sábado, 15 de enero de 2011

STOP AL PARÁSITO MÁS LETAL DEL MUNDO


Carga mortal: El mosquito Anopheles transporta el parásito de la malaria,
responsable de enfermedad y muerte en la mayor parte del trópico.

Una nueva vacuna contra la malaria, un plan para inmunizar a los mosquitos y otras ideas novedosas han mejorado las perspectivas de erradicar la enfermedad.

Ahora mismo, en algún lugar del mundo, en una placa de Petri en Baltimore, en las glándulas salivales de un mosquito de laboratorio en Seattle o en el torrente sanguíneo de un aldeano de Ghana, existe un compuesto químico que puede ayudar a erradicar al microorganismo más mortífero de la historia de la humanidad. Se está trabajando con diversas vacunas experimentales contra la malaria y, por primera vez, una de ellas se halla en una fase avanzada de investigación en humanos. Aunque tan solo una de las vacunas demostrara una eficacia parcial, salvaría la vida de millones de niños y mujeres embarazadas. Representaría la única vacuna desarrollada hasta ahora contra un parásito humano, un logro digno de recibir el premio Nobel. Una primera generación de la misma podría distribuirse en África hacia 2015, más vale tarde que nunca.


MALARIA INOCULADOS EN GLÓBULOS ROJOS

Si todo va bien, dentro de cinco años podría administrarse a gran escala una vacuna a niños de entre 6 a 12 semanas de vida, afirma Joe Cohen, científico responsable de uno de los estudios más prometedores. Es un logro extraordinario, del que nos deberíamos sentir orgullosos como seres humanos. Sin duda, la investigación de la vacuna antipalúdica vive un momento de alza. Entonces, ¿por qué Regina Rabinovich no lo pregona a los 4 vientos?

Las vacunas contra la malaria han fracasado numerosas veces. Las nuevas técnicas han dado un nuevo empuje a un agente que podría proporcionar inmunidad de por vida. Este invierno terminarán los ensayos clínicos en fase finasl con una vacuna que se están desarrollando desde los años 80. Con ella se reducirán a la mitad los casos de la forma más letal de malaria. Mientras este trabajo avanza, se investigan al mismo tiempo otras vacunas, como una forma atenuada del parásito cultivada en los mosquitos. O la inmunización de los insectos, transmisores de la enfermedad. Debido a la dificultad que ha entrañado la lucha contra la malaria en el pasado, los investigadores moderan su entusiasmo y sus expectativas, por si fallan las nuevas vacunas.

Rabinovich es doctora de medicina y especialista en salud pública. Ha sido directora de la Iniciativa PATH para la vacuna antipalúdica y en la actualidad dirige los programas sobre enfermedades infecciosas de la Fundación Bill y Melinda Gates, entre ellos, uno de los mayores programas de I+D sobre la vacuna antipalúdica. Pero si se le pregunta sobre los progresos realizados en los últimos 5 años se limita a contestar: "algunas cosas empiezan a tomar forma". Rabinovich demuestra extrema precaución ante la posible difusión de datos y advierte que algunos estudios, sobre todo los que se hallan en las primeras fases, están condenados al fracaso.

Toda esa cautela tiene una explicación. Los expertos en malaria conocen de sobra los ciclos de entusiasmo y frustración. Y ahora, incluso a punto de obtener la primera vacuna antipalúdica, evitan el exceso de optimismo. En los años 60, una extensa campaña hizo desaparecer la enfermedad en muchos lugares del mundo y la hizo disminuir en otros. Pero el éxito duró poco. La malaria dejó de percibirse como una amenaza y los organismos sanitarios mundiales se mostraron satisfechos. Se demostró que del DDT, el arma principal empleada, resultaba tóxico para las aves y las campañas se recortaron en gran medida. Las cifras de la malaria ascendieron con más fuerza que antes. Mientras tanto, los científicos abandonaron este campo y las investigaciones sobre la vacuna se estancaron.




