miércoles, 21 de diciembre de 2011

SALUD CELULAR ¿CÓMO SE MIDE?




Basándose en sus investigaciones sobre los telómeros, galardonadas con un premio Nobel, Elizabeth H. Blackburn intenta descubrir una forma sencilla de evaluar los riesgos individuales de enfermar.

Elizabeth H. Blackburn


Un reloj molecular que reside en nuestras células sigue generando titulares decenios después que Elizabeth H. Blackburn llevase a cabo estudios pioneros sobre su funcionamiento. Los experimentos más recientes de Blackburn y otros investigadores han demostrado que esos relojes, los telómeros, pueden servir de barómetros que informen sobre la salud futura de una persona.

 Carol W. Greider


Los telómeros, segmentos de ADN localizados en los extremos de los cromosomas, evitan que estos se desgasten o se adhieran unos a otros. Pero cada vez que una célula se divide, los telómeros se acortan un poco. Esa reducción ha convertido a los telómeros en marcadores del envejecimiento celular. En algunas células, una enzima denominada telomerasa repone los segmentos perdidos. En otras, en cambio, el acortamiento sigue adelante sin que nada lo detenga. Cuando la merma de material alcanza cierto punto, las células dejan de dividirse y entran en un estado latente de senescencia o se mueren. Blackburn y Carol W. Greider, que en su día fue alumna suya y en la actualidad trabaja en la Universidad Johns Hopkins, junto con Jack W. Szostak, de la facultad de medicina de Harvard, fueron galardonadas en 2009 con el premio Nobel de fisiología o medicina por descubrir varios de estos procesos.

Jack W. Szostak


Blackburn, que trabaja en la Universidad de California en San Francisco, jamás se ha detenido para recuperar el aliento. En 2004, ella y la fisióloga de la salud Elissa S. Epel publicaron un artículo en el que relacionaban el estrés fisiológico con el acortamiento de los telómeros de los leucocitos de la sangre. El trabajo supuso un estímulo en el campo de la investigación de los telómeros. Hoy en día, numerosos estudios demuestran la relación entre la reducción de los telómeros y varias enfermedades. Y a la inversa, algunos comportamientos, como hacer deporte o reducir el estrés, se han asociado a telómeros más largos. Estos resultados han hecho pensar en la posibilidad de utilizar la longitud de los telómeros, determinada con un sencillo análisis de sangre, para obtener una instantánea de la salud general y echar un vistazo al proceso de envejecimiento.

Elissa S. Epel 

En 2010, Backburn fundó junto con otros la compañía Telome Health en Menlo Park, California, para ofrecer esa prueba a centros de investigación y a particulares (por prescripción médica). En Madrid, María Blasco, directora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas, ha puesto en marcha la empresa Life Length, que analiza los telómeros. La noticia del inminente lanzamiento de estas pruebas suscitó una controversia en torno a su utilidad. La redactora científica Thea Singer entrevistó recientemente a Blackburn para hablar sobre su trabajo.

María Blasco



Se ha hablado mucho de cómo envejecen las células conforme se acortan los telómeros, pero numerosos estudios demuestran que la reducción de los telómeros permite pronosticar el riesgo de padecer ciertas dolencias, como las enfermedades cardiovasculares, la diabetes, el alzhéimer y algunos tipos de cáncer, o incluso fallecer. Mary Whooley, de la Universidad de California en San Francisco, realizó un estudio, "Heart and Soul", en el que evaluó durante cuatro años a 780 personas de 60 años o más de edad: observó que los telómeros cortos representaban un indicador del riesgo de mortalidad. 

Mary Whooley


El genetista de la Universidad de Utah, Richard Cawthon, hizo un seguimiento a 143 personas durante un período de entre 15 y 20 años y descubrió que la mortalidad de las que poseían telómeros más cortos casi doblaba la de aquellas con telómeros más largos. Esto podría ser un indicador entre el acortamiento de los telómeros y el envejecimiento de todo el organismo.

Richard Cawthon
Actualmente, se cree que en lugar de referirse al acortamiento de los telómeros, al envejecimiento o envejecimiento celular, debería referirse al riesgo de contraer enfermedades asociadas al envejecimiento, pues se considera el concepto de envejecimiento como inadecuado dentro de este contexto.



Las investigaciones demuestran que el número de sucesos o acontecimientos vitales negativos, el estrés crónico o el trauma infantil se relacionan de forma cuantitativa con el acortamiento de los telómeros en la etapa adulta: cuantos más traumas, más se reducen los telómeros. Por otro lado, hay estudios que demuestran una sorprendente correlación entre el número de años de estrés crónico padecido por las madres de niños crónicamente enfermos y el acortamiento de los telómeros.



