domingo, 24 de abril de 2011

MATRIMONIO



Una relación amorosa no necesariamente es sinónimo de matrimonio. El amor puede existir y existe sin matrimonio, y viceversa. Se ha demostrado que las diferencias entre los sexos se manifiestan de forma clara en el modo en que los hombres y mujeres obtienen beneficios del matrimonio. Los hombres casados tienen más posibilidades que los solteros de obtener trabajos de éxito, mejor pagados y de mayor estatus, y de disfrutar de una vida más sana, larga y feliz. Las mujeres casadas, por otro lado, tienen más probabilidades de sufrir enfermedades físicas, depresión, estrés y ansiedad que las solteras. Más esposas que maridos acaban frustradas y emprenden procesos de divorcio.


Una razón de esta diferencia es el estatus inferior de que goza el ama de casa, un papel que muchas mujeres casadas adoptan y una consecuencia del efecto Pigmalión (denominado así debido a la obra de George Bernard Shaw), sgún el cual las mujeres se ven tradicionalmente abocadas a redefinir su papel y su personalidad en función de las necesidades y los deseos de los maridos.


Como los roles sexuales tradicionales, la institución del matrimonio se ha sometido a un crítico examen en épocas recientes. Cada vez son más las parejas que conviven antes del matrimonio o sin casarse, que posponen la boda y que terminan su unión considerándola algo poco satisfactorio (más de un terciode los matrimonios en Occidente acaban en divorcio). No obstante, una gran fuerza empuja a las personas a casarse, incluso por segunda o tercera vez, si el matrimonio anterior ha resultado un fracaso.


El matrimonio afirma de forma pública un compromiso de significado social y legal, además de privado y emocional. Establece un contrato que atribuye obligaciones y derechos económicos, sociales y sexuales a ambas partes, El matrimonio (a menos que sea convenido) también declara públicamente un amor compartido y un compromiso de querer y cuidar al compañero tanto en la prosperidad como en la adversidad.


A través del matrimonio, la sociedad aprueba la unión de dos personas, obligando a la pareja a un sistema particular de comportamiento que garantiza una fuerte unidad familiar. El matrimonio se considera , por tradición, el entorno óptimo en el cual criar a los hijos, y muchas religiones enseñan que la actividad sexual  sólo puede tener lugar dentro del matrimonio.


Por lo general, las ceremonias de boda son un gran acontecimiento en cual la familia y los amigos son testigos, celebran y reconocen el cambio de roles. La novia se convierte públicamente en esposa y en nuera, además de hija, mientras que el novio pasa a ser esposo y yerno además de hijo. La ceremonia puede ser civil, religiosa o ambas. La boda religiosa puede reflejar las creencias de uno o ambos miembros de la pareja o, simplemente, añadir formalidad a la ocasión.




















SATISFACCIÓN MARITAL

No existen fórmulas para el buen funcionamiento del matrimonio. Algunas uniones se desarrollan en la rutina y la previsibilidad, otras en el caos y el drama. Resulta difícil, si no imposible, juzgar el matrimonio de otra pareja según los criterios propios, ya que lo más importante para determinar la longevidad de la unión es la percepción de la relación por parte de la propia pareja. No todos los matrimonios que sobreviven se basan necesariamente en el amor; muchos continúan debido a factores como los hijos, la economía o el miedo a la soledad.

Un matrimonio feliz constituye un acto equilibrador continuo, una negociación que tiene en cuenta las necesidades de cada persona y las de la relación: separación y unión, similitudes y diferencias, independencia y dependencia, seguridad y riesgo. A través de los conflictos, las personas ponen a prueba su entendimiento de sí mismos, de su pareja y del mundo exterior, y al hacerlo suelen extraer una enseñanza.

Kahlil Gibran, famoso poeta libanés (1883-1931), escribió su famoso poema El profeta en 1923, y desde entonces se ha traducido a más de 20 idiomas. Describe el equilibrio entre la dependencia y la independencia en un matrimonio estable: 

"Nacísteis juntos y permaneceréis juntos para siempre.
Estaréis juntos cuando las blancas alas de la muerte esparzan vuestros días.
I también en la memoria silenciosa de Dios estaréis juntos.
Pero dejad que crezcan espacios en vuestra cercanía,
Y dejad que los vientos del cielo libren sus danzas entre vosotros.
Amaos con devoción, pero no hagáis del amor una atadura:
Haced del amor un mar móvil entre las orillas de vuestras almas,
Llenaos uno al otro vuestras copas, pero no bebáis de una misma copa.
Compartid vuestro pan, pero no comáis del mismo trozo.
Cantad y bailad juntos y estad alegres, pero que cada uno de vosostros sea independiente.
Las cuerdas de un laúd están separadas aunque vibren con la misma música.
Dad vuestro corazón, pero no para que vuestro compañero se adueñe de él.
Porque sólo la mano de la Vida puede contener los corazones.
Y permaneced juntos, pero no demasiado juntos.
Porque los pilares sostienen el templo, pero están separados.
Y ni el roble crece bajo la sombra del ciprés, ni el ciprés bajo la del roble".