Resulta sorprendente y vergonzoso a la vez que, durante tanto tiempo, quienes financiaban la investigación no se ocuparan de la malariay, por tanto, no destinaran ayudas para su estudio. Por otro lado, no cuesta entender que se perdiera la esperanza de vencer la enfermedad. El microorganismo de la malaria es especialmente difícil de combatir. Hasta hace poco no se conocía bien el complejo ciclo biológico del parásito. Este se aloja en las glándulas salivales del mosquito, alcanza el torrente circulatorio del ser humano, permanece en el hígado durante un breve periodo de maduración, se reincorpora a la circulación sanguínea y, por último, retorna al cuerpo de un nuevo mosquito. Un pequeño grupo de científicos de la compañía farmacéutica GlaxoSmithKñine (GSK) hizo un intento serio de impulsar una vacuna a mediados de los 80. Trabajó con una proteína de superficie de Plamodium falciparum, la cepa más común y mortífera del parásito. Su primer intento fracasó y el parásito continuó cusando la muerte a un millón de personas al año.


Las circunstancias no pueden ser hoy más distintas. Gracias a una serie de innovaciones y a una gran inyección de dinero (sobre todo de la Fundación Gates, que desde 1994 ha donado 4500 millones de dólares para la investigación general de vacunas y ha prometido otros 10.000 millones para los próximos 10 años), en la actualidad están en marcha docenas de proyectos relacionados con la vacuna antipalúdica (aunque la mayoría en sus primeras fases de desarrollo). Por su parte, el grupo de GSK ha seguido trabajando con la vacuna experimental diseñada en el decenio de los 80 y ha conseguido una vacuna algo más prometedora, que ahora se halla en las fases finales de ensayos en humanos. Tras verificar la seguridad de la vacuna, se está sometiendo a una amplia serie de ensayos clínicos aleatorizados en 11 lugares de África, en los que un grupo de personas recibe la vacuna y otro un placebo. Aunque ninguna vacuna experimental había alcanzado tal fase, existen investigaciones clínicas preliminares sobre otras opciones asimismo muy prometedoras.

Estrategias de 3 vacunas prometedoras
Durante decenios los responsables de salud pública han intentado conseguir una vacuna que proporcionara una inmunidad de por vida frente al parásito de malaria y ayudara a erradicar la enfermedad. Dado el complejo ciclo biológico del parásito, hasta ahora los esfuerzos han resultado infructuosos. Pero en los últimos años, gracias a la provisión de nuevos fondos y a una avalancha de ideas innovadoras, la perspectiva ha cambiado drásticamente. Por primera vez, una vacuna ha llegado a la fase final de los ensayos clínicos y docenas de otras ideas se hallan en la primera fase de desarrollo. Se muestran aquí tres enfoques.

Bloqueo de la transmisión: la vacuna, inoculada a una persona, estimularía la producción de anticuerpos, que pasarían al intestino del mosquito cuando se alimenta. Allí impedirían que el parásito interactuara con una enzima necesaria para su supervivencia. La próxima vez que el mosquito picara a otra persona, carecería de parásitos que transmitirle.

Cultivo de parásitos atenuados: para producir nuevas vacunas, los investigadores se sirven a veces de un organismo infeccioso: lo debilitan de alguna manera e inoculan fragmentos del mismo en humanos con la finalidad de producir una reacción inmunitaria. La compañía Seattle BioMed ha utilizado este procedimiento. Irradia parásitos en fase de esporozoito para impedir que maduren y a continuación inyecta fragmentos del parásito en pacientes. En los primeros ensayors con humanos, esta vacuna ha conseguido un 100% de inmunidad frente a la malaria.

Reformulación de una vacuna tradicional: una vacuna de GlaxoSmithKline contra Plasmodium falciparum, una especie mortal del parásito, se halla en fase final de los ensayos clínicos. Una versión anterior de la vacuna fracasó en los ensayos, pero se reformuló con un adyuvante para mejorar la respuesta inmunitaria. La nueva versión parece reducir a la mitad el riesgo de contraer la variante grave de la enfermedad

Algunos estudios siguen una estrategia poco ortodoxa en la fase I (centrada sobre todo en pruebas de seguridad): se cultivan en el interior del cuerpo de los mosquitos parásitos genéticamente debilitados, que luego se extraen de las glándulas salivales para transformarlos en una vacuna. Una tercera clase de vacunas intenta inmunizar a los mosquitos, los transmisores del parásito, a partir de anticuerpos obtenidos del cuerpo humano. Según Rhoel Dinglasan, uno de los pioneros de esa estrategia, se pretende utilizar al ser humano para inmunizar de modo pasivo a los insectos. Es una idea un poco descabellada, afirma el científico.

