lunes, 28 de noviembre de 2011

LA INFANCIA

Incluso antes de que el bebé sea capaz de enfocar la vista, tiene conciencia de una presencia amorosa. el recién nacido que se toma en brazos o al que se le ofrece el pecho entiende de inmediato que la madre lo cuida y lo alimenta.

Entre una madre y su hijo existe un vínculo emocional y físico único. El amamantamiento activa hormonas que favorecen la proximidad y la intimidad.



La infancia constituye un intenso período de aprendizaje. En los primeros años de vida, un niño aprende no sólo a controlar su cuerpo, sino también a expresar sus pensamientos, necesidades y deseos a través del lenguaje. Lo ideal es que este aprendizaje tenga lugar con la guía de dos adultos cariñosos. El amor, los cuidados, la atención y el apoyo durante los años de formación son esenciales para la salud emocional y el desarrollo psicológico del niño.

EL AMOR MATERNO



Desde las primeras etapas del embarazo se produce una relación especial entre la madre y el hijo. Aunque protegido en el interior del cuerpo de la madre, el niño recibe la influencia de las respuestas físicas y emocionales de la madre. Al nacer, el niño ya es íntimamente consciente de la presencia de su madre y suele compartir sus reacciones. Por ejemplo, sus esquemas de sueño pueden estar sincronizados.



Entre la madre y el hijo puede hacerse evidente una relación interactiva en los momentos inmediatamente posteriores al parto. En respuesta al llanto del bebé, la madre acerca al pequeño a su pecho, donde el niño sabe por instinto que está el pezón y comienza a mamar. Esta acción estimula la producción de una hormona conocida como oxitocina, que provoca la contracción del útero y la expulsión de la placenta. El útero permanece contraído, lo que contribuye a disminuir la hemorragia y garantiza la supervivencia de la madre.



CONEXIONES HORMONALES


  • Se coloca el niño ante el pecho de la madre;
  • El bebé comienza a succionar;
  • La succión estimula la producción de oxitocina;
  • La oxitocina provoca contracciones para expulsar la placenta;
  • El útero deja de sangrar;
  • La madre y el hijo sobreviven y se desarrollan.
La madre reconoce el llanto de su hijo desde ese momento y es capaz de identificar los diferentes sonidos de hambre, dolor o irritación. Incluso el estilo de habla que las madres (y los padres) adoptan -en un tono más alto de lo normal, con palabras sencillas o sin sentido y con repeticiones frecuentes- se corresponde con el nivel de comprensión del bebé.

Una investigación llevada a cabo en Suecia a finales de los setenta sugiere que por muy próximos que estén un bebé y su padre, el niño siempre sentirá una preferencia innata por la madre. Incluso los niños que reciben los cuidados del padre durante su primer mes de vida tienden a preferir a sus madres.

EL AMOR PATERNO

El amor que un padre siente por sus hijos suele caracterizarse por ser más activo y físico que el amor materno. Esto puede provocar que la madre se muestre todavía más protectora y atenta hacia el bebé, con el resultado de una relación complicada entre los tres. Los padres rara vez se dedican al cuidado diario de los hijos, aunque esta dedicación en los últimos tiempos ha aumentado con respecto a otras épocas en que casi era nula, como hacen las madres, pero el vínculo entre ambos y el bebé puede ser de intensidad similar. Los niños pueden mostrarse tan preocupados cuando su padre se marcha como cuando lo hace su madre. Además, si se alimentan con biberón, lo hacen igual de contentos con ambos progenitores.

MODELOS DE VINCULACIÓN AFECTIVA

La vinculación crece con el tiempo, no de manera instantánea. Los teóricos de los setenta afirmaban que existe un período crítico durante el cual las madres deben establecer vínculos afectivos con sus hijos a través del contacto físico, pues de lo contrario los niños podrían sufrir un daño psicológico irreparable. Estas ideas han quedado hoy desacreditadas.



Los psicólogos identifican cuatro tipos de vinculación afectiva entre los bebés y sus madres. Una relación segura es aquella en la que un niño disfruta del contacto con su madre, pero es capaz de enfrentarse a su ausencia. Una relación a evitar sería aquella en la que el niño rechazase abiertamente a la madre, mientra que una relación ambivalente se caracteriza por la búsqueda y el rechazo, alternativamente, de la madre por parte del niño. Una relación mal orientada implica la búsqueda de contacto y el rechazo al mismo tiempo (por ejemplo, el niño puede estirar los brazos hacia la madre, pero sin mirarla a los ojos).

Aproximadamente dos tercios de las relaciones madre-hijo son seguras. El tercio restante lo componen relaciones de rechazo, ambivalentes o mal orientadas, por lo general debido a que las madres son poco afectuosas, sufren de depresión y/o carecen de las habilidades que todo padre necesita. La relación madre-hijo mal orientada suele tener lugar cuando la madre ha experimentado problemas emocionales en su infancia y nunca ha resuelto su dolor o su ansiedad.



