martes, 8 de noviembre de 2011

LAS CÉLULAS MADRE





Es probable que las células madre sean la clave para resolver los misterios que se esconden detrás de algunas de las enfermedades más desconcertantes del mundo: el Parkinson, el Alzheimer, la diabetes y el cáncer. En todas ellas aparacen tejidos dañados que hay que reemplazar o sustituir. Las células madre tienen la habilidad única de poder dividirse y crear más células madre durante mucho tiempo. Por ejemplo, si se pudiesen introducir en una parte del cerebro devastada por el Parkinson, podrían reemplazar las neuronas dañadas por la enfermedad.



Hay dos tipos básicos de células madre: las embrionarias y las adultas. Las primeras son pluripotenciales, es decir, pueden evolucionar hasta convertirse en cualquier tipo de célula. Por lo general proceden de óvulos fertilizados que fueron descartados en un tratamiento de fertilidad. Cuando se fertiliza un óvulo, éste empieza a dividirse. Tras aproximadamente cinco días, se ha convertido en una colección de unas 150 células que se denomina blastocito. Las células centrales del blastocito son células madre pluripotenciales. Se sabe muy poco sobre los usos que se podrían dar a las células madre embrionarias humanas. Los científicos aprendieron a cultivarlas en laboratorio en 1998, pero desde entonces se han desarrollado leyes que restringen esas investigaciones. No obstante, los científicos han estado utilizando células madre adultas con fines terapéuticos desde hace más de tres décadas.




Las células madre adultas se pueden encontrar en muchos puntos del cuerpo (la piel, el cerebro y la médula ósea), pero no son tan versátiles como las embrionarias. Son multipotenciales, es decir, sólo pueden convertirse en un número determinado de células de familias muy cercanas. Así, las células madre de la médula ósea sólo pueden formar células de hueso, de cartílago y de grasa. Sin embargo, al contrario que las células madre embrionarias, cuyo origen es una fuente externa, las células adultas a menudo proceden del cuerpo del mismo paciente, por lo que hay menos probabilidades de que el sistema inmunológico acabe rechazándolas.



Los folículos capilares también contienen células madre, y algunos investigadores creen que esas células podrán curar la calvicie en el futuro. Se ha empleado células madre procedentes de la médula espinal para tratar la leucemia y el linfoma desde la década de 1970. Mediante el uso de células madre, algunos científicos han conseguido generar dientes que faltaban en ratones.





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