domingo, 24 de abril de 2011

MEDICINA VIBRACIONAL

Los pensamientos, las emociones y los estados de ánimo afectan a nuestra fisiología. ¿Por qué si no, el estrés o los estados depresivos se traducen en enfermedades reales? La explicación parece estar en la complejidad de nuestro ser; en que no estamos formados sólo por carne y huesos, sino que cobijamos en nuestro interior elementos de naturaleza sutil y gran potencia que conforman un todo.

Poco a poco, la idea de que el cuerpo es un sistema complejo de energías ha ido superando las primeras resistencias y ganando adeptos entre la comunidad científica. Durante siglos, la medicina oficial (denominada alopática porque utiliza medicamentos que en un organismo sano provocan fenómenos diferentes a los que caracteriza la enfermedad) se ha basado en una visión "newtoniana" y mecanicista del ser humano. Un punto de vista racional y pragmático que considera que el hombre es una compleja máquina regida por el cerebro que vive en una naturaleza perfectamente estructurada y predecible. No obstante, con el paso de los años, los científicos han ido revisando sus teorías, y las han sustituido por nuevos y sorprendentes planteamientos.



La OMS (Organización Mundial de la Salud) define el término salud como el estado completo de bienestar físico, psíquico y social, y no sólo como la ausencia de enfermedades. Es decir, va más allá de lo estrictamente físico para entrar en un campo mucho más amplio y lleno de posibilidades. Desde el punto de vista holístico, la responsabilidad de cada persona en la gestión de su propia salud puede significar un cambio revolucionario en el comportamiento y una aventura interior apasionante.

En cambio, la medicina de las energías o vibracional entiende la salud como la armonía del flujo de la energía vital. Y aunque acepta que el cuerpo físico tiene elementos biomecánicos (como el corazón, que bombea la sangre; o los riñones, que la filtran), éstos no son simples piezas integradas en un complejo mecanismo. Los componentes y las células que constituyen los órganos también se comunican entre sí por medio de transmisores que no tienen un origen químico, sino energético, como señales lumínicas o eléctricas entre otras.


PINTURA TIBETANA QUE ILUSTRA LA CORRESPONDENCIA ENTRE EL CUERPO
HUMANO Y EL COSMOS A PARTIR DE LA IDEA TRADICIONAL DE QUE TODAS
LAS COSAS ESTÁN RELACIONADOS ENTRE SÍ Y QUE ES LA MISMA ENERGÍA LA
QUE LO VIGORIZA TODO.

Pero nuestro organismo es todavía más complejo. Algunos pensadores sugieren que el corazón no es sólo una bomba carnosa que late imparable a partir de unos estímulos eléctricos; se trata de una chispa de energía espiritual o fuerza vital que nos abandona en el momento de la muerte. Es el "chi" de los chinos o el "prana" de los hindúes; incluso el "alma", si queremos darle un término propio de nuestra cultura. Y aunque es probable que el alma no esté en el corazón, puede que desde éste parta el camino que lleva a ella.

Podemos llegar a ser más conscientes de nuestra energía corporal a través de la práctica de ciertos ejercicios; caminar, respirar, visualizar,... Durante milenios, el yoga, el tai chi, el chi kung, y otras disciplinas y tradiciones lo han intentado por diferentes caminos; también algunas sustancias enteógenas o drogas psicoactivas han propuesto aproximaciones a mundos paralelos, pero en esos casos cabe defender lo natural con un simple símil: para mirar la panorámica vital desde la cima de una montaña conviene subirla a pie, no montarse en un helicóptero.

En la medicina vibracional (einsteniana) la idea de enfermedad es muy distinta a la convencional (newtoniana), ya que entiende el ser humano como una red de energías. Somos varios cuerpos en equilibrio en un mismo espacio; el cuerpo físico, energético, emocional y mental, y aún un quinto cuerpo en el plano espiritual.

Al parecer, cuando dormimos y la mente entra en el terreno del subconsciente, un aspecto superior del espíritu abandona el cuerpo; se trata del cuerpo astral, que tiene sus experiencias en una dimensión superior.

La medicina de las energías puede convertirse en una revolución porque adopta un punto de vista integral, holístico y global, y no hace uso ni de agresivas intervenciones quirúrgicas ni de medicamentos químicos, con la premisa de que sólo sirven para tratar los síntomas de la enfermedad y nunca sus causas profundas.

Su acción curativa va más allá de lo físico al utilizar formas especializadas de energía que actúan sobre aquellos sistemas energéticos que han perdido el equilibrio y, por tanto, han caído en la enfermedad. As´´i, aunque el objetivo es el mismo que el de la medicina convencional (restablecer el orden a nivel celular), actúa desde un plano superior: el de las energías.



Aunque, a simple vista, pueda parecer un tanto fantasioso, lo cierto es que en el campo de la salud se han producido grandes avances tecnológicos relacionados con la energía. Uno de los más conocidos, por ejemplo, son los rayos X, que en un principio se utilizaron para ver el interior del cuerpo y años después sirvieron para curar graves enfermedades, como en el caso de la radioterapia contra el cáncer. Otro ejemplo lo tenemos en la aplicación de electricidad mediante electroestimuladores para quitar el dolor, o en los campos magnéticos, que ayudan a regenerar los huesos tras una fractura.

