miércoles, 14 de diciembre de 2011

RELACIONES DEL SER HUMANO CON LA DROGA

El deseo de llamar a unas drogas buenas y a otras malas ha originado la expresión "drogas de abuso". Las autoridades oficiales y los médicos utilizan con frecuencia este término, por lo general para designar drogas ilegales. En su opinión, toda persona que consume una de ellas es automáticamente culpable de abuso de droga (en este caso nos referimos a una concepción médica no generalizada y sólo nos referimos a médicos norteamericanos).

¿Pero qué es abuso de droga? Decir que es el consumo de drogas de abuso resulta tortuoso y carece de significado. Yo creo que tomar cualquier sustancia se hace abusivo cuando amenaza la salud o dificulta el buen desempeño social o el desarrollo personal y económico de la persona. Los fumadores de cigarrillo con enfermedades respiratorias hacen claro abuso del tabaco. Los estudiantes que no pueden concentrarse en clase porque están intoxicados abusan de la marihuana. Los alcohólicos que no pueden conservar el puesto de trabajo abusan del alcohol. Los adictos que gastan todo su dinero en cocaína y empobrecen así a sus familias, abusan de la cocaína. Por otro lado, toda droga puede ser usada de manera no abusiva, incluso si es ilegal o no está tolerada. Hay mucha gente que consumen tabaco, marihuana, alcohol y heroína sin abusar de ellas; es decir, conservan la salud, su vida social y sus obligaciones. el abuso de droga no es simplemente asunto del tipo de droga que una persona consuma, más bien depende de la relación que el individuo establezca con esa droga.



Hay muchos factores que determinan esa relación. Obviamente, la droga misma es un factor importante; hay toda una ciencia -la farmacología-, cuyo objeto es averiguar el efecto que produce cada droga.

Por desgracia los efectos de una droga son difíciles de precisar. Diferentes personas reaccionan de manera diversa ante la misma sustancia y la misma dosis, probablemente porque la bioquímica de cada ser humano difiere tanto de uno a otro, como la apariencia física personal. Incluso el mismo individuo puede reaccionar de manera distinta a la misma droga en tiempos diferentes. Los farmacólogos tratan de disminuir esas diferencias probando las drogas en los animales y dánsoselas a las personas bajo las mismas condiciones de laboratorio. El resultado de esa experiencia les permite clasificar las drogas en categorías. Por ejemplo, dividen las drogas psicoactivas en estimulantes y depresoras del sistema nervioso.

Indios fumando


La experiencia de laboratorio enseña también que la dosis de la droga es una variable de importancia fundamental. las altas dosis de una sustancia determinada pueden producir efectos muy diferentes que las dosis bajas. Dosis moderadas de alcohol dan a la mayoría de la gente sensación de bienestar y relajamiento. Las dosis altas pueden causar falta de coordinación en los movimientos, confusión mental y ganas de vomitar (esta última creo que todos lo sabemos por propia experiencia).

La euforia del alto consumo de alcohol
acaba en uno de sus efectos: el vómito


La manera de hacer llegar la droga al cuerpo también condiciona el tipo de efecto. Cuando se toma una droga por la boca, la droga entra lentamente en la corriente sanguínea y su influencia sobre el sistema nervioso es menos intensa que cuando se inhala por la nariz, se fuma o se inyecta, saltándose así la barrera del tracto intestinal. Es también más probable que altas dosis de una droga administradas por alguna de estas otras vías más directas resulten en mayor adicción a lo largo del tiempo.

Recolectores de hoja de coca en Sudamérica


Estos hechos farmacológicos pueden explicar algunas de las diferencias que se observan en la relación con la droga. Por ejemplo, los indios sudamericanos que mastican hojsa de coca tragan por lo común bajas dosis de cocaína y no se convierten en abusadores de ese estimulante. Las personas que inhalan dosis mucho mayores por la nariz o fuman cocaína crack es mucho más probable que desarrollen problemas médicos, sociales y psicológicos. El abuso potencial de aspirado o fumado de cocaína en polvo es mucho mayor que el de masticar coca. En otras palabras, es bastante más probable que la gente establezca buenas relaciones con la coca que con la cocaína, y estas diferencias tiene una clara base farmacológica.



