martes, 20 de diciembre de 2011

ESTIMULANTES

¡Gracias, Dios, por el té!
¿Qué haría el mundo sin el té?
¿Cómo existiría? 
Doy gracias por no haber nacido antes que el té.

Sidney Smith (1771-1845)
Religioso, escritor y humorista. 

Los estimulantes son drogas que provocan en la gente la sensación de estar más despierta y con más energía, por medio de la activación o la excitación del sistema nervioso. Hay muchos estimulantes de uso corriente, algunos de ellos son plantas; otros son sustancias químicas fabricadas en los laboratorios. Estas diferentes drogas producen efectos algo distintos y sus efectos duran tiempos variables, pero todas ellas actúan de manera aproximadamente igual, a través del aumento de energías liberadas por el sistema nervioso.



Las células nerviosas se comunican unas con otras en nuestro organismo por mensajes eléctricos y químicos. Un impulso nervioso es una descarga eléctrica, que se desplaza rápidamente a lo largo de una fibra nerviosa. Esta última puede terminar sobre un músculo, una glándula u otra célula nerviosa, pero existe siempre una corta distancia entre el extremo final de la fibra y la célula nerviosa siguiente. Para saltar este espacio, los nervios sueltan pequeñas cantidades de potentes sustancias químicas que afectan a la célula siguiente. Algunas de éstas son fuertes estimulantes que provocan la contracción de los músculos, la secreción de las glándulas y que otras células nerviosas disparen un impulso eléctrico. El estimulante más común es una sustancia química llamada noradrenalina o norepinefrina. Esta sustancia está estrechamente relacionada en su estructura química con una hormona llamada adrenalina (o epinefrina), producida en las glándulas adrenales.

Adrenal es una palabra latina que quiere decir "sobre el riñón", porque las glándulas adrenales están apoyadas sobre la parte superior de los riñones. Epinephros quiere decir lo mismo en griego. En Norteamérica la compañía farmacéutica Parke-Davis consiguió registrar la palabra "adrenalin" como marca de fábrica, por lo cual los científicos prefieren generalmente usar las más engorrosas palabras como epinefrina o norepinefrina. 



Las drogas estimulantes actúan causando que las fibras nerviosas liberen adrenalina u otros neurotransmisores estimulantes. Aunque los diferentes estimulantes consiguen este efecto de distintas maneras, el resultado es siempre el mismo: la liberación de más neurotransmisores estimulantes. De manera tal que la estimulación que siente la gente cuando toma drogas estimulantes es simplemente producto de la propia energía del cuerpo, que obliga a trabajar al sistema nervioso. La droga consigue que el organismo emplee su energía más deprisa o en mayores cantidades que en condiciones ordinarias.

Esta liberación de energía química en forma de noradrenalina  causa ciertos cambios predecibles en la mente y en el cuerpo. Hace que la persona se sienta más despierta, más alerta y, a veces, más feliz. Hace que el corazón lata con más frecuencia y puede causar aumento de la presión sanguínea. Debido a que se producen cambios en el flujo sanguíneo, las puntas de los dedos y la punta de la nariz se pueden poner frías. Da sensaciones de revoloteo en el estómago y puede tener efectos laxantes.

Algunos de estos eefectos son mediados por un parte del sistema nervioso, llamado sistema nervioso simpático, una parte del sistema nervioso vegetativo. La función principal del sistema simpático es acondicionar el cuerpo para situaciones de emergencia, como la lucha y la fuga. Lo hace mediante la supresión temporal de funciones que no son esenciales en ese momento para esos propósitos (la digestión, por ejemplo), y deriva la energía correspondiente hacia las necesidades vitales del momento de emergencia. Para la realización de esa tarea, el sistema nervioso simpático se apoya en la noradrenalina como mensajero químico.



Ahora bien, la noradrenalina actúa de la misma manera que la adrenalina, la hormona que también responde en esos estados de emergencia. Las experiencias que inducen la secreción de adrenalina en el torrente sanguíneo producen sensaciones muy parecidas a las que producen las drogas estimulantes. La precipitación de excitación que se siente en la montaña rusa puede parecerse muchísimo a la que se experimenta al tomar anfetamina, y no hay duda de que estas técnicas se usan por esa razón. Es decir, porque dan a la gente la sensación de aumento de la energía mental y física, y la hacen sentirse más "viva", temporalmente al menos.

En años recientes los científicos han empezado a reconocer muchas cosas interesantes sobre los "biorritmos", los ciclos por los cuales pasan nuestros procesos vitales. El biorritmo diario más obvio es el de dormir y despertarse. La producción de hormonas y neurotransmisores tiene sus propias subidas y bajadas. Esos ciclos parecen explicar por qué las personas se sienten naturalmente estimuladas a algunas horas y letárgicas en otras. Un patrón muy frecuente es sentirse lleno de energía y capaz de concentrarse por las mañanas y, en cambio, mentalmente perezoso a la hora de la siesta.



