lunes, 31 de octubre de 2011

EMBARAZO Y ESTRÉS

El modo en que el bebé se desarrolla en el útero afecta a la persona durante toda la vida.



Vivette Glover es una experta internacional en psicobiología perinatal que trabaja en el Imperial College de Londres, aunque comenzó su trayectoria como bioquímica en la Universidad de Oxford (Reino Unido). Su pasión es la psiquiatría biológica, es decir, el estudio de cómo los factores fisiológicos pueden afectar a nuestro ánimo y personalidad. Lleva toda una vida intentando entender el efecto del estrés en el desarrollo intrauterino y en los primeros años de vida. Su esperanza es descubrir métodos que lo reduzcan para que tengamos una vida más plena y más feliz.

La multidisciplinariedad (pediatras, obstetras, piscólogos, neurólogos, psiquiatras,...) ha descubierto que los niveles prenatales de ansiedad en la mujer embarazada afectan no sólo a la vida del bebé, sino a su futuro. Hoy en día existen pruebas, muchas investigaciones, que demuestran que el modo en que el bebé se desarrolla en el útero afecta a la persona durante toda su vida. Y la manera en que el bebé se desarrolla en la matriz depende del estado de la madre, de su alimentación y de sus emociones.



Según un estudio, la ansiedad de la madre, podría multiplicar por dos el nivel de hiperactividad del niño. Hace 50 años que se sabía respecto a los animales. Se descubrió que las ratas preñadas, y las monas, si estaban muy estresadas, podían provocar efectos a largo plazo sobre el desarrollo de sus crías. Pero los científicos que trabajaron con seres humanos ignoraron estas investigaciones. Y desde hace una década, empezaron a pensar que esto realmente era importante. Si ocurre con los animales, es probable que también ocurra con los seres humanos. Y si es así, debemos saberlo, porque este hecho tiene consecuencias para nuestros hijos.

Un primer estudio se llevó a cabo con una amplia población. Empezó en Bristol, donde se reunieron a 14.000 mujeres embarazadas y se les hizo un seguimiento. Se midió su ansiedad durante el embarazo y se comparó las consecuencias del 15% de madres más ansiosas con el resto de madres.

Se descubrió que ese 15% de madres más ansiosas duplicaba el riesgo de que el niño manifestara problemas de atención, déficit de atención, trastornos como la hiperactividad o problemas conductuales, especialmente entre los niños varones.



¿CÓMO ALCANZA LA ANSIEDAD 
A LA MENTE DEL BEBÉ 
ANTES DE NACER?

En lo que respecta a los seres humanos, todavía se está estudiando. Se cree que tenemos pruebas de que este hecho ocurre, pero en el caso de los animales, está todavía más claro. En los animales, se ha demostrado que la hormona del estrés, el cortisol, tiene un papel importante. Si le damos una imitación sintética de cortisol a una hembra preñada, tiene los mismos efectos que el estrés. Si dejas de administrar esa imitación, puedes eliminar sus efectos. Si una mona padece estrés durante el embarazo, el sistema cerebral del neurotransmisor dopamina se ve alterado. Resulta que este sistema también se altera con el síndrome de déficit de atención y con la esquizofrenia, todo está relacionado. 



Se tienen algunas pruebas de que la ansiedad reduce el flujo sanguíneo en las conexiones uterinas. Se ha descubierto que las mujeres más ansiosas reducen el flujo sanguíneo que le llega al bebé. Eso es algo que está claro, pero si esto causa una parte del estrés es algo que todavía no se ha demostrado. Recientemente también se ha visto que, cuanto más alto es el nivel de cortisol en el líquido amniótico que rodea al bebé, más bajo es el nivel de coeficiente intelectual del bebé después. Se empieza a encontrar evidencias de que niveles altos de cortisol en la matriz afectan al cerebro y, por ende, afectan al aprendizaje.



El estado emocional de la mujer tiene tal importancia en la forma de vida adulta de un bebé, que se debería dedicar recursos y esfuerzos para intentar que las mujeres embarazadas estén más relajadas y felices. En el mundo desarrollado los cuidados durante el embarazo, los cuidados físicos de la madre, son bastante buenos: les miden la presión sanguínea constantemente, les hacen pruebas de la diabetes, pero se ignoran totalmente los cuidados emocionales. Nadie pregunta a las mujeres embarazadas sobre su estado emocional o su relación con la pareja. Si pudiéramos evitar que nuestros hijos presentaran síntomas de síndrome de déficit de atención, o si pudiéramos prevenir que tuviesen trastornos conductuales, podríamos lograr una sociedad más feliz.