En estudios llevados a cabo durante cinco años a personas con arteriopatía coronaria estable, se ha descubierto que aquellas personas con un mayor nivel de ácidos grasos omega-3 de origen marino en sangre suelen presentar un menor acortamiento de los telómeros. De hecho, aquellas cuyos telómeros se alargaron durante ese período tendían a poseer niveles superiores de omega-3 al iniciar el estudio. Se tienen datos sobre lo que sucedió en esos pacientes, pero todavía no se han publicado.



Los individuos analizados tenían unos 60 años de edad y padecían una enfermedad coronaria leve que se había estabilizado al comienzo del estudio. Los resultados presentados se refieren a ese grupo, por lo que podrían no cumplirse en personas de entre 80 y 90 años o de entre 15 y 20 años.



La investigación de los telómeros no se fija en un único diagnóstico. En la mayoría de las personas se observan relaciones estadísticas con un conjunto de enfermedades progresivas que suelen presentarse juntas y se hacen más frecuentes con la edad. Se cree que esos males podrían responder a factores biológicos similares. La idea de que la inflamación crónica -que se deduce a partir del acortamiento de los telómeros de los leucocitos o incluso puede que esté provocada por él- represente la causa subyacente de dolencias que tratamos por separado, como la diabetes y la enfermedad cardiovascular, despierta un enorme interés. La longitud de los telómeros es un número que engloba múltiples influencias fisiológicas.



Los médicos desean aplicar métodos factibles y se cree que la idea de utilizar la longitud de los telómeros como una estrategia de monitorización resultaría factible.



En un artículo publicado sobre "intercepción del cáncer", en el que se utilizan fármacos y otros métodos activos para detener la enfermedad antes de que se haya establecido tiene su clave en la intercepción temprana, antes de que el cáncer alcance la fase de pleno desarrollo, que conlleva enormes costos humanos y económicos. Las investigaciones han permitido identificar etapas cada vez más tempranas de la enfermedad y el modo en que se avanza. Hoy se conoce el fármaco que podría funcionar en una fase incipiente de un cáncer determinado. La idea, llevada al extremo, consistiría en averiguar los factores de riesgo de una persona respecto a un tipo de cáncer y poder tratarla antes de que sufriera la enfermedad. De hecho, se están estudiando grupos de alto riesgo para algunos tipos de cáncer de colon, para los que hay diversas formas de interceptarlos.

En los ratones se ha demostrado que los telómeros cortos se asocian a un enorme riesgo de contraer cáncer. Todavía se desconoce ese efecto en los humanos, aunque ya se ha verificado en algunos grupos de personas. En ciertos grupos de cáncer o algunos cánceres específicos, los telómeros cortos permiten pronosticar el riesgo de la enfermedad en el futuro. Ello podría deberse a que el sistema inmunitario -lo que se investiga cuando se analizan los telómeros de los leucocitos- se está viendo alterado. O tal vez se está padeciendo un estado inflamatorio crónico que provoca el cáncer. O las propias células cancerosas presentan una inestabilidad genómica debido a que sus telómeros son demasiado cortos, lo que origina la enfermedad.

Jiang Gu
Jiang Gu, del Centro M.D. Anderson para el estudio del Cáncer en la Universidad de Texas, lideró un interesante estudio que parece apuntar a la existencia de un componente genético asociado a la longitud de los telómeros y al riesgo de padecer cáncer. Su grupo de investigadores examinó si los telómeros cortos y el riesgo de cáncer iban de la mano, desde un punto de vista genético. El artículo que publicaron se centraba en el cáncer de vejiga. Se preguntaron: ¿Qué variación en el genoma se asocia al riesgo de cáncer? Identificaron una variante genética asociada a la vez a los telómeros cortos y al riesgo de contraer cáncer. Al buscar el gen en cuestión, descubrieron que este se hallaba en la función de las células inmunitarias.

Noticias recientes afirman que el análisis de los telómeros nos informará sobre la longevidad de un ser humano. La idea de que el análisis predecirá el tiempo que uno va a vivir es errónea. La prueba no va a diagnosticar una enfermedad. Ni va a decir si llegaremos a los 100 años, pero con el tiempo, si se contempla de manera estadística, indicará probabilidades de contraer algunas de las enfermedades comúnmente asociadas al envejecimiento. El nombre de la compañía Life Length (que mide la longitud de los telómeros) debió despertar falsas ideas a la gente. 

