jueves, 8 de diciembre de 2011

DISONANCIA COGNITIVA



En 1957, Leon Festinger, un psicólogo social de la Universidad de Stanford, publicó La teoría de la disonancia cognitiva, uno de los documentos más influyentes que se hayan escrito jamás sobre el comportamiento humano. La teoría que recoge es bastante sencilla: todos tenemos una serie de creencias, ideas y pensamientos a los que  los científicos denominan cogniciones. En su mayoría, nuestras cogniciones no están relacionadas las unas con las otras. Por ejemplo, el amor por la ópera no tiene nada que ver con saber quién fue elegido presidente en 1980. Sin embargo, cuando nuestros pensamientos o acciones están relacionados entre sí, sentimos una imperante necesidad de que sean consistentes. Las contradicciones aparecen en un estado de disonancia que la mente no puede tolerar. La cognición o comportamiento que provoca el conflicto debe alterarse para que el cerebro vuelva a recuperar su estado de equilibrio. Como es más sencillo cambiar los pensamientos que los comportamientos, lo más probable es que acabemos cambiando de idea.



Festinger puso el ejemplo del tabaco. Un hombre que fuma experimenta disonancia cognitiva cuando oye hablar sobre los posibles problemas de salud que conlleva su hábito. Una solución es dejar de fumar. Sin embargo, como ese comportamiento es difícil de cambiar, lo más probable es que el fumador acabe modificando su idea sobre el tabaco para reducir el estrés que le produce la disonancia. Así, es presumible que opte por centrarse en la parte positiva del tabaco para la salud, como la reducción del estrés o la pérdida de peso. Puede que se diga a sí mismo: "Si dejo de fumar voy a engordar y eso también es malo para mi salud". De igual modo, puede acabar comparando los peligros del tabaco con otros riesgos como el de sufrir un accidente de tráfico. El fumador se dirá: "Si la gente coge el coche todos los días sin vacilar, ¿por qué debería preocuparme yo por encender un cigarrillo?". 



Gracias a este tipo de razonamiento la gente puede hacer que su comportamiento sea coherente con sus creencias, reduciendo así la disonancia cognitiva.



Las inocentadas de las hermandades se basan en el principio de la disonancia cognitiva. Los investigadores han descubierto que cuanto más humillante es el ritual de iniciación, más probable resulta que un número mayor de sus miembros diga que les gusta formar parte de ese grupo. Los psicólogos sociales denominan este comportamiento como el paradigma del esfuerzo-justificación.



Los economistas atribuyen los remordimientos del comprador a la disonancia cognitiva.



Festinger también descubrió que si se paga a alguien para que mienta no llega a creerse la mentira. Pero si se presenta voluntario para mentir de forma gratuita a menudo se cree lo que está diciendo. Si mienten sin la justificación de que lo hacen porque se les paga, experimentan disonancia cognitiva. Por lo tanto intentan creerse lo que están diciendo.


No hay comentarios:

Publicar un comentario