viernes, 30 de septiembre de 2011

EL ACTO SEXUAL

Las diferentes parejas mantiene relaciones de formas distintas. Algunas personas utilizan una amplia gama de posiciones y cambian varias veces durante el acto sexual. Otras sólo cuentan con dos o tres posturas favoritas con las que mantienen relaciones de forma habitual.

Misioneros y nativos: La postura del misionero se llama así porque era la
postura sexual recomendada por los misioneros cristianos a sus conversos
de la Polinesia durante la época del colonialismo europeo.

Postura del misionero


Cada postura presenta sus ventajas. En el caso de las posturas cara a cara, como la del misionero, el clítoris de la mujer recibe el estímulo directo del contacto con la zona púbica de su compañero, lo que contribuye a aumentar su excitación. Esto no sucede en las posturas en las que la penetración se realiza por detrás, pero, por contra, estas posturas ofrecen la posibilidad de estimular el clítoris de forma manual, ya sea por parte del hombre o de la mujer. Según algunas opiniones, las posturas de penetración trasera estimulan el punto G femenino, al igual que aquellas en las que la mujer se coloca encima.

POSTURAS CON EL HOMBRE ENCIMA

La postura del misionero, la más conocida entre aquellas en las que el hombre se coloca encima, probablemente sea la más utilizada de todas las posturas para el acto sexual. Permite a los amantes besarse, abrazarse y mantener el contacto visual para comprobar el placer que se dan mútuamente. La penetración puede ser superficial o profunda, y el ritmo puede variar de lento y sensual a muy apasionado. El principal inconveniente de la postura del misionero es que limita la libertad de movimientos de la mujer durante el acto sexual. Esto significa que su capacidad para controlar el ritmo y la velocidad del coito, así como la profundidad de la penetración, es bastante limitada.



Para adoptar la postura del misionero, la mujer se tiende sobre su espalda, con las piernas abiertas, y el hombre se coloca encima de ella, con sus piernas entre las de la mujer. A continuación, introduce el pene en la vagina. Al apoyar el peso en los codos o en las manos puede permitir a la mujer más libertad para variar las sensaciones de ambos mientras él empuja. La mujer puede mover la pelvis arriba y abajo, de un lado a otro o en círculos.



La mujer puede variar la profundidad y el ángulo de penetración: colocando una almohada debajo de los glúteos, abriendo más las piernas o rodeando con una o ambas piernas el torso de su compañero. Asimismo, puede acostarse con los glúteos apoyados en el borde de la cama y con los pies en el suelo, de modo que su compañero podrá realizar la penetración arrodillado. Si la mujer es suficientemente flexible, puede doblar las rodillas hasta el pecho de modo que cuando su compañero la penetre, la pelvis de éste quedará contra los glúteos de la mujer. También puede colocar uno o ambos pies planos sobre el pecho de su compañero (en el Kama Sutra, esta postura se conoce como la de presión o semipresión). Esta postura permite una penetración muy profunda, de manera que el hombre debe proceder con precaución para no empujar con excesiva fuerza.

El lenguaje del sexo: en nuestro país, como en muchos otros, la mayor parte de las posturas sexuales carecen de nombres que se utilicen ampliamente o con frecuencia. Esta actitud refleja una aversión hacia la conversación abierta sobre el sexo y significa que cuando las personas desean mencionar una postura sexual, tienen que describirla en lugar de nombrarla. Los intentos de tomar nombres prestados de otras culturas menos reticentes no han tenido mucho éxito.

POSTURAS CON LA MUJER ENCIMA




En las diferentes posturas en las que la mujer se coloca encima, ésta tiene mayor control porque puede decidir la velocidad de los movimientos y la profundidad de la penetración, mientras que el hombre asume un papel relativamente pasivo. Algunas mujeres opinan que esta posición es la más adecuada para conseguir el orgasmo coital.




En la postura más sencilla de este grupo, una inversión directa de la postura del misionero, el hombre se tumba sobre la espalda y su compañera se coloca encima, a horcajadas, e introduce el pene en la vagina. A continuación, mueve la pelvis mientras el compañero permanece inmóvil o acompaña sus movimientos. Al hombre le quedan ambas manos libres para acariciar y abrazar a su pareja. Con el fin de variar las sensaciones, la mujer puede colocar las piernas en el espacio que dejan las del hombre abiertas; de este modo el pene quedará más presionado por la vagina. 




Como alternativa, la mujer puede sentarse o arrodillarse encima de su compañero. Ella puede alterar el ángulo de penetración moviéndose hacia adelante o hacia atrás y, si está arrodillada, podrá  elevar o bajar la pelvis y controlar así la profundidad de penetración. En esta posición, ambos miembros de la pareja tienen las manos libres para acariciarse, y la mujer puede incrementar su placer estimulando el clítoris manualmente o con un vibrador.



La mujer puede variar todavía más esta posición sentándose o arrodillándose de espaldas a su compañero. Esta postura, que en realidad es de penetración trasera, dificulta el contacto visual e imposibilita el beso, pero muchas parejas la consideran muy erótica.



POSTURAS DE PENETRACIÓN TRASERA


La más conocida es la que se asemeja al modo en que se aparean los perros y otros muchos animales. En ella, la mujer se coloca a cuatro patas sobre la cama o en el suelo, y su compañero se arrodilla detrás; a continuación, él o ella guían el pene hasta la vagina. El hombre puede sujetar a su pareja por los hombros, la cintura, las caderas o los muslos para ayudarse a controlar los movimientos, o bien utilizar las manos para acariciarla y estimular el clítoris. 





