sábado, 29 de octubre de 2011

DEPRESIÓN


Depresión: un problema 

cada vez más habitual y discapacitante





Merece prestar especial atención a la depresión infantil, pues entre un 10 y un 20% de los niños y adolescentes españoles sufren trastornos psiquiátricos y sólo la quinta parte de ellos son correctamente diagnosticados

La depresión constituye, según los psiquiatras, la enfermedad mental del siglo XX y será la más importante en el XXI. Se estima que entre el 5% y el 10% de los pacientes que acuden a un médico de atención primaria padecen esta dolencia.
La depresión es, de hecho, una enfermedad frecuente puesto que se calcula que sólo en España  hay entre 1.200.000 y 1.500.000 enfermos por depresión. Las causas de esta enfermedad (biológicas, psicológicas y externas), actúan a la vez produciendo malestar mental y también físico en las personas que la padecen. La depresión produce un conjunto de síntomas como estado de ánimo persistentemente triste; pérdida de interés o de placer en todas o casi todas las actividades con las que con anterioridad se disfrutaba; cambios en el apetito y/o peso; problemas de sueño; pérdida de energía, fatiga o decaimiento; sentimientos de inutilidad, de incapacidad o de desesperanza; dificultad para concentrarse; pensamientos sobre la muerte o el suicidio, así como intentos de suicidio; inquietud e irritabilidad, y síntomas físicos como dolores de cabeza, dolores musculares, sensación de opresión en el pecho, estreñimiento o diarrea y mareos. 


Los síntomas de la depresión pueden variar, tanto en intensidad, como en duración.  La depresión puede manifestarse en forma de síntomas graves que incapacitan al paciente para llevar una vida normal respecto a su trabajo, a su familia o a sus relaciones sociales.  Estos síntomas aparecen en forma de episodio que puede durar varios meses y, a veces, se presentan más de una vez en la vida.  En otras ocasiones los síntomas son menos graves, pudiendo ser persistentes, o incluso estar presentes durante años, si no se tratan convenientemente.

Son varias las causas por las que una persona puede padecer depresión.  Se cree que en ocasiones tiene que ver un factor hereditario, en otras está relacionada con situaciones de tensión o dificultades en la familia o en el trabajo, pero siempre según se ha comprobado, se producen  alteraciones en los neurotransmisores, sustancias químicas presentes en el cerebro.  

Como decíamos, la depresión es una enfermedad muy frecuente, hasta el punto de que afecta a 121 millones de personas en todo el mundo y causa 850.000 muertes anuales, muchas de ellas por suicidio. Actualmente, está considerada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como la cuarta causa de discapacidad en el mundo y se prevé que sea la segunda dentro de 10 años. Además, el mayor número de afectados se da en los países más desarrollados y parece que las mujeres son mucho más vulnerables que los hombres. 
En efecto, el número de personas afectadas por depresión aumenta cada año y por ello las administraciones sanitarias deberían realizar una importante inversión en tratamientos. Pero, por el contrario, y lejos de afrontar el problema, hoy la mayoría de países en desarrollo gastan menos del 2% de sus presupuestos nacionales en servicios de salud mental.
Tratamientos

Actualmente, el arsenal de medicamentos antidepresivos es abundante y eficaz, y abarca una amplia lista de sustancias. Los antidepresivos son fármacos que actúan sobre los neurotransmisores, sustancias como la serotonina, la noradrenalina y la dopamina, que las neuronas utilizan para comunicarse entre ellas. Uno de los fármacos más utilizados es la fluoxetina que favorece el aumento de serotonina, regula el estado de ánimo y la energía vital. Su efecto terapéutico no es inmediato y tarda, desde que se inicia el tratamiento, entre 3 y 4 meses en observar una respuesta clínica significativa. El tratamiento debe realizarse siempre bajo control médico. En algunos casos, cuando se trata desde la asistencia primaria y no hay respuesta eficaz al tratamiento inicial, o cuando el paciente presenta ideas suicidas, o la depresión es incapacitante o existen dificultades interpersonales que hacen necesaria la psicoterapia, hay que derivar al psiquiatra que aconsejará terapia de grupo con la supervisión de un terapeuta o terapias individuales como la psicoanalítica, la conductista o la gestáltica.
El tratamiento de la depresión precisa de varios meses de trabajo con el paciente. Un caso leve puede durar de 3 a 6 meses en el mejor de los casos, uno moderado de 6 a 9 meses, y en los casos graves, los síntomas y el tratamiento pueden durar mucho más tiempo, precisando incluso la hospitalización del paciente y de politerapia.
El consumo de antidepresivos se ha multiplicado por tres en la última década y el de ansiolíticos, por cuatro. Sin embargo, es vital incidir en que, aunque las depresiones se pueden superar, es necesario cumplir el tratamiento terapéutico prescrito escrupulosamente.

