martes, 13 de diciembre de 2011

¿POR QUÉ LOS SERES HUMANOS USAN DROGAS?





Las drogas siempre, a lo largo de la historia del ser humano, han sido atractivas porque cambian el estado de conciencia. La razón básica por la cual los seres humanos consumen drogas es debido a que producen cambios en su experiencia consciente. Por supuesto hay muchas otras maneras de variar ese estado, tales como oír música, hacer música, bailar, ayunar, cantar, hacer ejercicio físico, meditar, enamorarse, explorar la selva (si uno vive en la ciudad), visitar una ciudad (si uno vive en un pueblo pequeño o en la selva o en un bosque), hacer el amor, soñar despierto, mirar los fuegos artificiales, ir al cine o al teatro, meterse en el agua helada al salir de una sauna, participar en rituales religiosos, etc.... Las lista puede ser casi infinita e incluye todas las actividades en las cuales la gente invierte la mayor parte de su tiempo, su energía y su dinero duramente ganado. Quiere decir que cambiar el estado de conciencia es algo que a los seres humanos nos gusta.




Parece ser, según estudios científicos, que los seres humanos nacen con la necesidad de cambiar ese estado de cuando en cuando. La conducta de los niños pequeños refuerza esta idea. Casi recién nacidos, los bebés se acunan a ellos mismos para lograr estados de ensoñación. Muchas criaturas descubren que girar sobre sí o en círculo es una técnica poderosa para cambiar de estado de conciencia. Algunos experimentan también con la hiperventilación (respiración rápida y profunda) seguida de mutua opresión torácica o ahogo. También con cosquillas, hasta producir risa paralizante. Más aún, aunque estas prácticas llegan a producir algunos efectos desagradables -tales como vértigo y náuseas-, la experiencia total es tan excitante que los niños insisten una y otra vez, a veces contra la objeción de los padres. Dado que los bebés de todo el mundo incurren en estas prácticas, el deseo de cambiar el estado de conciencia no parece resultar de un cultura particular, sino como algo intrínsecamente humano. A medida que los niños crecen, descubren que ciertas sustancias disponibles les producen efectos similares. El atractivo de las drogas reside en que proveen un fácil y rápido acceso a estas experiencias transitorias.


El vino se usa en ceremonias religiosas tanto en el rito judaico omo en el cristiano.
De acuerdo con los Evangelios, la última cena se celebró durante la Pascua hebrea


Muchos consumidores de droga hablan de sentirse high (entonados). Estas agradables experiencias corresponden a estados de conciencia marcados por los sentimientos de euforia. La gente que no toma drogas busca también entonarse. En efecto, esta sensación de tanto en tanto podría ser necesaria para nuestra salud mental y física, así como la risa y los sueños nocturnos parecen ser de importancia vital para nuestro bienestar. Tal vez sea ésa la razón para que el deseo de alterar el estado normal de conciencia exista en todos, y el por qué los seres humanos perseguimos estos estados aunque a veces puedan tener efectos laterales desagradables e incluso efectos letales.


Si bien el deseo de entonarse está en la raíz de la ingesta de droga tanto en niños como en adultos, los seres humanos consumen drogas por otras -y más prácticas- razones que incluyen:

  • La participación en ritos religiosos. A lo largo de la historia la gente siempre ha utilizado drogas para elevar la sensación de transcendencia y sentirse más unido con la naturaleza, Dios y lo sobrenatural. La marihuana se empleó con ese propósito en la antigua India, y muchas plantas psicodélicas las usan todavía hoy con el mismo propósito los indios del Norte y Sudamérica. El alcohol se ha consumido por igual motivo en muchas partes del mundo. El papel del vino en los ritos católicos y judaicos persiste como ejemplo. Entre los pueblos primitivos, las plantas psicodélicas son a menudo consideradas como objetos sagrados: regalos de Dios y de los espíritus para unir a los seres humanos en los reinos más elevados.
William James (1842-1910) psicólogo y filósofo norteamericano
Oliver Wendell Holmes (1809-1894), escritor y médico norteamericano
Aldous Huxley, escritor británico


