sábado, 20 de agosto de 2011

ESTAR ENAMORADO TAMBIÉN ES UN PROBLEMA

Una relación tiene un proceso dinámico, nunca es estática, y cada relación tiene su propio ritmo y evolución; es imprescindible entender cada etapa que se presenta en la relación de pareja para facilitar la propia vida en pareja y para fortalecer la pareja. Es un constante trabajo de ambos, poder solucionar todos los problemas que acontecen durante la vida cotidiana para llegar a tener una relación saludable.

FALTA DE HONRADEZ EMOCIONAL


Las personas rara vez mienten de forma gratuita. Por lo general, las mentiras
se utilizan para proteger a otra persona, aunque también pude suceder
que la persona que miente sufra de una falta de autoestima y tema las
consecuencias negativas de ser descubierta.


La capacidad de distinguir la verdad de la mentira forma parte del desarrollo psicológico de un niño sano. Una vez entendida esta distinción, los niños y los adultos pueden continuar mintiendo por muchos motivos conscientes o subconscientes (avaricia, orgullo, venganza, necesidad de impresionar o incluso amabilidad). Muchos adultos mienten por temor a que la verdad traiga consecuencias demasiado dolorosas para la persona a la que se miente, para el propio mentiroso o para ambas. En una relación, este miedo puede resumirse de la siguiente manera: "Si mi compañero/a realmente supiese la verdad sobre mí, dejaría de quererme".

Este miedo puede ser real, reflejar una baja autoestima o ser el resultado de una percepción del mundo como un lugar peligroso, hostil y desagradable, visión que muchas personas tienen desde la infancia. La mentira como mecanismo de defensa puede estar muy arraigada en los adultos, y las emociones intensas y las presiones de un nuevo amor pueden hacer que mentir resulte especialmente tentador.

La mentira consciente implica presentar de forma deliberada una falsedad como si fuese cierta. En condiciones psicóticas específicas, se sabe que los mecanismos mentales de examen de la realidad se encuentran dañados y el individuo puede creer sus propias mentiras. La mayoría de las personas, sin embargo, son totalmente conscientes de que mienten, aunque en algunos casos se trata de un hábito profundamente arraigado que se percibe como una segunda naturaleza. El tipo más sutil de mentiras son aquellas que ofrecen un grado de verdad al tiempo que ocultan una información potencialmente dolorosa. Este tipo de mentiras pueden tomar una diminuta parcela de verdad y exagerarla.

Una relación en la que las dos personas implicadas mantienen percepciones abiertamente diferentes de una misma experiencia compartida también presenta problemas. La percepción de la relación que cada persona posee se convierte en "la verdad", pero no coincide con la visión del otro miembro de la pareja. Cuando un individuo descubre que su pareja no corresponde de un modo exacto a sus sentimientos, es muy probable que acabe acusándole de mentir. Aunque ninguno de los dos haya mentido explícitamente, la falta de comunicación hace que la pareja considere que a su relación le falte honestidad.

La mentira persistente puede destruir gradualmente una relación, por lo que debe contemplarse como un problema compartido, tanto si son ambos miembros de la pareja los que mienten como si uno/a es el mentiroso y el otro/a es la "víctima". Explorar las razones por las que el compañero al que se miente tolera la falta de honestidad puede resultar de ayuda.

INFIDELIDAD




Aunque no todas las culturas consideran la fidelidad como algo importante, en las religiones cristiana y judía constituye una exigencia fundamental del matrimonio. En el mundo occidental, el impacto de la infidelidad varía desde consecuencias mínimas hasta destructivas, dependiendo de las circunstancias en que se produzca, de la duración y de la naturaleza de la relación con un tercero y de la actitud de la pareja. Si la infidelidad tiene lugar durante la fase romántica, de enamoramiento, puede indicar inmadurez emocional o incapacidad para sacrificar la libertad sexual por la confianza y el compromiso.

La infidelidad en una relación duradera y establecida suele ser síntoma de otros problemas. Puede deberse al aburrimiento emocional o sexual, a la falta de comunicación, a la divergencia gradual de las vidas de cada uno de los miembros de la pareja, a problemas sexuales o a la "crisis de los cuarenta", en la que tanto los hombres como las mujeres se enfrentan a la aparente decadencia de su sexualidad y buscan reafirmar su propia valía. La infidelidad puede basarse puramente en el placer físico o bien desarrollar unos fuertes vínculos emocionales que amenacen la relación principal.

