miércoles, 9 de marzo de 2011

EL DUELO



¿Cómo superarlo?

La muerte de un ser querido, la ruptura de una pareja o un despido pueden ser una de las vivencias más difíciles. Pero si se enfoca como una reconstrucción de tu ser interior, te hará pensar y sentir una profundidad desconocidas.

El shock sufrido y la irreversible ausencia van a dar al ser humano un mundo vacío y sin sentido. Sin embargo, es posible salir del duelo; para ello es necesario encontrar las respuestas que permitan reestructurar la forma de pensar, sentir y vivir. Renacer de la crisis personal que significa un duelo es complejo, aún más por el gran desconocimiento que existe sobre el tema en nuestra sociedad.

NUEVOS VALORES

Este proceso puede dar lugar a que el ser humano que lo padece salga renovado, y dé pie a un ser totalmente distinto, alguien que, tras luchar lo indecible, surge renovado y con unos valores nunca antes conocidos. La Dra. Elisabeth Kübler-Ross, una de las eminencias que estudiaron el proceso de la muerte, decía: “Puede parecer extraño, pero una de las maneras más productivas de llegar a la madurez pasa por enfrentarse a la experiencia de la muerte”. Sabias palabras que sólo se entienden en profundidad una vez has empezado a dejar atrás eso a lo que llamamos proceso del duelo. Pero ¿qué es el duelo? El duelo es la relación normal tras la muerte de un ser querido, tras una ruptura sentimental, tras una ruptura laboral no deseada. Un proceso vivencial, personal y muy íntimo, absolutamente intransferible y desconocido por la gran mayoría, en el que sólo las respuestas interiores pueden producir un verdadero cambio en nosotros.



Cada persona va a vivir este camino interior de una manera diferente. El tiempo necesario para pasar de la desesperación más profunda a la adaptación a la nueva realidad va a ser más o menos largo y doloroso, dependiendo de muchos factores: tipo de muerte, intensidad de la unión con la persona fallecida, edad, personalidad, entorno, responsabilidades adquiridas, dependencia con el ámbito laboral, relación con el otro miembro de la pareja, etc...

ENTRE UNO Y TRES AÑOS

Por estas y otras causas, resulta bastante difícil hablar de tiempo de recuperación, aunque suele ser habitual que éste dure, mínimo, entre uno y tres años. Podemos decir que el duelo está resuelto cuando ya somos capaces de recordar al fallecido sin sentir dolor, invirtiendo toda nuestra energía en un presente tranquilo y sosegado, del que se forma parte ineludible, y con una sonrisa cómplice llena de amor y agradecimiento.

Es importante destacar que el tiempo requerido nada tiene que ver con la calidad del sujeto en duelo, ni del valor e intensidad del amor que le unía a su ser querido o la dependencia al puesto laboral; tampoco con su fortaleza, capacidades, conocimientos, entereza o cuantos adjetivos queramos utilizar. Se trata de reconstruir todo tu ser interior, después de que las bases con las que te manejabas en tu vida hayan desaparecido por completo, precisando ser sustituidas por otras de más válidas y sólidas.

Pero no estamos preparados para enfrentarnos a la muerte. El estado de los que se quedan solos precisa de toda la ayuda posible, siendo imprescindibles cuantos más centros de soporte al duelo mejor. El dolor no indica ninguna patología, ni se resuelve con ningún fármaco, aunque éstos son de gran ayuda en algún momento determinado, pero nunca como medio de salir del duelo.

LAS ETAPAS DEL DUELO


¿Qué nos espera en un duelo?. Aunque no todos los seres humanos van a pasar por todas las etapas, muchos las atravesarán una a una, hasta ser nuevos seres más maduros.

PRIMERA ETAPA: NEGACIÓN Y AISLAMIENTO. Suele crear en el ser humano una etapa de incredulidad. Es muy difícil aceptar lo que ha sucedido, e incluso es muy posible que se llegue a negar la muerte, el suceso, la ruptura, la pérdida del trabajo. Resulta difícil actuar sin pensar que ya no volverás al trabajo como hacías cotidianamente, o que no vas a volver a la persona querida, y quizás sigas con la esperanza de que vuelva. La negación nos permite amortiguar el dolor ante una noticia inesperada, permite recobrarse, es una defensa provisional y pronto será sustituida por una aceptación parcial.