KAHLIL GIBRAN

 

MANTENER EL AMOR

Según la creencia popular, la familiaridad acaba creando indiferencia; del mismo modo, el amor romántico casi siempre desaparece con la realidad de la vida cotidiana y el paso del tiempo. La fascinación por una nueva pareja desaparece de forma gradual, y los temas mundanos como la economía, la casa, el trabajo, los niños y la familia pueden intervenir y provocar roces.

Cuando un miembro de la pareja comienza a sentir que conoce demasiado bien al otro, en ocasiones descubre que la frecuencia y la intensidad de su vida sexual comienzan a disminuir, pues el aburrimiento mutuo es responsable de un gran número de rupturas. Sin embargo, si ambos miembros de la pareja se preparan para esa pérdida de intensidad, tienen muchas posibilidades de evitar la desesperación y el pánico que se produce cuando tiene lugar.

La relación, entonces, puede entrar en una fase igualmente satisfactoria, o bien producirse un cambio que señale el principio del fin: todo depende de la capacidad de la pareja para olvidarse del mito del amor romántico eterno y de aceptar el valor de un compañerismo afectuoso y estable. En esta etapa puede producirse una poderosa tentación de buscar nuevas relaciones románticas, pero merece la pena recordar que éstas también acabarán perdiendo su chispa seductora.

Ironías de la vida, se tiene mucha más información sobre cómo acabar con el aburrimiento en el trabajo que en el matrimonio. Una pareja puede reavivar su relación compartiendo intereses: por ejemplo, deportes, clases de adultos, servicios a la comunidad, mejoras en la vivienda o aficiones. Es posible mejorar la comunicación, sobre todo acerca de las necesidades emocionales y sexuales, y conseguir tiempo para estar solo en determinados momentos. Salir por la noche o durante el fin de semana también puede ayudar a reforzar la relación y mantener vivos el romanticismo y la sexualidad, aunque sea de forma más comedida.

Paradójicamente, las parejas también pueden enriquecer su matrimonio desarrollando intereses individuales por separado y creando un espacio despejado para cada uno, de modo que el tiempo que pasen juntos  resulte más satisfactorio. Un buen ejemplo es el de una esposa que regresa al trabajo tras un prolongado período de descanso.

LA NATURALEZA CAMBIANTE DEL AMOR

Los psicólogos definen los diferentes tipos de amor adulto de formas muy distintas, pero en general coinciden en la evolución básica del amor. En un principio, el amor apasionado o el encaprichamiento implica un deseo sexual intenso con poco o ningún conocimiento real de la persona amada. En el caso del amor romántico, que puede seguir o no al primero, la pasión y la intimidad se combinan de manera muy idealizada. Esto puede desembocar en un amor sociabel en el que la pasión y el romanticismo se vean ampliamente sustituidos por la confianza, el cariño, el compromiso y la intimidad, aunque la pasión puede reaparecer de forma periódica.

FORMAS DE AMAR

En 1974, el sociólogo canadiense John Lee afirmó que existen básicamente seis formas de amar diferentes. Por lo general, los individuos presentan una combinación de dos o más de ellas (dando así lugar a una especie de perfil amoroso) en lugar de pertenecer a un tipo puro.

  • Storge: amor basado más en el compañerismo que en la pasión. Los amantes de este tipo aspiran al matrimonio y el compromiso.
  • Ágape: forma de amor desinteresado y entregado. Tradicionalmente se trata de una forma de amor espiritual, religioso o altruista.
  • Manía: amor obsesivo y dependiente. Los amantes maníacos suelen ser neuróticos y celosos.
  • Pragma: sentido de la realidad en los lazos personales. Los amantes pragmáticos buscan de forma consciente el compañero adecuado para enamorarse.
  • Ludos: enfoque lúdico del amor. Los amantes lúdicos buscan sensaciones o tienen varios amantes simultáneamente.
  • Eros: amor de tipo romántico y sentimental. Los amantes de este grupo creen firmemente en el amor a primera vista, pero una vez que el erotismo desaparece de la relación, optan por cambiar de pareja.
TEORÍA DEL AMOR DE STERNBERG


Robert Sternberg creó la teoría triangular de Sternberg (1988) que constituye un modelo exhaustivo que puede emplearse para medir la compatibilidad de la pareja.

El psicólogo, Robert Sternberg, intentó descubrir los principios subyacentes de las diferentes formas de amor. Asegura que el amor humano puede dividirse en siete categorías básicas. Cada uno de esos tipos difiere según la fuerza de tres pilares fundamentales del amor: intimidad, pasión y compromiso (por lo general se presentan como los tres lados de una figura, de ahí el nombre de teoría triangular).