Sin embargo, el laboratorio no es el mundo real, y la farmacología solo puede explicar algunos de los aspectos humanos de la relación con la droga. Cuando la gente toma drogas en el mundo real, las experiencias no siempre son las que los farmacólogos han predicho. La razón es que fuera del laboratorio hay otros factores que pueden cambiar los efectos de la droga. Uno de estos factores es la "actitud", es decir, lo que una persona espera -o no espera- que ocurra cuando toma una droga. La expectación está condicionada por toda la experiencia pasada: lo que la persona ha oído decir de la droga, leído sobre ella, visto de ella, pensado en ella y deseado hacer. A veces no es fácil saber lo que una persona espera de una droga porque sus verdaderos sentimientos están ocultos para ella misma. Un adolescente que fuma marihuana por primera vez puede creer que está deseando tener una nueva experiencia, pero inconscientemente puede estar aterrorizado de perder la cabeza o de quedar tan borracho que no va a volver nunca. Tales miedos inconscientes pueden determinar la reacción a la marihuana mucho más que el efecto real de la droga.

El miedo determina más la reacción a las drogas
que el efecto real de las mismas


La actitud puede ser tan importante como la farmacología en la determinación de la relación con la droga. Por ejemplo, algunas personas esperan que el compuesto los relaje o haga sentir cansados y, por lo tanto, la usarán sólo antes de dormir. Otras, en cambio, sienten que la droga reduce su estado de ansiedad y les permite relacionarse mejor con la gente, por lo cual la utilizan con tanta frecuencia durante el día que pueden caer en la dependencia.

Un smoke-in (reunión pública para fumar marihuana)
en Manchester´s Veteran´s  Park


El "ambiente" es otro factor que modifica la farmacología. El ambiente, cuando se refiere a la droga, no es sólo el físico sino también el social y cultural. Durante la guerra de Vietnam muchos soldados norteamericanos adquirieron el hábito de fumar grandes cantidades de heroína de alto grado porque era barata y en Asia Sudoriental tenían fácil acceso a ella. La enrollaban en cigarrillos junto con tabaco o marihuana y la usaban sobre todo para escapar del aburrimiento -debido a que para muchos soldados norteamericanos la guerra de Vietnam fue más que nada aburrida-, y la heroína parece hacer pasar el tiempo más rápidamente. Los farmacólogos habrían predicho que la mayoría de ellos terminaría siendo adicto a la heroína pero, en realidad, casi todos dejaron de usar opiáceos tan pronto como volvieron a su país de origen. Lo que determinó esta norma de conducta en Vietnam fue el ambiente particular de la vida militar y, cuando la gente dejó aquel ambiente, la mayoría de ellos (no todos) abandonó el hábito, independientemente que tomaran otros malos hábitos como el alcoholismo.



En conjunto, la actitud y el ambiente pueden modificar la farmacología de manera drástica. Por lo tanto, hablar de los efectos de las drogas en la vida real no es cosa fácil. Los efectos de las drogas están en relación con cada persona en particular, con cada lugar y con el tiempo. En la antigua India, la marihuana era ingerida por razones religiosas. La gente la usaba por sus efectos en el estado de conciencia, de maneras socialmente aceptadas. Durante el siglo XIX, tanto en Inglaterra como en Norteamérica, los médicos prescribían tintura de marihuana a los enfermos como medicina y la mayor parte de los pacientes no decía que se sintiera entonada, probablemente porque no lo esperaba e ignoraba los efectos psicoactivos de la droga. Durante los años veinte, en Estados Unidos, los miembros de ciertas subculturas empezaron a consumir marihuana para sentirse entonados, práctica considerada descarriada por la cultura dominante. Muchos fumadores de marihuana de la primera época caían en el pánico y algunos cometían actos de violencia bajo la influencia de ese estado. Hoy la marihuana está aceptada en muchos círculos y, quienes la usan, creen que disminuye la agresividad y la hostilidad.