Descabellada, pero con tiempo, suerte y esfuerzo puede convertirse en algo innovador. No obstante, para que tengan éxito algunas de esas posibles vacunas u otras que se hallan en una fase más temprana de desarrollo, deberán superarse primero una serie de obstáculo. Rabinovich afirma que ha llegado la hora de abordar esos retos, sin lo cual resulta imposible avanzar.

LA EFICACIA DE LA VACUNA

La vacuna experimental RTS,S diseñada por GSK se basa en la proteína de P. falciparum mencionada antes, denominada circunesporozoito o proteína CE. Pero ahora la vacuna cuenta con un nuevo elemento que refuerza su efecto. En los 80, se pretendía que la proteína CE sirviera por sí sola a modo de antígeno, la parte de la vacuna que desencadena la formación de anticuerpos u otras respuestas inmunitarias para destruir al parásito. Sin embargo, el sistema inmunitario no reaccionó ante la proteína CE, como se había planeado, por lo que se emprendieron investigaciones, que duraron 20 años, con el fin de reformular la vacuna. Para obtener una respuesta eficaz del organismo y que este produjera una cantidad suficiente de anticuerpos, se ensamblaron muchas copias de la proteína en un armazón químico. Según Cohen, el investigador de GSK que ha encabezado el trabajo sobre la RTS,S la idea consistía en sintetizar un compuesto más parecido al patógeno real.

Tras la reformulación, el cuerpo humano respondió con mayor intensidad, pero aún no lo suficiente para proporcionar una protección real frente al parásito (un problema habitual en numerosas vacunas experimentales contra distintas enfermedades). El aumento de la respuesta inmunitaria se consiguió tras otros 15 años de investigaciones. Al añadir una sustancia química se incrementaba la cifra de anticuerpos sintetizados por los linfocitos B. Este adyuvante también actuaba sobre los linfocitos T, que desempeñan una función importante en el mantenimiento de las defensas del organismo frente a la enfermedad.

En la actualidad, esta fórmula se está probando en los ensayos de la fase final, lo que constituye el mayor estudio sobre una vacuna antipalúdica jamás realizado. Un grupo de 16.000 niños, algunos de entre 6 y 12 semanas de vida, y otros algo mayores, entre 5 y 17 meses, ha comenzado a recibir la vacuna. Las inoculaciones finalizaron el pasado diciembre y los resultados comenzarán a conocerse a mediados del presente año. Según Christian Loucq, actual director de la Iniciativa PATH para la vacuna antipalúdica y organizador principal de los nuevos estudios, si estos datos y los de seguimiento resultan prometedores, deberá comprobarse a continuación el efecto de la vacuna en la vida real.

El efecto podría ser enorme y se salvarían cientos de miles de vidas al año, siempre que se logre una amplia distribución de la vacuna. Sin embargo, existen dos posibles obstáculos. El primero, su elevado precio. En total, el desarrollo y comercialización de la RTS,S puede costar cientos de millones de dólares, una cifra excesiva para su utilización en los países pobres. GSK ha dicho que fijará un precio muy bajo. Asimismo, espera que los consorcios internacionales y las organizaciones como UNICEF y la Alianza Global para las Vacunas y la Inmunización comprarán la vacuna y la distribuirán en los países africanos en vías de desarrollo, donde más se necesita.

El segundo obstáculo del RTS,S es que difícilmente funcionará tan bien como la mayoría de las vacunas de otras enfermedades, que suelen necesitar al menos un 80 % de efectividad antes de ser aprobadas. Hasta el momento, los mejores resultados de los ensayos de fase II indican que la RTS,S reducirá a la mitad, como mucho, los casos de malaria. En la mayor parte de las vacunas, ese efecto se consideraría insuficiente para su aplicación a gran escala. Sin embargo, la malaria representa una enfermedad tan devastadora que una eficacia del 50% podría considerarse un buen resultado, ya que significaría poder salvar 500.000 vidas al año.

Los niños muy pequeños demuestran una escasa protección natural y sufren con mayor frecuencia las formas graves de malaria. Las víctimas de más edad adquieren cierto grado de inmunidad tras infecciones repetidas y presentan afecciones más leves a medida que envejecen. Desprotegidos, los niños pueden quedar con alteraciones neurológicas de por vida. A veces incluso, algunos jóvenes se infectan tras ser vacunados y contraen una enfermedad leve, no mortal.