SEGUNDA ETAPA: INSENSIBILIDAD O IRA. Es como si le estuviese pasando a otro. Nada parece real, te sientes aturdido, casi como un autómata incapaz de reaccionar. Es simplemente una autodefensa que te permite ir asimilando lo sucedido sin desgarrarte. La negación es sustituida por la rabia, la envidia y el resentimiento; surgen todos los por qué. Es una fase difícil de afrontar por todas las personas que te rodean; esto es debido a que la ira se desplaza en todas direcciones, aún injustamente. Suele ser motivo de quejas por todo, todo está mal y todo es criticable. Luego puede dar paso al dolor y las lágrimas, a la culpa o a la vergüenza. Todos los que rodean a una persona en esta fase del duelo no deben tomarse esta ira como algo personal para no reaccionar en consecuencia con más ira, lo que fomentaría una conducta hostil de la persona que se encuentra en esta etapa del duelo.



TERCERA ETAPA: ENOJO, RABIA, RESENTIMIENTO, PACTO O NEGOCIACIÓN.



Ante la dificultad de afrontar la difícil realidad, más el enojo con la gente, con Dios, con la sociedad, con todo lo que nos rodea, surge la fase de intentar llegar a un acuerdo para intentar superar la traumática vivencia. Puede aparecer un fuerte sentimiento de rabia y es algo normal y no se puede luchar contra este sentimiento. Se ha de aceptar sin juzgarse a sí mismo. Forma parte del dolor y, a medida que éste se calme, irá disminuyendo. Dios, los médicos, la persona fallecida, la cotidianidad del entorno, el jefe que nos ha despedido, la pareja que nos ha dejado. Todo va a ser objeto del enojo, la rabia y el resentimiento, pero debemos saber que es un proceso normal, que esto sucede y desaparecerá a su debido momento. No debemos tener miedo de compartir nuestros sentimientos con alguien de nuestra confianza que nos sepa escuchar y regalarnos un silencio cargado d profundo amor y respeto.



CUARTA ETAPA: TRISTEZA O DEPRESIÓN. Te invade una pena de una intensidad nunca conocida anteriormente en tu vida. Llorarás por cualquier cosa y tu sensibilidad estará a flor de piel. Llanto, pena, melancolía, nostalgia serán tus compañeras de viaje. Debes darte tiempo para superar tu tristeza y llorar, no te has de reprimir ni te has de preocupar. Cuando no se puede seguir negando la situación, la persona se debilita, pierde peso, se adelgaza, aparecen otros síntomas y la tristeza serán tus cuatro paredes. Es un estado temporal y preparatorio para la aceptación de la realidad en el que es contraproducente intentar animar a la persona que se encuentra en esta fase y sugerirle mirar las cosas por el lado positivo. Se debe tomar el tiempo necesario para expresar su dolor, así le será más fácil la aceptación final y estará agradecido de que se le acepte sin decirle constantemente que no esté triste. Es una etapa en la que el ser humano necesita mucha comunicación verbal, se tiene mucho para compartir. Es una etapa de silencios, de necesidad de tacto, la intervención de los demás para animarlo es contraproducente.



QUINTA ETAPA: MIEDO, ANGUSTIA O ACEPTACIÓN. Confusión, inquietud, profundo desamparo y desesperación acompañan en esta etapa. Se tendrá un miedo atroz a lo que va a ser de uno mismo a partir de ahora, temiendo el fracaso inminente y temiendo volverse loco. También estos sentimientos son del todo normales, no deberíamos preocuparnos cuando salgan de nuestro interior. La aceptación no es una etapa feliz, es un principio de la reconstrucción de un nuevo ser humano, desprovista de sentimientos, suele surgir una cierta paz, se busca la soledad y en contadas ocasiones la compañía de los más íntimos amigos. Se deja de hablar del propio dolor y la vida se va imponiendo. Surge una cierta esperanza que sostiene y da fortaleza al pensar que se puede estar mejor y se puede promover el deseo de que todo este dolor puede tener un sentido en la vida. Nos permite observar y creer que la vida todavía espera algo importante de nosotros. Nos hace buscar e intentar encontrar una misión o un sentido que cumplir como estímulo que alimenta la esperanza.



