martes, 8 de noviembre de 2011

LOS RITMOS CIRCADIANOS





Todas las criaturas vivas tienen un reloj interno que controla la consciencia y el sueño, el metabolismo, el latido del corazón, la presión y la temperatura corporal. El patrón de nuestras funciones biológicas diarias está establecido por un ritmo circadiano, un ciclo de 24 horas. Si interrumpimos nuestro tempo interno incluso durante unas pocas horas, sentimos los efectos de forma inmediata. Durante los viajes largos en avión a menudo se sienten golpes de calor, dolores de estómago, de cabeza, malestar, irritabilidad e incrementos repentinos de energía seguidos de fatiga. El jet lag no tiene nada que ver con los aviones, sino que es el resultado de alterar el ritmo natural del cuerpo.

En los mamíferos, el reloj interno se encuentra situado en el núcleo supraquiasmático (SCN, en sus siglas en inglés), un grupo de neuronas del hipotálamo (una parte del cerebro que regula la temperatura del cuerpo, los fluidos y electrolitos, el hambre y la producción de hormonas). El SCN está conectado con la retina del ojo, donde adquiere información sobre la luz. Si fuera está oscuro, el SCN le pide al cuerpo que segregue melatonina, una hormona que da sueño al cuerpo. Si hay luz en el exterior, inhibe la producción de melatonina. Pero el cerebro tarda en ajustarse a los entornos nuevos. Aunque puede gestionar los cambios graduales de las estaciones, no ha evolucionado como para viajar por distintas zonas horarias. De ahí el jet lag.




En invierno, el SCN responde ante el incremento de las horas de oscuridad produciendo melatonina en dos fases; una al inicio de la noche y otra al final de ésta. Eso hace que buen número de personas se despierten en plena noche durante el invierno, aunque rara vez sientan la necesidad de salir de la cama. El efecto explica que a mucha gente le cueste más dormir de un tirón en invierno. Quizá ésta sea la forma que tiene la naturaleza de mantenernos bajo el edredón durante más tiempo cuando hace frío.




Si una enfermedad o un accidente destruye el SCN, el ser humano deja de tener ciclos sueño/consciencia completos. Sin embargo, si el SCN no se altera el cuerpo sigue funcionando a su ritmo incluso aunque no haya luz. Tanto los animales como los humanos siguen durmiendo y despertándose en bloques temporales sin interrupción, pero el cuerpo establece entonces ciclos de 25 horas. Esto indica a los científicos que el SCN no depende en su totalidad de la información que le llega del exterior para marcar su ritmo.




El término circadiano viene del latín y significa "en torno a un día". Dormimos mejor cuando la temperatura de nuestro cuerpo es más baja, en las primeras horas de la mañana. Nuestra temperatura empieza a incrementarse entre las seis y las ocho de la mañana. La tolerancia del cuerpo al dolor y al esfuerzo alcanza su pico más alto durante la tarde. Los ataques de corazón tienen más probabilidades de producirse durante la mañana.

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