INVESTIGACIÓN CONTRA LA MALARIA EN LAS ZONAS ENDÉMICAS

En Barcelona (España) tradicionalmente se ha estudiado las enfermedades tropicales. El Hospital Clínico de la Universidad de Barcelona, único centro sanitario español de tercer nivel que cuenta con un Servicio de Medicina Tropical y Salud Internacional, sembró a principios de los años 80 la semilla de lo que posteriormente se convertiría en el Centro de Investigación en Salud Internacional de Barcelona (CRESIB), dedicado a la investigación de las enfermedades que más afectan a los países pobres y que, a los ojos de la ciencia occidental, están claramente desatendidas. Entre ellas destaca, por encima de todas, la malaria o paludismo, una infección parasitaria presente todavía en 108 países del mundo y que mata a más de 850.000 personas al año, fundamentalmente a niños africanos.

La aproximación de este centro es multidisciplinar y traslacional. Abarca desde estrategias epidemiológico-clínicas hasta el estudio molecular y genético de las bases de la malaria. Además, si el foco de atención inical se limitaba a Plasmodium falciparum, la especie más predominante en África y principal responsable de los casos letales, este se ha ampliado en los últimos años para incluir a Plamodium vivax que, a pesar de no ser tan mortífera, afecta a numerosas personas en todo el mundo. El CRESIB ha coordinado además la elaboración de la agencia científica para la erradicación global de la enfermedad (MaIERA, malera.tropika.net), un proceso recientemente concluido que ha involucrado a los principales actores internacionales de la investigación en este campo.

Desde sus orígenes, el CRESIB ha entendido que la investigación debía hacerse allá donde está el problema, en colaboración con los científicos e instituciones de los países endémicos. En el contienente africano, lugar dónde se producen cerca del 90% de los fallecimientos atribuibles a la malaria, la labor ha sido desarrollada en gran medida por científicos extranjeros que suplían la ausencia de científicos africanos. En este contexto, desde Barcelona se apoyó en 1996 la creación del Centro de Investigación en Salud de Manhiça (CISM), un pequeño centro en el sur de Mozambique cuya misión es investigar las enfermedades con un mayor impacto en el país (y por extensión en África) y formar investigadores mozambiqueños en los máximos estándares internacionales. En poco más de un decenio, el CISM se ha convertido en uno de los centros de referencia internacional de la investigación biomédica.

Desde el CISM se ha contribuido al estudio y creación de diferentes herramientas cruciales en la lucha contra la malaria y, en particular, al desarrollo clínico de vacunas y fármacos, tanto para la prevención como para el tratamiento de la enfermedad. Se trata de un área de alto interés, debido a lo limitado del arsenal terapéutico actual y al riesgo de aparición de resistencias farmacológicas en el parásito. El CISM ha liderado ensayos clínicos indispensables para el registro de nuevas combinaciones antipalúdicas, como la dihidroartemisinina-piperaquina (Eurartesim) o una formulación específicamente pediátrica a base de artemether y lumefandrina (Coartem), muy útil para asegurar la administración adecuada del tratamiento a los niños más pequeños.

El CRESIB y el CISM han coordinado además un consorcio mundial para introducir el tratamiento intermitente preventivo, una nueva estrategia que aboga por la administración de dosis de antipalúdicos con potencial terapéutico y profiláctico, aprovechando el contacto de los recién nacidos con los centros de salud para las vacunaciones del primer año de vida. La estrategia, que ha demostrado reducir hasta un 30% de los casos de malaria en el primer año de vida, ha cumplido ya todas las evaluaciones y recientemente ha sido apoyada y recomendada por la OMS como un nuevo instrumento para luchar contra la malaria. De igual forma, se están evaluando aproximaciones similares para la prevención de la malaria en la mujer embarazada, el otro gran grupo de riesgo.