La culpa y los autoreproches son sentimientos que surgen en este proceso. Aunque se ha aceptado la nueva situación que va a significar nuestras vidas, surgen remordimientos por lo dicho y lo no dicho, por lo hecho y lo no hecho, por aquello que no valoramos o porque nos quedaron cosas que no pudimos expresar en su momento. La lista puede ser interminable pero, tan pronto como puedas, haz también una lista de todo lo que hiciste por y para tu ser querido, para tu trabajo, ya tienes demasiado sufrimiento como para castigarte a ti mismo. Es del todo normal que hayas fallado en más de una ocasión, no sabías lo que hoy sabes, pero puedes aprender y ofrecerle tu crecimiento como muestra de tu gran amor.



La sensación de oir o ver al ser querido conforman una ambivalencia y cambios de humor, alivio (después de una larga enfermedad) y soledad, mucha soledad. La persona necesita cambios, creerás que tu vida puede ser más fácil si cambias tu entorno, amigos, lugar de residencia, .... Cualquier cosa que te recuerde la pérdida resulta dolorosa, y se siente el impulso de evitarlo a cualquier precio. Es una etapa que puede ser de una importancia crucial porque puedes tomar decisiones no pensadas, no razonadas y pueden hacerte precipitar a la depresión mayor. Debes darte tiempo para afrontar tus emociones y elaborar tu duelo.



SENSACIONES FÍSICAS

 

 

La mayoría de personas en duelo pasan por un largo período de abatimiento, pérdida de interés por la vida y las relaciones personales, siendo muy frecuente que se den innumerables efectos de tipo físico como: náuseas, palpitaciones, opresión en el pecho o garganta, nudo en el estómago, pérdida de apetito, cefaleas, dolor de espalda, cansancio, debilidad, ansiedad, falta de aire y oxígeno, insomnio, ahogo, punzadas en el pecho, visión borrosa o manchada, temblores, etc.. Tu sistema inmunitario puede que pase por los peores momentos. Debemos recordar que necesitamos tiempo para descansar, comer y dormir. Salir a pasear puede ayudarnos a mover un poco el cuerpo y sentirnos un poco más activos. Cuidar nuestro cuerpo y el aseo nos hará sentirnos mejor.




¿CUÁNDO CONVIENE PEDIR AYUDA?



A pesar de que no hay duda que son unas etapas totalmente normales en un proceso de duelo, hay algunas situaciones que conviene pedir ayuda a un profesional o asesor experto (responsable de grupo de soporte al duelo, psicoterapeuta, médico u otros expertos en salud mental). La decisión es totalmente personal, pero tendrías que considerar seriamente la posibilidad de hablar con alguien si experimentas varias de estas situaciones:

Ø     Fuertes y constantes sentimientos de culpa, que siguen perdurando día tras día pasados varios meses de la defunción.
Ø     Ideas suicidas recurrentes, más allá del deseo pasivo de desear morir para reencontrarse con el ser querido fallecido, con los excompañeros de trabajo o con tu expareja.
Ø    Abatimiento extremo. El profundo sentimiento de que, hagas lo que hagas, nunca serás capaz de recuperar una vida que valga la pena ser vivida.
Ø     Rabia descontrolada, enfocada contra amigos, familiares, médicos,... O sentir un fuerte deseo de venganza por lo perdido.
Ø    Incapacidad de funcionar de forma continua en el trabajo o en el cumplimiento de las tareas rutinarias de la vida diaria.
Ø     Abuso de sustancias, apoyado en el consumo de alcohol o drogas para aliberar el dolor.
Ø    Búsqueda obsesiva de cariño, reconocimiento o protección, necesitando huir de la realidad.



En momentos como estos, hay pocas palabras de consuelo y sólo unas pocas personas van a ser capaces de estar a la altura de lo que uno precisa, con un simple abrazo lleno de intenso y cálido silencio. Habrá quienes, con toda la mejor intención del mundo, te querrán ayudar. Por desconocimiento, usaran frases como: “habría podido ser peor”, “era el destino”, “es la voluntad de Dios”, “has de ser fuerte”, “el tiempo lo cura todo”, “encontrarás a alguien y reharás tu vida”, “te quedan tus hijos”, “otros han quedado peor”. También habrá quienes te quieran distraer, hacerte salir, empujarte a buscar actividades y nuevas amistades, o intentarán evitar que llores o hables de tus sentimientos, palabras y actitudes que, lejos de ayudar, incluso pueden hacernos sentir con la obligación de “dar la talla”, de estar a la altura de sus expectativas, cuando lo único que necesitamos es un hombro amigo. No debemos enfadarnos ni juzgar a los demás en estos momentos; debemos aprender a ser pacientes y simplemente debemos escoger mejor con quién compartir nuestro dolor.