Incumplimiento terapéutico
La eficacia de los antidepresivos es del 90% si no hay abandono por parte del paciente. Sin embargo, entre un 40% y un 60% de los pacientes tratados no sigue el tratamiento. Los expertos apuntan a que a mayor gravedad de la enfermedad depresiva, mayor incumplimiento del tratamiento. 
Los especialistas también están de acuerdo en que para conseguir una buena adherencia es vital obtener la cooperación del paciente y reforzar la idea de enfermedad crónica, explicando los posibles efectos secundarios y de las medidas para atenuarlos junto a un apoyo psicológico para mejorar la tolerancia. Del mismo modo, el apoyo de la familia es primordial. Buscar su colaboración mediante una información adecuada sobre pronóstico, tratamiento y prevención de recaídas ayudará a la buena evolución del paciente. 
Por su parte, las autoridades sanitarias parecen estar concienciadas de lo necesario de ofrecer un buen abordaje de las enfermedades mentales y muestra de este compromiso fue la presencia de la ministra de Sanidad, Leire Pajín, en la Jornada conmemorativa del Día Mundial de las Enfermedades Mentales, que se celebró hace escasas fechas bajo el lema “Afronta el reto: colabora con la mejora de la salud mental”.
La ministra señaló en su intervención que una buena salud mental es uno de los factores que más contribuye al bienestar y desarrollo de las personas y de las comunidades en las que se insertan. Por esto mismo, los trastornos mentales afectan al comportamiento y a las relaciones familiares y sociales y generan una importante carga familiar. De hecho, según explicó Pajín, “los familiares más directos del paciente pueden llegar a dedicar, para atender a un paciente con esquizofrenia, de 6 a 9 horas diarias; con las consecuencias que esto supone para la vida laboral y social de los cuidadores”.
Estrategia en salud mental 

Ante este escenario, la ministra resaltó que la salud mental es una de las prioridades de su departamento. Como prueba, destacó la elaboración y aprobación de la Estrategia de Salud Mental del Sistema Nacional de Salud, en el año 2006 y que fue actualizada, tras su evaluación, a finales de 2009.
Esta Estrategia, elaborada con la participación de las Comunidades Autónomas, las Sociedades Científicas y profesionales y las asociaciones de pacientes, están contribuyendo a acabar con el estigma de las enfermedades mentales y a potenciar el modelo de atención comunitaria desde la prevención y la promoción de la salud en la atención primaria para favorecer la autonomía personal de los pacientes.
La Estrategia también fomenta la calidad y la cohesión del sistema sanitario en el abordaje terapéutico de estas patologías y aborda la implantación de procedimientos para garantizar el respeto a los derechos y la dignidad de los pacientes en cuestiones como el cumplimiento de los tratamientos y las hospitalizaciones involuntarias.
Psiquiatría infantil y juvenil

Otro de los anuncios de la ministra durante la conmemoración del Día Mundial de las Enfermedades Mentales fue que el Ministerio de Sanidad ya ha iniciado los trámites para la creación del título oficial de Médico Especialista en Psiquiatría Infanto-Juvenil, “a través de un proyecto de Real Decreto que en la actualidad se encuentra en fase de alegaciones” y que permitirá mejorar la atención específica de los menores que padecen estas enfermedades mentales. Y es que, entre un 10 y un 20% de los niños, niñas y adolescentes españoles sufren trastornos psiquiátricos y sólo la quinta parte de ellos son correctamente diagnosticados.
En efecto, la importancia de un adecuado diagnóstico y tratamiento implica tanto el alivio del grave malestar en el niño como el evitar la cronificación del cuadro, la aparición de comorbilidades y la evolución de la enfermedad en la vida adulta. Por este motivo, en el XXV Congreso de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y de Atención Primaria (SEPEAP), se debatió sobre la identificación precoz de la ansiedad y la depresión en los niños. 


En el caso de la ansiedad, según la edad del niño y su desarrollo cognoscitivo y emocional, las manifestaciones de la ansiedad pueden variar y estar influidas por sus vivencias, educación, el medio en el que vive e, indudablemente, por su temperamento y genética, comenta el Dr. Jesús García Pérez, pediatra y miembro de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP). 
Dentro de los acontecimientos vitales estresantes se deben señalar algunos que están presentes con mucha frecuencia en la vida de los niños como son “la separación o divorcio de los padres, sobre todo si conllevan discusiones frecuentes y graves entre ellos, el alcoholismo o toxicomanía de los padres, enfermedad grave física o mental de los mismos, deficiente rendimiento escolar, cambio de nivel económico y pérdida del trabajo paterno”, indica el Dr. García Pérez. 
“Evidentemente, -añade el experto- no a todos los niños les afectarán por igual, ya que la presencia de factores protectores ayudarán a una buena adaptación”. Entre éstos destacan: temperamento “fácil”, habilidades en resolución de problemas, y toma de decisiones y un desarrollo saludable. 
Depresión en los niños 
La depresión la sufren los niños desde edades tempranas y el pediatra debe tenerla en mente en su práctica clínica habitual. El diagnóstico requiere pensar en el trastorno, conocer sus características clínicas y disponer, en la medida de lo posible, de varias fuentes de información. “Los niños son una fuente de información altamente fiable y conocer lo que les sucede sólo requiere a veces tiempo y dedicación”, comenta el especialista García Pérez. “Además, -añade el experto- la depresión es una enfermedad que tiende a evolucionar de forma crónica y que condiciona toda la vida del niño. Por ello, reconocerla y diagnosticarla es uno de los mayores servicios que los pediatras pueden prestar a sus pacientes”. 
El diagnóstico precoz de las enfermedades de este tipo en los niños es un elemento esencial de la evolución y el pronóstico, más aún cuando se trata de enfermedades psiquiátricas que interfieren en el desarrollo emocional de los pequeños, en su rendimiento académico y en la adaptación social.