La relación madre-hijo segura desemboca en un niño estable desde un punto de vista emocional. Los psicólogos también han descubierto que los niños con vínculos seguros tienen relaciones sexuales y románticas más satisfactorias en su vida adulta. Aunque no existe una fórmula sencilla para crear un vínculo seguro (los tipos de vínculo podrían estar biológicamente determinados, al menos en parte), resulta obvio que el amor, la aceptación y la receptividad de los padres deben responder a las peticiones no verbales de contacto físico e interacción social de su hijos. El énfasis debe recaer tanto en la calidad de esa interacción como en la cantidad. Ésta es la razón por lo que las madres de niños adoptados pueden establecer vínculos seguros con sus hijos a pesar de no haber experimentado el vínculo biológico que se produce durante el embarazo y/o el amamantamiento.

FALTA DE CARIÑO



En 1945, un psicólogo estadounidense llamado René Spitz comparó el destino de diversos niños que habían crecido en un orfanato con pocas o ninguna muestra de cariño por parte del personal y de otros que se habían desarrollado en la guardería de una prisión, donde los pequeños recibían mucho afecto por parte de las internas, de las guardias y de sus propias madres. Los niños del orfanato mostraron más desequilibrios emocionales, y la marginación educacional, el paro y las detenciones resultaron ser más frecuentes en los huérfanos.

APRENDER A RELACIONARSE



El psicólogo infantil John Bowlby sugiere que el comportamiento cariñoso de los adultos en forma de caricias, contacto visual y conversación constituye para el niño la base de todas sus relaciones futuras. El vínculo madre-hijo es una interacción recíproca y continua que comienza cuando el niños es todavía un bebé y se prolonga a lo largo de toda la infancia. La madre refuerza continuamente sus intentos de comunicación con su hijo: si el bebé sonríe, la madre también lo hace; si el pequeño gorjea, la madre le habla. Más adelante, durante la infancia, los padres pueden reafirmar el desarrollo emocional de su hijo mostrándose atentos y cariñosos.



Desarrollo emocional: Los psicólogos coinciden en que un desarrollo emocional sano es el resultado del amor y la atención durante la infancia. Los actos no verbales, como la sonrisa, muestran confianza e intimidad. El contacto visual hace que la madre y el hijo sientan que cuentan con toda la atención del otro. La proximidad física es importante cuando el niño necesita tranquilidad o cariño. El contacto físico hace que el niño se sienta seguro.



ROLES SEXUALES

Los niños desarrollan con rapidez la conciencia de lo que significa masculino y femenino. Incluso si los padres no se ajustan a los roles tradicionales para cada sexo, los niños los aprenden a través del comportamiento de sus amigos, de los hermanos mayores y de los profesores, así como del retrato que proporcionan los medios de comunicación.

Por lo general, los padres transmiten mensajes sobre las diferencias entre los dos sexos de manera inconsciente. Si el padre es el único que conduce y hace los arreglos en casa, el niño aceptará de modo inconsciente este comportamiento como propio del sexo masculino. Puede pensar que cocinar y cuidar a los enfermos son tareas femeninas si ve que quien las realiza siempre es la madre. La mayoría de los niños identifica su sexo a la edad de cuatro años, y comienza a percibir las actividades del padre del mismo sexo como específicas de éste con el fin de imitar al adulto.

Algunos psicólogos creen que los niños adoptan los roles propios de su sexo porque reciben alabanzas o recompensas por ciertos comportamientos y no por otros. Esta idea se denomina teoría del aprendizaje social. En la práctica, significa que las niñas reciben estímulos para mostrar los llamados atributos femeninos (ser atentas, cariñosas, amables, no agresivas, tranquilas, cooperadoras y preocupadas por su aspecto). Los niños se ven recompensados si muestran independencia, competitividad y resistencia. Algunos estudios demuestran que un bebé vestido de azul y considerado niño recibe más atención y contacto físico que un bebé descrito como niña y vestido de rosa.

JUGUETES SEXISTAS

Jugar es sólo un modo de aprender los roles sexuales, pero ofrecer juguetes de acción a los niños y muñecas a las niñas puede transmitir mensajes prejuiciosos a los más pequeños.



PRESIÓN PARA COMPORTARSE 
COMO SE ESPERA SEGÚN EL SEXO

Las niñas y los niños alcanzan una edad en la que se espera de ellos un comportamiento adecuado a su sexo.

Los niños reciben recompensas por ser física y emocionalmente fuertes.

Las niñas se premian por mostrarse sensibles, creativas y amables.