Apenas se ha investigado en la relación entre trabajo y mujer embarazada o mujer que ha sido mamá recientemente. Se ha empezado un estudio nuevo sobre los efectos del trabajo en las mujeres embarazadas, pero casi no se sabe nada sobre el estrés que provoca esta situación. Aunque esto no quiere decir que las mujeres no deberían trabajar durante el embarazo porque como se sabe no todas las embarazadas responden de igual forma. Algunas mujeres embarazadas les encanta tener un trabajo con mucha presión. Pero otras mujeres embarazadas creen que no tienen ningún apoyo laboralmente hablando. Si una mujer embarazada se siente afligida por su ambiente de trabajo, eso será perjudicial para ella en primer lugar y para su hijo. Pero esto son sólo hipótesis, se ha de investigar más para tener la certeza, que parece tan evidente.



A las mujeres embarazadas se les debería decir que si descubren que pueden tener problemas emocionales durante el período de gestación, deberían encontrar personas que las ayuden y no simplemente que les pregunten qué tal están y luego no hacen nada. Se necesitan más recursos, formar a profesionales para que estén mejor preparados y que puedan ayudar a las mujeres embarazadas allí donde lo necesitan.

La vida futura de un adulto depende del aprendizaje emocional de los primeros años de su vida, y esta certeza tan lógica, aún no es asumida por el conjunto de la sociedad. Freud escribió sobre ello, sobre el primer entorno, sobre la primera etapa de la maternidad, sobre sus potenciales efectos a largo plazo en la psicología del niño, pero ahora nos hemos dado cuenta de que esto no empieza en el momento de nacer, sino antes, en el propio útero materno.



También es muy importante en la gestación en el método utilizado en el parto. Se sabe que el tipo de parto influye de forma distinta en el bebé. Los fórceps o el parto asistido, como el parto con aspiradora, son los más estresantes para el bebé. 

PARTO POR CESÁREA


Según parece, una cesárea voluntaria, una cesárea planificada, es lo menos estresante. Y el parto vaginal normal estaría en medio. Nos fijamos en el bebé dos meses después del parto para comprobar cuál era su respuesta al estrés de una inyección, dependiendo del tipo de parto que hubiera tenido la madre. Según uno de estos estudios, los bebés que pasaron un parto menos estresante, con cesárea voluntaria, lloraban menos y fueron los que manifestaron menos respuestas de estrés, frente a los hijos de madres que tuvieron el parto más estresante. Se hizo el seguimiento durante los dos o tres primeros meses, no más, para comprobar la duración de los efectos del parto.

PARTO NATURAL

Se descubrió que los partos naturales tenían una ventaja, los bebés nacidos de esta forma respiraban mejor o más rápidamente. Una cesárea es menos estresante para un bebé, y un parto natural afecta a los pulmones de modo que ayuda al bebé a respirar mejor. Así que no recomendamos a las mujeres que se sometan a una cesárea porque, para la madre, es mejor que el parto sea natural. Con cesárea es más difícil la lactancia materna. En suma, hay pros y contras en las distintas formas de dar a luz, pero sí que es cierto que, desde el punto de vista del estrés que sufre el bebé, la cesárea es la forma menos estresante.



Autora: Vivette Glover, profesora y experta internacional sobre el efecto del estado emocional de la madre durante el embarazo, sobre el desarrollo del feto y de su hijo. Es profesora de Psicobiología Perinatal en el Imperial College de Londres. Estudió bioquímica en oxford y realizó su doctorado en la University College de Londres. En 1975 trabajó en el Queen Charlotte, y desarrolló un interés en la psquiatría biológica en relación con el embarazo y el puerperio. En los últimos años se ha centrado sobre todo en el efecto del estado de ánimo de la madre sobre el desarrollo fetal. Es asesora especial del Departamento de Salud de la Asociación de Enfermeras de la Familia, que apoya a madres adolescentes, y en la educación prenatal. Ha realizado más de 400 publicaciones.



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