sábado, 26 de marzo de 2011

SESIÓN DE REFLEXOLOGÍA



Antes de empezar cualquier sesión de reflexología conviene prepararse, tanto uno mismo como el entorno en el que nos encontremos. Cuando se trata de otra persona es importante observar sus manos. Deberíamos observar si las manos de la otra persona presentan algún problema o afección, a fin de adaptar a ello el tratamiento. Cada sesión debería abrirse y cerrarse con una serie de movimientos preestablecidos. Es importante estar familiarizado con las principales técnicas. Existen seis movimientos básicos, pero deberíamos estar abiertos a la improvisación.



Antes de empezar una sesión de reflexología, debe tenerse en cuenta una serie de cosas.



EL ENFOQUE HOLÍSTICO DE LA SALUD

La palabra holístico deriva de holos, que en griego significa "todo". La reflexología, como las mayorías de las terapias integradoras, utiliza este enfoque, de efectos sumamente positivos para la salud. Siempre hay que ver la enfermedad en el contexto del cuerpo como un todo. Un dolor de hombro, por ejemplo, puede deberse a un problema de espalda. Para ello es necesario tener en cuenta todos los factores que afectan a la persona en el momento en que recibe la terapia.

La armonía entre el cuerpo, el pensamiento y el espíritu es básica, ya que ninguno de los tres puede funcionar sólo. Los principales puntos a tener en cuenta son tres:
  1. El cuerpo físico: los órganos y estructuras que no mantienen un equilibrio con su entorno.
  2. El cuerpo emocional (pensamiento): cómo se sienten las personas en su fuero interno, y sus reacciones cotidianas al estrés y al trato con los demás.
  3. El cuerpo energético (espíritu): la única explicación posible es decir que cada célula del cuerpo tiene una carga eléctrica, y que ésta es una forma de energía.
CONTRAINDICACIONES

Es de suma importancia examinar la mano antes de empezar el tratamiento. Usar el sentido común y la intuición. Es aconsejable no tratar a nadie que sufra una enfermedad contagiosa, como la varicela, por el riesgo de transmitirla a otra persona,

Algunas contraindicaciones:
  • La artritis reumatoide y otras formas de artritis debidas a la inflamación del espacio entre las articulaciones. El tratamiento puede provocar dolor físico y lesiones. Por eso, actúa con delicadeza y observa las reacciones.
  • Cortes, esguinces, ampollas, costras, erupciones, infecciones y fisuras.
  • Sabañones, enfermedad de Raynaud y manos muy frías: dedica más tiempo de preparación a los movimientos iniciales y finales.
  • Manos delicadas, como en personas muy ancianas y muy jóvenes.
  • Enfermedades del sistema nervioso (sobre todo Parkinson y delirium tremens por consumo excesivo de alcohol): coge la mano con fuerza, pero aplica presiones suaves y haz que el proceso de tratamiento sea lo más delicado posible.
  • Zonas hinchadas, que duelen al tacto: puede ser útil aplicar el tratamiento por encima o por debajo de la zona dolorida.
  • Trastornos mentales: cuando se trata a una persona con problemas mentales, aunque sea un familiar o amigo, es importante establecer límites.
ADAPTAR EL TRATAMIENTO

En algunos casos puede ser necesario introducir ajustes en la sesión de reflexología normal.
  • Niños pequeños: aprieta menos y haz sesiones más cortas. Siempre debería haber un padre o responsable con el niño. Ten juguetes a mano para crear un ambiente informal y de relajación, y dedica más tiempo a la faceta comunicativa.
  • Personas delicadas y ancianos: suaviza la presión, ralentiza el ritmo y no insistas demasiado en reflejos concretos. Usa más técnicas de relajación y reduce la duración del tratamiento, pero deja un poco de tiempo para hablar.
  • Enfermos terminales: suaviza el tratamiento, poniendo más énfasis en el alivio del dolor. Las sesiones deberían ser más cortas, pero también más frecuentes, con más tiempo para la relajación y para que el paciente esté a gusto.
  • Personas nerviosas: convéncelas de que el tratamiento no será doloroso. Enumera sus beneficios. Haz una demostración en la mano antes de empezar.
  • Personas lesionadas: recurre a los reflejos cruzados para evitar la zona de la lesión.
REACCIONES AL TRATAMIENTO



Al principio, es posible que el cuerpo reaccione al tratamiento con un empeoramiento acentuado, aunque transitorio, de los síntomas, o con la aparición de nuevos síntomas de apariencia aguda. Es lo que se conoce como crisis de curación, y debería ser el paso previo a una mejoría. Podría considerarse como un cambio de signo de la enfermedad. Se trata de un hecho positivo, señal de que el cuerpo responde al tratamiento.