CELOS Y POSESIVIDAD




Los celos constituyen una forma de ansiedad que nace principalmente de la inseguridad. En las relaciones suelen tomar la forma de sospechas sobre el interés de la pareja hacia lo que se percibe como un rival. Los biólogos afirman que los celos de un hombre contribuyen a garantizarse a sí mismo que los hijos que protege y mantiene hayan sido engendrados por él. Los celos femeninos garantizan que el hombre que ha engendrado a los hijos concentre su energía en mantenerlos y protegerlos.

El grado de celos pueden variar desde un ligero arrebato hasta una obsesión. Desde luego, pueden ser adecuados si existe un verdadero rival, pero en ocasiones son la falta de autoestima y una sensación de inadecuación las causantes de que una persona imagine rivales que no existen. Con frecuencia, el compañero celoso necesita que su pareja le tranquilice constantemente y exige cada vez más compromiso y afecto. De forma paradójica, estas exigencias pueden ahuyentar la intimidad y provocar que la otra persona busque consuelo en un tercero, dando así un motivo real de celos. Los celos son comunes entre personas con problemas de dependencia como el alcoholismo.

Los celos y la posesividad no son la base de una relación sana ni una medida del amor. Así como los padres posesivos no permiten que sus hijos adquieran independencia, algunas personas son incapaces de permitir que sus parejas tengan identidades, intereses y amigos al margen de la relación. Para estas personas, los colegas, los amigos y los conocidos de su pareja, así como el tiempo que ésta no pasa a su lado, resultan amenazadores y provocan fantasías destructoras. Los celos y la posesividad suelen ir acompañados de una falta de autoestima y de confianza, lo cual tal vez refleje experiencias infantiles de decepción y rechazo profundos.

Ambos sexos sienten celos, pero las mujeres intentan en más ocasiones resolver el problema, mientras que los hombres tienden a abandonar la relación en un intento de salvar las apariencias y recuperar la autoestima. Los hombres celosos también tienden a recurrir a la violencia.

¿PODEMOS HABLAR?




Hablar para enfrentarse a los celos. Si un miembro de la pareja es celoso, debería elegir un momento adecuado para hablar sobre ello (no cuando estén enfadados, dispongan de poco tiempo o estén presentes los niños). Se debería averiguar por qué su pareja siente celos o explicar por qué los siente usted. Si los celos se centran en una persona específica, discutan si es persona representa una amenaza real o imaginaria. Si se trata de una amenaza real, se debería hablar de los cambios que pueden realizar para reducir esa sensación de amenaza; si los celos son irracionales (miedo de que una pareja fiel sea seducida por un extraño en un bar, por ejemplo), puede resultar de ayuda explorar las relaciones pasadas de ambos miembros de la pareja, ya que el ansia de posesión suele ser habitual en el caso de relaciones anteriores fallidas. Esta tendencia a recuperar un comportamiento destructivo se conoce como compulsión de repetición. De forma inconsciente, las personas que la experimentan eligen una pareja que, tarde o temprano, confirma sus miedos. La ayuda profesional puede ser la mejor línea de acción.

AMOR OBSESIVO




La obsesión es una forma de ansiedad en la que un ser se ve dominado por ideas, pensamientos o sentimientos persistentes y repetitivos. La persona afectada parece poseída o consumida por su obsesión, en ocasiones a pesar de saber que ésta ejerce un efecto destructivo en su vida.

A diferencia de algunas obsesiones, como la higiene, el dinero o la violencia, el amor obsesivo hacia otra persona puede parecer imbuido de alusiones románticas, nobles o heroicas. Cualquier tipo de obsesión, sin embargo, evita el desarrollo de una relación realista, sana y duradera, y también puede reducir el tiempo, la energía y la motivación que normalmente se dedican a otros aspectos de la vida, como el trabajo o la salud física.

Una obsesión refleja el estado mental de la persona afectada más que la valía inherente de la persona amada, que por lo general se idealiza. De hecho, el objeto de la obsesión, cuando se evalúa con realismo, puede resultar una elección de pareja totalmente inadecuada. El obsesivo proyecta sus necesidades y sus fantasías en la persona amada en lugar de entender o estar realmente interesado en ésta como ser humano.

