viernes, 10 de diciembre de 2010

FUNCIONES DIGESTIVAS

Los alimentos proporcionan energía y los materiales de construcción para las incontables sustancias que son esenciales para el crecimiento y la supervivencia de los seres vivos. La forma en que los nutrientes se convierten en partes integrales del cuerpo y contribuyen a su función depende de los procesos fisiológicos y bioquímicos que gobiernan sus acciones. Una vez dentro del tubo digestivo el proceso de la digestión los reduce hasta un tamaño y una forma que hacen que puedan ser absorbidos y transportados hasta las células individuales.


EL APARATO DIGESTIVO

Las proteínas, las grasas y los carbohidratos contribuyen al depósito total de energía, aunque en último término la energía que suministran está toda en la misma forma. La liberación de la energía para su uso en la síntesis, el movimiento y otras funciones precisa la participación de vitaminas y minerales, que actúan como coenzimas, cocatalizadores y amortiguadores en el milagroso y acuoso terreno del metabolismo.



La mayoría de los nutrientes principales de los alimentos se deben hacer más pequeños, se deben disgregar y se deben hacer solubles antes de que se puedan absorber desde el intestino. El aparato digestivo es responsable de reducir estas grandes partículas y moléculas para obtener unidades de menor tamaño que se absorben con más facilidad, y de convertir las moléculas insolubles en formas solubles. El funcionamiento correcto de los mecanismos absortivos y de transporte es crucial para la liberación de los productos de la digestión en las células individuales. Las alteraciones del funcionamiento de cualquiera de estos sistemas pueden producir malnutrición, aún cuando se consuma una dieta adecuada.



Las principales funciones del tubo digestivo son: extraer macronutrientes, proteínas, carbohidratos, lípidos, agua y etanol de los alimentos y bebidas ingeridos; absorber los micronutrientes y oligoelementos necesarios y actuar como barrera física e inmunitaria frente a los microorganismos, materiales extraños y posibles antígenos consumidos con el alimento o formados durante el paso del alimento a través del tubo digestivo. Además de sus funciones principales, el tubo digestivo también participa en muchas otras funciones reguladoras, metabólicas e inmunitarias que afectan a todo el cuerpo.


El tubo digestivo humano está adaptado para la digestión y la absorción de los nutrientes procedentes de una gran variedad de alimentos, que incluyen carnes, productos lácteos, frutas, verduras, granos, almidones complejos, azúcares, grasas y aceites. Dependiendo de la naturaleza de la dieta consumida, se digiere y absorbe entre el 90% y el 97% del alimento; la mayor parte del material no absorbido es de origen vegetal.


Los seres humanos somos menos eficientes en la extracción de la energía de las hierbas, los tallos, las semillas y otros materiales fibrosos porque carecemos de las enzimas que hidrolizan los enlaces químicos que unen entre sí las moléculas de azúcares que forman las fibras vegetales. Los alimentos fibrosos y todos los carbohidratos no digeridos son fermentados en grado variable por las bacterias del colon humano, pero sólo entre el 5% y el 10% de la energía que precisan los seres humanos se puede obtener de este proceso.



El tubo digestivo se extiende desde la boca hasta el ano e incluye las estructuras orofaríngeas, el esófago, el estómago, el hígado y la vesícula biliar, el páncreas y el intestino delgado y grueso. Es uno de los mayores órganos del cuerpo. Además de tener mayor área superficial, el tubo digestivo es muy activo en la realización de las funciones fisiológicas y metabólicas de secreción, digestión, absorción y replicación celular.



El intestino humano mide aproximadamente 7 metros de longitud y está configurado en un patrón de pliegues, fosas y proyecciones digitiformes denominadas vellosidades. Las vellosidades están tapizadas por células espiteliales y por extensiones cilíndricas aún más pequeñas denominadas microvellosidades. El resultado es un gran aumento del área superficial en comparación con la que cabría esperar en un cilindro hueco y liso. Las células que recubren el tubo digestivo tienen una vida de aproximadamente 3 a 5 días, y después se desprenden hacia la luz y son recicladas, sumándose al reservorio de nutrientes disponibles. Estas células son completamente funcionales solamente los últimos 2 a 3 días, a medida que migran desde las criptas hasta el tercio distal de las vellosidades.



Cada vez es más evidente que la salud del cuerpo depende de un tubo digestivo sano y funcional. Debido a la actividad metabólica y las necesidades anormalmente elevadas del tubo digestivo, las células que lo recubren son más susceptibles que la mayoría de los tejidos a las deficiencias de micronutrientes, la malnutrición de proteínas y calorías y la lesión debida a toxinas, fármacos, irradiación o interrupción de su vascularización.