Robert Sternberg

Según Sternberg:
  • El amor romántico implica intimidad y pasión (pero no compromiso).
  • El amor fatuo implica compromiso y pasión (pero o intimidad).
  • El amor sociable implica intimidad y compromiso (pero no pasión).
  • El encaprichamiento implica pasión (pero no intimidad ni compromiso).
  • El amor vacío implica compromiso (pero no intimidad ni pasión).
  • El cariño implica intimidad (pero no pasión ni compromiso).
  • El amor consumado implica intimidad, pasión y compromiso.
Los grados de compatibilidad dependen de si un miembro de la pareja otorga importancia al compromiso duradero y el otro miembro valora la pasión intensa, entonces sus triángulos estarán desequilibrados.

ESPERANZA DE VIDA DEL AMOR

Las estadísticas pueden trazar con precisión la duración de los matrimonios, que en Occidente son más vulnerables al divorcio dentro de los dos o tres primeros años. Sin embargo, calcular la duración del amor es más difícil, pues la continuación de un matrimonio no necesariamente indica que el amor perdure: algunos matrimonios duraderos carecen de relaciones íntimas y de pasión. Por otro lado, muchas parejas en proceso de divorcio afirman  que nos queremos, pero no podemos vivir juntos.

Resulta más adecuado describir la duración del amor como una serie de subidas y bajadas. Las parejas pueden entrar y salir del amor muchas veces a lo largo de una relación, durante semanas, meses o años, pero su amor puede salir reforzado. Es posible que desaparezca una forma de amor y otra nueva la sustituya.

LA MUERTE DEL AMOR


Cuando la pareja siente que su relación está en peligro, acostumbra a experimentar una amplia gama de sentimientos negativos como ira, resentimiento, traición, rechazo, daño, venganza, decepción, depresión y desesperación. Las causas de la discordia también pueden variar  enormemente: problemas sexuales, económicos, domésticos o de comunicación; el nacimiento de un hijo; el momento en que los hijos se independizan; familia política; ex mujeres e hijastros; desempleo o jubilación; alcohol y drogas; la existencia de una enfermedad física o mental; o bien, la pérdida de un familiar.

Las ocasiones supuestamente felices, como las vacaciones e incluso la Navidad, pueden servir como foco de iras reprimidas causadas por quejas sin resolver. Tanto para el hombre como para la mujer, la edad madura -con su temida pérdida de juventud y atractivo sexual- puede ejercer una gran presión en una relación, aunque la infidelidad en sí misma puede ser en realidad un reflejo de problemas existentes y no la causa de éstos.

Otras razones por las que una relación puede desestabilizarse son los cambios de actitud hacia la pareja. Los atributos del carácter que, en un principio, atrajeron a los dos miembros de la pareja pueden acabar por convertirse en una fuente de roces. Un espíritu libre y un sentido de aventura que se consideraban encantadores durante las primeras etapas de un romance, pueden percibirse más tarde como signos de inmadurez, irresponsabilidad y falta de sentido práctico en el contexto de la vida cotidiana. De forma similar, el carácter fuerte, callado e independiente puede acabar considerándose inflexible, poco comunicativo y dominante.

Paradójicamente, los sentimientos negativos no necesariamente provocan el final del amor, ya que muestran que todavía existe una energía emocional en la relación. La indiferencia y la ausencia de sentimientos representan una amenaza mucho más seria.

Los consejeros matrimoniales afirman que no es la desaparición del amor lo que determina la supervivencia de una relación: es la madurez emocional de la pareja, el grado de compromiso para resolver los problemas y el apoyo de que dispone por parte de amigos, familiares o vecinos. Si uno o ambos miembros de la pareja son jóvenes, tal vez consideren que no merece la pena invertir su tiempo, su energía o su compromiso emocional en la relación. Quizá tengan una visión bastante rígida de las relaciones: o funcionan o fracasan; el amor está presente o completamente ausente. Las personas más mayores o con un punto de vista maduro pueden invertir todos sus esfuerzos en salvar una relación, sobre todo si existe una larga historia de experiencias compartidas con el compañero o si tienen hijos.

En una relación duradera, el fin irreversible del amor suele ser un proceso lento, no repentino. Una pareja puede tardar años en separarse. Buscar el consejo de profesionales antes de que la relación resulte irrecuperable puede ayudar a que ésta sobreviva.



¿Vale la pena salvar una relación?¿Cómo saber si una relación ya no tiene solución o si todavía merece la pena salvarla? Muchas personas quedan atrapadas en relaciones muertas debido al temor a los cambios, a un deseo irracional de que las cosas mejoren, o a la inseguridad. Muchas relaciones positivas acaban porque uno o los dos miembros de la pareja carecen del compromiso necesario para hacerlas funcionar. Tal vez pueda superar los sentimientos ambivalentes si intenta determinar la causa de su frustración. ¿Cómo fue la relación en su mejor época?¿disfruta del contacto físico con ella?¿Todavía hacen cosas juntos que les ayudan a sentirse unidos?¿su pareja es capaz de reconocer sus propios defectos?¿cree que tiene la intención de cambiar?¿confía en su pareja?¿son incompatibles sus puntos de vista esenciales sobre la vida? Si uno de los dos ha traicionado al otro, ¿considera que las heridas ya están curadas? Evaluar la salud de la relación a través de este tipo de preguntas puede ayudarle a tomar una decisión objetiva sobre el futuro.


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