viernes, 25 de noviembre de 2011

DIFICULTADES QUE AVIVAN DESEOS

MICHEL DE MONTAIGNE




Es posible que no haya ningún otro escritor que haya envejecido mejor que Michel de Montaigne. Cada generación parece descubrir en él una contemporaneidad que jamás se marchita. Cuando Stefan Zweig, lo leyó por primera vez, sintió que "los cuatrocientos años que les separaban se desvanecían". En ese ensayo Montaigne reflexionó sobre el hecho de que ambicionamos más aquello que nos resulta difícil de conseguir.

No hay razón que no tenga su contraria, dice la más sabia de todas las escuelas filosóficas. Ningún bien puede procurarnos placer si no es aquel para cuya pérdida estamos preparados: "In aequo est dolor amissae rei, et timor amittendae" (el dolor de perder una cosa es igual que el temor de perderla, según Séneca. Con esto se quiere probar que los placeres de la vida no nos resultarían realmente gratos si tememos perderlos. También podría defenderse lo contrario, es decir, guardamos y abrazamos el bien con tanta mayor ansia y afecto cuanto más inseguro lo vemos y más tememos que nos lo arrebaten, pues sentimos de forma evidente que igual que el fuego se aviva con el viento, también nuestra voluntad se agudiza con la privación:

Si nunquam Danaem habuisset ahenea turris,
Non esset Danae de Jove facta parens.

Si Dánae no hubiera estado encerrada
en una torre de bronce,
Júpiter no la hubiera hecho madre.

OVIDIO

Y que nada hay que sea tan naturalmente contrario a nuestro gusto como la saciedad que proviene de la abundancia; ni nada que tanto lo despierte como la dificultad y la escasez:

Omnium rerum voluptas ipso,
quo debet fugare, periculo crescit.

El placer de todas las cosas,
corre el riesgo de aumentar  por su pérdida.

SÉNECA

Galla, nega; satiatur amor,
nisi gaudia torquent.

Gala, niégamelo; el amor se sacia
si no se ve atormentado por los goces.

MARCIAL

Para mantener vivo el amor entre los lacedemonios ordenó Lucurgo que los casados no pudieran practicarlo sino a escondidas, y que fuera tan deshonroso encontrarlos juntos en el lecho como si se los hubieran descubierto acostados con otros. Las dificultades que rodean a las citas amorosas, el temor a ser sorprendidos, la vergüenza del día siguiente:

Et languor, el silentium,
Et latere petitus imo spiritus.

El delator y lánguido silencio
y los suspiros ahogados en el pecho.

HORACIO

Son las especies que hacen picante la salsa. ¡Cuántos divertidos juegos nacen al hablar de las obras del amor de una manera honesta y pudorosa! La misma voluptuosidad procura irritarse con el dolor y es mucho más dulce cuando hiere y quema. La cortesana Flora confesaba no haber dormido nunca con Pompeyo sin dejarle señales de sus mordiscos.

Quod petiere, premunt arcte, faciuntque dolorem
Corporis, et dentes inlidunt saepe lebellis:
Et stimuli subsunt, qui instigat laedere id ipsum,
Quodcumque est, rabies unde illae germina surgunt.

Cogen violentamente el objeto de sus ansias, le golpean
y  le clavan los dientes cuando le besan los labios:
Les subyuga el deseo de maltratar a aquello mismo
que tan rabiosamente les excita.

LUCRECIO

Lo mismo ocurre con todo: la dificultad da valor a las cosas.

Los habitantes de la Marca de Ancona prefieren hacer sus promesas a Santiago, y los de Galicia a Nuestra Señora de Loreto. En Lieja se celebran los baños de Luco, y en Toscana los de Spa; apenas se ven romanos en la escuela de esgrima de Roma, que está llena de franceses. Aquel gran Catón, como nosotros, se cansó de la esposa que tenía mientras fue suya, y la deseó cuando perteneció a otro.

Yo envié a la yeguada un caballo viejo que en cuanto olía a las hembras se volvía ingobernable. La abundancia lo ha saciado enseguida con respecto a las suyas, más no así con las extrañas, pues ante la primera yegua desconocida que cruza por su prado vuelve a sus inoportunos relinchos y a sus furiosos calores, como al principio. Nuestro apetito menosprecia y pasa por alto lo que tiene en la mano para correr en pos de lo que carece:

Transvolat in medio posita, 
el fugientia captat.

Mi amor abandona lo que está a su alcance
y persigue lo que le huye.

HORACIO

Prohibirnos una cosa es hacer que la deseemos:

Nisi tu servare puellam
Incipis, incipiet desinere esse mea.

Si dejas de vigilar a tu amada
no tardará en olvidarse de mí.

OVIDIO

Lo que se nos otorga del todo genera en nuestra alma cierto menosprecio. La escasez y la abundancia ocasionan el mismo inconveniente.