Por su parte, la mujer puede emplear una mano para sujertarse y la otra para estimular su clítoris o acariciar los testículos del compañero.



Otras versiones de esta postura se consiguen con la mujer apoyada en los antebrazos en lugar de las manos, o arrodillada en el suelo en una posición virtualmente erguida, quizá con el apoyo del borde de la cama. El sexo con penetración trasera también es posible con la mujer acostada boca abajo.



POSTURAS DE PIE

Utilizar una postura vertical puede suponer una alternativa excitante al sexo en la cama, pero también puede resultar difícil, sobre todo si un miembro de la pareja es mucho más alto que el otro o si alguno de los dos es débil. La postura de pie más sencilla es aquella según la cual los amantes se encuentran cara a cara, creando una versión vertical de la postura del misionero.



Si el peso de la mujer o la fuerza del hombre lo permiten, él puede levantarla después de haberla penetrado y sujetarla por los glúteos o por los muslos. Ella puede ayudarlo colocando sus brazos alrededor del cuello del compañero, cruzando los tobillos por detrás de sus piernas y sujetando el cuerpo del hombre con sus muslos. Esta postura resulta más sencilla cuando la mujer se encuentra apoyada en una pared.



En la postura de pie con penetración trasera, la mujer permanece con las piernas ligeramente abiertas y se dobla hacia delante desde la cintura; a continuación, el hombre la penetra desde atrás. Esta postura es virtualmente la misma que la que se ha visto en la penetración trasera, pero con los amantes de pie y no de rodillas; permite al hombre una penetración de profundidad similar y libertad de movimientos, al tiempo que ambos compañeros pueden disfrutar de la posibilidad de utilizar sus manos para conseguir más placer. Como en el caso de la postura de pie cara a cara, las diferencias de altura pueden suponer un problema, y si esta diferencia es muy grande, tal vez resulte imposible de practicar.



La mujer puede hacer que la penetración sea mucho más sencilla y profunda si se dobla por la cintura, de modo que su cuerpo quede en ángulo recto con las piernas. Como punto de apoyo puede recurrir a su compañero, poner las manos en una pared o sujetarse a la cama, a una mesa o a cualquier objeto estable.

POSTURAS SENTADAS



Practicar el sexo sentado limita considerablemente la capacidad de movimientos de la pareja, pero permite una forma de relación delicada, tranquila y muy íntima; además, las posturas en las que los amantes se encuentran cara a cara permiten besarse, abrazarse y acariciarse.



Para mantener relaciones sentados en una cama, el hombre se sienta con las piernas estiradas y la mujer se coloca en su regazo, con las piernas por detrás de la espalda del hombre. La mujer hace entrar cuidadosamente el pene en su vagina. En el caso de utilizar una silla, la mujer se sienta en el regazo del hombre con las piernas separadas, ya sea de cara al compañero o dándole la espalda.

POSTURAS DE LADO



La versión más sencilla de las posturas de lado es aquella en la que la pareja está cara a cara. Es posible llegar a esta posición rodando con cuidado desde la posición básica del hombre o la mujer encima, manteniendo la penetración mientras cambian la postura, o bien tumbarse de lado y comenzar la penetración. Para variar esta posición, uno de los miembros de la pareja puede subir al máximo la pierna que tiene encima del otro.



La versión de penetración por detrás se conoce como la postura de las cucharas, ya que los amantes adoptan una forma similar a la de dos cucharas encajadas. La mujer se tumba de lado y el hombre se acuesta detrás, acurrucado contra su espalda. A continuación, ella levanta ligeramente las rodillas para permitir la penetración desde atrás, y el hombre acopla las rodillas detrás de las de la mujer. En esta posición, el hombre puede besar y acariciar el cuello y los hombros de la mujer, además de utilizar su mano libre para acariciar los pechos y masajear suavemente el clítoris de su compañera. Debido a la comodidad de esta postura, se trata de un buen modo de practicar el sexo durante los últimos meses del embarazo o para las parejas de más edad o menos flexibles.




Cuando se comienza una relación, es habitual proceder con cautela en cuanto a la expresión de los deseos sexuales. Tal vez se sienta incómodo o ansioso ante la posibilidad de impresionar a su pareja o de hacerle pensar que no es la persona que ella esperaba, o quizá sienta que debe esperar el momento adecuado.

Para algunas parejas, no obstante, el momento siempre parece ser el adecuado, y antes de darse cuenta el sexo se ha convertido en una rutina, sobre la que ninguno de los dos se atreve a pedir cambios.

En primer lugar, defina exactamente qué es lo que desea añadir o cambiar de su vida sexual. Esto le permitirá realizar sugerencias positivas a su compañero, y no afirmaciones negativas del tipo "nuestra vida sexual es aburrida" o "nunca hacemos nada diferente". La conversación con su pareja nunca debe ir acompañada de una crítica hacia el último acto sexual realizado. Simplemente, diga que siente curiosidad o que cree que podría ser divertido experimentar.

También puede expresar sus deseos sexuales mediante la comunicación no verbal. Por ejemplo, durante los juegos preliminares puede guiar suavemente la mano o la boca de su pareja a los puntos que desee que le acaricie.

Algunas posturas sexuales facilitan el orgasmo femenino. Las mujeres que tienen dificultades para llegar al orgasmo únicamente con la penetración (por ejemplo, sin estimulación manual u oral) encuentran ayuda en la posición en que ellas se colocan encima.

La mujer puede utilizar sus manos para empujarse hacia delante y hacia atrás, creando así fricción en el clítoris.

Las posturas con la mujer encima pueden maximizar la fricción entre el clítoris  y el hueso púbico del hombre.

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