martes, 22 de febrero de 2011

Lucha contra la mutilación genital femenina




Cada año cerca de tres millones de niñas y mujeres son víctimas de la ablación genital en el mundo, es decir, ocho mil por día, y la mayoría de estas mutilaciones, que conllevan graves riesgos para la salud, se practican durante la infancia, entre los 4 y los 14 años.

Son cifras elaboradas por organizaciones no gubernamentales, que con motivo de la celebración del Día Mundial Tolerancia Cero contra la Mutilación Genital Femenina, vuelven a poner de manifiesto la violación de los derechos fundamentales que supone esta práctica.

La ablación femenina comprende todos los procedimientos quirúrgicos que consisten en la extirpación total o parcial de los genitales externos u otras intervenciones practicadas en los órganos genitales femeninos por motivos culturales o no terapéuticos.

UNICEF estima que 70 millones de niñas y mujeres han sido sometidas a la ablación en África. En los últimos años esta práctica ha aumentado en Europa, Australia, Canadá y Estados Unidos, a consecuencia de los inmigrantes procedentes de África y Asia. Según los datos de Red Activas, una plataforma formada por doce ONG, en Europa hay 180.000 mujeres en riesgo de ser mutiladas y en España hay más de 10.000.

Aunque por lo general se practica cuando las niñas tienen entre 4 y 14 años, hay países como Mali y Eritrea donde se hace incluso a niñas menores de un año. Los motivos son varios y todos ellos son erróneos. Tal y como explica UNICEF, la ablación se practica como forma de mitigar la sexualidad femenina. También porque se cree que los genitales son sucios y antiestéticos, y porque simboliza el rito de iniciación de las niñas en la edad adulta. Además, se piensa que la mutilación genital es un precepto religioso.

Puede ocasionar la muerte


Lo cierto es que la ablación causa daños irreparables y puede ocasionar la muerte, así como el contagio de Sida y hepatitis, infecciones agudas y septicemia, entre otras enfermedades. A largo plazo es causa de infertilidad, infecciones crónicas, relaciones sexuales dolorosas y puede conllevar complicaciones durante el embarazo y el parto, tanto para las mujeres como para los recién nacidos.
Red Activas subraya que lo habitual es que la mutilación se haga sin anestesia, sin las condiciones higiénicas mínimas y no la lleven a cabo profesionales sanitarios. Por todo ello, esta plataforma considera que para erradicarla es preciso "intensificar los esfuerzos" y apoyar todas aquellas acciones y políticas que en cada país o etnias hayan demostrado ser útiles.
Por su parte, la ONG World Vision, que ha puesto en marcha un nuevo proyecto para prevenir la ablación en Malí, señala que a través de la educación de la población y el apoyo a las mujeres es posible evitar que más niñas la sufran. Según la directora de esta ONG en España, Marisa García, en Malí la incidencia de la ablación es del 92,2%, sin diferencias entre rangos de edad, lo que significa que pasa de generación en generación a pesar de que en este país se prohibió que se realizara en hospitales desde 1975.

La ONG Plan también ha puesto en marcha una campaña gracias a la cual ha ayudado, junto a la Asociación de Mujeres por el Futuro de las Mujeres (AFAF), a que diez pueblos de Guinea Conakry se hayan declarado libres de la mutilación genital femenina. "El primer paso es tomar contacto con las jóvenes y explicarles en qué consiste la ceremonia y los riesgos que conlleva", explica PLAN en un comunicado. La fundadora de AFAF es Madeleine Tolno, una mujer que fue sometida a la ablación hace 50 años, aunque hoy en día hablar de su propia experiencia le sigue resultando traumático. Ahora Madeleine es comadrona y ve cada día las complicaciones que esta práctica conlleva en las niñas. "He visto cómo muchas mujeres morían durante el parto. Eso me ha hecho entender que es necesario hablar con las comunidades y desmitificar el rito de la ablación", apunta.

Senegal



La práctica de la mutilación genital femenina todavía causa estragos en Podor, ciudad del norte senegalés, según autoridades del hospital local. Aunque la tradición decae, algunos líderes religiosos aún la defienden. El pasado mes de octubre, líderes musulmanes de 60 de las 300 localidades en el distrito aprobaron una declaración en la que abandonaban formalmente la llamada circuncisión femenina, así como el casamiento temprano forzoso para las mujeres. Sin embargo, otros religiosos se manifestaron en contra de esta decisión, defendiendo ambas prácticas como parte integral de las tradiciones locales.


La mutilación genital femenina está prohibida por ley en Senegal desde 1999, pero se mantiene vigorosa en Podor. Organizaciones no gubernamentales realizan continuas campañas para desalentarla. La práctica implica la extirpación total o parcial de los órganos sexuales externos de la mujer sin justificación médica y por motivos culturales.