Sin embargo, el área donde el CRESIB y el CISM han colaborado de forma más activa y obstinada ha sido en la elaboración de una vacuna contra la malaria. Como en otras enfermedades, la obtención de una vacuna eficaz y segura que permitiera proteger a las poblaciones más expuestas a la infección representaría una hazaña extraordinaria. Pero ello ha supuesto desde siempre un reto formidable. La ausencia de modelos animales que reproduzcan fielmente la enfermedad en el humano, así como la falta de un conocimiento detallado de la inmunidad inducida por el parásito, responsable de la protección adquirida, han constituido enormes barreras al desarrollo de vacunas. Así, ante la falta de marcadores de protección serológicos que confirmen la eficacia de una vacuna experimental, esta debe determinarse mediante ensayos en humanos donde se evalúe la reducción de la incidencia de la enfermedad en las zonas endémicas. Paradójicamente, es en estos países donde existen más dificultades logísticas para llevar a cabo grandes ensayos clínicos, por lo que la demostración de la eficacia conlleva un esfuerzo extrmo. El CISM ha sido pionero en la realización de este tipo de ensayos. A principios de este siglo, la vacuna RTS,S, basada en secuencias repetidas del circumsporozoito, había demostrado una protección moderada y de corta duración (no más de 8 semanas) tanto en voluntarios no inmunes expuestos a mosquitos que transmiten la malaria como en adultos hiperinmunes. Pese a su interés científico, esos datos estaban sujetos a cierta controversia y no inducían al optimismo sobre el potencial de esta vacuna.

El binomio CRESIB/CISM se embarcó en liderar el desarrollo clínico de la RTS,S y explorar de forma rigurosa y sistemática sus posibilidades. Con este fin, durante el último decenio ha protagonizado diversos estudios críticos, entre ellos la primera prueba de seguridad, inmunogenicidad y eficacia clínica del producto en niños africanos de 1 a 4 años de edad en zonas con un elevado riesgo de malaria (datos publicados por Alonso et al., en The Lancet, 2004). Los primeros resultados indican que la eficacia clínica frente a episodios no complicados es algo superior del 50%. La duración de la protección supera los 40 meses. También se han realizado los primeros ensayos que demuestran la seguridad y eficacia de la vacuna en recién nacidos. Además, se han obtenido los primeros datos sobre la inducción de respuesta inmunitarias, tanto humorales como celulares. Los resultados de esos estudios han contribuido de forma determinante a lanzar el primer ensayo de fase III para el registro final de una primera generación de vacunas con posibilidad de ser aplicadas a gran escala. El registro de la vacuna, y su posterior implementación a través de los programas ampliados de vacunación de aquellos países donde la malaria es endémica, será sin duda el triunfo de la ciencia llevada al terreno. Ciencia para el desarrollo que redunda en la creación de instituciones científicas africanas de primer nivel, lideradas por científicos africanos. (Quique Bassat y Pedro Alonso. Centro de Investigación en Salud Internacional de Barcelona (CRESIB) y Centro de Investigación en Salud de Manhiça (CISM))

En África, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la UNICEF ya ofrecen vacunas contra otras enfermedades como la polio y la difteria a niños muy pequeños, de unos 3 meses de edad, un momento muy apropiado para recibir la vacuna RTS,S. Se pretende que la vacuna de la malaria se incluya en ese sistema de administración de vacunas, comenta Cohen. Toda la infraestructura ya existente para aplicar las vacunas podría acelerar el camino de la RTS,S del laboratorio al paciente. El coste de las inoculaciones se rebajaría en gran medida, ya que no se necesitarían nuevas redes de distribución. Pero hay aún algunos aspectos por definir, como la frecuencia de las dosis de refuerzo de la vacuna (lo que implicaría el regreso de los niños a la clínica), además de otras cuestiones de logística.

La vacuna RTS,S presenta otros inconvenientes, como el hecho de ofrecer protección frente a cepas africanas de P. falciparum y no frente a otras que circulan en el resto del mundo. Además, su eficacia del 50% significa que la vacuna nunca podrá utilizarse para eliminar la malaria, es decir, no se conseguirá el principal obejtivo del desarrollo de una vacuna.

Si se quiere emplear la RTS,S para la erradicación, los investigadores deberán reformularla de nuevo o administrarla junto a un nuevo componente. Para su próxima versión de la RTS,S, los investigadores de GSK se centran ahora en un enfoque de estimulación y refuerzo (prime boost), las estrategia en dos fases que ha demostrado cierta efectividad en los primeros ensayos con la vacuna del VIH. Tanto la parte de estimulación como la de refuerzo de esta nueva vacuna presentan la proteína CE al cuerpo, pero de forma distinta, con lo que seguramente se obtiene una mayor respuesta inmunitaria. Eso se espera al menos de ella, pero hasta ahora se ha experimentado solo en animales de laboratorio. Si este nuevo intento de reformular la RTS,S lleva tanto tiempo como los anteriores, podrían pasar otros 15 años antes de que una versión totalmente eficaz de la vacuna se incorporara a la salud pública.

