jueves, 17 de marzo de 2011

HORMONAS NEUROPEPTÍDICAS



La regulación del aparato digestivo implica a numerosas hormonas peptídicas que pueden actuar localmente o a distancia. Estos reguladores pueden actuar localmente con un mecanismo autocrino o paracrino o como hormonas endocrinas viajando por la sangre hasta los órganos sobre los que actúan. Se han identificado más de 100 hormonas peptídicas y factores de crecimiento similares a hormonas, secretoras por más de 30 tipos diferentes de células neuroendocrinas. Sus acciones con frecuencia son complejas y se extienden más allá del aparato digestivo. Algunas de las hormonas (por ejemplo, de la familia de la colecistocinina y la somatostina) también actúan como neurotransmisores entre neuronas. Se han descrito bien las funciones digestivas y secretoras de diversas hormonas digestivas, aunque no se han evaluado por completo las acciones completas de estas y de otras muchas hormonas peptídicas que afectan al crecimiento, la síntesis de ADN, la proliferación, la secreción, el movimiento o el metabolismo de las células del tubo digestivo (Rehfeld, 2004). El conocimiento de las funciones de las principales hormonas adquiere especial importancia cuando los focos de su secreción o de su acción están enfermos o son resecados en intervenciones quirúrgicas o cuando se utilizan hormonas y sus análogos para suprimir o potenciar algún aspecto de la función digestiva.



La gastrina, una hormona que estimula las secreciones y la motilidad del estómago, es secretada principalmente por las células G endocrinas de la mucosa antral del estómago. La secreción se inicia por:

1.      Distensión del antro después de una comida;
2.      Impulsos procedentes del nervio vago, como los que se desencadenan por el olor o la vista de alimentos; y
3.      La presencia en el antro de secretagogos como proteínas digeridas parcialmente, bebidas alcohólicas fermentadas (por ejemplo, vino), cafeína o extractos de alimentos (por ejemplo, caldo).



Cuando la luz se hace más ácida, la retroalimentación en la que participan otras hormonas inhibe la liberación de gastrina. Los receptores de gastrina y de colecistocinina están relacionados entre sí y constituyen la familia de receptores de gastrina/colecistocinina, aunque su afinidad de unión a gastrina y colecistocinina depende de sus subtipos (Wank, 1998). La gastrina se une a receptores de las células apriétales y las células liberadores de histamina para estimular el ácido gástrico, a receptores de las células principales para liberar pepsinógeno y a receptores del músculo liso para aumentar la motilidad gástrica.





La secretina, que es la primera hormona que se decubrió y se nombró, es liberada por las células S de la pared del intestino delgado proximal hacia el torrente sanguíneo. Esencialmente se opone a la acción y la secreción de la gastrina. Es secretada en respuesta al ácido gástrico y a los productos finales de la digestión en el duodeno, estimula el páncreas para que secrete agua y bicarbonato hacia el duodeno e inhibe la secreción gástrica de ácido y el vaciado gástrico. La neutralización de la acidez protege a la mucosa duodenal de la exposición prolongada al ácido y proporciona el entorno adecuado para la actividad de las enzimas intestinales y pancreáticas. El receptor es un receptor acoplado a la proteína G con siete dominios transmembranarios y se encuentra en el estómago y en las células ductales y acinares del páncreas. En diferentes especies otros órganos pueden expresar secretina, como el hígado, el colon, el corazón, el riñón y el encéfalo (Chey y Chang,2003).


CCK

Otras células de la mucosa del intestino delgado (células I) secretan colecistocinina (CCK), una importante hormona multifuncional liberada principalmente en respuesta a la presencia de proteínas y grasas. Hay receptores de CCK en las células acinares pancreáticas, en las células de los islotes pancreáticos, en las células D gástricas liberadoras de somatostatina, en las células musculares lisas del tubo digestivo y en el sistema nervioso central. Las principales funciones digestivas de la CCK son:

1.      Estimular al páncreas para que secrete enzimas (y en menor medida bicarbonato y agua);
2.      Estimular la concentración de la vesícula biliar;
3.      Estimular la motilidad colónica y rectal;
4.      Retrasar el vaciado gástrico; y
5.      Aumentar la saciedad, al menos en un grado pequeño.