Aproximadamente el 45 % de las necesidades energéticas del intestino delgado y el 70 % de las necesidades energéticas de las células que recubren el colon proceden de los nutrientes que atraviesan su luz. Después de sólo unos pocos días de inanición el tubo digestivo se atrofia (es decir, disminuye el área superficial y se reducen las secreciones, las funciones sintéticas, el flujo sanguíneo y la capacidad absortiva). El reinicio de la ingesta de alimentos, incluso con una ingesta calórica menor de lo adecuado, da lugar a la proliferación celular y a la reaparición de la función digestiva normal en unos pocos días. La función óptima del tubo digestivo humano parece depender más de un aporte constante de alimentos que del consumo de grandes cantidades de alimentos intercalado con ayunos prolongados.



En la boca, la masticación reduce el tamaño de las partículas de alimento, que se mezclan con las secreciones salivares que las preparan para la deglución. Una pequeña cantidad de almidón es degradada por la amilasa salival, aunque su contribución a la digestión global de los carbohidratos es pequeña. El esófago transporta alimentos y líquidos desde la cavidad oral y la faringe hasta el estómago.


En el estómago el alimento se mezcla con el líquido ácido y las enzimas proteolíticas y lipolíticas. Se producen pequeñas cantidades de digestión de lípidos, y algunas proteínas cambian de estructura o son digeridas parcialmente para dar péptidos grandes. Cuando el alimento alcanza la consistencia y concentración adecuadas, el estómago permite que su contenido pase hacia el intestino delgado, donde se produce la mayor parte de la digestión. En los primeros 100 cm. de intestino delgado se produce un frenesí de actividad, que da lugar a la digestión y absorción de la mayor parte del alimento ingerido. La presencia de alimento en el intestino delgado estimula la liberación de hormonas, que a su vez estimulan la síntesis y la liberación de potentes enzimas desde el páncreas y el intestino delgado y de bilis desde el hígado y la vesícula biliar.


La consecuencia es la reducción de los almidones y las proteínas hasta carbohidratos de menor peso molecular y péptidos de tamaño pequeño a medio. Las grasas de la dieta se reducen desde glóbulos de grasa visibles primero hasta gotitas microscópicas de triglicéridos y después hasta ácidos grasos libres y monoglicéridos. Las enzimas del borde en cepillo del intestino delgado reducen aún más los carbohidratos restantes a monosacáridos y los péptidos a aminoácidos únicos, dipéptidos y tripéptidos. Junto a las secreciones salivares y gástricas, las secreciones del páncreas, el intestino delgado y la vesícula biliar contribuyen con aproximadamente 7 a 9 litros de líquido al día, aproximadamente 3 a 4 veces más líquido de lo que se consume normalmente por vía oral. Se reabsorbe todo excepto aproximadamente 100 a 150 ml. de líquido total que entra en la luz.










El movimiento del material ingerido y secretado en el tubo digestivo está regulado principalmente por hormonas peptídicas, nervios y músculos entéricos. A lo largo de la longitud restante del intestino delgado se absorben casi todos los macronutrientes, minerales, vitaminas, oligoelementos y líquido antes de llegar al colon, o intestino grueso.



El colon y el recto absorben la mayor parte de los litros restantes de líquido secretados desde el intestino delgado; el colon absorbe electrólitos y sólo una pequeña cantidad de los nutrientes restantes. La mayoría de los nutrientes absorbidos por el tubo digestivo se dirige hacia el hígado a través de la vena porta, donde se pueden almacenar, transformar en otras sustancias o ser liberados hacia la circulación. Los productos terminales de la mayor parte de las grasas de la dieta se transportan en último término hacia el torrente sanguíneo a través de la circulación linfática. La flora colónica tiene una función esencial en la fermentación de parte de la fibra restante, el almidón resistente, los azúcares y los aminoácidos. La fermentación de los carbohidratos restantes da lugar a la síntesis de ácidos grasos de cadena corta y gas. Los ácidos grasos de cadena corta ayudan a mantener la función normal de la mucosa, rescatan una pequeña cantidad de energía desde algunos de los sustratos residuales y facilitan la absorción del resto de la sal y el agua.

Los sustratos restantes, especialmente las fibras elementales, también actúan como material prebiótico sintetizando ácidos grasos de cadena corta, reduciendo el pH colónico y aumentando la masa de bacterias útiles. El intestino grueso también proporciona un almacenamiento temporal para los productos de desecho; y el colon distal, el recto y el ano controlan la defecación.


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