Sigmund Freud


William S. Burroughs, novelista norteamericano

Richard Alpert, psicólogo y gurú


John Lilly, investigador médico y filósofo


  • La exploración del yo. Individuos curiosos han tomado drogas psicoactivas a lo largo de la historia para explorar partes de su propia mente que, por lo general, no son accesibles. Uno de los más famosos en nuestros tiempos fue el escritor británico Aldous Huxley, que experimentó intensamente con mescalina en los años cincuenta. Huxley nos dejó el registro de sus experiencias en un libro titulado "The Doors of Perception" (Las puertas de la percepción). Otros bien conocidos "exploradores" son Oliver Wendell Holmes, el historiador, médico y poeta norteamericano del siglo XIX, quien experimentó con éter. William James, el psicólogo y filósofo de Harvard de fines del siglo XIX, usó el óxido nitroso (gas de la risa). Sigmund Freud, el famoso fundador del psicoanálisis, tomaba cocaína. William S. Burroughs, novelista norteamericano contemporáneo consumió opiáceos. Richard Alpert (Ram Dass), psicólogo y gurú, tiene amplia experiencia con LSD y otros psicodélicos. John Lilly, investigador médico y filósofo, ha experimentado con ketamina. Hay, por último, muchos otros que han seguido este camino privado y guardado sus experiencias para sí mismos o las han compartido sólo con relaciones íntimas.
  • El cambio de estado de ánimo. Mucha gente toma drogas con intención de aliviar su ansiedad, depresión, letargia o insomnio, o bien por querer escapar del dolor y del aburrimiento. La idea de que los estados indeseables de ánimo son estados de enfermedad que se pueden tratar tomando medicamentos goza de mucho prestigio en nuestra sociedad. La industria farmacéutica ha fomentado tanto como capitalizado este concepto, con el resultado de que hoy los fármacos más vendidos son los destinados a producir cambios en el estado de ánimo. La gente joven ve a sus padres usar las drogas con este propósito y, además, está directamente influida por la propaganda que promociona esa conducta. Son más numerosas que nunca las personas de todas las edades que usan drogas no medicinales, tanto legales como ilegales, con el mismo fin.
El vino Mariani, que se hacía en París a fines del siglo pasado,
contenía un extracto de hojas de coca peruana y se convirtió en
la prescripción médica más extendida en el mundo entero. La usaban
los reyes, las reinas, los líderes sociales y, por lo menos, un papa.

  • El tratamiento de enfermedades. Las drogas psicoactivas realmente hacen que la gente sienta de manera diferente y, tanto médicos como pacientes, se han apoyado con firmeza en ellas para manejarse con los síntomas de la enfermedad. Opio, morfina y alcohol fueron los principales soportes de la medicina del siglo XIX y se usaron para todo: desde los dolores menstruales, hasta la epilepsia. Una de las eminencias médicas de la época llamaba a la morfina "la medicina particular de Dios". La tintura de marihuana también fue un prestigioso remedio. A finales del siglo XIX la cocaína era promocionada como droga milagrosa, capaz de curarlo todo y el vino de coca fue el remedio más recetado de la época. En años recientes el diazepam (Valium) ha mantenido el mismo privilegio. Esta clase de tratamiento podría operar distrayendo la conciencia de los síntomas y hacerle derivar, en cambio, hacia el bienestar del entonamiento. Algunas veces, el problema médico puede desaparecer por sí solo. Pero, en otras ocasiones, no hay tratamiento de la causa que produce los síntomas. Entonces el problema persiste y el paciente puede recurrir al remedio una y otra vez hasta hacerse dependiente.
  • Como intento de escapar del aburrimiento y la desesperación. En palabras de Aldous Huxley: "La mayoría de los hombres y mujeres lleva una vida tan penosa, o tan monótona, pobre y limitada en el mejor de los casos, que el deseo de escapar de sí misma es, y siempre fue, uno de los principales apetitos del alma".

  • La promoción y el refuerzo de la actividad social. "Tomemos una copa", es una de las frases de uso más frecuente en nuestros días. Es una invitación a compartir el tiempo y la comunicación alrededor del consumo de una droga psicoactiva. Tanto como compartir una comida, tomar drogas entre dos es una excusa ritual a fin de intimar. El momento del café y el "feliz" momento del cóctel son ejemplos de cómo las drogas aceptadas se usan con este propósito. Las desaprobadas pueden estrechar los lazos de unión entre las personas con más fuerza frente al desafío común a la autoridad. En los grandes conciertos de rock en protesta por la guerra de Vietnam en los sesenta, los extraños se convertían instantáneamente en camaradas íntimos sólo con pasar de mano en mano un porro.
En diferentes culturas, otras drogas cumplen la misma función. Por ejemplo, los indios sudamericanos toman coca juntos durante las pausas de trabajo y, mordisquear coca con un amigo, establece un importante lazo social. Para los isleños del mar del Sur beber por la noche kava en grupos es el equivalente del cocktail party norteamericano.




