jueves, 28 de abril de 2011

LA OBESIDAD

¿POR QUÉ UNOS SERES HUMANOS SON OBESOS Y OTROS NO?



Llega la temporada tan esperada del verano, y los seres humanos que salimos del invierno crudo, nos empezamos a despojar de toda aquella vestimenta que nos proporciona calor. Cuando empezamos a quitarnos la chaqueta de invierno y nos ajustamos la chaqueta de primavera del año anterior, nos damos cuenta que hemos engordado. Un kilo o dos, no es un problema grave, porque siempre pensamos que con el ejercicio que haremos antes de la llegada del esperado verano, nos los quitaremos de encima. Pero la realidad es bien diferente. El total suma y nos acaba pasando factura en nuestra salud. Kilos de más se traducen en un peligro, pero la pregunta es ¿qué factores hacen que el organismo, de los seres humanos,  padezcan de obesidad y qué papel desempeñan los genes del individuo?

PORCENTAJE DE OBESOS EN LA POBLACIÓN DE 2008 (OMS)

Estamos grodos porque comemos. Y comemos porque nuestro organismo está diseñado para la supervivencia y no se muera de hambre.  La maquinaria genética del ser humano funciona para asegurar al ser humano que podrá seguir viviendo, al igual que ocurre con todas las especies; esto se traduce en el tener deseo de hambre, que hace que el ser humano trate de procurarse alimentos. La evolución ha favorecido a aquellos individuos que eran capaces de almacenar grasas, ya que éstas constituyen las reservas energéticas más eficientes del ser humano.


Todo ello, ha dado lugar a una hipótesis del gen ahorrador: en aquellas poblaciones, no tan afortunadas, que tenían dificultades para obtener alimentos, es decir, energía, sobrevivían aquellos que eran capaces de almacenarla eficientemente. A lo largo de la evolución del ser humano, esta hipótesis ha sido muy positiva para el ser humano, pero en las sociedades actuales esta acción positiva se ha convertido en una epidemia de obesidad, porque nuestro medio ambiente ha cambiado y ahora la caloría es muy fácil de obtener, en ciertas sociedades. Afecta principalmente a los países desarrollados, pero de forma más activa en países en vías de desarrollo. Porque tradicionalmente, en la historia, los seres humanos de ciertos países han pasado más hambre que nuestros ancestros en Europa, por lo que esos seres humanos tienen mayor prevalencia de esos genes ahorradores. Y la evolución es tan sorprendente, que el ser humano, para no morirse de hambre no sólo cuenta con un único sistema que nos haga comer, sino con muchos sistemas. Se duplicaron y triplicaron, de manera que, si uno falla, otro se pone en marcha. Por este motivo es tan difícil que funcionen los fármacos dedicados a hacer perder peso al ser humano. Todos estos medicamentos, son un fracaso, y finalmente decepcionan a aquellas personas obesas, porque no funcionan.


En el proceso de la evolución, en el ser humano, el cuerpo se ha ido protegiendo de cualquier intento de quitarle la energía que necesita cada día para la supervivencia. Los remedios de farmacología que han funcionado de forma tan eficiente para bajar el colesterol o mantener controlada la hipertensión o presión, cuando tratan de disminuir el peso fracasan. Es una situación muy enraizada en nuestro genoma; y, si intentas quitar la raíz, te llevas todo lo demás.


OBESIDAD EN PORCENTAJE (2008)

El ser humano es obeso porque está diseñado para sobrevivir, a veces, con muy poco. Y en el momento en que cambian las reglas del juego en lo que se refiere a la ingesta calórica, acumulamos grasas. Es el llamado efecto llamada, es decir, en cualquier reunión, o presentación ¿cómo se atrae al público?, la respuesta es con comida. Igual que a los insectos. Anuncias un seminario, una conferencia, una presentación, o quieres vender cualquier cosa y introduces que habrá un aperitivo, un piscolabis, una comida o una cena y los eventos se llenan de seres humanos. En cambio, si no das nada de comer, el evento puede llegar a ser incluso un fracaso, las salas no se llenan de seres humanos y quedan sillas vacías. En los congresos la gente se avalanza sobre las pastas y el café en las pausas. Y no es que estas personas no hayan comido, o que tengan miedo de que después no vayan a comer. Seguramente, todos han desayunado y luego han almorzado. ¿Necesitan el piscolabis, la comida o la cena? no lo necesitan, pero interviene el instinto natural del ser humano, ver comida y lanzarse sobre ella. Nuestros genes ancestrales nos informan de que hay comida y que debemos comer porque no sabemos cuando volveremos a hacerlo. El ser humano tiene entendimiento y conocimientos, pero no entiende que la comida va a estar allí posteriormente y que no nos hace falta lanzarnos sobre la comida a comer sin medida.