ZONAS DE RIESGO
Una campaña mundial de vacunación para erradicar la malaria o disminuir su incidencia debe dirigirse a aquellas poblaciones de mayor riesgo. Para actualizar los datos epidemiológicos, desfasados desde hace decenios, el Proyecto Atlas de Malaria, una colaboración de la Universidad de Oxford, el instituto de Investigación Médica de Kenia y la fundación Wellcome Trust, reunió miles de informes locales sobre la prevalencia del parásito para calcular el riesgo de contraer la enfermedad. El mapa que se ilustra refleja las regiones vulnerables a la malaria.

LOS MOSQUITOS VERSUS LABORATORIOS VIVIENTES

Además de recibir la vacuna RTS,S y figurar entre ese afortunado 50 % de personas en las que actúa, hay otro modo de adquirir la inmunidad frente a la malaria sin necesidad de padecerla. Algunos mosquitos transmiten parásitos genéticamente debilitados. Cuando estos alcanzan el hígado en el cuerpo humano, en vez de desarrollarse hasta su forma adulta como hacen habitualmente, permanecen allí bloqueados y mueren, sin posibilidad de madurar. Mientras tanto, el organismo fabrica anticuerpos contra ellos y logra así la inmunidad para el resto de la vida. Investigadores de la Marina de los EEUU. descubrieron un fenómeno en los años 70. Dos decenios más tarde, algunos científicos volvieron a fijar su atención sobre él. Dos de ellos, Stefan H. Kappe, de Seattle BioMed, y Stephen L. Hoffman, director ejecutivo de Sanaria, en Rockville (Maryland), han puesto en marcha laboratorios de cría de mosquitos, de cuyas glándulas salivales extraen parásitos debilitados que luego convierten en una solución apropiada para una vacuna.

Existen dos maneras de dañar el ADN del parásito de la malaria antes de cultivar el microorganismo en el interior de los mosquitos. El modo de proceder de Seattle BioMed es preciso: destruyen solo los genes responsables de la maduración del parásito en el hígado humano.

En la actualidad el equipo de Kappe modifica solo dos genes responsables de que el parásito construya una membrana a su alrededor mientras se alberga en las células hepáticas. Parece que la membrana impide a las células darse cuenta de la infección. Pero sin la membrana, los parásitos provocan de inmediato el suicidio de la célula hepática, que así evita alojarlos. En centenares de ratones, algunos de ellos transgénicos con hepatocitos humanos, el equipo de Kappe ha inoculado su parásito y ha obtenido una protección del 100 % contra la malaria. El hígado no ha sufrido ningún daño en el proceso, ya que tan solo se introducen en el organismo unos diez mil parásitos; aunque todos ellos alcanzaran el hígado, el número máximo de células destruidas sería muy pequeño si se compara con los millones de células que forman la víscera (que, además, puede regenerarse). Ya se ha puesto en marcha un ensayo clínico de fase I, en el que 20 personas que han recibido dosis múltiples de la vacuna se someterán la próxima primavera a la picadura de mosquitos con el parásito.

Otra forma más tradicional de neutralizar el ADN del parásito de la malaria para garantizar la seguridad de la vacuna consiste en la irradiación. Debido a sus ventajas, se trata del método empleado por Sanaria, la compañía biotecnológica de Hoffman. La irradiación altera el código en más de dos lugares, por lo que representa una manera más fiable y completa de que el parásito no se reproduzca una vez haya alcanzado el hígado. Sin embargo, Hoffman no está convencido de que la irradiación por sí sola inhiba los genes diana, motivo por el cual utiliza también el métdo anterior. Hasta que no compruebe empíricamente ambos métodos, no sabrá cual de ellos funciona mejor.

