miércoles, 6 de julio de 2011

LA INQUIETUD DE UNA DAMA Y SU LÁMPARA

Una mujer inquieta de la alta sociedad inglesa del siglo XIX, en lugar de aceptar alguno de sus brillantes pretendientes, se empeñó en ir al otro extremo del mundo a cuidar de los soldados ingleses.



Fue la segunda hija de William y Frances Nigthingale, nació en 1820, en Florencia, ciudad en la que se encontraban en su largo viaje de luna de miel por Europa, y que dio su nombre a la niña. Una de las influencias más decisivas en su vida fue la firme creencia de su padre en la capacidad intelectual de las mujeres, por lo que, ante la falta de escuelas adecuadas, él mismo se encargó de instruir a sus hijas, encontrando en Florence una alumna especialmente capacitada, a la que enseñó francés, alemán, italiano, griego, música, historia y filosofía, ocupándose además de que le diera clase de matemáticas un tutor. Esta formación extraordinaria terminaría siendo motivo de gran frustración para Florence pues, a pesar de ella, llegado el momento, sus padres le hicieron saber que una dama de su condición no podía hacer nada respetable que no fuera encontrar un bune marido y dedicarse a cuidar de su familia. Pero a la vista de los matrimonios que conocía, Florence rechazó esa opción, pues, como decía en su obra Cassandra: "El auténtico matrimonio, la noble unión en la cual un hombre y una mujer llegan a ser un ser único y perfecto, probablemente no existe sobre la Tierra hoy".

Además, en su adolescencia había sentido una llamada del Altísimo para que se dedicara a cuidar de los enfermos, plan que horrorizó a sus padres, pues en esa época las enfermeras eran algo así como las criadas de la más baja estofa. Florence recibió la formación para la tarea a la que quería dedicarse en uno de sus viajes por Europa, en el hospital y orfanato fundado por un pastor en Kaiserwerth, en Alemania.

A su vuelta a Inglaterra en 1853 tuvo ocasión de poner en práctica sus conocimientos en el sanatorio para señoras inválidas del West End. Poco después, tras conocerse en Inglaterra las penosas condiciones de los soldados británicos heridos en la guerra de Crimea, y atendiendo la solicitud de su amigo Sydney Herbert, Secretario de Estado para la Guerra, Florence organizó un cuerpo de 38 enfermeras que se desplazaron hasta el hospital de Scutari, en Crimea. A su llegada se encontraron con que el tifus, el cólera o la disentería, causaban diez veces más muertes que las heridas recibidas en el campo de batalla. Florence mejoró las condiciones de higiene y alimentación de los enfermos y se ocupó de atender personalmente a cientos de ellos, escuchándolos y escribiendo cartas para sus familiares. De ahí surgió su sobrenombre, "la dama de la lámpara", porque cada noche, cuando todos descansaban, ella recorría seis kilómetros de pasillos iluminándose sólo con una lámpara, deteniéndose a los pies de cada una de las camas. Esa enternecedora imagen la hizo pasar a la historia como una heroína romántica, y la convirtió en la dama victoriana más conocida, a pesar de no ser ni reina, ni cortesana, ni artista.



Al volver a Inglaterra tras pasar dos años en Crimea, Florence aprovechó su popularidad, y sus contactos en la corte y en el gobierno, junto con sus conocimientos matemáticos y estadísticos, para llamar la atención sobre las lamentables condiciones sanitarias de los hospitales militares. Para ello presentó en el Ministerio del Ejército toda la información referente a la salud de los soldados registrada durante su estancia en Crimea, empleando un nuevot tipo de diagrama inventado por ella, el diagrama polar.



El informe tuvo mucho eco y los hospitales de campaña mejoraron notablemente. Un sucinto folleto que escribió poco después, en el que incluía lo que una enfermera debía tener en cuenta en el cuidado de los enfermos, fue el manual seguido en las escuelas de enfermería que se crearon en Inglaterra y otros países. En este folleto y el resto de su abundante obra, 150 libros y más de 14.000 cartas, se fundamentó la profesión de enfermería tal y como hoy la conocemos. Mientras tanto, la sociedad de estadística inglesa y la americana la nombraron miembro de número, siendo la primera mujer en pertenecer a tales instituciones.



Pero Florence fue mucho más que la inventora de la enfermería y una brillante matemática estadística. Fue una educadora que se ocupó de mejorar la educación de los niños, formar a los profesionales que habían de ocuparse de los enfermos y educar a los soldados rasos, hasta entonces considerados irrecuperablemente incultos. Fue, además, una de las primeras personas que creyó que los fenómenos sociales podían medirse objetivamente, siendo criticadas por ello por personalidades como el escritor Charles Dickens.



Lo más llamativo de su vida es que , a pesar de haberse dedicado a mejorar la salud de los demás, pasó los últimos 50 años de su vida confinada en una cama, pero ello no fue un obstáculo para que aliviara los sufrimientos de muchos de sus contemporáneos y de innumerables personas de generaciones posteriores, pues su trabajo sentó las bases del sistema de salud público inglés.


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