El hambre está muy presente en la historia del ser humano. Y en los episodios de hambruna se produce un fenómeno muy importante: los niños anticipan que falta comida incluso antes de nacer, a través del mensaje que reciben de la madre cuando están en el útero. Esto provoca una adaptación del metabolismo para que, al nacer, sean capaces de sobrevivir en un mundo hostil desde el punto de vista calórico. Salen preparados para absorber todo lo que puedan. Una vez acabada esta situación de carencia, esos niños que nacen de madres que han pasado hambre mientras estaban embarazadas, viven en una situación de abundancia calórica. Y 50 años más tarde, actualmente mucho antes, sufren obesidad.



Los niños nacen ya programados para almacenar, pero lo que cambia en su interior no son sus genes, no es su genética, sino la forma en que éstos se activan o no. Es lo que se denomina epigenética, que tiene influencia en momentos concretos de la vida fetal, sobre todo al principio, pero luego disminuye su efecto. Otro factor importante es el sedentarismo, un fenómeno acrecentado en la vida del ser humano. La falta de ejercicio es una de las causas que han disparado la epidemia de obesidad actual.


Ingerimos más calorías que la que nuestros organismo puede gastar o quemar. Que también tiene que ver cómo estamos influyendo en el engranaje tan delicado de nuestro reloj biológico. El ser humano está diseñado para llevar ciclos de 12 horas; cuando el sol se ponía, dejaba de trabajar y lo que tocaba era dormir. Eso es lo que hacían nuestros antepasados. Actualmente, estamos en una situación de Sol continuo, 24 horas al día expuestos a la luz, lo que produce la existencia de una relación directa entre la cantidad de horas que se duerme y la obesidad. Cuanto menos dormimos, más tendemos a la obesidad porque se desequilibran los niveles hormonales de absorción o de utilización de la energía. Y no hace falta ir a situaciones extremas: un par de horas más o menos ya influyen bastante en los niveles de obesidad de las personas. El apetito, la grelina y la leptina (dos hormonas importantes a la hora de controlar las ganas de comer) están reguladas por ciclos circadianos, para que el ser humano coma cuando hay que comer. Si a eso le das más tiempo de luz, por la televisión, porque no hay casas sin luz,... surje un desajuste en el balance hormonal del apetito y producimos más hormonas incitadoras para que comamos. Esa es una de las explicaciones existentes para la obesidad. También hay una hipótesis diferente, que relaciona los kilos con la flora bacteriana. El ser humano tiene 10 veces más genoma extraño que propio, tenemos 1,5 kilos de bacterias en nuestros intestinos.


Los kilos aumentados son nuestros, pero esta última teoría nos indica que estamos influyendo mucho en el tipo de flora bacteriana que tenemos por culpa de los antibióticos. Eso, dicen, ha cambiado nuestra flora, que es la que nos ayuda a la absorción de nutrientes. Se debe indicar que hay teorías para todos los gustos.


Los seres humanos tenemos la mayor parte de responsabilidad de estar obesos. Lo que se da al recién nacido cuando nace es un bien defensivo para la supervivencia, pero somos los seres humanos los que decidimos si queremos comer o no, de manera que somos nosotros los que podemos y deberíamos controlar nuestro peso. El comportamiento general es comer y no cuidarse, es decir, por nuestro estilo de vida. Para no estar obesos se ha de cambiar el estilo de vida que nos provoca la obesidad y cambiarlo para mejorar nuestra salud principalmente, a corto y a largo plazo.


Si vamos engordando, llega un momento en que es tarde y lo malo de la obesidad es que al principio no duele. De manera progresiva vamos cogiendo kilos: uno, dos, cuatro,... y una vez se han aumentado esos kilos, por un kilo de más o de menos no pasa nada, el problema real es cuando dejamos que ese kilo se acumule a otro. Al final tu organismo nota un caos, y antes de que eso se produzca hay que controlarlo, es la mejor receta: ser conscientes y atajar el problema en cuanto se presenta.


Se ha de indicar, que entre nuestros ancestros, había individuos que, desde un punto de vista evolutivo, estaban benficiados por los genes ahorradores y tenían una mayor capacidad de absorción de grasas y de mantenimiento de esas grasas. Esos genes, por ejemplo, son más abundantes entre los indios en Oceanía, el continente donde se registra la mayor tasa de obesidad, con poblaciones en las que el 95% de sus individuos son obesos. Pero no lo habían sido siempre, lo son desde la última generación. Según un estudio, antes de mediados del siglo XX, la población antepasada de estos indios de Oceanía era delgada. Comían aquello que producían o cazaban: frutas, verduras y pescado. Cuando se establece el comercio con otros países como Estados Unidos por ejemplo, empezaron a llegar barcos cargados de comida prefabricada, alcohol, alimentos ricos en grasas,... Esto provocó un cambio en su estilo de vida y sobretodo en su alimentación y ya no hacen ninguna actividad física, pero siguen teniendo genes ahorradores. Es responsabilidad suya lanzarse sobre las patatas fritas o comerse una manzana. Lo mismo ocurre cuando vamos a un restaurante y nos abalanzamos sobre los postres. Es una decisión dura y consciente de decirse a sí mismo: no lo necesito y no me lo voy a comer. El individuo es el último responsable, pero la sociedad también tiene parte de esa culpa, porque está en la obligación de reeducar a aquellos que han cambiado su estilo de vida y educar a los que acaban de nacer.