Tibi quod superest,
mihi quod defit, dolet.

A ti te molesta el amor porque te sobra,
a mi por que me falta.

TERENCIO

El desear y el gozar nos llevan al mismo dolor. Es desagradable la severidad de la mujer amada, pero la continua amabilidad y dulzura lo son, a decir verdad, todavía en mayor grado, pues el descontento y la cóleta nacen de la estima en que tenemos al objeto deseado, agudizan el amor y lo vivifican. La saciedad, sin embargo, engendra el hastío, que es un sentimiento embotado, estúpido, cansado y adormecido.

Si qua volet regnare diu,
contemnat amantem.

Si quieres reinar mucho tiempo,
no hagas caso a tus amantes.

OVIDIO

Contemnite, amantes:
Si hodie venie, si qua negavit heri.

Desdeñad, amantes:
Así conseguiréis hoy lo que os negaron ayer.

PROPERCIO




¿Por qué ocultó Popea los atractivos de su rostro, sino para que sus amantes los desearan todavía más?¿Por qué se cubren hasta por debajo de los talones esas bellezas que todas desean mostrar y todos quieren ver?¿Por qué guardan las damas con impedimentos tantos, puestos los unos sobre los otros, las partes donde reside nuestro deseo y el suyo?¿Y cuál es el fin de esos voluminosos baluartes con que las doncellas acaban de armar sus caderas, sino engañar nuestro apetito y atraernos hacia ellos alejándonos?




Et fugit ad salices,
et se cupit ante videri.

Y a los sauces corre a esconderse,
esforzándose por ser vista antes.

VIRGILIO

Interdum tunica duxit operta moram.

Otras veces hizo de la túnica un obstáculo a mis deseos.

PROPERCIO

¿A qué conduce el artificio de ese pudor virginal, esa frialdad tranquila, esa actitud severa, esa profesión expresa de ignorar las cosas que saben ellas mejor que nosotros, que somos sus instructores, sino a aumentarnos el ansia de vencer toda esa ceremonia y esos obstáculos y someterlos a nuestro deseo? Este es el fin de todos los melindres, ceremonias y obstáculos, pues no solamente hay placer, también hay honor juntamente en seducir y enloquecer esa blanda dulzura y ese pudor infantil, y en poner luego a merce de nuestro ardor una fría y magistral gravedad. 






Es glorioso, dicen, triunfar sobre la austeridad, la modestia, la castidad y la templanza, y quien a las damas desaconseja hacer gala de esas cualidades las engaña a ellas y se engaña a sí mismo. Preciso es creer que se les estremece el corazón horririzado; que el sonido de nuestras palabras escandaliza la pureza de sus oídos; que nos odian por ellas y que si se entregan a nuestras inoportunas acometidas no es sino a la fuerza. La belleza, por muy espectacular que sea, no se deja saborear sin estos intermediarios. Ved que en Italia, donde hay más belleza que vender, y de la más exquisita, le es preciso echar mano de manejos y artes extraños para hacerse agradable; y como, en verdad, si es venal y pública, insiste en mostrarse débil y lánguida: lo mismo sucede en la virtud, pues entre dos acciones iguales consideramos más hermosa y relevante la que supuso mayor dificultad y riesgo.




La divina Providencia ha conseguido que su santa Iglesia se encuentre sacudida como la vemos por tantas tempestades y disturbios, para despertar así por ese contraste a las almas piadosas, arrancándolas de la ociosidad y del sueño en que las habían sumergido el largo período de tranquilidad. Si sopesamos las pérdidas que hemos experimentado por el número de los descarriados y las comparamos con las ganancias que resultan de haber recuperado el brío, despertado nuestro celo y afinado nuestras fuerzas a causa de este combate, estoy seguro de que los beneficios sobrepasan  las pérdidas.

Nos pareció que apretábamos más el nudo de nuestros matrimonios apartando de ello todo medio de disolverlos; más por ello se ha aflojado y relajado el lazo de la voluntad y el afecto, en la misma medida en que se apretaba el de la obligación. Por el contrario, lo que hizo en Roma que los matrimonios permanecieran tanto tiempo honorables y seguros fue la libertad de romperlos cuando los contrayentes lo desearan. Los romanos cuidaban más de sus mujeres porque podían perderlas, y hallándose en vigor la libertad completa de divorciarse transcurrieron quinientos años y aún más antes de que ningún cónyuge se sirviera de ella.

Quod licet, ingratum est;
quod non licet, acrius urit.

Lo que está permitido no nos agrada,
lo prohibido nos atrae con más fuerza.

OVIDIO

Podría citarse a este propósito la opinión de un escritor de la antigüedad, el cual afirma "que los suplicios despiertan los vicios más que amortiguarlos; que no engendran la inclinación al bien obrar, la cual es el resultado de la razón y la disciplina, y que solamente propongan el cuidado de no ser sorprendidos practicando mal":

Latius excisae pestis contagio serpunt.