Medicamento con tintura de marihuana


El hecho de que los efectos de las drogas psicoactivas varíen tanto de persona a persona, de cultura a cultura y de edad a edad, demuestra bien la tontería de llamar a cualquier droga "buena" o "mala". Pero si no existe la "droga de abuso", existe el abuso de la droga. Y es importante aprender a reconocerlo. Sólo a través del análisis de la relación del individuo con la droga pueden las palabras "bueno" o"malo" tener sentido. Alguna gente se indigna ante la sola idea de que se pueda tener una buena relación con la droga, pero lo más probable es que estas personas no hayan caído en la cuenta de que muchas sustancias socialmente aceptadas son, de hecho, drogas.

Sigmund Freud (1856-1939)
El padre del psicoanálisis fue primero un entusiasta
de la cocaína y un adicto fumador de cigarros de hoja (veinte al día).
Con el tiempo repudió la cocaína, pero siguió fumando cigarros
casi toda la vida y murió de un cáncer oral provocado por ese hábito.


Una buena relación con la droga tiene cuatro características fundamentales en común:
  1. Reconocimiento de que lo que se consume es una droga y conciencia de los efectos que tiene sobre el cuerpo. La gente que está en peores relaciones con la droga es la que por lo común tiene poco conocimiento sobre las drogas que consume. Creen que el café es sólo una bebida, la marihuana una hierba y las píldoras para hacer dieta sólo "supresores del apetito". Toda droga tiene el potencial de crear problemas a menos que la gente se cuide de no permitir que el uso de esa droga se escape de control. El primer paso necesario para evitarlo es reconocer la naturaleza de la sustancia en uso y saber cuáles son sus efectos.
  2. Experiencia de efecto útil de la droga a lo largo del tiempo. Las personas que empiezan a consumir droga suelen descubrir que las mejores experiencias fueron las primeras. A medida que recurren con más frecuencia a esa sustancia los efectos deseados tienden a disminuir. Quienes están en peor relación con la droga usan a menudo grandes dosis y consiguen el objetivo cada vez menos. Esta extraña norma ocurre con todas las drogas y suele ser muy frustrante. La frecuencia en el uso es el mejor índice para predecir cómo será la relación a lo largo del tiempo. Si no se le hace caso a esta advertencia y se continúa consumiendo la droga con la misma frecuencia, el sujeto empieza a deslizarse hacia una relación cada vez peor con la droga.
  3. Facilidad para el abandono del consumo de la droga. Uno de los aspectos más llamativos de una mala relación con la droga es la dependencia; la dependencia controla al individuo más que el individuo a ella. Las personas que establezcan buena relación con las drogas pueden tomarlas y dejarlas con facilidad.
  4. Ausencia de efectos adversos sobre la salud y la conducta. La susceptibilidad a los efectos adversos de una droga varía de persona a persona. Algunas pueden fumar tabaco la vida entera y no desarrollar cáncer de pulmón. También hay personas capaces de aspirar polvo de cocaína con frecuencia y permanecer física y psicológicamente sanas y socialmente productivas. Otras no pueden. Consumir droga de manera que produzcan efectos negativos sobre la salud y la conducta, y seguir consumiéndola a pesar de estos efectos, es la característica definitoria de una mala relación con la droga.
Hombre alcoholizado durmiendo en cualquier calle de cualquier país.


Sea la sustancia legal o ilegal, aceptada o rechazada, obtenida a través de un médico o en el mercado negro, si el consumidor es consciente de su naturaleza, si puede lograr mantener un efecto útil con ella a lo largo del tiempo, separarse de ella fácilmente y permanecer libre de efectos adversos sobre la salud y la conducta, está es buena relación con la droga.



Una mala relación con la droga empieza por ignorar la naturaleza de la sustancia, sigue con la disminución del efecto deseado a pesar del aumento en la frecuencia de uso y termina con la dificultad creciente para abandonarla además de dificultades de salud y conducta social a lo largo del tiempo.



Toda droga puede ser consumida con éxito, por mala que sea su reputación, y toda droga puede ser consumida abusivamente, sea la droga aceptada o rechazada. No hay drogas buenas o malas. Hay sólo buenos y malos usos de la droga.


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