sábado, 15 de enero de 2011

CURAR UN RESFRIADO COMÚN

Un tratamiento drástico contra la infección o sus síntomas podría resultar contraproducente.



¿Quién no ha imaginado con una cura para el resfriado común? Podría ser una píldora que eliminase la moquera y se tomara en cuanto se notasen los primeros síntomas. O mejor aún, una vacuna que se administrase al niño, junto con la del sarampión y la de las paperas, antes de ir a la guardería. Imagine un mundo sin resfriados, sin semanas de pañuelos empapados ni flemas en los senos nasales.

Casi todas las farmacéuticas están intentando obtener una vacuna contra el rinovirus, el grupo de virus que provoca entre el 30 y el 50 % de los resfriados. Pero resulta irónico que, aunque se desarrollara la vacuna u otros medicamentos que detuvieran el resfriado de forma radical, la mayoría de nosotros concluiría, después de todo, que nos iría mucho mejor sin ellos.

Algunos intentos para liberarnos de la infección han resultado infructuosos. Tal fue el caso del pleconaril, el fármaco que fue objeto de una cobertura mediática sensacional en 2002, cuando aún se hallaba en fase de ensayos clínicos. Aunque funcionaba muy bien en cultivos celulares, su eficacia en humanos dejaba que desear (acortaba en un día la duración del resfriado). Pero lo que llevó a la Agencia Federal de Fármacos y Alimentos de EEUU. a rechazar el medicamento fueron sus efectos secundarios. En las mujeres, provocaba hemorragias entre las menstruaciones e interfería con el control hormonal de la natalidad. De hecho, dos mujeres que participaban en un ensayo se quedaron embarazadas mientras lo tomaban. Otros fármacos han sido descartados a causa de sus efectos adversos, entre ellos inflamaciones nasales peores que las provocadas por la propia infección.

Tamibén se ha dedicado un gran esfuerzo a la obtención de una vacuna contra los rinovirus. Los resfriados también son provocados por adenovirus, coronavirus y otras familias de virus. Al igual que el VIH, un rinovirus consta de una molécula de ARN encerrada en una envoltura de proteínas, la cápside. El cirus se adhiere a la membrana de una célula huésped, inyecta su material genético y, a continuación, se aprovecha de la maquinaria celular para autorreplicarse. Es la respuesta inmunitaria del propio organismo, no la replicación de los virus, la que provoca los síntomas.

A la hora de buscar una vacuna apropiada contra los rinovirus, los científicos han dirigido la atención hacia algún componente de la cápside que se repitiera en todos los tipos. Cuando se administre a una persona sana una vacunacon ese componente, el sistema inmunitario debería sintetizar anticuerpos contra él, de modo que la persona pudiera evitar en el futuro una infección por cualquiera de las cepas víricas que lo contenga. El objetivo consiste en seleccionar un fragmento común que no varíe mucho con el tiempo; las mejores vacunas y medicamentos se vuelven inútiles si el fragmento hacia el que van dirigidos sufre una modificación significativa.

Pero, a pesar de años de esfuerzos, la identificación de ese fragmento ha resultado imposible. El estudio de más de 100 variantes del rinovirus no ha permitido descubrir ningún elemento común, tal como expone Thomas J Smith, quien investiga la estructura del virus en el Centro Donald Danforth de Ciencias Vegetales en San Louis. Esta variabilidad se debe a que, al estar formado por ARN, un rinovirus tiende a sufrir mutaciones frecuentes. Las enzimas que replican el ARN carecen de los mecanismos de corrección de errores que poseen las enzimas que replican el ADN, de modo que cada nuevo virus puede presentar numerosos cambios en su código y en la composición de su cápside.



Sin embargo, hace unos 10 años, Smith descubrió que algunas regiones del rinovirus que se consideraban ocultas y fuera del alcance del sistema inmunitario, se localizaban en realidad en la superficie, al menos en ciertos momentos. Su grupo llegó a la conclusión de que la cápside era más dinámica de lo que se pensaba, ya que podía variar y poner al descubierto partes ocultas.

