miércoles, 6 de abril de 2011

HAY QUE SER AUTÉNTICOS

¿Os importa lo que la gente piense de vosotros?¿Os importa cómo habeis de vestiros, de actuar, de pensar o de disfrutar?

No deberiamos confundir la apariencia con la esencia. Deberíamos ser personas auténticas.



Deberíamos superar el qué dirán de nosotros, porque como todo ser humano, tenemos días en qué nos sentimos bien, días en que estamos deprimidos o decaídos y un largo etcétera. De repente, alguien te regala una sonrisa, te felicita, te apoya, te invita y, en ese momento, todo cambia, comienzas a sentirte bien, estás feliz. Pero otros días no ocurre lo mismo, te sientes grande, importante, pero ocurre algo negativo en tu entorno que te estropea el día, una crítica sobre tu manera de ser, un comentario mordaz, una mirada huidiza y te derrumbas. Deberíamos mantenernos altivos en nuestra autovaloración sin importarnos lo que digan en nuestro entorno, si estas segura/o de tí misma/o y percibes a tu entorno como amigable y no como una amenaza, te sentirás cómoda/o, espontánea/o y tranquila/o frente al resto de personas que te rodean.


Todo el mundo en alguna ocasión hemos intentado aparentar algo distinto a lo que somos. Nos importa lo que puedan pensar de nosotros, unas veces por miedo, otras por vergüenza y otras por temor o rechazo e incluso por ser abandonados o por debilidad de carácter.

Si no somos auténticos acabamos siendo personas frívolas y vacías. Deberíamos practicar la ASERTIVIDAD, respetarse a uno mismo, considerarse digno, mostrarnos tal cual somos, actuar según nuestro propio criterio. Sólo aquellos que se expresan tal cual son pueden llegar a sentir y a vivir la vida que de verdad desea.

Deberíamos sabe expresar lo que queremos porque asertividad significa actuar en libertad, expresar emociones, pensarse a uno mismo con dignidad, respeto y cariño. Según Walter Riso, la asetividad, es una herramienta de la comunicación que facilita la expresión de emociones y pensamientos. Está diseñada para defenderse inteligentemente.


La asertividad nos permite expresar un sentimiento de inconformidad, por ese motivo, favorece la autoestima y evita la acumulación de basura en la memoria.

Existen muchas ocasiones en que expresamos lo que deseamos, pero no es el momento; y muchos momentos en que no expresamos lo que deseamos y es el momento de hacerlo. Una frase o una opinión mal dicha puede ser hiriente e innecesaria. La vida está llena de mentiras piadosas, bellas, tiernas y humanistas. Algunas veces intentamos no hacer daño, otras creemos conveniente sincerarno, pero siempre habrá que valorar el coste emocional, relacional y de amistad.


Deberíamos sacudirnos la vergüenza, porque ésta produce miedo y ganas de salir corriendo, pero es más dañina y dolorosa cuando tiene que ver con la condenación y la devaluación de uno mismo. Puede ser destructiva cuando afecta a la esencia personal de uno mismo.

Deberíamos aceptarnos de forma incondicional. Según Albert Elis, psicólogo, la aceptación de uno mismo significa que el individuo se acepta total  e incondicionalmente, actúe o no de forma inteligente, correcta y competente, y al margen de si los demás lo aprueban, responden o aman. Terapeutas humanistas y cognitivos sostienen que aceptarse a uno mismo es el principal requisito para la salud mental.


Deberíamos saber que más allá de las apariencias, hay un sitio especial en el que todas las personas somos tan iguales, tan humanos, tan frágiles, que nadie merece sentirse inferior. El cultivo de la inteligencia espiritual sirve de gran ayuda para darnos cuentas que todos los seres humanos somos iguales.

Deberíamos avanzar en nuestros propios miedos porque nadie puede escapar a la opinión de los demás, ya que nuestra vida está dentro de múltiples sistemas que se interrelacionan. Estar atentos a la valoración y evaluación ajena es positivo y nos enriquece, siempre que no desarrollemos una necesidad obsesiva por la aprobación y acaban no soportando las evaluaciones negativas sobre su persona. Hagamos lo que hagamos siempre habrán personas que desaprueben nuesta forma de ser y deberíamos aceptarlo y saber convivir con esta situación tan humana.


Deberíamos saber ser nosotros mismos. La gente simpática y sumisa puede resultar agradable al principio, pero con el tiempo produce hastío. El ser humano vive en una delgada línea entre la aprobación o desaprobación del grupo humano al que pertenecemos. Para ser auténticos se necesita discrepar, oponerse de forma constructiva para que los lazos se fortalezcan.

Ser distinto o diferente es innato a todos los seres humanos, no somos clones, somos únicos y ser diferente no es negativo (todo lo contrario). Lo que hay que tener claro es el porqué de la diferencia y para ello es imprescindible saber conocernos a nosotros mismos. Sólo entonces podemos sentirnos conscientes y seguros con nosotros mismos y no necesitar de la aprobación de nadie porque se tiene la aprobación más importante, que es la propia.


Tenemos derecho a indignarnos cuando se nos humilla, cuando vemos las injusticias porque la defensa de la identidad personal y humana es un proceso natural y saludable.

Tenemos derecho a negarnos porque no siempre podemos vivir en un estado de decir sí cuando queremos decir no o someternos a situaciones y personas abusivas pudiendo evitarlas.

Tenemos derecho a adelantarnos al daño porque anda mucho aventajado que detecta a los mansos, los desnudan, los descubren y los ponen en el punto de mira atacándolos. Deberíamos tener una actitud previsora no paranoica para poder evitar a estos personajillos que se cuelan por las cloacas para ponernos en evidencia.


Tenermos derecho a cuidarnos y ser consecuentes con lo que pensamos y sentimos porque cada vez que se agacha la cabeza, estamos dando un duro golpe a nuestra autoestima.

Tenemos derecho a defendernos porque es necesario aprender a querernos, a mejorar nuestro autoconcepto y nuestra autoimagen, en definitiva nuestra autoestima, y para ello tenemos la ética que nos hace diferenciar entre lo negociable y lo innegociable.

Sólo aquellos que se muestran tal y como son, de forma sincera, pueden llegar a desarrollar la vida que desean, porque es un error vivir el presente como si fuera el prólogo de la novela de nuestra vida que está porvenir, ya que el presente se ha de gozar y utilizar, llegando a la felicidad cuando sepamos disfrutar de cada momento de nuestras vidas. No debemos morir por los demás o por los otros, debemos saber vivir para disfrutar juntos porque la vida no es otra cosa que el tiempo invertido en experiencia. Si te preocupas demasiado por tu pasado que ya no puedes cambiar o por un futuro que no sabemos qué ocurrirá nos desconectamos de todos los subsistemas que conforman nuestro entorno y nos desconecta de la vida. Hemos de vivir con los cinco sentidos el presente.

Deberíamos darnos cuenta de que no hemos venido a este mundo para cumplir las expectativas de los demás, sino a cumplir nuestras expectativas y esas expectativas serán maravillosas si sabemos aceptarnos tal y como somos. Deberíamos dejar que cada cual sea tal y como es y no intentar cambiar a nadie, en todo caso deberíamos recurrir a la creatividad porque todo es diferente y diverso en la naturaleza y en el mundo, por eso el mundo es considerado tan bello. Si aprendiéramos a integrar las diferencias de los demás, aprenderíamos a fortalecernos y aprenderíamos algo esencial, aprenderíamos a amar.

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