martes, 13 de diciembre de 2011

TODA DROGA ES PELIGROSA



La única forma de que una droga no sea peligrosa para tu persona es no usarlas nunca. Es una opción perfectamente razonable y puede darle más libertad a la persona, que aquellos compañeros que usan drogas. Esto es un concepto importantísimo que debe tener en cuenta cualquier persona, sea joven o mayor, ante la presión de los demás compañeros para tomar una determinada droga. Parece que el grupo deja de lado o al margen a aquel miembro que se abstiene de tomar drogas, pero la realidad es que no se está perdiendo nada y, sí se está ganado toda la libertad del mundo. 



Si se ha tomado la decisión de tomar drogas, sean legales o ilegales, hay que asegurarse de conocer qué es lo que se está tomando, de dónde procede, de qué manera puede afectar a nuestro organismo (cuerpo) y qué preocupaciones se deben tomar para contener el potencial de daño de la droga. Es imprescindible recordar que no es fácil mantener una buena relación con la droga y que es una tarea ardua  y trabajosa conseguirlo. Quien consuma tiene que tener conciencia de que lo está haciendo y tratar de no pasar mucho tiempo con quienes toman habitualmente.



Si se siente uno tentado a tomar o experimentar con drogas ilegales hay que tener en cuenta las terribles consecuencias que un arresto puede traer para uno mismo y para la familia. Por otro lado, no se debe cometer el error de creer que si la droga es legal, es segura, esto es una falacia, una total mentira o disonancia cognitiva. 



ALGUNAS DE LAS DROGAS 
MÁS FUERTES Y PELIGROSAS 
SON LEGALES

Es menos probable que se tenga problemas con la droga si se consumen de vez en cuando, muy exporádicamente, en formas diluidas de sustancias naturales por vía oral, sobre todo si se toman de acuerdo con reglas que uno mismo establece. Hay más probabilidades de meterse en problemas si se usan con frecuencia drogas concentradas, especialmente si uno lo hace porque se siente infeliz o aburrido, o porque se tienen a mano.



Es una mala idea tomar drogas en el colegio. Aunque el colegio nos aburra tenemos que estar en él, y dominar las asignaturas de las clases es nuestra mejor acción para conseguir una causa, que es la libertad e independencia en la vida adulta.



Las drogas pueden reducir la capacidad de aprendizaje porque disminuyen la capacidad de atención, de concentración y memoria. Además empujan a asociarse con gente que favorece actitudes negativas ante la educación.



Lo más probable es que las drogas sean origen de fricciones entre nosotros y nuestros padres. Si nuestros padres se indignan porque tomamos drogas, debemos tener en cuenta que pueden tener buenas razones, tales como la seguridad de sus hijos, la salud de sus hijos o el desarrollo psicológico de sus hijos. Hay que estar bien dispuestos a hablar sinceramente con los padres y a considerar su punto de vista con la mente abierta. Hemos de tener empatía con nuestros padres y ponernos en su lugar. ¿Qué actitud tomaríamos nosotros si nos encontráramos con que nuestra hija o hijo está tomando drogas?



Vale la pena preguntar a los padres por las drogas que ellos consuman: tal vez estén dispuestos a abandonarlas si abandonamos las nuestras. Debemos tratar de ver qué hay en común entre sus experiencias y las nuestras. ¿Qué alternativas nos ofrecen al uso de las drogas? Si podemos convencerlos de que las usamos con responsabilidad quizá podamos disminuir su ansiedad. Si los miedos de nuestros padres vienen determinados por su ignorancia o mala información sobre las drogas, hay que tratar de educarlos, no con reacciones emocionales, sino informándoles de forma correcta sobre la droga que estamos tomando. Valdría la pena darles a leer libros como base para discutir nuestro uso de la droga.



El deseo de cambiar nuestras vidas conscientes no es un síntoma de enfermedad mental ni una necesidad enfermiza de escapar a la dura realidad. Las ganas de hacer variar nuestra experiencia consciente es normal. Las drogas son una de las maneras de conseguirlo, aunque, si se llega a la situación de depender de las drogas antes de llegar a la edad adulta, se nos puede escapar una amplia gama de experiencias que no dependen de estas sustancias, experiencias más sutiles pero, a la larga, más satisfactorias. No hay duda alguna de que las drogas nos pueden entonar, hacer sentir mejor, pero son difíciles de manejar y nos fallarán si recurrimos a ellas demasiado a menudo.