Aparte del significado ritual que la droga llega a adquirir, sus efectos farmacológicos suelen favorecer la relación social. Como en la mayoría de las personas, la droga tiende a disminuir la inhibición, los hombres y las mujeres de negocios suelen beber durante las comidas de mediodía para facilitar la apertura psicológica y la congenialidad. De igual manera, antes de las citas galantes las parejas suelen beber algo para reducir la ansiedad y favorecer el desembarazo. Estimulantes tales como la cocaína promueven la facilidad de conversación, incluso entre extraños, al aumentar el estado de atención y producir euforia.

Tan importante es esta función de las drogas psicoactivas, que muchas personas suelen encontrar difícil relacionarse con otras si se las priva de ellas.
  • La exaltación de las experiencias sensoriales y del placer. La búsqueda del placer es característico del ser humano, que llega a ser muy imaginativo cuando se trata de encontrar maneras de excitar sus sentidos y gratificar sus apetitos. Una de las características del placer es que se amortigua con la repetición del estímulo: y sólo hay un limitado número de placeres sensoriales al que se puede acceder. Se ha invertido tanto tiempo, pensamiento y tanta energía en la actividad sexual como en cualquier otra actividad humana, pero las posibles posiciones y técnicas sexuales son limitadas. Al hacer que las personas "sientan" de manera diferente, las drogas psicoactivas pueden conseguir que prácticas sexuales habituales parezcan experiencias nuevas e interesantes. El uso de las drogas en combinación con el sexo es tan viejo como las montañas. Igual que los son la danza, el banquete o la audición y ejecución de música. Beber vino con las comidas es una práctica que se remonta a la prehistoria, y se sigue favoreciendo en nuestra sociedad. Algunos hombres dicen que fumar un cigarro de hoja y beber una copa de coñac al final de una buena comida completa la perfección de la misma. Los amantes de la marihuana afirman que pasar un porro de mano en mano es la mejor manera de empezar una comida. Las drogas psicodélicas intensifican especialmente las sensaciones y pueden hacer que una puesta de sol se sienta como una experiencia más excitante que una película (por supuesto, las drogas psicodélicas pueden también convertir una situación semidesagradable, en una aterrorizante pesadilla). Debido a que las drogas son capaces, al menos pasajeramente, de convertir lo ordinario en extraordinario, mucha gente las busca y las consume en un esfuerzo por aumentar la capacidad de gozar de la vida.
Samuel Taylor Coleridge
Líneas iniciales de "Kubla Khan" (1798):
En Xana-du mandó Kubla Khan
erigir un magnífico templo de placer:
donde corría el Alph, el río sagrado,
por cavernas que el hombre no puede medir,
hasta un oscuro mar.   

  • El aumento de la creatividad artística y el rendimiento. Los escritores han usado tradicionalmente las drogas psicoactivas como fuentes de inspiración. El famoso poema visionario "Kubla Khan" del poeta inglés Coleridge, fue la transcripción de uno de sus sueños provocados por el opio. El poeta francés Charles Beaudelaire tomó hachís y opio para favorecer la inspiración creativa. Su compatriota, el novelista Alejandro Dumas, se unió a él para experimentar con el hachís. El escritor norteamericano Edgar Allan Poe dependía del opio. Es probable que parte de lo extraño de sus historias provenga de sus experiencias con la droga. Los primeros escritos de Sigmund Freud estaban inspirados por la cocaína. Durante un tiempo la promovió como droga portentosa. Innumerables novelistas, poetas, dramaturgos y periodistas han buscado su inspiración en el alcohol. Muchos han pagado el alto precio de convertirse en alcohólicos.
Una tela pintada de Huichol donde se ven
seres sagrados y espíritus


Algunos pueblos tradicionalistas han transformado visiones psicodélicas en arte. Por ejemplo, las pinturas en tela de los indios mexicanos de Huichol proceden directamente de sesiones de peyote. Otros artistas encuentran las visiones dentro de su propia imaginación, pero usan drogas psicoactivas para ayudarse en la tarea de transformar sus visiones en obras de arte. Diego Rivera, el pintor mexicano más famoso del siglo XX, tomaba marihuana. El pintor abstracto norteamericano Jackson Pollock era alcohólico. Murió a los cuarenta y cuatro años en un accidente de automóvil a consecuencia de conducir embriagado por el alcohol.

Cuando la marihuana emergió en el mercado norteamericano en los años veinte, los músicos fueron los usuarios más entusiastas y muchos la siguen consumiendo, tanto para componer, como para ejecutar. Algunos de los más conocidos músicos de jazz han sido adictos a la heroína.