El péptido similar al glucagón-1 (GLP-1) y el polipéptido insulinotrópico dependiente de glucosa (GIP), liberados por la mucosa intestinal en presencia de comidas ricas en glucosa y grasa, estimulan la síntesis y la liberación de insulina. El GLP-1 también reduce la secreción de glucagón, retrasa el vaciado gástrico y puede ayudar a favorecer la saciedad. El GLP-1 y el GIP son ejemplos de hormonas incretinas, que contribuyen a evitar que la glucosa sanguínea aumente excesivamente después de una comida (Efendic y Portwood, 2004). Esto puede explicar por qué una carga de glucosa recibida por vía enteral produce menos aumento de la glucosa sanguínea que la misma cantidad de glucosa administrada por vía intravenosa.



La motilina, liberada por las células D del antro y del píloro, es una hormona con acciones de gran alcance. Sus funciones generales parecen ser inhibidoras y antisecretoras. Reduce la motilidad del estómago y del intestino e inhibe o regula la liberación de varias hormonas digestivas. Se utiliza somatostatina y su análogo octreótido para tratar algunas enfermedades malignas (Low, 2004), así como numerosos trastornos digestivos como diarrea, síndrome del intestino corto, pancreatitis, síndrome de evacuación gástrica rápida e hipersecreción gástrica.



Los científicos siguen descubriendo más hormonas neuropeptídicas digestivas que no sólo afectan a la actividad digestiva, sino que participan en otras muchas funciones reguladoras del tubo digestivo y fuera del mismo. El tubo digestivo secreta más de 30 familias de hormonas neuropeptídicas, lo que lo convierte en el mayor órgano endocrino del cuerpo. Las hormonas digestivas participan en el inicio y la finalización de la alimentación, la producción de sensaciones de hambre y saciedad, el aumento o la reducción de los movimientos del tubo digestivo, la estimulación o el retraso de vaciado esofágico y gástrico, la regulación del flujo sanguíneo y de la permeabilidad, la regulación de las funciones inmunitarias y la estimulación del crecimiento de las células (en el tubo digestivo y fuera de él). La grelina, un neuropéptido identificado hace relativamente poco y que es secretado por el estómago, envía un mensaje de hambre al encéfalo, mientras que PYY 3-36, otra hormona sintetizada por el tubo digestivo identificada recientemente, parece transducir la señal de supresión del apetito. La colecistocinina, el polipéptido similar al glucagón-1 (GLP-1), la oxintomodulina, el polipéptido pancreático y el polipétido liberador de gastrina (bombesina) también tienden a reducir el hambre y aumentar la saciedad.



Algunas de las hormonas digestivas, incluyendo algunas de las que afectan a la saciedad, parecen retrasar el vaciado gástrico y reducir las secreciones (por ejemplo, somatostatina). Otras hormonas digestivas (por ejemplo, motilina) aumentan la motilidad. Estos agentes que participan en la transducción de señales en el tubo digestivo también participan en varias funciones metabólicas. Los neuropéptidos polipéptido insulinotrópico dependiente de glucosa y GLP-1 se denominan hormonas incretinas porque ayudan a reducir la glucosa sanguínea facilitando la secreción de insulina, reduciendo el vaciado gástrico y aumentando la saciedad.



Varias de estas hormonas neuropeptídicas y de sus análogos ya se están utilizando en la práctica clínica o se están estudiando para el tratamiento de problemas clínicos como obesidad, anorexia, caquexia, tránsito digestivo retrasado o acelerado, enfermedad inflamatoria intestinal, síndrome del intestino irritable, diarrea y estreñimiento, diabetes, neoplasias malignas digestivas y otros trastornos.

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