Los celos, la posesividad y la obsesión son sentimientos que suelen ir unidos. Los individuos que experimentan repetidamente este tipo de emociones extremas pueden ser solitarios o emocionalmente inmaduros y, por tanto, incapaces de mantener relaciones adultas reales. El comportamiento obsesivo puede tratarse con asesoramiento o, en algunos casos, con antidepresivos específicos recetados por un médico.

RUPTURA DE LA COMUNICACIÓN




La pareja debe comunicarse sus sentimientos, tanto si son positivos como negativos. Suprimirlos quizá evite problemas a corto plazo, pero es muy probable que aumenten con el tiempo. Es posible que un individuo poco comunicativo y una persona muy sociable se atraigan, pero tras un período más o menos largo esta incompatibilidad puede conducir a la frustración.

Los hombres suelen encontrar más dificultad que las mujeres para expresar de un modo emocional las propias ideas. No obstante, ambos sexos encuentran igualmente difícil comunicar sentimientos confusos, ambivalentes o comprendidos a medias. Un individuo que provenga de una familia en la que rara vez se expresan los sentimientos se encontrará a menudo  con dificultades aún mayores. Por ejemplo, decir "lo siento" a la pareja puede resultar virtualmente imposible si las experiencias infantiles enseñaron que disculparse era peligroso. Además, algunas familias se comunican mediante gritos e interrupciones, un modelo que puede ser muy difícil de superar.

La inteligencia no es garantía de una buena comunicación. Una persona muy inteligente pero con dificultades para expresar sus emociones, por ejemplo, tal vez espere que su pareja le entienda sin necesidad de hablar. Por otro lado, algunas personas hablan constantemente con indirectas, creando de forma deliberada una cortina de humo de confusión que les sirve como defensa contra su propia revelación.

La falta de comunicación puede perpetuarse, ya que las grandes discusiones suelen nacer de una acumulación progresiva de tensión, irritación, ira y resentimiento. Las pequeñas peleas sobre diversos temas suelen tener un único motivo subyacente, como la falta de confianza o la envidia. Cuando una persona se siente muy frustrada ante la aparente ineficacia de la comunicación verbal, puede acabar por recurrir a la violencia.


Muchas personas tienen dificultades para comunicarse sobre temas
emocionales delicados. Los sentimientos poco o mal expresados pueden
ser contraproducentes y conducir a peleas o incluso violencia.


Existen algunas claves para mejorar la comunicación: concentrarse en el problema que se discute en lugar de sacar otros temas sin resolver, encontrar un momento y un lugar adecuados para dialogar, y dejar que cada miembro de la pareja disponga de varios minutos para hablar sin interrupción. Cada uno debe reconocer y valorar la comunicación no verbal del otro (por ejemplo, el lenguaje corporal y los gestos). Muchos hombres encuentran más fácil expresar afecto mediante acciones que con palabras.

RELACIONES UNILATERALES

Aunque la intensidad de los sentimientos de una pareja varían de forma natural a lo largo de una relación, una historia duradera y sana es la que se basa en una equilibrada dosis de energía por parte de ambos miembros. Cuanto mayor sea la diferencia en la contribución de la pareja a la pasión, la intimidad y el compromiso, menos realista y más vulnerable será su relación

Las relaciones obsesivas son unilaterales desde el principio. el amor no correspondido, a causa del cual una persona persigue a otra a pesar del rechazo obvio de ésta, constituye otro ejemplo extremo. A menudo confundido con el amor verdadero, el amor no correspondido puede ser en realidad una defensa contra las decepciones esperadas o temidas de una relación recíproca real. Una persona implicada en este tipo de relación experimenta preocupación extrema, pánico y desesperación, sentimientos parecidos a los que experimenta un niño separado de su madre.

