viernes, 28 de octubre de 2011

LA CLONACIÓN

La oveja llamada Dolly mostró por primera vez al mundo la clonación en 1997. Era un clon porque compartía el mismo ADN que su madre; en otras palabras, sus células tenían el mismo material genético. Eran gemelos idénticos separados por una generación.



Los científicos del Instituto Roslin, en Escocia, crearon a Dolly mediante un proceso llamado transferencia nuclear. Tomaron el material genético de una célula adulta que actuó como donante y lo transfierieron a un óvulo no fertilizado al que se le había extraído su propio material genético. En el caso de Dolly, la célula donante provenía de las glándulas mamarias de una oveja finn dorset de seis años de edad. Los científicos sometieron al óvulo a una descarga eléctrica, y comenzó entonces a dividirse para formar un embrión.

En realidad, Dolly nació en julio de 1996, pero no se anunció su llegada al mundo hasta unos meses después, cuando el experimento de la clonación fue un éxito. Sus creadores fueron los científicos del Instituto Roslin de Edimburgo (Escocia), Ian Wilmut y Keith Campbell. La técnica que utilizaron para crearla fue la siguiente: estos científicos tomaron una de las células de la ubre de la oveja y le extrajeron el núcleo, que contiene la información genética. Luego, también cogieron un óvulo no fecundado de la oveja para extraerle también su núcleo. La información genética de la célula de la ubre se insertó en el óvulo, aunque para unirlo y convertirlo en un embrión se necesitó de unas pequeñas corrientes eléctricas. Finalmente, este embrión se introdujo en el útero de la oveja y varios meses después nació Dolly, que era idéntica a su madre, ya que tenían la misma carga genética.

Uno de los motivos por los que la creación de Dolly fue tan sorprendente es que servía de prueba para la comunidad científica de que una célula de una parte concreta del cuerpo podía ser usada para crear un organismo completo. Antes, casi todos los investigadores pensaban que una célula que se hubiera especializado sólo podía generar células también especializadas; es decir, una célula del corazón sólo podría crear células del corazón, y una hepática sólo podría crear otras hepáticas. Pero Dolly nació a partir de una sola célula extraída de las glándulas mamarias de su madre, lo que probaba que las células especializadas podían ser completamente reprogramadas.



Los científicos vieron esta hazaña como un gran progreso, pero los conservadores lo criticaron duramente. Fue la época en la que comenzó el debate ético sobre la práctica de la clonación, sobre todo, si llegaba a usarse en humanos.

Dolly presentaba muchas diferencias respecto de su madre. Por ejemplo, sus telómeros eran demasiado cortos. Los telómeros son finas hebras de proteínas que cubren los extremos de los cromosomas (las estructuras que contienen los genes). Pese a que nadie sabe exactamente para qué sirven, parece ser que se cree que protegen y reparan nuestras células. A medida que envejecemoz, nuestros telómeros se van acortando cada vez más. Dolly recibió de su madre los telómeros de una oveja de seis años pese a ser una recién nacida. Sus telómeros eran más cortos que los de un cordero de su edad. Así, pese a que parecía una oveja completamente normal, fue sacrificada a los seis años tras sufrir cáncer de pulmón y una artritis que la paralizaba. Las ovejas finn dorset suelen vivir de 11 a 12 años.



En 1999, ya se anunció que Dolly estaba sufriendo de un envejecimiento acelerado y empezó a sufrir problemas respiratorios, lo que resultaba precoz en su temprana edad. Posteriormente, se averiguó que este envejecimiento acelerado se debió a la clonación y que a su edad había que sumarle 6 años más. Finalmente, sus creadores la sacrificaron debido a la gravedad de la enfermedad que padecía. Sólo vivió 6 años, aunque tuvo 6 crías durante su corto período de vida.

Desde 1997, se han clonado vacas, ratones, cabras y cerdos usando el mismo proceso, la tasa de éxito en la clonación es muy baja en todas las especies, sobre el 1% según estudios publicados. Un grupo de investigadores surcoreanos aseguraron haber clonado un embrión humano en 1998, pero su experimento se abortó tras duplicarse el óvulo en dos ocasiones, por lo que no hay prueba alguna de que tuviera éxito.

ÉTICA Y TECNOLOGÍA  REPRODUCTIVA

Con el aumento progresivo del control en la influencia de las enfermedades infecciosas y nutricionales, las enfermedades dependientes de factores genéticos alcanzan un elevado nivel. Cuatro de cada 100 niños que nacen son portadores de una enfermedad genética.

En nuestro país la prevención de las enfermedades hereditarias se realiza actualmente por dos métodos: la consulta de consejo genético (que termina muchas veces en la aplicación de medidas anticonceptivas) y el diagnóstico pre-natal (que lleva en ocasiones a la interrupción del embarazo).