La ciencia también ha desarrollado sistemas de estudio de imagen basados en las resonancias magnéticas y los escáneres.

Dentro de las técnicas energéticas en sí habría que contar con las propias de la medicina vibracional, como la acupuntura, la homeopatía o el reiki, que trabajan con las energías corporales con el objetivo de armonizar y restablecer el flujo de energía vital. Así, del mismo modo que ya se utiliza la energía para sanar el cuerpo físico, las terapias vibracionales lo hacen desde los cuerpos sutiles. Deberíamos confiar que un futuro no muy lejano exista una medicina integradora, es decir, que utilice todas las terapias a su alcance de forma multidisciplinar para sanar verdaderamente a los seres humanos.

En lenguaje cotidiano siempre decimos "estar sin energía" para describir sentimientos, de malestar, afectividad aplanada o cansancio. Es una queja común: investigaciones médicas muestran que una tercera parte de las visitas al médico se quejan de falta de energía. Esta queja es tan común, tan inespecífica y tan mal entendida por la medicina ortodoxa que se descarta por irrelevante. Contrasta ver el enfoque de las otras medicinas, que basan sus tratamientos en una visión de la enfermedad como manifestación principal del estado energético alterado.

Se define la energía como poder, fuerza o vitalidad y éstos son los significados que la energía tiene en la medicina y la curación energéticas. Sin embargo, la curación energética lleva esta definición más allá al considerar que la energía en el cuerpo es la que anima el cuerpo físico. La palabra energía se utiliza para describir el misterio de la vida. En otras culturas esta energía vital, o fuerza vital, está bien reconocida en la filosofía y las tradiciones curativas.



La vida del ser humano es el resultado de la concentración de energía. Si la energía se concentra aparece la vida, si la energía se dispersa, sobreviene la muerte.

SOMOS ENERGÍA



La palabra "energía" proviene del griego "energes", que significa -actuar- y que, a su vez, deriva de ergon (obra); es decir, que la energía es algo real, que actúa y produce efectos.

Einstein, a través de su famosa ecuación, demostró que toda materia es energía, por lo que se podría afirmar que la materia es energía en estado de condensación y que la energía es materia en estado radiante. La teoría de Einstein resulta especialmente interesante en el campo de la curación energética por su extraordinaria relación con las antiguas filosofías orientales escritas en los Vedas. Éstas consideraban que el mundo material es resultado de la condensación de una energía universal de la que estaría compuesto el cosmos. Estos principios refuerzan las teorías de la conciencia, las experiencias psíquicas y la fuerza vital.



Pero la ecuación de Einstein también sugiere la existencia de una energía más rápida que la luz: la energía magnetoeléctrica, que sería análoga a la energía vital o sustancia etérea. De naturaleza básicamente magnética, tendría unas características que harían actualmente imposible su medición.

Por tanto, hay un camino interesante, largo y abierto a múltiples posibilidades, y por el momento concluyen que al igual que el universo, estamos compuestos de energía. Una energía que se convierte en parte en materia según su grado de vibración: a menor vibración, mayor densidad y viceversa. Esto haría posible que nuestros diferentes cuerpos puedan convivir en el mismo espacio, desde el más denso (el cuerpo físico) al más sutil (el espiritual); como las energías de diferentes frecuencias que coexisten sin destruirse mutuamente.



No deja de sorprender que los mayores descubrimientos de la física o de las matemáticas muestren tanta similitud con los postulados de las antiguas filosofías. De hecho, los textos religiosos hindúes y chinos están repletos de referencias que sólo ahora resultan comprensibles a la luz de la física cuántica, y los debates entre los científicos parecen propios de personas invadidas por una comprensión religiosa del cosmos... Entre la ciencia más avanzada y la espiritualidad no existe tanta diferencia como se nos había hecho creer. Esta certeza repercute en nuestra salud.



Hace unos años, los físicos clásicos llegaron a la conclusión de que un día el universo desaparecerá... de muerte térmica. ¿Qué significa esto? Sencillamente que el universo entero tiende a la entropía, o lo que es lo mismo, al desorden absoluto (pensemos en qué sucede si dejamos abandonada una casa: las malas hierbas invaden los muros, los vidrios de las ventanas se rompen, la madera se pudre y los cimientos van cediendo hasta que sólo queda un montículo de basura...) y en este caos creciente, la energía no puede hacer otra cosa que disminuir, hasta que un día la vida ya no es posible.

Sin embargo, los físicos no tenían en cuenta un hecho excepcional en esta degeneración cósmica: los seres vivos tienen la capacidad de almacenar energía y, por tanto, de evitar que ésta desaparezca. La vida, pues, es capaz de revertir la entropía, y las culturas antiguas, que ya conocían este hecho, lo relacionaban con la salud y el bienestar. Este concepto se llama "vitalismo" y las ideas de curación energética se basan en esta fuerza vital que distingue a los seres vivos de los muertos.



Esta energía es el chi o qi de los chinos, el prana de los hindúes, el ki de los japoneses, el espíritu de los cristianos, la conciencia de los agnósticos, la fuerza vital de la homeopatía... En cualquier caso, diferentes nombres para una misma cosa: esa chispa que todos llevamos dentro.

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