Una de las razones por las cuales los estimulantes son tan apetecidos es porque dan un control temporal sobre los ritmos de "vigilia" (estar despierto) y las subidas y caídas de ánimo. Si a uno le espera una tarea mental a las tres de la tarde, precisamente en el momento en que la cabeza quiere descansar, uno la puede poner en movimiento y hacerle concentrarse tomando un estimulante. De esa manera fuerza el sistema nervioso a liberar parte de su energía química almacenada. Si se tiene que conducir una larga distancia durante la noche -cuando el sistema nervioso entero quiere dormir-, es posible mantenerse despierto metiéndose un estimulante en el cuerpo. Si alguien se siente deprimido antes de una reunión obligada con gente importante, puede levantarse el ánimo, por un tiempo, con un estimulante.

Otra razón por la cual a la gente le atraen tanto los estimulantes es porque disminuyen el hambre y hacen así posible pensar en algo que no sea comida, con lo cual la persona puede concentrarse mejor en la tarea que está realizando. Más aún, el ayuno en sí tiende a hacer crecer la propia sensación de energía y lucidez. La razón por la cual las drogas estimulantes tienden a disminuir el apetito está probablemente relacionada con la preparación del cuerpo para situaciones de emergencia. Durante las emergencias todas las funciones se convierten en no esenciales comparadas con la circulación de la sangre y la respuesta muscular. Por lo tanto, durante el estrés, el cuerpo desvía la energía desde el estómago y los intestinos hacia el cerebro, el corazón y los vasos sanguíneos.



Debido a que los nervios y los músculos reciben atención preferencial cuando se usan estimulantes, estas drogas pueden, por un tiempo, mejorar ciertos rendimientos físicos y mentales. Pueden, por ejemplo, permitir concentrarse mejor o realizar tareas físicas con más eficiencia y durante más tiempo. Esto explica con probabilidad por qué estas drogas apatecen tanto a estudiantes y atletas.

Por supuesto, los estimulantes no afectan a todo el mundo de la misma manera. Algunas personas encuentran desagradables los efectos de las drogas estimulantes, lo mismo que muchas personas encuentran desagradable la montaña rusa. Lejos de hacer que todo el mundo se sienta alegra y despierto, estas drogas hacen que muchas personas se sientan ansiosas, agitadas e incapaces de sentarse tranquilas. Algunas son tan sensibles a los estimulantes que no consiguen dormirse de ninguna manera hasta doce o más horas después de haber tomado una pequeña dosis. Otras sienten síntomas aun más inquietantes, tales como palpitaciones cardíacas, diarrea y necesidad frecuente e imperiosa de orinar. Para otras personas, en vez de mejorar automáticamente las tareas físicas y mentales, el resultado es que hacen la tarea deprisa y mal. Hay anécdotas famosas de estudiantes de colegio que habían creído escribir exámenes brillantes bajo el efecto de anfetaminas y se enteraron después de que habían escrito la misma línea una vez y otra o garabateado las respuestas del examen en una página ilegible.



Con todo, los estimulantes parecen atractivos a primera vista. Lo pueden hacer sentir a uno lúcido, feliz, despierto, enérgico, fuerte y resistente al hambre, al aburrimiento y a la fatiga. Pero hay una regla general: "Todo tiene su precio". Y los estimulantes no son una excepción a esta regla.

Los problemas más serios con los estimulantes son su modo de operar. No nos regalan milagrosa energía cósmica, sino que fuerzan a nuestro cuerpo a liberar parte de la que mantiene en reserva. De manera que cuando el efecto del estimulante pasa, el cuerpo se encuentra con menos energía de la que habitualmente tiene y necesita volver a llenar los depósitos.

La gente experimenta estas últimas experiencias como un "bajón", que se caracteriza por las mismas sensaciones que quiere evitar al tomar estimulantes. A saber: adormecimiento, letargia, pereza, fatiga mental y depresión anímica. El precio que se paga por el bienestar que el estimulante da es el malestar que se siente cuando el efecto pasa.



Ahora bien, si se está dispuesto a pagar ese precio y a dejar que el cuerpo recargue sus energías, no hay nada malo en usar estimulantes de vez en cuando. El problema es que mucha gente no está dispuesta a esperar a que su cuerpo se reajuste por sí solo. Quiere sentirse bien ahora mismo, de manera que toma otra dosis de droga. Es muy fácil caer en un patrón de usos continuos de estimulantes para evitar la sensación de bajón que sigue a la subida inicial.

Por desgracia, cuando los estimulantes se usan de esta manera, crean dependencia con mucha rapidez. La gente que toma estimulantes pronto encuentra que no puede funcionar sin ellos. Los necesita por la mañana sólo para abrir los ojos, mover el intestino, trabajar y hacer cualquier otra tarea de la vida diaria. Sin ellos sienten, simplemente, que no hacen nada  a fondo.

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