llega a estas neuronas, debido a unas células específicas de nuestra retina, en el ojo, que transmiten información sobre la luz a través del nervio óptico, acaba regulando nuevamente el ciclo circadiano. Pero también tenemos relojes biológicos en casi todos los tejidos, como en los de los pulmones, el corazón, el hígado, el riñón, el páncreas,.... Todos ellos están sincronizados por el núcleo supraquiasmático para que el funcionamiento de los órganos, tejidos y células respondan a un patrón de 24 horas.



El ritmo de la sociedad actual comporta una actividad frenética y nos pone frente a exigencias de una productividad que no se detiene, en las 24 horas. Al frente de estas actividades están personas que deben mantenerse alerta en las horas en que nuestro reloj nos indica que deberíamos estar durmiendo. El coste de esta alteración es un menor rendimiento mental y una mayor tasa de accidentes durante los turnos de noche. Además la alteración de los ritmos circadianos puede tener consecuencias para la salud. Ya hay estudios que señalan una posible relación entre la alteración de los ritmos diarios y la susceptibilidad al cáncer. Se sabe que las células tumorales no siguen los patrones circadianos y se mantienen siempre activas, son células que nunca duermen.



Pero si ignorar el ritmo natural del organismo puede hacernos susceptibles a la enfermedad, seguirlo puede ayudarnos a sanar algunas enfermedades. La cronoterapia tiene en cuenta los ritmos diarios del organismo, porque se ha visto que administrar ciertos fármacos en diferentes momentos del día, puede marcar la diferencia entre un efecto secundario demoledor y un efecto curativo sin consecuencias negativas. Sabemos que la quimioterapia no sólo destruyen las células tumorales, sino también las células sanas. Esto hace que los fármacos tengan efectos secundarios que pueden resultar intolerables o muy perjudiciales para el paciente. Pero administrados a las horas del día en que las células sanas están menos activas, se logra reducir  los efectos secundarios. Tratar a cada órgano según su propia programación puede ser la clave para un tratamiento satisfactorio.



Como decíamos, para mantener un adecuado nivel de alerta y atención, debemos dormir durante la noche y realizar nuestras actividades durante el día. Sin embargo, nuestra capacidad de concentrarnos también pasa por distintas fases durante el ciclo de 24 horas. El reloj biológico regula también la actividad hormonal y sabemos que las concentraciones de la hormona cortisona, que se segrega como respuesta al estrés, prepara al cuerpo para la respuesta de lucha o huida y mejora la concentración, y son las más elevadas del ciclo circadiano hasta el mediodía y luego comienzan a descender. Pero los ciclos circadianos varían durante las diferentes edades de la vida. Vemos que los adolescentes pueden dormir hasta el mediodía del día siguiente y no se sabe el motivo exacto, pero se cree que a causa de la pubertad, hay hormonas que interactúan con el reloj biológico, y postergan todo el ciclo circadiano. En Alemania, donde los niños empiezan la escuela muy pronto por la mañana, se ha propuesto que a partir de los 14 años empiecen las clases algo más tarde y se ha probado que el rendimiento escolar ha aumentado, lo que plantea la necesidad de adaptar el horario escolar al ciclo circadiano durante la adolescencia. Así, en la medida de lo posible podemos intentar adaptar nuestras actividades a los momentos del día en que nuestras aptitudes son mejores. Entre las 18:00 y las 20:00 horas de la tarde, la tensión arterial está bastante elevada, la temperatura corporal es muy alta y el rendimiento atlético es excelente, con lo cual es buen momento para concentrarse en el estudio.

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