Todavía no se sabe si existe una manera óptima de realizar los análisis. Se sabe que se pueden observar cambios en la longitud de los telómeros en seis meses, o incluso en cuatro, pero no en una semana. Sobre la base de principios científicos, cuantas más medidas se representen en un gráfico, mejor se podrán observar las tendencias. Por tanto, la estrategia de los seis meses parece razonable.



El análisis de los telómeros recuerda al análisis del colesterol: ofrece un percentil que permite conocer la posición de uno respecto a una población normal de personas con una edad, sexo, estilo de vida y comportamiento similar, aunque el colesterol guarda una relación más específica con la enfermedad cardiovascular. El análisis de los telómeros aporta una información más general. Se podría comparar con el peso, que sirve como indicador de numerosos aspectos de la salud. Si se sobrepasa cierto peso, la salud se verá afectada. De modo análogo, también resultará perjudicial poseer telómeros muy cortos. Pero existe un amplio abanico de posibilidades entre las situaciones extremas. Los doctores miran el peso porque representa un parámetro útil. Y lo examinan a lo largo del tiempo. Se cree que la longitud de los telómeros  es algo parecido; constituye una cifra que integra numerosas características. Aunque, clínicamente, nadie lo utilizaría como único indicador.

Existen críticos del análisis de los telómeros  que afirman que, a diferencia de las pruebas de colesterol, en las que se han podido establecer clasificaciones como colesterol "alto" o "bajo" gracias a los abundantes datos existentes, todavía no hay información suficiente para fijar normas relacionadas con la longitud de los telómeros, pero sin duda esa crítica no es cierta. Sin duda se puede separar a las personas en grupos, según el resultado del análisis. En la actualidad hay cientos o miles de longitudes de telómeros medidas en diversos grupos y se cree que se tiene una idea bastante clara sobre lo que puede predecir la prueba. Por supuesto, siempre es mejor disponer de más datos. Pero hay que empezar por algún sitio. Existía una enorme demanda del análisis, no solo en el ámbito científico, sino también en el particular. La idea consistía en empezar a realizar medidas sin exagerar sobre la precisión de las conclusiones que se podían extraer de ellas.

Se decidió crear una empresa en vez de realizar las medidas en el laboratorio de la Universidad de California en San Francisco porque era importante disponer de una técnica sensible y fiable para ofrecer esas medidas. En la Universidad, la capacidad para atender todas las peticiones se vio desbordada, de modo que se transfirió la tecnología a la empresa.

Sobre el temor a que las compañías de seguros de vida y de seguros médicos utilicen los resultados de las pruebas de los telómeros para determinar si se ofrece o no cobertura, se ha de decir que no se puede ocultar la información, pero se ha de tratar de asegurar que cualquier información clínica que se proporcione sea exacta, se interprete en un contexto adecuado y no se utilice de forma incorrecta con motivos discriminatorios. Además, puesto que los resultados de los análisis solo proporcionan probabilidades, constituirían una pobre fuente de información a la hora de realizar este tipo de decisiones. Es una cuestión que hay que tener siempre en cuenta. El objetivo es ofrecer la prueba como una forma de ayudar a la gente a tomar un mayor control de su propia salud.

Los análisis de telómeros no se ofrecen directamente al consumidor. Esto debería quedar claro para aquellos críticos que comparan los análisis de telómeros con las pruebas genéticas dirigidas al consumidor, a veces sobrevaloradas, que permiten descubrir las variaciones genéticas de una persona e indican su predisposición a diversas enfermedades. El objetivo consiste en empezar a ofrecer este tipo de análisis a través de los profesionales de la salud. Distintos estudios con numerosos grupos de personas han puesto de manifiesto una clara relación estadística entre los telómeros cortos y el riesgo de padecer ciertas enfermedades. La ciencia de los telómeros ha avanzado a gran velocidad en los últimos tiempos  y a veces resulta difícil mantenerse al día para los científicos que no están implicados en esos estudios.

Thea Singer


Autora de la entrevista: Thea Singer, periodista científica.

Bibliografía:
  • Stress less. Thea Singer. Hudson Street Press, 2010. Una investigación sobre el estrés, los telómeros y el envejecimiento.
  • Decoding immortality. Un documental del Smithsonian Channel sobre el trabajo de Blackburn: www.smithsonian-channel.com/site/sn/show.do?show=137613
  • Conferencia de Elizabeth Blackburn en la ceremonia de entrega de los Premios Nobel de 2009: http://nobelprize.org//nobel_prizes/medicine/laureates/2009/blackburn-lecture.html.

No hay comentarios:

Publicar un comentario