Ha habido poca investigación científica sobre la relación entre la actividad creativa y las drogas. Es posible que los estados de entonamiento permitan a algunas personas ver el mundo en nuevas perspectivas y profundizar en este conocimiento para expresarlo después en arte.



  • La superación de las marcas deportivas. Varias drogas permiten realizar hazañas físicas por encima de lo común. En el antiguo imperio inca del Perú, corredores de posta tomaban coca para poder cubrir largas distancias a través de los Altos Andes y llevar mensajes a todos los rincones del Imperio. Los guerreros de todas las épocas han tomado alcohol antes de la batalla para aumentar el coraje y aminorar el dolor físico. Algunos atletas de hoy siguen la tradición: los jugadores de béisbol masticaban tabaco; los de football (norteamericano) y baloncesto toman a menudo anfetaminas y cocaína. A veces, también los camioneros cubrían enormes distancias sin dormir, bajo el efecto de grandes cantidades de anfetaminas.

  • El deseo de rebelarse. Precisamente porque la droga está rodeada de tantos tabús, los tabús invitan a adoptar una actitud rebelde. Violarlos es una manera obvia de desafiar al establishment. Los niños aprenden enseguida que pueden irritar a padres, maestros, médicos y otras autoridades adultas, tomando sustancias prohibidas. Normalmente, los adolescentes tratan de reafirmar su independencia, y lo hacen resaltar rechazando la escala de valores de sus padres. Por lo tanto, no es de sorprender que la adolescencia sea la época más frecuente de experimentación con las drogas. Por desgracia, el intento de nuestra sociedad de controlar el consumo de drogas decretando la ilegalidad de algunas de ellas tiene un papel negativo en las manos de los muchachos rebeldes. Hay incluso adultos que siguen sin superar ciertos rasgos o rastros de adolescencia y expresan su ansia de rebelión en su manera de manejarse con las drogas.
Una muchacha de 17 años cualquiera, adicta a la heroína, acude a la heroína quien tiene
mucho dinero en el bolsillo y no puede pasar todo el tiempo ante los "juegos"
de video; quien siente que la vida es trivial y muy aburrida; quien busca a otra
gente que piensa lo mismo.
Chicos de 19 años cualesquiera, adictos a la heroína, empezamos a pincharnos
heroína cuando teníamos unos doce o trece años y fuímos yonkis hasta los 15 años.
Hemos pasado por el "mono" ocho o nueve veces, pero después de cada mono
veíamos otra vez a alguno de los amigos y volvíamos a la heroína.

  • Seguir la corriente de los camaradas. Muchos que no han sentido en sí mismos la necesidad de tomar drogas, las toman para que los demás no los excluyan como a extraños. Un hombre o una mujer que no bebe con sus colegas se siente un poco bicho raro. Muchos adolescentes empiezan a fumar tabaco y marihuana, aunque no les guste, para sentirse aceptados. De la misma manera que suelen adoptar estilos fanfarrones y ponerse ropas estrafalarias que no les sientan bien. Los jóvenes ven a menudo las drogas como símbolo de madurez y refinamiento; temen que si no las usan les será negada la admisión en ciertos grupos. La propaganda comercial de cigarrillos y alcohol capitaliza esos temores.
Tomar drogas porque "todo el mundo las toma" no es probablemente una muy buena razón, pero sí por cierto una razón muy socorrida.
  • El afianzamiento de la propia identidad. Un individuo -o un pequeño grupo de personas- suele usar una sustancia prohibida o abusar de una que está permitida para sentirse "especial" y crearse cierta sensación de identidad. Lo mismo que los punk y los rocker usan trajes y maquillajes exóticos, alguna gente adopta raras o afectadas maneras del uso de la droga para llamar la atención y ser "reconocida".
Edgard Allan Poe (1809-1849), el talentoso poeta y escritor
norteamericano, dependía del láudano (tintura de opio) y sus
relatos macabros estaban sin duda influidos por sus experiencias
con esta droga


Hay tantas razones por las cuales la gente puede tomar drogas, que resulta difícil decidir cuál está operando en cada caso determinado. Una persona puede tomar cierta droga por una razón y otra tomarla por un motivo distinto. También es posible consumir drogas por varias razones al mismo tiempo. Pero insistamos, una vez más, que hay seres humanos que toman drogas simplemente por hábito, sin tener ninguna razón particular.




No hay comentarios:

Publicar un comentario