martes, 4 de octubre de 2011

LLEGÓ LA HORA DE COMPARTIR

ISAAC MAO

Isaac Mao publicó la primera entrada en un blog chino en 2002 y, diez años más tarde, cuenta con una gran masa de seguidores por todo el mundo. Confundador de CNBlog.org y director de la Social Brain Foundation, un organismo que promueve la libertad de expresión, Mao lleva años luchando contra la censura que su gobierno aplica en la red. Recientemente, ha desarrollado la teoría del "sharismo" (del verbo inglés to share, compartir) a través de la cual defiende un modelo social libre de las tradicionales reticencias a compartir información e ideas. El pasado 5 de mayo, en un acto organizado por la Universitat Oberta de Catalunya, este reconocido empresario y bloguero desarrolló los fundamentos de su teoría como vía para construir sociedades más eficientes y creativas.

A través de la confianza llegará la colaboración. Sólo de esta forma las barreras sociales que limitan el grado de altruismo se debilitarán.


Compartir, es probable que sea un verbo que esté escrito en nuestro ADN. Creo que la especie humana ha sido capaz de desarrollar sociedades tan modernas y sofisticadas como las actuales gracias a su capacidad de compartir y conectarse; una tendencia que ha estado presente de forma instintiva desde las primeras comunidades de individuos. Sin embargo, desgraciadamente, en los últimos tiempos se ha perdido este instinto. Y la culpa recae en una serie de barreras sociales que nos impiden relacionarnos libremente de forma altruista. Deberíamos restablecer formas para conectarnos y compartir.



Estas barreras sociales se instauraton probablemente después de la revolución industrial y la diversificación entre el socialismo y el capitalismo, la gente comenzó a focalizar sus energías en cómo conseguir beneficios. Y, a lo largo de este proceso, se instauraron muchísimas reglas con el objetivo de controlar la información, protegiendo así al sector industrial. Pero estas normas ya no tienen sentido. Y lo peor de todo, ¡no son sostenibles!, especialmente en una sociedad cuyo status quo es Internet, una herramienta que justamente lo que hace es promover la colaboración y la conexión entre individuos.

El capitalismo debería evolucionar. Como se ha comprobado recientemente, el libre mercado también puede acarrear consecuencias fatales para las economías. Así que necesitamos modificar las bases del capitalismo, fundamentarlo sobre unos cimientos ligeramente distintos, que den cabida a la confianza. Y a través de la confianza llegará la colaboración. Sólo de esta forma las barreras sociales que limitan el grado de altruismo se debilitarán, y el proceso de transformación social necesario se llevará a cabo de forma natural.



Deberíamos adaptarnos a la teoría del sharismo. A raíz de mi experiencia como empresario e internauta, hace años me di cuenta de que existían modelos de negocio alternativos y formas de relacionarse basadas en la voluntad de la gente por compartir y en el criterio personal a la hora de escoger la información. Esta tendencia, que ya mostraban nuestros antepasados, revivió en el hábitat de Internet hace unos diez años, gracias al movimiento bloguero en un comienzo, y a las herramientas 2.0 y las redes sociales después. No tiene que ver con el comunismo. El comunismo capta las propiedades y la riqueza de los individuos para distribuirlos entre los miembros de una sociedad según los criterios de una minoría. El sharismo, en contrapartida, consiste en habilitar caminos legales y sociales para que, aquellos que lo deseen, puedan compartir experiencias, conocimiento e información con otras personas. ¡Pero sólo si lo desean! Nadie debe arrebatarles la capacidad de dar su consenso. Parte del individualismo y no al revés.

Quizá sea la clave para alcanzar una democracia más real, más participativa y que pueda evolucionar hacia un modelo cuyos mecanismos de participación vayan más allá del voto ocasional del ciudadano. Lo cierto es que, ahora más que nunca, necesitamos a gente con ganas de compartir ideas y conocimientos que desafíen al estamento político. A menudo los políticos olvidan de que trabajan para el pueblo, para nosotros. Y su labor consiste, primordialmente, en ser diligentes a la hora de construir normativas que satisfagan a todos.

El sharismo funcionaría como lo hace nuestro cerebro. Toda neurona comparte señales químicas con las que le rodean, lo que le permite integrarse dentro de redes neuronales extensas que generan información y conocimiento. Es decir, las neuronas se conectan y comparten. Y justamente eso es lo que las mantiene activas y vivas: el intercambio. ¡Ése es el principal secreto de la inteligencia humana! Sin embargo, nuestra sociedad concibe este comportamiento (la secuencia de conectarse y compartir) como el equivalente a dar e, inevitablemente, también a perder. Pero no es así.

Compartir es ganar, compartir es poder. Estoy convencido de que la próxima superpotencia se regirá por el sharismo. Aunque dudo de que se trate de un país sino, más bien, de una red humana conectada a través del software social.



El simple hecho de compartir amplifica tu voz. Permite que tus ideas lleguen más lejos y con mayor intensidad. Esto es especialmente cierto en la era actual, en la era de Internet. La tecnología ha convertido el arte de compartir en un arma más poderosa e incisiva de lo que imaginamos. Si te preguntas, ¿qué necesita cualquier ser humano para poder sobrevivir en el mundo? Muchos opinan que dinero o recursos. Pero más allá de las necesidades puramente materialistas, lo que precisamos es apoyo de nuestro entorno. Sólo así adquirimos la confianza suficiente para trazar en la vida nuestro camino con determinación. Y, en este sentido, la red ha sido el medio que ha repartido más poder a la gente en forma de credibilidad, estatus, reconocimiento e incluso protección.