El contagio de esta infección, aunque se extirpe, sigue propagándose.

RUTILIO NAMACIANO

No sé si esta frase será verdad, mas lo que por experiencia conozco es que jamás ningún pueblo cambia de forma de ser con medidas semejantes: el orden y moderación de las costumbres dependen de procedimientos distintos a este.




Hablan los historiadores griegos de los argipeos, vecinos de la Escitia, que viven sin vara ni palo con el que castigar; a quienes no solamente nadie intenta ir a atacar, sino que el viajero que se interna en su país se encuentra en lugar seguro gracias a la virtud y santidad de vida de este pueblo, y nadie hay que se atreva a tocarle. Recúrrese a ellos para dirimir diferencias que surgen entre los hombres de otras partes.

Hay naciones en las que los jardines y campos que se quieren proteger se rodean con un hilo de algodón y se encuentran más seguros que si estuvieran rodeados, como entre nosotros, de fosos y setos.

"Furem signata sollicitant. 
Aperta effractarius praeterit"

Los candados atraen al ladrón,
que pasa de largo ante las puertas abiertas.

SÉNECA

Acaso entre otras causas la facilidad de franquearla contribuye a resguardar mi casa de los atropellos de nuestras guerras civiles; la defensa atrae el ataque y la desconfianza la ofensa. Debilité las intenciones de los soldados, apartando de su empresa el riesgo de todo asomo de gloria militar, lo cual les sirve siempre de pretexto y excusa: aquello que se realiza valientemente se considera siempre como honroso cuando la justicia está muerta. Hago que conquistar mi casa sea algo cobarde y traidor; no está cerrada para nadie que a sus puertas llama, tiene por toda guarda un portero, conforme a la ceremonia y usanza antiguas, cuyo cometido es menos el de prohibir la entrada que el de franquearla con amabilidad y buen humor. Ni tengo más guardia ni centinela que el que los astros me procuran.




Un noble hace mal en alardear de hallarse defendido cuando no lo está perfectamente. La residencia que tiene acceso por un lado lo tiene por todas partes: nuestros padres no pensaron en edificar plazas fuertes. Los medios de sitiar, ya no hablo de baterías o ejércitos, y la facilidad de sorprender nuestras viviendas aumentan todos los días y con mayor velocidad que los medios de defenderse de ellos; los espíritus se agudizan generalmente en lo tocante a estas hazañas; las invasiones nos alcanzan a todos, el defenderse sólo a los ricos. Mi casa era fuerte para la época en que fue construída; nada hice por fortalecerla, y temería que su resistencia se tornara contra mí mismo; además habría que retirar la fortificación en un tiempo de paz. Es peligroso el no contar con su confianza y difícil encontrarse seguros de ella.

En materia de guerras intestinas vuestro criado puede ser del partido que teméis, y allí donde la religión puede sirve de móvil ni los parientes mismos son gente de fiar, escudados en la defensa de la justicia. El erario público sería incapaz de sostener nuestras guarniciones domésticas, se agotaría: no podríamos sostenerlas sin arruinarnos, o lo que es más injusto todavía, sin que el pueblo resultase esquilmado. Apenas si perdería yo menos. Por lo demás acontece que, si os experimentáis perdidos, vuestros propios amigos se emplean en reconocer como causa vuestra falta de vigilancia o imprevisión, antes que en compadeceros; afirman que es la ignorancia o la desidia en el manejo de los negocios de vuestra profesión la causa de vuestra desdicha. El que tantas casas bien guardadas se hayan perdido mientras la mía se mantiene en pie, háceme sospechar que aquéllas se perdieron por encontrarse bien defendidas, circunstancia que provoca el deseo y da la razón al sitiador: todo centinela muestra la faz de la guerra. Cualquiera se colará en mi casa, si es la voluntad de Dios, pero yo estoy muy lejos de atraer a nadie; mi hogar es el asilo donde descanso lejos de las guerras que nos acaban. Mi intento es sustraer este rincón de la tormenta pública, como tengo guardado otro en mi alma. En vano cambia de forma nuestra guerra, en vano se multiplica y diversifica en partidos: yo no me muevo. En medio de tantas residencias como hay en Francia de gentes de mi misma condición, sólo yo, que yo sepa, he encomendado la mía a la exclusiva protección del cielo. Y jamás escondí ni la vajilla de plata, ni el título de propiedad ni tapicería. No quiero yo vivir rodeado a medias de inquietudes, ni tampoco salvarme a medias. Si el favor divino llega a alcanzarme, me durará hasta el fin; si no, bastante tiempo estuve en el mundo para que mi vida fuera advertida y registrada: ¿Cuánto? Hace treinta años bien cumplidos.




Porque donde reina el amor, sobran las leyes.

PLATÓN

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