Detectar los signos y síntomas depresivos en los más pequeños requiere no sólo conocer el cuadro clínico, sino escuchar y entender lo que el niño dice y lo que el niño calla. Durante la infancia no se observan diferencias entre niños y niñas, sin embargo, a partir de la pubertad, la prevalencia en las mujeres es dos veces más alta que en los hombres. El factor edad es especialmente significativo en las niñas que, en un estudio español, tienen tasas del 2,2% a los 11 años y del 4,1% a los tres años. “La depresión, por tanto, existe en la infancia y afecta a niños de 3 a 6 años, una realidad que conviene tener presente en la práctica clínica”, declaran los expertos. 
El diagnóstico de la depresión en los niños es más difícil que en los adultos, y es tanto más difícil cuanto menor edad tiene el paciente. “La evaluación requiere tiempo para hablar con los padres, tiempo para explorar al niño y tiempo para informar del diagnóstico y de las recomendaciones terapéuticas”, dice el Dr. García Pérez. Es fundamental disponer de varias fuentes de información para hacer un diagnóstico correcto. 
Los síntomas y manifestaciones de la depresión varían en función de la edad, el desarrollo cognoscitivo y emocional del sujeto y la capacidad verbal para expresar emociones y sentimientos. Éstos pueden ser, en edad preescolar: irritabilidad, apatía, falta de interés, falta de colaboración con los padres, mímica y gestos tristes, crisis de llanto, anorexia y trastornos del sueño. Por otro lado, en la edad escolar: expresión triste, llanto, hiperactividad o lentitud motriz, sentimientos de desesperanza, deficiente imagen personal, descenso del rendimiento escolar, dificultades de concentración, cefaleas, gastralgias, apatía, sentimientos de culpa, ansiedad e ideación suicida.
El problema del estigma

Uno de los problemas que acompaña a las enfermedades mentales es el estigma que tienen que soportar quienes padecen alguna de estas patologías. En este sentido, el presidente de la Confederacion Española de Agrupaciones de Familiares y Enfermos Mentales (FEAFES), José María Sánchez Monge, denuncia que el estigma sigue siendo “un muro invisible” que impide a miles de personas en nuestro país disfrutar de sus “derechos más básicos” y tener la oportunidad de “vivir una vida plena”, como el resto de ciudadanos.
“Muchas veces no es tanto el trastorno mental en sí, como el rechazo que produce decir que se tiene ese diagnóstico, lo que provoca que la persona se vea excluida de la sociedad por el único motivo de presentar un problema de salud”, explica Sánchez Monge.
Desde FEAFES denuncian que, a pesar de los innegables avances, el estigma afecta a todos los ámbitos de la vida de las personas con enfermedad mental, desde la desinformación de los más allegados, a las dificultades en las relaciones sociales, o las barreras en el mundo laboral.
Además, el presidente de FEAFES se lamenta de que todavía se mantienen situaciones provocadas por el estigma en los propios recursos destinados a las personas con enfermedad mental. “En muchas ocasiones, la falta de confianza de los profesionales sociales y sanitarios impide que el propio afectado participe más en el desarrollo de su tratamiento y en la toma de decisiones que afectan a su vida”.

Soluciones contra el estigma

Para luchar contra estas situaciones, FEAFES reclama al conjunto de las Administraciones Públicas que, a través de campañas de sensibilización, den a conocer “la verdadera realidad de las enfermedades mentales”. Asimismo, piden a las empresas “mayor apertura” a la hora de contratar personas con este tipo de trastornos, puesto que muchas veces, según la entidad, trabajadores de gran valía no acceden a un empleo “simplemente por reconocer un diagnóstico médico” y, además, reclaman “la complicidad” de los medios de comunicación para ofrecer una imagen “más ajustada del día a día” de este colectivo.

Desde FEAFES apuntan que es fundamental que las personas con un trastorno mental y sus familiares reciban “mayor comprensión y apoyo de su entorno” cuando reconocen este tipo de problemas y confían en que, poco a poco, “todos nos acerquemos de otro modo” a los problemas de salud mental y adoptemos una “nueva mirada” frente a las personas con esta enfermedad.
FUENTES:

  1. Confederación Española de Agrupaciones de Familiares y Enfermos Mentales (FEAFES):

  2. Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y de Atención Primaria (SEPEAP)
  3. Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad (MSPSI)

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