Conozco muchos casos de activistas chinos que comparten sus opiniones en la red con gente de tendencias similares. Y esta generosidad, en muchas ocasiones, se ha traducido en protección. Efectivamente, cuando Internet se hace eco de desarpariciones repentinas, la respuesta del entorno suele ser tan intensa, masiva e inmediata que las autoridades chinas se sienten forzadas a no ir a mayores.

Las revoluciones de los países norteafricanos no han ocurrido por arte de magia. Creo que estas revoluciones jamás se hubieran producido sin los últimos avances en las nuevas tecnologías. Cuando te encuentras atrapado en las fronteras de un país es muy difícil ser escuchado. Sin embargo, hoy en día, disponemos de muchas herramientas en la red para poner en tela de juicio las políticas impuestas por los gobiernos. Nos encontramos ante una nueva forma de gestionar la información. Los medios ya no son los únicos que generan noticias. De hecho, gracias a Internet, el ciudadano del mundo ha conseguido convertirse en el redactor de las noticias que protagoniza, y en consecuencia, ser más dueño de su propio destino.

Las grandes corporaciones tecnológicas tienen un gran potencial para ayudar a la gente a espaldas de sus países de origen. Pero para conseguirlo, todavía deben deshacerse de muchas de las tradiciones que se practican en el campo empresarial. Mucha gente en China estaría dispuesta a apoyar a la empresa Google, divulgando y enseñando las herramientas que ofrecen, pero sienten que no pueden confiar en ella porque es una corporación que, al respetar la soberanía del país donde se emplaza, se posiciona a favor de la legislación china. Además, el objetivo de ésta, y otras empresas como Facebook o Twitter, todavía está demasiado enfocado en conseguir beneficios económicos, por lo que la gente percibe que sus decisiones responden a las necesidades de los accionistas y no a las suyas.

Poco a poco, el sharismo, está cristalizando en el sector empresarial. Creo que las empresas ahora comienzan a incorporar cierto grado de responsabilidad social que las aleja de la tradicional visión marcada, únicamente, por el balance de resultados. Y, lo más importante, este cambio de paradigma se comienza a consolidar como una vía alternativa para obtener beneficios. Volviendo a Google, esta empresa con frecuencia comparte los avances tecnológicos con el público, colgando en Internet su código en abierto. A cambio, recibe la fidelización y el respeto de sus usuarios, además de las mejoras en su sofware que incorporan desarrolladores que no están en plantilla.

La Fundación Wikipedia sería otro ejemplo, esta organización, definitivamente, ha creado un modelo económicamente competitivo basado en la motivación de la gente por compartir su excedente de conocimiento. Aunque, a pesar de ser pionera con su fórmula, creo que Wikipedia le ha llegado el momento de reinventarse.

Parece que la gente ya no aporta como al comienzo. Las aportaciones de nuevos editores está descendiendo. Y creo que las normas que ofrece Wikipedia (demasido complejas y cerradas) son el principal motivo. Los nuevos usuarios se sienten, a menudo, intimidados por los editores más veteranos ya que la sintaxis de edición no sigue el estilo de las herramientas 2.0. Por ejemplo, casi todo el mundo es capaz de participar en Facebook porque las reglas del juego están pensadas para todos los públicos, pero esto no ocurre en Wikipedia y este hecho acaba desanimando a los nuevos usuarios a contribuir con más artículos. Por otro lado, también creo que se debe cambiar el modo de remunerar a la gente. Wikipedia es famosa en el mundo entero y mucha gente se beneficia de ella. Sin embargo, ¿qué sabemos de las personas que la escriben?¿Qué reciben a cambio?

Si se premia a quien comparte, los beneficios derivados del compartir pueden ser de naturaleza bien distinta: desde el prestigio hasta la protección. Cuando alguien comparte, mucha gente se beneficia de su aportación. ¿Por qué no premiarlos? Debemos alimentar positivamente este comportamiento o nos veremos inmersos en un mundo aún más receloso y huraño.

El mundo sería un mundo basado en la confianza y estaría lleno de optimistas. ¡Justo lo que necesitamos! Nos urge tener a gente motivada por el simple placer de compartir en todos los ámbitos de nuestra sociedad: en la economía, la educación, la cultura... Los necesitamos para construir una paz sostenible y desactivar los enfrentamientos que presenciamos en la actualidad. La enemistad entre israelíes y palestinos o entre China y Japón, por ejemplo, lleva gestándose durante varias generaciones y cientos de años, respectivamente. Y la única forma de resolverlos es buscando lazos de unión, y no centrándonos únicamente en las causas del conflicto. Por suerte, esto ya está pasando en Internet gracias a la voluntad de compartir. Ahora mismo, hay miles de individuos conectados que, teóricamente, deberían estar enfrentados. Pero superan las diferencias de sus gobiernos o de sus familiares, y mantienen una relación porque les unen unas preferencias culturales o intelectuales. Y lo más curioso es que el idioma en el que se hablan no es el chino, el japonés, el árabe o el judío sino, más bien, la música, el cine, o el software libre.







No hay comentarios:

Publicar un comentario