Vivimos en una sociedad informada, estamos hiperinformados sobre la obesidad y sus riesgos asociados. Pero existe un problema de disociación informativa: tenemos media hora de información por parte de un experto que te habla de la obesidad en la televisión, en la radio o una página o dos en los periódicos. Pero, tenemos horas y horas de televisión, de publicidad que, con gran sutileza, introduce todo tipo de productos comestibles y apetitosos, quizás más por el anuncio reiterativo que por su valor nutritivo en el ser humano. Nos indican que consumamos omega 3, que es bueno para la salud. Y te venden omega 3, en la leche, en el yogurt,... en lo que sea, pero con calorías. Es cierto que está regulado que en los anuncios no se puede decir que un determinado alimento, por ejemplo, cura el cáncer. Pero la paradoja existe y llegan a anunciar lechugas sin colesterol. La pregunta es: ¿desde cuándo las lechugas han tenido colesterol?.



Nos creemos todo lo que nos dicen, y con más perseverancia si es de forma reiterada, día tras día, mes tras mes y año tras año. La mente es muy curiosa y acaba creyéndose esos mensajes publicitarios. Los seres humanos se convencen de que, si no tiene colesterol, o grasas o cualquier otra cosa que parezca nociva, entonces puede comer la cantidad que sea, como ocurre con los productos light, y eso que la diferencia entre un producto light y no light es mínima.


No todos los obesos son iguales, se ha de diferenciar entre aquellos que van a desarrollar enfermedades metabólicas y los que no. En un porcentaje que se desconoce, la obesidad puede ser simplemente un problema visual. Todo depende de dónde se almacene la grasa, si se almacena a nivel subcutáneo o visceral. Tiene más riesgo la grasa acumulada a nivel visceral. El tejido adiposo subcutáneo es necesario para el organismo. El problema empieza cuando la capacidad tamponante del tejido adiposo se llena, se satura y entonces la grasa se comienza a depositar en otras partes, como en el músculo o alrededor del corazón. Esa grasa tiene efectos metabólicos peores que la que almacena un individuo en su lugar natural, porque es la que luego incita a la resistencia insulínica que da lugar a la diabetes; y ésta a la insuficiencia cardiovascular, al cáncer y a múltiples patologías. Los médicos deberían distinguir entre estos tipos de obesos y a dónde van dirigidas su obesidad en lo referente a futuras patologías.


Esto se lograría, entendiendo mejor los diferentes depósitos de grasas en el organismo, sabiendo cómo influyen en los factores de inflamación... Para indicarlo brevemente, obteniendo una imagen mucho más precisa del individuo para ver cuál es su distribución de grasa y luebo poder encontrar el mecanismo de la obesidad que va a desembocar en enfermedad, diferenciándola de aquella obesidad que no va a provocar ninguna enfermedad en el individuo, usando técnicas como la metabolómica. Esta técnica consiste en observar los metabolitos, que son moléculas muy pequeñas, resultado de todo el metabolismo que el individuo crea en su organismo, esto nos enseña el mecanismo de cómo funciona el cuerpo. Es una técnica muy precisa que permite detectar las diferencias que están asociadas a enfermedad.


La mejor prevención para el ser humano, es le movimiento; movernos para poder seguir disfrutando de la alimentación y de las cosas buenas que comporta, como el beneficio social, la interacción entre seres humanos. En Estados Unidos comer es pura nutrición. Se come para alimentarse, para sobrealimentarse. La ingesta de alimentos genera endorfinas que nos hacen olvidar nuestros problemas psicológicos. Otros países, como España, tradicionalmente se ha comido para sobrevivir y para enriquecer el espíritu en términos de interrelaciones sociales. El Norteamericano, generalmente, come sólo, en la calle, en el puesto de trabajo, viendo un espectáculo, y son los menos, los individuos, que tienen enraizadas la cultura o la tradición mediterránea, evidentemente suelen ser aquellas familias de raíces latinas emigradas, como italianos, irlandeses, hispanos,... En los países mediterráneos se come para alimentarse y para interrelacionarse con el resto de la sociedad que nos rodea, pero la realidad actual, es que el mediterráneo está cambiando su estilo de vida, por el modelo importado norteamericano y, es posible, que eso esté aumentando el nivel de obesos en la población.


Autor: José María Ordovás, experto en nutrición y genética, director del Laboratorio de Nutrición y Genómica del Human Nutrition Research Center on Aging, de la Universidad de Tufts (EEUU.) y profesor de nutrición y genética e investigador en el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares, en Madrid.

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