Cuando comiences a recordar sin perturbarte, puede que sea el momento de pensar qué dirección tomar en la vida, con nuevos intereses y propósitos. En absoluto, significa que hayas dejado de querer a tu ser querido, amado o tu puesto de trabajo, sino todo lo contrario. Forma parte de ti para siempre, el amor no conoce la muerte.



Buscarás y encontrarás respuestas a la existencia, a tu vida, a tu entorno a todo lo que te rodea.

LA RIQUEZA DE LA EXPERIENCIA

 

 


No es cierto que el tiempo lo cura todo. El tiempo no tiene ningún poder en sí mismo. Va a ser lo que nosotros hagamos con el tiempo, la calidad y cantidad de decisiones que vayamos tomando cada minuto. Cuando creas que ya no te quedan fuerzas para seguir adelante, debes intentar confiar en tu ser interior y darte tiempo, sobretodo mucho tiempo. Eres un ser especial, único, bueno y capaz, cuyos recursos te llegarán a sorprender. No temas, no olvidarás el pasado ni el valor del mismo en tu vida. No habrá dolor, añoranza, ni soledad, tampoco culpa, resentimiento o desesperación; sólo riqueza, agradecimiento, vida y plenitud, a la vez que un pensar y un sentir con unos valores mucho más profundos e inimaginables.



Conviene recordar a la Dra. Elisabeth Kübler-Ross: “La muerte es el paso a un nuevo estado de conciencia en el que se continúa experimentando, comprendiendo, riendo, y en el que se tiene la oportunidad de continuar creciendo”.

CONSEJOS DE UN PSICOTERAPEUTA
  1. No reprimas ni escondas tus sentimientos. Busca personas cercanas, sensibles y respetuosas, con quien puedas compartirlos.
  2. No reprimas el llanto, mitigará tu dolor ayudándote a entenderlo. Es el momento de llorar cuanto quieras.
  3. Habla de lo ocurrido y también de tu ser querido, del despido, de la muerte. Hablar ayuda a liberar tensión y hacer presente el recuerdo. Huye de quienes pretendan hacerte olvidar, no es buen consejo para la elaboración del duelo.
  4. No te precipites. Evita tomar decisiones drásticas e importantes en estos momentos.
  5. No te deshagas de los recuerdos personales, puede ayudarte llevar algún objeto, más adelante ya decidirás lo que haces con esos recuerdos. Date tiempo.
  6. No descuides tu aseo ni tu alimentación. Aprende a mimarte un poco. Pasea, haz algo de deporte. Cuidarse ayuda a sentirse mejor con uno mismo, aunque va a costarte lo tuyo, especialmente los primeros días.
  7. Escribe un poco, cada día, plasma tus sentimientos e ideas, tus pensamientos y todo lo que surja de tu interior, te ayudará a expresar tu dolor y a dar forma a una cotidianidad nueva y más relajada.
  8. No evites ir a los lugares que frecuentabas. Primero va a ser muy difícil y doloroso, pero estarás rescribiendo tu historia personal y, más tarde o más temprano, llegarás a desear el sosiego que te da visitar o pasear por esos lugares.
  9. Lee buenos libros que hablen del duelo y la muerte, y compártelos con otras personas que estén en tu misma situación de dolor.
  10. Busca actividades que te distraigan, que hablen de cosas que te hagan sentir bien, que te nutran espiritualmente.
  11. Cuando tu mente te traiga imágenes o momentos dolorosos, recuérdate con fuerza que no vas a permitir que éstos empañen lo que verdaderamente aprendistes y céntrate en aquello que te produzca belleza especial por la vida.
  12. Repítete, tantas veces como sea necesario, que ni eres la única persona que pasa o ha pasado por esa situación, ni la única que ha sentido lo que sientes tú. Esto te permitirá cierta perspectiva y algo en ti empezará a sentir que exista una salida, por muy imposible que esta pueda parecerte en ciertos momentos.
  13. Aprovecha cualquier detalle o recuerdo para aprender, haz de tu vida un homenaje a tu ser querido, ofreciéndole tu crecimiento personal a partir de sus enseñanzas, de aquello que vayas descubriendo a través del recuerdo de su forma de ser, sentir y vivirte.
  14. Haz un plan para encontrar otro trabajo, otra pareja, otros amigos y siempre tomándote tu tiempo y sin esperar nada a cambio.



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