Los adolescentes eligen con frecuencia relaciones unilaterales, por lo general, como método seguro de flirteo. Durante la edad adulta, tales elecciones pueden representar un signo de inmadurez emocional. Los adultos que prefieren relacionarse de este modo carecen de autoestima o cargan a sus espaldas con una historia de amor desigual o no correspondido. Algunas teorías sugieren que la predisposición a las relaciones condenadas al fracaso viene provocada por un desequilibrio bioquímico. Aunque algunos hombres establecen infructuosas relaciones de este tipo, la inmesa mayoría recae en mujeres. Diversos manuales centrados en este fenómeno pueden prestar ayuda a personas afectadas por este tipo de desequilibrio.

Las relaciones estables en las que en el pasado ambos miembros de la pareja contribuían en un grado similar a la relación también pueden desequilibrarse. Un compañero puede conservar sentimientos auténticos de cercanía y compromiso, mientras que el otro los va perdiendo, de modo que el compañero cuyo compromiso permanece fuerte puede sentirse enfadado o traicionado.

SEPARACIÓN




Una relación puede terminar de forma repentina y traumática, pero con más frecuencia se trata de una erosión gradual o, simplemente, de una falta de salud emocional presente desde el principio. Las separaciones de mutuo acuerdo tienden a ser las menos dolorosas.


En muchas culturas, la infidelidad es la principal razón de la ruptura de un matrimonio. No obstante, existen otras causas por las que los matrimonios y las relaciones fracasan: rechazo sexual, crueldad física (sobre todo procedentes de los hombres), abuso tanto de alcohol como de drogas, peleas frecuentes, celos sexuales, comportamiento irresponsable, quejas, pereza, falta de comunicación, aburrimiento y un largo etcétera.


Dolor tras la ruptura
El final de una relación intensa suele producir emociones similares a
las que se experimentan ante la pérdida de un ser querido.




Una persona que decide separarse de su pareja puede experimentar intensos sentimientos ambivalentes y sufrir una gran ansiedad cuando intenta decidir cómo actuar. Es susceptible de entrar en una fase de nostalgia idealizada y pasar gran parte de su tiempo preguntándose si la decisión de separarse es la correcta. Por desgracia, el desconocimiento de estos sentimientos por parte del compañero/a evitan que éste intente mejorar la relación, o bien que la dé por terminada. Algunas relaciones pasan por varias rupturas y reconciliaciones antes de acabarse de forma definitiva. El final de una relación casi siempre implica una sensación de pérdida o incluso de pena, sentimientos que pueden combinarse con otros como alivio, euforia, ira y traición, sobre todo si la relación era destructiva o vacía.


El final de una relación puede ser más o menos traumático en función de la duración y de la salud original de dicha relación; de si la decisión de terminar es mutua; del estado legal y económico de la pareja; de la salud emocional, la edad y las creencias religiosas de los miembros de la pareja; de la presión de la familia y los amigos; de si hay niños implicados; de si hay terceras personas implicadas; de si los miembros de la pareja viven y/o trabajan juntos, y de si uno o ambos han experimentado relaciones traumáticas previas, sobre todo durante la infancia.






Los adolescentes que deciden de mutuo acuerdo dar fin a una relación de varios meses de duración y sin cohabitación pueden experimentar sensaciones de soledad y depresión al principio, pero el tiempo que tardan en recuperarse es mucho más breve que el que necesita un/a señor/a mayor, por ejemplo, cuyo marido o esposa da por finalizada de forma inesperada su matrimonio y se va con una mujer o un hombre más joven.






Incluso tras un rechazo humillante o doloroso, un individuo abandonado se sigue sintiendo ligado a la persona que lo ha dejado. La secuencia de sentimientos que siguen se parece a la de una pérdida dolorosa: shock, negación de que la relación ha terminado; fase de transición en la que se puede sentir pánico, falta de confianza, pesar y depresión, o vaivenes entre estos sentimientos. También es posible experimentar ira contra uno mismo o cantra el excompañero.


Muchas personas que han sufrido un abandono revisan obsesivamente la relación fallida, buscando las razones de su fracaso. Si la relación o el matrimonio duró más de dos años, la fase de transición puede prolongarse durante un año, o incluso más, si la persona abandonada experimenta reveses adicionales como un nuevo rechazo o la pérdida del trabajo.


Ofelia de Everett Millais representa el personaje de Hamlet, de Shakespeare,
que se vuelve loca de dolor y se suicida ahogándose tras ser rechazada
por su amado.