Parece que una de esas partes, la proteína VP4 que ayuda al virus a adherirse a las células, es muy similar en casi todos los tipos de rinovirus. Las investigaciones preliminares en cultivos celulares realizadas por el equipo de Smith en 2009 demostraron que una vacuna del tipo VP4 confería inmunidad frente a tres cepas de rinovirus. Una vacuna de ese tipo podría por tanto ofrecer protección frente a multitud de resfriados.

Pero el desarrollo de esa vacuna todavía queda lejos, ya que VP4 no suele desencadenar una respuesta lo suficientemente fuerte. Para utilizar una proteína como VP4 en una vacuna, se debería convencer de algún modo al sistema inmunitario para que reaccionara ante ella.

Una idea propuesta hace dos años por Gregory Tobin, de la empresa Biological Mimetics en Frederick, Maryland, ayudaría a sortear ese obstáculo. Su grupo planteó que la administración de grandes cantidades de una proteína normalmente no reconocida por el sistema inmunitario podría provocar una respuesta inmunitaria protectora. En estudios preliminares, esta estrategia ha demostrado resultados alentadores en la glosopeda. Tamibén se está investigando su efecto en el VIH.

Los obstáculos para desarrollar un medicamento que actúe contra la infección todavía persisten. Ronald Turner, investigador del virus del resfriado de la Universidad de Virginia, comenta que el fármaco deber ser muy eficaz, barato y totalmente seguro, objetivos muy difíciles de alcanzar. Incluso después de más de 50 años de trabajo sobre el rinovirus, no hay un solo medicamento en el mercado que vaya dirigido contra él.

Aunque pocas compañías farmacéuticas siguen estudiando el resfriado común, algunas todavía centran sus investigaciones en los rinovirus. En los últimos decenios, se ha puesto de manifiesto la implicación de los virus en complicaciones graves, como el asma, el enfisema y la fibrosis quística. Según Turner, cuando se descubre un medicamento eficaz contra una enfermedad más grave, el riesgo de que el fármaco sea desechado por motivos de seguridad y coste se hace menor.

La estrategia de algunos tratamientos consiste en combatir grupos de rinovirus estrechamente relacionados entre sí. En 2009, el grupo Stephen B. Liggett, de la Universidad de Maryland, publicó el genoma completo de 109 rinovirus junto con un árbol evolutivo en el que se representaba su parentesco. Si en ese árbol se pudiera trazar un círculo alrededor de un grupo de virus que provoca una exacerbación intensa del asma, se podría dirigir el tratamiento contra ellos, afirma Liggett. Se conseguiría así una respuesta más uniforme que si se dirige a cientos de virus diversos.

Al final, puede que la resistencia de los rinovirus ante los intentos infructuosos de combatirlos no sea tan inconveniente. Algunas investigaciones indican que los resfriados proporcionarían una inmunidad temporal ante infecciones más graves. La gripe pandémica H1N1 de 2009 no se propagó seriamente en Francia hasta que no terminó la temporada de resfriados. Jean-Sebastien Casalegno, del Centro Nacional Francés contra la Gripe, afirma que los resfriados de los niños parecían reducir la probabilidad de resultar infectados por H1N1, aunque resalta que esa relación todavía no se ha demostrado. Si se consiguiera eliminar todas las infecciones por rinovirus, otros virus respiratorios, como la gripe, podrían ocupar ese lugar.

Es posible que, en el futuro, los tratamientos contra los virus del resfriado no eliminen la infección, pero sí nos hagan sentir mejor. Turner señala que una tercera parte de las infecciones por rinovirus no dan lugar a los síntomas del resfriado. Claramente, la respuesta inflamatoria no es necesaria para eliminar los virus, porque esas personas superan las infecciones igual que todo el mundo, afirma. Con ese propósito, los tratamientos futuros deberían mitigar la respuesta inmunitaria o reducir la carga vírica del organismo justo lo suficiente como para eludir los síntomas. Creándose el dilema de sí ¿querémos realmente interferir en nuestro sistema inmunitario?. De hacerlo, podríamos estar sustituyendo una molestia menor por enfermedades o efectos secundarios mucho más graves con lo que, al final, el remedio podría ser pero que la enfermedad.

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