lunes, 4 de julio de 2011

HISTOLOGÍA DEL TEJIDO ÓSEO




Al igual que otros tejidos conectivos, el tejido óseo o hueso contiene una abundante matriz de materiales intercelulares que rodean células muy separadas entre sí. En el hueso, la matriz se compone de 25% de agua, 25% de fibras proteínicas y 50% de sales minerales cristalizadas. Hay cuatro tipos de células en el tejido óseo: osteógenas, osteoblastos, osteocitos y osteoclastos.

1.- Las células osteógenas son células madre no especializadas que se derivan del mesénquima, o sea, el sitio donde se forman todos los tejidos de tipo conectivo. Son las únicas células óseas con capacidad de división; las células hijas resultantes se transforman en osteoblastos. Las osteógenas se localizan en la porción interna del periostio, en el endostio y en los conductos internos de los huesos que contienen vasos sanguíneos.
2.- Los osteoblastos son las células que construyen el hueso. Sintetizan y secretan fibras de colágena y otros componentes orgánicos necesarios para formar la matriz del tejido óseo, además de iniciar el proceso de calcificación, (Nota: las células cuyo nombre incluye el sufijo -blasto secretan matriz en el tejido óseo y en cualquier otro tejido conectivo).




3.- Los osteocitos son células óseas maduras que constituyen el tipo celular principal del tejido óseo. Se derivan de los osteoblastos que quedan atrapados en las secreciones de la matriz. Sin embargo, ya no secretan materiales de ésta. En vez de ello, mantienen las actividades celulares diarias del tejido óseo, como el intercambio de nutrientes y desechos con la sangre. (Nota: las células cuyo nombre incluye el sufijo -cito constituyen los tejidos, tanto el óseo como cualquier otro).






Los osteoclastos son células muy grandes, derivadas de la fusión de hasta 50 monocitos (un tipo de glóbulo blanco) y se concentran en el endostio. En el lado de estas células que da hacia la superficie del hueso, la membrana plasmática del osteclasto tienen pliegues profundos, que se denominan bordes arrugados. En ellos la célula libera tanto enzimas lisosómicas potentes como ácidos que digieren los componentes proteínicos y los minerales del hueso subyacente. Esta destrucción de la matriz ósea es parte del desarrollo, crecimiento, mantenimiento y reparación normales del hueso.




A diferencia de otros tejidos conectivos, la matriz ósea contiene abundantes sales minerales inorgánicas, principalmente hidroxiapatita (fosfato de calcio) y algo de carbonato de calcio, además de pequeñas cantidades de hidróxido de magnesio, fluoruro y sulfato. Cuando estas sales son depositadas en la estructura que forman las fibras de colágena de la matriz, se cristalizan y el tejido se endurece; los osteoblastos inician este proceso de calcificación o mineralización.

La dureza de un hueso depende de las sales minerales orgánicas cristalizadas que contiene; su flexibilidad, de las fibras de colágena. Al igual que las varillas metálicas empleadas para reforzan el concreto, las fibras de colágena y otras moléculas orgánicas confieren resistencia a la tensión, que es la oposición al estiramiento y a la ruptura. Si las sales minerales de los tejidos óseos se disuelven al sumergirlas, por ejemplo, en vinagre, el hueso adquiere una consistencia ahulada y flexible.

En otros tiempos se pensaba que la calcificación ocurría simplemente cuando había sales minerales suficientes para que se formaran cristales. Sin embargo , hoy se sabe que el proceso tiene lugar sólo en presencia de fibras de colágena. Las sales minerales empiezan a cristalizarse en los espacios microscópicos que hay entre dichas fibras. Una vez que llenan estos espacios, se acumulan alrededor de las fibras de colágena. La combinación de ambos le confiere a los huesos su dureza característica.

Los huesos no son completamente sólidos, ya que tienen muchos espacios diminutos entre sus componentes duros. Algunos de estos espacios son conductos para vasos sanguíneos que aportan nutrientes a las células óseas. Otros son áreas de almacenamiento para la médula ósea roja. De conformidad con el tamaño y la distribución de los espacio, las regiones de un hueso se clasifican en compactas y esponjosas. En general, el hueso compacto constituye el 80% del esqueleto, y el esponjoso, el 20% restante.

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