Los jóvenes de hoy tiene mayor número de recursos y probabilidades que las que tuvieron sus padres para afrontar el problema del consumo de las drogas. Antes de reaccionar al descubrir que una hija o hijo están usando drogas, se deberían tener en cuenta varias cosas:

  • El período de experimentación con la droga es una fase normal de la adolescencia; un rito del cruce peligroso sobre el abismo que, la mayoría de los hijos, atraviesa a salvo.
  • Deberíamos asegurarnos de que tenemos información veraz sobre la droga que el hijo está consumiendo, antes de intentar dar consejos. Los hijos, algunos, suelen estar bien informados y la gran mayoría tiene una actitud despectiva ante la información antidroga típica, que saben falsa. Insistir en que la marihuana conduce a la heroína o el LSD rompe los cromosomas es una manera segura de perder la atención del hijo y el respeto por la fiabilidad de los conocimientos paternos sobre el uso o el tema de las drogas.
  • Todos los padres debemos hacer un ejercicio de examen personal sobre el consumo que hacemos de drogas antes de enfrentarnos a nuestros hijos. Si la relación de un padre con el alcohol, el tabaco, la cafeína y los tranquilizantes no es tan buena como sería de desear, el punto de vista paterno sobre el uso de las drogas puede impactar poco en el hijo, e incluso puede desautorizar cualquier explicación que se de al hijo. Si los padres toman drogas ilegales, la posición adulta está naturalmente debilitada, dado que son ellos quienes están violando las leyes.
  • Se debería crear un clima de confianza sobre temas difíciles como el sexo y la droga. Cuando los padres asumen el papel de detectives, oficiales de policía o carceleros, la buena comunicación se hace imposible.
Un consumidor de drogas no es necesariamente un drogadicto. Los padres y el entorno deben acercarse a los jóvenes de forma abierta; tratar de recordar nuestra propia etapa adolescente y nuestra propia relación con nuestros padres. Aunque los problemas específicos cambian de una generación a otra, los conflictos básicos y los problemas entre adolescentes y padres son universales y notoriamente constantes.



La responsabilidad principal en la prevención del abuso de drogas de un hijo recae en los progenitores. La provisión de modelos inteligentes para el consumo de drogas es la mejor manera de asegurar que el hijo haga uso y no abuso de drogas (si es que verdaderamente las toma, por supuesto). 

Se sabe que los alcohólicos tienden a aparecer en familias en las que uno o los dos padres son o han sido alcohólicos. Pero es menos sabido que los alcohólicos suelen proceder de familias donde los dos progenitores son teetotalers (personas que no beben nada que contenga o pueda contener una droga de cualquier tipo -principalmente alcohol-, pero a veces también café y hasta té). Parece ser que la ausencia de padres capaces de hacer uso controlado del alcohol es el factor determinante principal. La baja incidencia de alcoholismo entre judíos se atribuye desde hace mucho tiempo al uso social y ritual del alcohol que se hace en las familias judías.. Cuando más se favorezca la actitud abierta en casa, y cuanto mejores sean las relaciones con la droga que usen los padres, tanto más efectivo será en el traspaso de relaciones y hábitos saludables al hijo ante la droga.



Hay que establecer reglas y fijar límites para los hijos en el consumo de drogas. Si el chico respeta al padre y al uso que hace del alcohol, cafeína y otras sustancias, éste seguirá de buen grado pausas de vida maternas o paternas. Es necesario ser realista en las reglas establecidas. Por ejemplo, si los padres están firmemente convencidos de que no están dispuestos a tolerar el uso de drogas ilegales en casa, tienen derecho a prohibirlo. Pero por supuesto, debe tener en cuenta que el hijo hará uso de drogas ilegales fuera de casa.

La razón principal por la que un hijo prueba las drogas es para experimentar otros estados de conciencia. Sentirse "entonado" es un atractivo para los jóvenes como para los adultos. Los mayores disfrutan de los automóviles de carreras, de los barcos, de la danza, del cigarrillo y de tantas otras actividades que modifican el estado de conciencia. No se debe hacer sentir al hijo que desear esa experiencia es pecaminoso. Si los progenitores se oponen al uso de drogas para alcanzar ese estado de entonamiento, hay que estar dispuesto a abandonar el consumo propio. Deben sugerirse otras alternativas válidas para el hijo. El alcohol no es una alternativa, es también una droga. La ventaja de su uso legal está más que neutralizada por muchos peligros en gente de todas las edades.

Un problema paralelo sobre la experimentación sexual que, como el de la droga, es un cruce del abismo con el cual los padres han de convivir, que deben apoyar demostrando confianza, ofreciéndole información fiable.



Maestros y profesores están muy preocupados por la prevalencia del consumo de estas sustancias entre los niños y adolescentes, especialmente porque encuentran que una proporción creciente de estudiantes no se puede concentrar y tiene dificultades para entender lo que estudian debido a que están intoxicados con una droga u otra.



Los maestros tienen especial influencia en los niños, pero cuando deben hablar sobre asuntos tan candentes y emocionales como es el de las drogas tienen que ceder ante demasiadas presiones y, con frecuencia, no pueden seguir su intuición o conciencia. Los profesores suelen verse obligados a impartir programas de educación sobre la droga, basados en información incorrecta o sesgada y en actitudes irracionales. El reconocimiento de la falsedad de la información puede ganarles el respeto de los estudiantes y permitirles influir más sobre el mejor uso de la droga, pero les puede costar el puesto de trabajo. Hoy muchos colegios y muchas sociedades recurren a profesionales de la salud para enseñar e informar de forma correcta y concebir el aula como un lugar donde la gente joven se sienta libre para discutir su interés por sus experiencias y sus conflictos, tanto sexuales como con las drogas.


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