El fracaso en el comportamiento según los estereotipos conduce a la crítica.

Un niño que rechaza la dureza del juego físico recibe apelativos de mariquita o pelele.

Una niña que se muestra firme y enérgica se etiqueta de prepotente o autoritaria.

CURIOSIDAD SEXUAL

Entre los dos y los cinco años se producen varios desarrollos que favorecen la curiosidad sexual. En primer lugar, se desarrolla el control muscular del niño, que le permite la exploración sexual y la masturbación. En segundo lugar, aumenta la capacidad de expresión, con lo que el niño plantea preguntas sobre la sexualidad. Por último, los niños tienen más contacto con otros niños del sexo opuesto, lo que fomenta la comparación física. Paralelamente a estos cambios, un niño puede recibir mensajes cada vez más negativos sobre la masturbación, ya sean explícitos o implícitos, generados en parte por las ideas erróneas sobre la capacidad de autocontrol de los pequeños.

La curiosidad sexual de un niño, combinada con la desaprobación de los padres, puede generar una tensión que tanto los padres como el hijo considerarán frustrante y, en ocasiones, molesta. El mejor consejo es mostrarse todo lo abierto y comprensivo que se pueda con la curiosidad natural del niño. Cuando los niños hacen preguntas sobre sexo, los padres deben responderle brevemente, utilizando un lenguaje y conceptos adecuados para la edad del pequeño. Los padres deben hablar con todas aquellas personas que, además de ellos, cuiden a sus hijos (abuelos, niñeras, etc...) para asegurarse de que los niños no reciban mensajes contradictorios o confusos.

La masturbación puede incomodar a los padres, pero tocar los genitales produce placer sensual y constituye un hábito que agrada a los niños; no es una respuesta a la excitación sexual. La masturbación puede continuar hasta la pubertad, o bien desaparecer y reaparecer en la pubertad y, más tarde, en la etapa adulta. Es importante que la masturbación infantil se contemple como un juego para distinguirla de la excitación y la masturbación de los adultos. Este tipo de juego es universal, más allá de culturas y épocas, y no provoca ni indica enfermedades físicas o mentales. La masturbación debe preocupar sólo si se utiliza como respuesta al estrés emocional o al maltrato. Algunos niños se masturban con frecuencia cuando se aburren, están solos o tienen miedo. Los padres que consideren que su hijo se masturba con excesiva asiduidad o como respuesta al estrés deben consultar con un médico.

TEORÍA FREUDIANA SOBRE LA SEXUALIDAD INFANTIL



El psicoanalista austríaco Sigmund Freud (1856-1939) fue una de las primeras personas que sugirió que los niños poseen un instinto sexual, utilizando la palabra "sexual" para referirse a placer o gratificación sensual. Freud afirmaba que la líbido o apetito sexual se desarrolla en tres fases -oral, anal y fálica-. y después permanece inactiva hasta la pubertad. De ellas, la fase fálica es la más compleja. Freud también sugirió que el comportamiento de los padres ante cada etapa puede afectar al niño en su etapa de adulto. Por ejemplo, un adulto tozudo u obsesivo se califica de analmente retentivo.

La teoría de Freud sobre la fase fálica de la sexualidad infantil es una explicación del modo en que los niños aprenden sobre las diferencias entre sexos. Creía que la fase fálica del desarrollo comenzaba aproximadamente al final del tercer año, cuando el niño toma conciencia de que los chicos tienen pene y las niñas no. Los niños se sienten sexualmente atraídos por su madre (complejo de Edipo), mientras que las niñas, por su parte, rechazan a la madre y se enamoran del padre, lo que se conoce como complejo de Electra, personaje de la mitología griega que tramó el asesinato de su madre para vengar la muerte de su padre.

Aunque las teorías de Freud fueron revolucionarias, no cuentan con el apoyo de evidencias científicas. No obstante, sus conceptos han penetrado en el pensamiento occidental y han dado pie a múltiples debates sobre la sexualidad infantil.

Sigmund Freud, psicoanalista, formuló muchas de sus teorías sobre la sexualidad infantil a partir de la observación de sus pacientes adultos.

  • FASE ORAL: tiene lugar cuando el bebé se alimenta del pecho de la madre o de biberones y obtiene placer de la succión con la boca y los labios. Los adultos que beben, comen y fuman en exceso forman el grupo de fijación oral.

  • FASE ANAL: a medida que el niño aprende a controlar los movimientos de los intestinos, la zona de placer se traslada al ano. Durante esta fase, el niño se muestra muy preocupada por la eliminación y la retención de las heces.

  • FASE FÁLICA: los niños se enamoran de su madre durante esta etapa. Freud bautizó este fenómeno como complejo de Edipo, personaje de la mitología griega que mató a su padre y se casó con su madre.

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