domingo, 9 de octubre de 2011

VIRUS Y SÍNDROME DE FATIGA CRÓNICA

Ante la posible causa vírica de este trastorno neurológico, los expertos aconsejan rechazar las donaciones de sangre de los enfermos.



Los científicos pueden seguir debatiendo el papel de los virus en el síndrome de fatiga crónica, pero lo cierto es que los bancos de sangre no quieren correr riesgos. El verano de 2010, la AABB (organización no gubernamental que representa a las entidades que recogen donaciones de sangre) pidió a las personas que sufran esta afección que se abstuvieran de donar sangre. En diciembre del año pasado, la Cruz Roja estadounidense fue más allá: prohibió que donasen sangre en sus centros las personas que revelasen, en una entrevista previa, que sufrían el síndrome, caracterizado por fatiga y dolores graves con una duración de seis meses o más.

La causa de estas precauciones especiales es el XMRV (virus xenotrópico relacionado con el virus de la leucemia murina), un retrovirus que parece estar asociado al síndrome de fatiga crónica. Un estudio publicado en  2009 en Science reveló que el XMRV se había encontrado en un 67 % de los pacientes y solo en un 3,7 % de los participantes sanos. Sin embargo, trabajos posteriores no hallaron el virus ni en las personas sanas ni en las que sufrían el síndrome, lo cual sugiere, en opinión de algunos expertos, que el XMRV podría ser un contaminante de laboratorio que sesgó el estudio inicial.



¿Qué preocupación debería causarnos la presencia del XMRV en las reservas de sangre? No mucha. No hay pruebas de que nadie haya contraído el síndrome de fatiga crónica a causa de una transfusión sanguínea, así que el riesgo es solo hipotético. Además, tomar medidas más estrictas, como utilizar un cuestionario para rechazar de entre los donantes potenciales a aquellos que sufran el síndrome, distraería nuestra atención de enfermedades como el VIH y la hepatitis B, que se transmiten, sin ninguna duda, a través de la sangre, afirma Harvey Klein, presidente del grupo de trabajo de la AABB que se ocupa de este tema.

Aún así, los expertos siguen considerando la cuestión de si deberían o no realizarse pruebas con la sangre donada para detectar el XMRV. El primer paso de ese proceso consiste en acordar un método estándar para detectar el virus en la sangre. Un equipo del Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre está comparando diferentes pruebas de ácido nucleico y distintas técnicas de preparación de las muestras de sangre en uso por varios laboratorios, incluidos los Centros de Control de Enfermedades y la Agencia Federal de Fármacos y Alimentos, para encontrar las mejores.

Si la prueba seleccionada confirmase los resultados del estudio de 2009, es decir, si detectara de forma regular el XMRV en las muestras de sangre de los pacientes con síndrome de fatiga crónica y no en los participantes sanos de control, "habríamos identificado métodos específicos con una sensibilidad suficiente como para detectar el XMRV en las muestras de sangre", afirma Simone Glynn, del Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre, que coordina el estudio.



El paso siguiente consistiría en usar esa prueba para comprobar la presencia de XMRV en grandes cantidades de muestras de sangre de donantes. Si dicha presencia fuera muy frecuente, el equipo pasaría a examinar las muestras congeladas de sangre y buscaría pruebas de transmisión por transfusión. "En cambio si no encontramos pruebas de la presencia de XMRV en las muestras de sangre de pacientes con síndrome de fatiga crónica ya diagnosticado, concluiríamos que estos virus no se hallan presentes en la sangre", afirma Glynn,

Mientras tanto, la prudencia aconseja rechazar las donaciones de personas que sufren el síndrome, señala Ian Lipkin, de la Escuela de Salud Pública Maliman de la Universidad de Columbia, que lidera la investigación sobre la relación entre el síndrome de fatiga crónica y el XMRV. Según Lipkin, el número de personas con el síndrome que disfrutan de una salud suficiente como para realizar donaciones de sangre es tan pequeño que la Cruz Roja y AABB han decidido, por diversas razones, tanto científicas como de otros tipos, que no merece la pena correr el riesgo.

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