En ambos casos el genetista y la enfermera están en la obligación de ofrecer a la pareja toda la información necesaria, de manera clara y en forma oportuna, haciendo énfasis en los beneficios, riesgos y costos de cada una de las conductas posibles, recomendando la que a su juicio sea la mejor; pero en cualquier caso corresponde a la pareja, única y exclusivamente, el derecho y deber de expresar, sin compulsión alguna, la conducta que han elegido.

Si bien en Cuba se detectan la mayoría de los defectos del cierre del tubo neural por la determinación de los niveles de alfafetoproteínas en la sangre materna o el líquido amniótico; y es también posible el diagnóstico de la anemia falciforme, el síndrome de Down y otras malformaciones, sólo corresponde a la  pareja el decidir si se hacen o no las pruebas diagnósticas, una vez recibida la correspondiente información acerca de los beneficios que ello entraña.

Tanto el realizar la prueba diagnóstica sin el consentimiento de la pareja, como el utilizar algún método compulsivo para lograr su aquiescencia, sería una flagrante violación de carácter ético, al desconocer la autonomía de la pareja, es decir, su derecho a elegir libremente la conducta a seguir.

Lo que sí resulta evidente en un sistema social como el de Cuba, en que el hombre es el centro de atención de la sociedad y de sus instituciones gubernamentales y políticas, que el principio de justicia es respetado al ofrecer en forma gratuita y accesible para todos, tanto los servicios de carácter diagnóstico como terapéutico en la esfera de la salud reproductiva.

En sentido general el control de la natalidad asume diferentes enfoques según la filosofía imperante en las instituciones de salud, de los propios profesionales del sector y, evidentemente, de las parejas involucradas en las decisiones correspondientes.

Los partidarios de la filosofía idealista, en particular los creyentes que profesan religiones monoteístas, especialmente las cristianas, asumen posiciones muy conservadoras en este sentido, especialmente los católicos en lo concerniente al aborto. Algunas de estas posturas conservadoras abarcan también otros métodos contraceptivos.

El control de la natalidad persigue objetivos biológicos y socioeconómicos (fundamentalmente la prevención de enfermedades). Para efectuar el control de la natalidad se usan diferentes métodos, desde la educación sanitaria, el uso de contraceptivos orales y DIU, hasta la interrupción del embarazo o la esterilización femenina o masculina.

En el caso específico del aborto, como parte del derecho de planificación familiar, cabría preguntarse, ¿cuándo es aceptable desde el punto de vista ético? ¿Cómo se comparte la responsabilidad moral de esta decisión: pareja-profesionales de la salud?

Por otra parte, no son pocas las parejas que, afectadas por infertilidad de uno de ellos o de ambos, acuden a las instituciones de salud en busca de ayuda para lograr que se les aplique algunas de las técnicas reproductivas que se utilizan en la actualidad.

La fertilización in-vitro, usada fundamentalmente en los casos de infertilidad femenina por obstrucción o ausencia bilateral de las trompas de Falopio; y la inseminación artificial, que requiere de un donante de semen por infertilidad masculina, son técnicas de carácter terapéutico, cuyo manejo requiere de una conducta profesional verdaderamente ética, tanto por parte del médico como de la enfermera encargados de la atención de la pareja. ¿Qué problemas éticos podrían enfrentarse con respecto a la mujer que eventualmente podría prestar su útero para concebir?

En el caso específico de la inseminación artificial, ¿cuáles serían los problemas éticos a tratar: con respecto a la pareja que no puede y desea tener hijos, con respecto al hombre dispuesto a aportar el semen?

Otro problema bien distinto es la técnica de la eugenesia u obtención de una “especie nueva” de personas, por vía genética. Ese afán de “perfeccionar” premeditadamente la especie humana hacia determinados prototipos de hombres apropiados para los diferentes tipos de trabajos (intelectuales, manuales) o con características raciales específicas, etc., apuntan sin lugar a  dudas a mentalidades elitistas muy cercanas a las teorías nazi-fascistas, de tan dolorosas repercusiones en el presente siglo, especialmente en Europa.

El descubrimiento del Genoma Humano y los experimentos hechos en animales, tales como la
clonación reproductiva de la oveja “Dolly”, han planteado la posibilidad de realizar esa misma técnica con fines reproductivos con sujetos humanos, ignorando la dignidad de las personas y el respeto al patrimonio genético de la humanidad. Olvidando también que el hombre se distingue de los animales precisamente en que es un ser social y esa característica no podría ser nunca clonada. Si a nivel internacional no se adoptan rápidamente normas éticas relacionadas con las investigaciones en este campo, pueden ocurrir hechos que la humanidad entera luego podría lamentar.

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