viernes, 10 de diciembre de 2010

MUJERES GUARDIANAS DE LA SABIDURÍA

Desde tiempos ancestrales las mujeres han sido las guardianas de la sabiduría referente a las plantas curativas, durante milenios se les ha prohibido ejercer la medicina, privando a todos de una gran parte del conocimiento.

La mitología griega clásica estaba llena de diosas tan rutilantes como Palas Atenea, patrona de Atenas y símbolo de la sabiduría, a la cual se atribuían inventos tan portentosos y variados como el arado, los números y la flauta o la doma de los caballos. Afrodita o la diosa del amor, la belleza y la lujuria, e Higia y Panacea, las hijas de Asclepio, diosas de la salud, entre otras muchas.


PANDORA

Durante el período de máximo explendor de la polis griega, sobre el siglo IV a.C., la mujer se limitaba al ámbito doméstico, no podrían tener posesiones, les estaba prohibido el ejercicio de la mayor parte de las profesiones y no podrían tener potestad sobre sus hijos. Para una Grecia que inventó la Democracia, la mayoría de sus habitantes (extranjeros, esclavos y las mujeres de toda condición) no tenían el estatus de ciudadanos y no podrían participar en el gobierno de la ciudad ni en elaboración de leyes, una de las cuales condenaba a muerte a las mujeres que intentaran ejercer la medicina.



Esta situación no había sido siempre así. Desde la prehistoria las mujeres habían sido las encargadas de buscar y recoger las plantas que servían de alimento y también las medicinales, aprendiendo a usarlas para curar enfermedades. Las mujeres también fueron las encargadas de ayudar a otras mujeres en el difícil y peligroso trance del parto. Pero con la llegada de Hipócrates, en la Grecia clásica, y la institucionalización de la medicina, las mujeres fueron excluidas de su ejercicio. Más tarde llegó a afirmar Aristóteles que la mujer era un varón deformado, que aunque carecía de fundamento, relegó a la mujer a un papel secundario en el que permanecería durante milenios. Los atributos de las diosas que habitaban el Olimpo no eran sino el recuerdo de los gloriosos tiempos pasados en los que las mujeres eran envidiadas por los hombres por sus conocimientos y habilidades y por su capacidad para generar vida.



De la rebelión ante la situación que las privó de los derechos más elementales nació el mito de las amazonas, mujeres intrépidas que se hacían cortar el pecho derecho para poder manejar el arco con mayor destreza en sus batallas contra sus enemigos, los guerreros hombres, por lo que eran llamadas por Heródoto andróctonas, o asesinas de varones. Otra forma de desafiar a sus opresores era infiltrarse entre ellos. Es lo que hizo Agnódice, que se disfrazó de hombre para aprender y ejercer la medicina.



AGNÓDICE


Según cuenta el historiador Higinio (siglo I a.C.), Agnódice, que debió vivir en torno al año 300 a.C., deseaba aprender medicina. Animada por su padre, se cortó el cabello y vistiendo ropas de hombre viajó a Alejandría para entrar como discípulo en la famosa escuela de Herófilo, dedicándose fundamentalmente al estudio de la ginecología. Al terminar sus estudios, un día escuchó a una parturienta llorando y acudió a socorrerla. La mujer pensó que era un hombre y rehusó su ayuda, pero al levantarse Agnódice sus ropas revelando su condición de mujer, la otra le permitió tratarla. Según nos cuenta Higinio, pronto corrió la voz y todas las atenienses pidieron ser atendidas por el nuevo médico. Cuando los otros médicos se percataron de que ninguna mujer quería sus servicios, acusaron a Agnódice de seducirlas y a las mujeres de fingirse enfermas para que Agnódice las visitara. Para escapar de tal acusación, durante el juicio, Agnódice reveló su condición de mujer y su feminidad desnudándose ante los jueces. Pero entonces fue condenada a muerte por violar la ley. Las mujeres de los líderes se rebelaron diciendo: que sus hombres eran sus enemigos porque condenaban a la mujer que les había traido la salud.



AGNÓDICE

Entonces los atenienses cambiaron la ley permitiendo que las mujeres estudiaran medician y recibieran un estipendio por el ejercicio de la misma, aunque debían limitarse a la atención a otras mujeres. A raíz de este relato, a Agnódice se la consideró durante muchos siglos la primera ginecóloga. Pero los historiadores actuales se inclinan a considerarla un mito más que un personaje real. El final feliz del relato de Higinio tampoco parece ajustarse mucho a la realidad, porque las mujeres griegas no salieron del gineceo y, posteriormente, las matronas romanas fueron recluidas aún más firmemente en él. No obstante, tanto unas como otras siguieron trabajando como comadronas de forma más o menos clandestina. Las cosas siguieron empeorando para las mujeres. Con el tiempo y el auge de las religiones basadas en la Biblia, las mujeres fueron expulsadas incluso de los panteones de los dioses.



Han pasado más de 2000 años para que, en una parte del mundo, las mujeres hayan vuelto a realizar algunas de las tareas que en su día se atribuyeron a las diosas griegas. La historia de Agnódice nos demuestra claramente que ninguna conquista es definitiva y que hay que seguir luchando para conseguir la total igualdad entre hombres y mujeres.

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