Hoffman conoce muy bien el valor de los estudios empíricos. El verano pasado, durante el ensayo clínico de fase I con la vacuna esporozoítica irradiada, pudo constatarlo. La Agencia Federal de Fármacos y Alimentos (FDA) había autorizado a Sanaria llevar a cabo un ensayo con 100 personas. Cuando obtuvo el permiso, Hoffman pensaba que un mosquito inoculaba de 5 a 10 parásitos en una picadura.. Basó la potencia de sus dosis, es decir, la cantidad de parásitos que debía contener su vacuna, en ese supuesto. Más tarde verificó que el mosquito introduce un número muy superior de parásitos, entre 300 y 500, por lo que la dosis de su vacuna resultaría sin duda insuficiente. Se dio cuenta de ello a mitad del estudio, cuando ya era demasiado tarde para modificar el diseño del experimento. Aunque las bajas dosis empleadas ofrecieran cierta protección frente a la malaria, no fueron tan eficaces como la RTS,S. Hoffman espera ahora comenzar un nuevo ensayo de fase I. Ha aumentado la concentración de parásitos en su vacuna y ha cambiado el modo de administrarla.

INMUNIZACIÓN DE LOS MOSQUITOS

ALTERNATIVAS A LA VACUNA

El DDT, un insecticida prohibido, ha vuelto ha emplearse en el interior
de las viviendas, donde es menos perjudicial. Puede eliminar los mosquitos
de una zona habitada sin causar daños ambientales devastadores

Las mosquiteras, que protegen de los mosquitos, ofrecen una solución
atractiva por su bajo coste, la sencillez de uso y su probada eficacia para
disminuir la incidencia de la enfermedad.

Se han  realizado experimentos con larvas de mosquito transgénicas que
impiden la transmisión del parásito. Si estos insectos compitieran con los
otros mosquitos y los sustituyeran, la malaria quedaría fuera de juego.

Vista la dificultad que entraña inmunizar a los humanos frente a la malaria, ¿por qué no intentar vacunar al mosquito?. Toda vacuna debe romper el ciclo de transmisión del parásito pero, hasta ahora, se ha ignorado una de las fases del ciclo: el momento en que el insecto pica a la persona infectada y, a través de la sangre de su víctima, adquiere a su vez el parásito. Si se pudiera detener el desarrollo del parásito en el cuerpo del mosquito, el microbio moriría y ya no podría transmitirse a un nuevo huésped humano. En consecuencia, el número de enfermos caería en picado. Dinglasan, joven biólogo molecular de la Universidad Johns Hopkins y natural de Filipinas (donde ha visto numerosos casos de la enfermedad), tuvo una idea para llevar a cabo ese objetivo. Hasta ahora solo ha realizado experimentos con ratones y se muestra cauto sobre la posible eficacia del método en humanos.

Cuando el parásito de la malaria se introduce en el cuerpo del mosquito, intenta de inmediato alojarse en su intestino y busca una enzima específica del tejido digestivo del insecto, una aminopeptidasa. Si no la halla en las próximas 24 horas, el microorganismo será digerido y la infección en el mosquito no prosperará. Si se ofrece a los insectos anticuerpos contra la aminopeptidasa, obtendrán protección frente a la malaria.
En primer lugar la vacunación de niños africanos
en ensayos clínicos de fase final.

La salud pública, en primer lugar.

En teoría, los anticuerpos se sitúan alrededor de la enzima y la enmascaran; impiden así que el parásito la localice. Dinglasan ha aislado un fragmento específico de la enzima propia de los mosquitos y lo ha inoculado a ratones que, como consecuencia, han sintetizado anticuerpos contra la enzima. Los mosquitos que pican a los ratornes adquieren esos anticuerpos, que no parecen degradarse en el tubo digestivo. los insectos quedan así inmunizados, de modo involuntario. Como el parásito no sobrevive en su interior, no lo transmiten a otros huéspedes mamíferos. Pero aún falta comprobar si la estrategia, que Louq considera una especie de mosquitera inmunitaria, funciona también en humanos.

Este enfoque presenta algunos inconvenientes, sobre todo, la reticencia de las personas ante una vacuna que protege a los mosquitos, pero no a los humanos, al menos no de forma inmediata. (Uno puede vacunarse y, sin embargo, infectarse por un mosquito que anteriormente adquirió la malaria de alguien no inmunizado). Al final, el número de enfermos disminuirá porque habrá un menor número de mosquitos infectados en el entorno. Pero, al principio, algunos de los vacunados caerán igualmente enfermos y algunas personas que antes se sentían bien sufrirán efectos secundarios. En cierta manera, se habrá transgredido la norma principal de la medicina de <<NO HACER DAÑO>>.

