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jueves, 4 de agosto de 2011

VASOS SANGUÍNEOS Y NERVIOS DE LOS HUESOS



Los huesos reciben mucha sangre. Los vasos sanguíneos, especialmente abundantes en las porciones óseas que contienen médula ósea roja, entran a la estructura ósea por el periostio. Esto suele suceder de esta forma, sobre todo en un hueso largo como puede ser la tibia.



Las arterias periósticas junto con los nervios, penetran la diáfisis por numerosos conductos perforantes (de Volmann) y distribuyen sangre en el periostio y la parte externa del hueso compacto. Cerca del centro de la diáfisis una arteria nutricia de gran calibre sigue un trayecto oblicuo a través del hueso compacto, para luego salir por un orificio llamado agujero nutricio. Al entrar en la cavidad medular, dicha arteria se divide en sus ramas proximal y distal, las cuales suministran sangre tanto a la parte interna del tejido óseo compacto de la diáfisis como a la médula ósea roja en las placas (o líneas) epifisarias en el tejido esponjoso. Algunos huesos, como la tibia, poseen una sola arteria nutricia, mientras que otros, como el fémur, tienen varias. Los extremos de los huesos largos reciben sangre de las arterias metafisarias y epifisarias, que nacen en los vasos que irrigan la articulación correspondiente. Las arterias metafisarias penetran la metáfisis de huesos largos y, junto con la arteria nutricia, distribuyen sangre en la médula ósea roja y el tejido óseo de las metáfisis. Las arterias epifisarias entren en la epífisis de los huesos largos e irrigan la médula ósea roja, además del tejido óseo epifisario.



Las venas que extraen la sangre de los huesos largos son evidentes en tres sitios:

  1. Una o dos venas nutricias acompañan la arteria nutricia en la diñafisis;
  2. Numerosas venas epifisarias y metafisarias siguen la misma trayectoria que las arterias respectivas en la epífisis; y
  3. Muchas venas periósticas de pequeño calibre salen del periostio con las arterias correspondientes.


Los vasos sanguíneos óseos son acompañados por fibras neurales. El periostio posee abundantes nervios sensoriales; algunos de ellos captan las sensaciones de dolor y son especialmente sensibles a los desgarros y las fuerzas de tensión, a lo cual se debe el intenso dolor que ocasionan  las fracturas y los tumores óseos.


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