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martes, 20 de diciembre de 2011

DROGAS SEMISINTÉTICAS Y SINTÉTICAS

DROGAS SEMISINTÉTICAS

Los farmacólogos toman a menudo drogas naturales refinadas y les producen variaciones de estructura química para modificar sus propiedades. Un cambio muy simple es tomar una droga insoluble de la planta y combinarla con un ácido para conseguir una sal soluble en agua. De esta manera, la "base libre" de cocaína se transforma en hidroclorato de cocaína, un compuesto hidrosoluble que se puede inyectar o inhalar por la nariz.



Una transformación ligeramente más complicada es la adición de grupos químicos a la molécula de la droga natural para hacerla más potente. A finales del siglo XIX los químicos alemanes crearon la aspirina, agregando un grupo acético a una droga natural que calmaba el dolor. Se encontraba en la corteza de algunos sauces. Los indios norteamericanos bebían tés de corteza de sauce para aliviarse el dolor de cabeza y el reumatismo, pero la aspirina es un calmante más poderoso que la corteza de sauce (en cambio es mucho menos tóxica). Una adicción similar de dos grupos acéticos a la morfina la convierte en heroína, una droga similar, pero más potente. Esto quiere decir, que hace falta tomar menos heroína que morfina para conseguir el mismo efecto.

Esta transformación de drogas naturales resulta en un nuevo grupo de sustancias llamadas drogas semisintéticas. A los químicos les gusta hacer drogas semisintéticas porque es más fácil jugar con una molécula existente, que partir de cero. Algunas veces, como en los casos de la aspirina y la heroína, sus experimentos consiguen sólo intensificar los efectos de la molécula ya existente. Pero, en otros casos, los resultados son totalmente nuevos. Tal es el caso del LSD (ácido lisérgico-dietilamida), una droga semisintética de propiedades diferentes que la molécula original. Fue producido a partir de una sustancia natural que existe en un hongo -llamado cornezuelo de centeno-, que ataca los pastos y los granos. Pero la sustancia natural original es tóxica y tiene poca actividad psicoactiva.



La facultad del químico de crear nuevas drogas a partir de compuestos naturales hace surgir la pregunta de si los seres humanos debieran jugar con la naturaleza. Creo que los seres humanos están destinados a interactuar con el mundo natural y a modificar las creaciones de la naturaleza, siempre que sean en provecho de la misma. Un buen ejemplo es el desarrollo de excelentes variedades de frutos, a partir de vegetales de especies relativamente pobres. El problema es si los resultados de la manipulación son beneficiosos o perjudiciales. La selección de plantas y el entrecruzamiento animal tienen por objeto mejorar el sabor y la nutrición; son por lo tanto claramente beneficiosos. En cambio la producción de tomates insípidos, duros y cuadrados para facilitar el empaque y el transporte está inspirada por la codicia monetaria, más bien que por el deseo de beneficiar a la humanidad.



De la misma manera, cuando los químicos chapucean con las drogas naturales deberían apuntar a mejorar sus propiedades deseables. La extrema potencia de una droga no es necesariamente un efecto deseable porque, en general, corre en paralelo con una gran toxicidad. Hoy pagamos un alto precio por nuestro rechazo de las medidas naturales en favor de potentes sustancias químicas. La tendencia de farmacólogos y médicos a considerar los fármacos más potentes como más modernos y más científicos, alienta el uso de peligrosos derivados de las plantas, cuando la realidad es que a menudo la forma natural más suave lo haría igual o mejor.

DROGAS SINTÉTICAS



Las drogas totalmente sintéticas se hacen desde el principio en el laboratorio y no existen en la naturaleza. El PCP, fenil-ciclina (Valium) y el secobarbital (Sesonal) son ejemplos de estas drogas. Podría ser que los compuestos totalmente sintéticos fueran los más peligrosos de todos y aquellos con los cuales resulte más difícil mantener una buena relación. Pero generalizaciones como éstas son aventuradas. 



Hace poco, los farmacólogos han encontrado en el cerebro receptores específicos para el PCP, cosa que les hace pensar en la posibilidad de que el cerebro produzca alguna droga natural similar a esta droga totalmente sintética. ¿Habrán dado por azar con la droga los farmacólogos que produjeron el Valium?¿Ha obtenido tanto prestigio el Valium precisamente porque sus efectos se parecen mucho a los de una droga endógena que aún no conocemos?¿O se habrán desarrollado en el cerebro los receptores para el Valium como consecuencia del uso prolongado de esa droga? Aunque la ciencia no pudiera contestar nunca estas preguntas, es interesante pensar en ellas.




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