Las siguientes reacciones a un tratamiento de reflexología entran en lo habitual:
  • Empeoramiento temporal de los síntomas.
  • Mucosidad nasal o síntomas parecidos a los de un resfriado.
  • Dolor de cabeza.
  • Reacciones cutáneas, especialmente en la mano, la piel expulsa toxinas.
  • Aumento de la sudoración, sobre todo en manos y pies.
  • Aumento de la sed. Beber facilita el proceso de eliminación de toxinas.
  • Mayor frecuencia urinaria o excretora.
  • Sensación de frío o calor. En el primer caso, la sangre alimenta órganos internos; en el segundo, nutre la parte más externa del cuerpo, como son los músculos y la piel.
  • Emoción que puede llegar hasta las lágrimas, o exaltación.
  • Sensación de cansancio o de gran energía, de resultas de una mejora de la circulación.
  • Irritabilidad, desasosiego o profunda relajación.
  • Aumento de la movilidad de las manos. Se debe a la manipulación durante la reflexología.
  • Sueño más profundo.
  • Desaparición de los síntomas o alivio del dolor.
SE REACCIONA AL TRATAMIENTO PORQUE:
  • Forma parte del proceso de curación.
  • Se produce un aporte de toxinas al cuerpo. La presión en los puntos reflejos rompe el ácido láctico y los cristales de calcio que se habían formado alrededor de las terminaciones nerviosas de los pies y las manos (7200 en las manos; menos en los pies).
  • Reequilibrar las vías energéticas libera la tensión o las emociones contenidas.
Una vez se ha finalizado el tratamiento, es importante beber mucha agua, pues con ello ayudaremos a eliminar las toxinas del cuerpo.

PREPARACIÓN

Una preparación exhaustiva y una actitud profesional harán que tanto tú como el cliente os sintáis más seguros:

PASO 1: PREPARARSE

Cuando aplicamos un tratamiento a otra persona es importante adoptar una actitud profesional. El primer paso es prepararse uno mismo.
  • Comprueba que tengas las manos en condiciones y las uñas cortas.
  • Quítate todas la joyas y el reloj.
PASO 2: EL ENTORNO

Antes de empezar un tratamiento de reflexología, tanto si es para uno mismo como para otra persona, hay que crear un entorno, lo que se llama un espacio de curación. Dicho entorno debe componerse de:
  • Un lugar tranquilo, lejos de teléfonos u otras molestias.
  • Un asiento cómodo.
  • Aire puro.
  • Un vaso de agua.
  • Un cojín o una toalla para apoyar las manos de la persona que recibe el tratamiento, y una toalla para cubrirlas.
PASO 3: SENTARSE CÓMODAMENTE

Es importante que tú y la persona que recibe el tratamiento os sintáis cómodos y que no tengas dificultad a la hora de cogerle las manos. Mírala a los ojos y pídele que se quite las joyas y el reloj. Cuando se administra un tratamiento de reflexología, se puede optar entre seis posturas:

  • sentados frente a frente;
  • sentados en diagonal;
  • sentados compartiendo sofá;
  • sentados con una mesa de por medio;
  • de pie frente a frente;
  • con el paciente acostado y el terapeuta sentado junto a él.


Has de cuidar de tus manos porque el tacto es una parte importante de la reflexología. Por lo tanto, mima tus manos, úntate las manos con aceite de oliva tibio, añadiendo un tonificante como el mentol o el aceite de menta, córtate las uñas con regularidad e hidrátate las manos a diario.


PASO 4: CONTRAINDICACIONES

Comprueba si hay algún problema en la mano que aconseje interrumpir el tratamiento, o ser más cuidadoso. Examina la mano por si hubiera cortes, morados, etc. Antes de empezar, coge un rato las manos del paciente. No importa cómo. Haz lo que te parezca más natural.

PASO 5: COLOCACIÓN DE LA MANO

La mejor posición para la mano es sobre un cojín, aunque no es imprescindible, siempre y cuando tú y el paciente estéis cómodos. Aplica una toalla en las zonas ya tratadas. Cuando termines con una mano, tápala con una toalla.

PASO 6: ESTABLECER OBJETIVOS

Decide qué quieres conseguir. ¿El tratamiento, por ejemplo, es para....
  • ....aliviar tensiones?
  • ....eliminar toxinas?
  • ....mitigar un dolor?
  • ....mejorar la circulación?
¿Cuántas sesiones y con qué frecuencia?

El número y frecuencia de las sesiones depende de tus necesidades y de las de la persona que recibe el tratamiento. Cada persona es diferente y reacciona a su manera. Puede ser aconsejable tomar notas al final de cada sesión. Después de los seis primeros tratamientos, si se produce mejoría, ésta ya se habría manifestado. Es un buen momento, por lo tanto, para evaluar la situación. Quizá debamos tomar en cuenta la gravedad de la dolencia y el tiempo que el paciente lleva conviviendo con ella.

PASO 7: DURACIÓN

Calcula entre 10 y 20 minutos para una sesión completa en ambas manos.

PASO 8: PRESIÓN

Debería oscilar entre la suavidad y la fuerza (del 1 al 3). En la palma de la mano se puede presionar más que en el dorso, donde, al haber más vasos sanguíneos, tendones y ligamentos, un tratamiento demasiado agresivo podría ser doloroso. Ten en cuenta el umbral de dolor de la otra persona. La comunicación es importante. Al presionar, observa la expresión de su cara. Es fundamental estar muy atento a las zonas sensibles. Empieza trabajándolas despacio. Los reflejos suelen estar a cierta profundidad. Ve aumentando la presión, pero sin superar el umbral de dolor del cliente.

¿Es una terapia dolorosa?

El tratamiento suele ser agradable, pero algunos puntos reflejos pueden ser delicados. De todos modos, lo normal es que sean dolores efímeros. Posibles causas del dolor:
  • Una lesión o la cicatriz de una lesión antigua.
  • Trastornos que requieren cirugía, tanto antes como después de la operación.
  • El estrés y la ansiedad, que pueden generar hipersensibilidad.
  • La medicación. Los fármacos pueden aumentar la sensibilidad de reflejos o, por el contrario, embotar ésta.
  • Una enfermedad, que en su fase aguda pueda hacer que los reflejos estén muy sensibles. 



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