lunes, 10 de octubre de 2011

SEXO ANAL

La penetración anal, que consiste en introducir el pene en el ano y el recto de la pareja, es habitual entre homosexuales. Aunque algunas parejas heterosexuales experimentan con esta práctica, rara vez se realiza con la misma frecuencia que la penetración vaginal.



En el pasado, antes de la aparición de métodos anticonceptivos fiables, el sexo anal era más común entre parejas heterosexuales porque proporcionaba un modo seguro de evitar el embarazo. En la actualidad, las parejas experimentan  con la penetración anal por tratarse de un técnica poco común, que proporciona sensaciones únicas. Muchas parejas nunca lo intentan, ya que lo consideran poco atractivo o desagradable.

Algunos hombres afirman que la experiencia de ser penetrado analmente resulta muy excitante porque estimula la próstata, que se encuentra cerca del recto, detrás de su pared superior (el lado más cercano al pene). En términos de excitación sexual, la próstata puede considerarse como el equivalente masculino del punto G femenino.

Muchas mujeres encuentran la penetración anal dolorosa, puesto que el ano, a diferencia de la vagina, no produce su propia lubricación. A menos que el músculo del esfínter anal esté muy relajado, pueden producirse desgarros en los tejidos, que son muy delicados. La penetración profunda en concreto puede provocar un gran dolor o incomodidad.

Algunas personas experimentan con la estimulación anal en lugar de recurrir a una penetración completa. Esto implica acariciar la zona que rodea el perineo y el ano. Para evitar cualquier riesgo de infección, las manos siempre deben lavarse a fondo inmediatamente después de practicar la estimulación anal, y el hombre nunca debe tocar los genitales de su compañera tras acariciar esta zona.

RIESGOS PARA LA SALUD

Para ambos sexos, la penetración anal implica un elevado riesgo de heridas e infecciones, ya que las paredes del ano no están preparadas para la fricción y los vasos sanguíneos en el interior son delicados y se rompen con facilidad. Esto puede provocar hemorragias, razón por la que las enfermedades de transmisión sexual (como el VIH y la hepatitis) se contagian con mayor facilidad a través de la penetración anal que de la vaginal.



Los médicos aconsejan a los hombres que practican la penetración anal que utilicen un preservativo y que se aseguren de que el ano de la pareja esté lubricado con un producto que no contenga aceite, pues éste puede dañar el preservativo. El riesgo de infecciones hace que la utilización del preservativo suponga una precaución esencial, y debe tratarse de uno extrafuerte, especialmente diseñado para soportar los rigores de la penetración anal. No obstante, incluso los preservativos  extrafuertes no pueden garantizar una seguridad absoluta.

La penetración vaginal nunca debe tener lugar después de una penetración anal, a menos que el hombre se quite el preservativo y se lave a fondo los genitales y las manos con agua y jabón. De lo contrario, existe un alto riesgo de transferir bacterias del ano de la mujer a su uretra y su vagina.

The Kinsey Institute New Report on Sex (1990) recomienda: "Todo aquel que sea penetrado analmente (hombre o mujer heterosexual, bisexual u homosexual) debe someterse a revisiones periódicas que incluyan el examen del ano y el recto".

Debido a los elevados niveles de bacterias presentes en la zona del recto, el sexo anal sin higiene puede provocar infecciones en otros puntos del tracto urogenital. Las personas que practican este tipo de sexo deben utilizar siempre preservativo.

Riesgos asociados con el sexo anal:

  • Puede producirse un desgarro de los tejidos en el ano y en el recto;
  • El paso de bacterias a la uretra puede provocar una infección;
  • El paso de bacterias a la vagina puede provocar una infección;
  • El esfínter anal puede estirarse y debilitarse;
  • La hemorragia del recto favorece la transmisión de enfermedades sexuales.

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