Existen precedentes en cuanto a vacunarse para proteger a otras personas (como los hombres que se inmunizan frente al virus del papiloma humano: su riesgo de contraerlo es bajo, pero si se vacunan protegen a sus parejas sexuales). A largo plazo, una vacuna que impida la transmisión del parásito resultaría tan eficaz, o más, que una tradicional que inmunice a  la persona vacunada. Aunque muchos opinan que no hay un beneficio directo, Dinglasan defiende que sí lo hay, solo que más tardío.

La estrategia cuenta además con otras ventajas inexistentes en otras vacunas. Por motivos técnicos, cuando se fabrique a gran escala resultará menos costosa que la RTS,S o las vacunas de Sanaria y Seattle BioMed. El antígeno se manifiesta en las cuarenta especies de mosquitos que transmiten la malaria, por lo que la vacuna podría funcionar en todas ellas. Los anticuerpos parecen eficaces no solo frente a P. falciparum, el parásito de la malaria más frecuente en África, sino también frente a P. vivax, más abundante en Asia. La RTS,S no actúa contra P. vivax, ya que la proteína CE, objetivo de la vacuna, es diferente en las dos especies de parásitos.

Las pruebas realizadas por Dinglasan en ratones han demostrado un 100% de eficacia de la vacuna frente a P. falciparum, y un 98% frente a P. vivax en Tailandia. Ello es importante en la práctica ya que, idealmente, una vacuna contra la malaria debe poseer una utilidad universal. Resulta demasiado caro fabricar muchas vacunas diferentes. Y las arcas de los donantes no son inagotables, como muchos piensan, advierte Dinglasan.

Las arcas todavía tardarán en abrirse para él. Su proyecto todavía se halla en la fase de viabilidad, es decir, intenta saber cuánto antígeno puede conseguir su laboratorio. Solo después de ofrecer resultados fiables, lo que prevé hacer en febrero, empezará a pensar en las aplicaciones prácticas. ¿Se podrá usar esta vacuna combinada con la RTS,S?¿Cuánta sangre humana deberá extraer el mosquito para quedar inmunizado?¿Cuánto tiempo llevará la transición de los ratones a las personas?

Dinglasan contestará a estas cuestiones y a otra de mayor entidad: ¿es necesario erradicar la malaria en todo el mundo de una vez por todas? Aún sin contar con una vacuna potente, ya es posibel controlar la enfermedad mediante mosquiteras y medicamentos que pueden prevenirla o tratarla, como la cloroquina, la artemisina y el malarone. Pero tal vez resulte imposible eliminarla por completo. Las mosquiteras fallan; los mosquitos desarrollan resistencias a los insecticidas con los que se impregnan las mosquiteras y sus usuarios quizá no siempre están dispuestos a dormir bajo ellas. Las mosquiteras evitan la transmisión de la enfermedad si se utilizan en un entorno muy controlado, pero el ser humano sigue poco las normas, apunta Dinglasan. La mayoría de los niños duerme bajo ellas, pero los adultos beben fuera de las cabañas y el alcohol atrae a los mosquitos. El científico ha comprobado además que las mosquiteras tratadas con insecticida matan a los mosquitos del interior de las casas, pero pronto ocupan su lugar los mosquitos del exterior.

La medicación preventiva sirve más a los viajeros que a los habitantes de los países en desarrollo: pueden provocar molestias y deben tomarse continuamente; además, resultan caras. Otras de las medidas que ayudaron al primer mundo a librarse de la malaria, como el drenaje de las zonas pantanosas o la fumigación generalizada con DDT, son impracticables en el tercer mundo.

A día de hoy, estas son las únicas operaciones sobre la mesa. Los investigadores están muy ocupados estudiando el genoma del parásito y determinados aspectos del genoma humano que pueden ofrecer cierta resistencia ante la enfermedad. Estos proyectos pueden proporcionar nuevas y sorprendentes pistas. Incluso se habla de estrategias de control de la malaria que suenan algo extrañas, como la liberación en la naturaleza de mosquitos transgénicos resistentes a la malaria para que compitan con los de tipo salvaje. Según Dinglasan, lo importante es asegurarse de que la comunidad sanitaria internacional mantiene su compromiso durantee largo tiempo.

Bibliografía:
Autora Mary Carmichael, redactora de Newsweek de temas de salud y ciencia.

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