En la fase de recuperación que sigue a la pena, regresan lentamente la autoestima y la fuerza moral, a la vez que emerge una nueva identidad separada del antiguo compañero. La persona que se recupera puede hacer nuevos amigos, tener nuevos intereses y dejar de mirar al pasado. Tras reconocer los aspectos positivos y negativos de la relación terminada, la persona en recuperación puede invertir la intensa implicación emocinal en otros intereses.

El proceso de duelo tras una ruptura es innato en toda pérdida de una relación.


Un individuo puede tardar entre dos y cinco años en recuperarse por completo del fin de una relación larga. Los asesores especializados y los grupos de autoayuda pueden contribuir a que la experiencia resulte menos dolorosa. Menos efectivo, e incluso destructivo, es consolarse en el alcohol y las drogas.

COMENZAR DE NUEVO

Ante el fracaso de una relación duradera, algunas personas reaccionan decidiendo que nunca más van a implicarse en un compromiso similar. Muchas más, sobre todo si están en edad de procrear, deciden intentarlo de nuevo. El temor a la soledad, a no ser amado o a enfrentarse a lo desconocido puede acelerar esta determinación.


Las personas jóvenes o las que han compartido relaciones cortas encuentran más fácil comenzar de nuevo que las personas mayores que salen de relaciones largas. Las madres solteras y los ancianos tienen más dificultades.

Dejar transcurrir algún tiempo entre una relación y otra permite aumentar nuestra perspectiva, lo cual beneficiará a futuras relaciones. Las relaciones superpuestas (que enlazan con una anterior) pueden constituir una señal de dependencia y de temor a la soledad. Así como la capacidad de tomar decisiones racionales se ve perjudicada durante las épocas de estrés emocional, las relaciones seguidas unas de otras pueden resultar difíciles de sostener.


La obsesión por la antigua pareja puede contaminar las nuevas relaciones, haciendo que parezcan más una cosa de tres que de dos. Para algunas personas, el momento de empezar de nuevo llega de forma natural y cómoda; otras deben incrementar su esperanza y armarse de paciencia.

ASESORAMIENTO




Por muy inteligentes y comprometidas que estén dos personas, tendrán más posibilidades de éxito en la resolución de los problemas de pareja si aceptan la ayuda de un asesor especializado y con experiencia. Este profesional no juzga ni culpa, sino que crea un espacio seguro para que sus clientes puedan expresarse abiertamente. El asesor intentará ayudar a cada miembro de la pareja a entender su papel y su responsabilidad ante la situación, y a comenzar un examen de las posibles opciones reales de cambio. Este asesoramiento resulta especialmente importante si hay niños implicados; por lo general, éstos salen más beneficiados si gozan de la compañía del padre y la madre, y la pareja dispone de mayores posibilidades de reconciliación, o al menos de desempeñar sus respectivos papeles de padre y madre de una forma amigable, cuando acuden juntos a la consulta.


Algunas formas de asesoramiento se centran en un programa bien definido y con un tiempo programado: por ejemplo, dos semanas para examinar los problemas, dos para estudiar las opciones y dos para encontrar una solución. Otros tipos de asesoramiento más abiertos pueden durar un año o más, y pueden centrarse en el efecto que el pasado de cada miembro de la pareja ejerce en la relación actual. No todos los asesores ahondan en la historia familiar; muchos se concentran en el presente y en el futuro. 


Una persona experta e imparcial, como un terapeuta o un asesor,
puede ayudar a resolver los problemas que la pareja
no puede entender desde dentro de su relación.




El asesoramiento de pareja puede ser no intervencionista (el asesor observa, reflexiona o interpreta lo que se dice) o bien orientado a la realización de tareas (el consejero pone "deberes" a la pareja). Mientras que algunos asesoramientos exigen que los dos miembros de la pareja estén presentes, otros aceptan que, si uno no puede o no desea participar, el otro pueda beneficiarse de la ayuda de todos modos. Todas las modalidades de asesoramiento exigen compromiso, sobre todo porque algunos temas de discusión pueden resultar dolorosos.






Mejorar la capacidad de escuchar y la comunicación entre una pareja suele ser uno de los principios objetivos, así como reajustar las expectativas de uno mismo, del compañero y de la relación. Si ésta no se puede salvar, el asesoramiento ayudará a formar futuras relaciones más sanas.



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