Muchos hombres defienden la práctica arguyendo que disminuye el riesgo de que sus esposas les sean infieles, pues creen que reduce el deseo sexual. Ciertas comunidades ven a la operación como una iniciación a la adultez y también una medida higiénica, en tanto que algunos musulmanes la defienden como un requisito religioso. Pero las mujeres mutiladas padecen fusión de los labios vaginales, quistes y dolor durante el coito, problemas que suelen permanecer sin diagnóstico ni tratamiento durante años. Además, muchas niñas mueren poco después del procedimiento debido a hemorragias incontrolables o infecciones.


El grupo no gubernamental estadounidense Tostan es uno de los que insta a mujeres y a religiosos islámicos a abandonar las prácticas de la ablación y del matrimonio forzoso. Su coordinador regional, Abdoulaye Kandé, aclaró que condenar la circuncisión femenina no significaba criticar al Islam ni tratar de introducir normas sociales contrarias a las costumbres de la religión. “El gobierno senegalés se fijó el objetivo, de aquí a 2015, de convertir la práctica de la ablación en un recuerdo lejano para las comunidades que todavía la practican”, dijo.


“Nuestra organización tiene que colaborar con las autoridades para efectivamente poner fin a la mutilación genital femenina y al casamiento temprano y forzado. Seguiremos creando conciencia entre las comunidades sobre el daño de estas prácticas”, agregó.

Pero Amadou Ba, sociólogo de la Universidad de Gaston Berger en la norteña ciudad de Saint Louis, sostuvo que la práctica no podría ser eliminada de la noche a la mañana, y que primero se debía convencer a los líderes locales sobre los beneficios de abandonarla. La ablación y el matrimonio forzado “están grabados en la vida de las comunidades de Podor”, señaló. “De otra manera, ¿cómo uno puede entender que una joven que no ha sido mutilada sea excluida del grupo? No es considerada una mujer. Por tanto, es preferible que organizaciones que luchan contra la mutilación adopten otras estrategias de comunicación“, afirmó.


Para algunos líderes religiosos de la región, abolir esas prácticas significaría ir contra el Islam. Thierno Hamath Mbodj, imán de la mezquita en la localidad de Diattar, opinó que la fe musulmana nunca prohibió ambas costumbres y por tanto debían ser respetadas. “Cortar a una niña está bien y es muy recomendado por el Islam. Estas prácticas han existido por mucho tiempo y nunca tuvieron un impacto negativo”, afirmó. “Nadie puede prohibirnos hacer lo que el Islam autoriza. Continuaremos cortando a nuestras niñas y las daremos en matrimonio en el debido tiempo”, agregó.


Pero Gamaji Saré, imán de Podor, no compartió esta opinión. “Los líderes religiosos deben ponerse de acuerdo para abandonar la práctica, pues todos saben que está prohibida por ley. Incluso el Islam no la autoriza, es más bien una costumbre”, dijo. Hawa Abdoul Ba, del Comité de Administración de la Comunidad de Podor, dijo que las mujeres tenían miedo de no someter a sus hijas a la ablación. “Según lo que sabemos, es difícil satisfacer sexualmente a una mujer que no ha sido mutilada. Por eso una tiene que llevar a su hija a una anciana para que le corte el clítoris y así pueda controlar su sexualidad hasta que se case”, afirmó.


Pero Aminata Ba Diallo, quien realizaba ablaciones en Podor, dijo que los padres ya no llevan a sus hijas para la operación. “Hablé con un amiga que todavía hace las mutilaciones. Se quejaba de que los padres ya no traían a sus hijas. En mi barrio, Somna, desde enero hasta hoy solamente 12 niñas fueron cortadas y sus padres fueron amenazados por las autoridades. La práctica está decayendo“, aseguró.

Las autoridades sanitarias de Podor subrayaron que los efectos de la circuncisión genital femenina eran terribles. Además de sufrir la extirpación del clítoris y de los labios menores de la vagina, las mujeres padecen de disfunciones sexuales, tétanos, fístulas y dificultades en el parto, explicó la partera Fatou Diaw Sène. El jefe médico del distrito de Podor, Maodo Malick Diop, explicó que los partos se complicaban para las mujeres mutiladas debido al estrechamiento del área vulvo-genital. “Los labios menores del órgano genital femenino juegan un papel muy importante en el parto. Son elásticos y se abren para permitir que pase la cabeza del bebé. Con la ablación, pierden su elasticidad. Las complicaciones relacionadas con la mutilación frecuentemente nos obligan a recurrir a la cesárea”, explicó a IPS.


El riesgo de repetidas cesáreas, según Diop, ha hecho que muchas mujeres opten por el ligamiento de trompas para evitar futuros embarazos y proteger su salud. En Podor, señaló, siete de cada 10 mujeres que dan a luz han sido sometidas a la mutilación. “La ablación es una práctica que debe ser condenada”, sostuvo.

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