martes, 17 de enero de 2012

CÁNCER DE COLON Y DE RECTO (III)

¿CÓMO SE TRATA 
EL CÁNCER DE COLON Y DE RECTO?

En los últimos años el tratamiento del cáncer colorrectal ha sufrido cambios profundos, tanto por lo que se refiere a las técnicas quirúrgicas como a las terapias médicas y radioterápicas, hecho que ha obligado a la creación de comités que incluyen a múltiples especialistas (comités multidisciplinares), donde cirujanos, oncólogos médicos y radioterapéuticos, anatomopatólogos y radiólogos discuten cada caso en particular con el objetivo de escoger la mejor opción terapéutica para cada paciente.




Existen tres pilares básicos en el tratamiento del cáncer colorrectal: la cirugía, la quimioterapia y la radioterapia. La indicación y la secuencia de los tratamientos dependen básicamente de la localización del tumor y del estado tumoral. En este sentido, podemos diferenciar dos grandes grupos de pacientes, aquellos afectos de cáncer de colon y los afectos de cáncer de recto.

CIRUGÍA

CIRUGÍA DE COLON




El esquema básico de tratamiento de los pacientes con cáncer de colon localizado, es decir, que no tienen metástasis en el momento que se diagnostica, es la resección o extirpación quirúrgica seguida de quimioterapia en determinados pacientes.


CÁNCER   DE   COLON

Las técnicas quirúrgicas dependen principalmente de la localización anatómica del tumor, o sea, de si se encuentra en el colon ascendente o derecho, en el colon transverso, en el colon descendente o izquierdo o en la parte del intestino grueso llamado sigma (entre el colon descendente y el recto). 






Pueden variar desde resecciones de un segmento concreto del intestino grueso como la sigmoidectomía o extirpación quirúrgica del sigma, a extirpaciones de la mitad del colon (hemicolectomías derecha o izquierda) o a extirpación de la totalidad del colon (colectomía total).




Junto a la extirpación del intestino grueso afecto, la cirugía oncológica, que conlleva el concepto de radicalidad, es decir, la extirpación completa del tumor "sin dejarse nada dentro" implica:
  • La inclusión de unos márgenes de seguridad de intestino resecado no afecto.
  • La extirpación de los ganglios linfáticos situados altededor del tumor (el llamado drenaje linfático regional), en un número mínimo de 12.





A lo largo de la última década la técnica quirúrgica en el tratamiento del cáncer de colon ha evolucionado hacia una cirugía menos agresiva con un proceso de recuperación del paciente más rápido.




En este sentido se ha extendido el empleo de la resección laparoscópica a costa de la resección clásica abierta, con resultados superponibles en cuanto a supervivencia y con reducción significativa de las complicaciones y de la mortalidad quirúrgica y postquirúrgica. Así, por ejemplo, en una intervención quirúrgica abierta de extirpación de la mitad derecha del colon, se reduce a la mitad la estancia hospitalaria que necesita el paciente, así como el dolor posterior a la cirugía y el tiempo necesario para la reincorporación a la vida laboral.




CIRUGÍA DE RECTO

La cirugía del cáncer de recto tiene unas peculiaridades que la diferencian de la cirugía del cáncer de colon, como la necesidad de extirpación completa del tejido, compuesto principalmente por grasa, pero también por arterias, venas e, importántisimo, por ganglios linfáticos, que se une al recto manteniéndolo fijado y abasteciéndolo de los nutrientes necesarios para realizar su función. A este tejido se le llama mesorrecto, y su extirpación es necesaria para reducir la probabilidad de que aparezca de nuevo la enfermedad tumoral en la zona de la pelvis (las llamadas recidivas locales del tumor).




Otro hecho diferenciador con respecto al cáncer de colon es la necesidad habitual de tratamiento previo a la intervención quirúrgica (el llamado tratamiento preoperatorio), utilizando tanto la quimioterapia como la radioterapia.




Es lógico pensar que tras un tratamiento preoperatorio como este, la zona pélvica donde se sitúa el recto y el tumor quede seriamente dañada, tanto por la irradiación como por el efecto de la quimioterapia. Este hecho condiciona el margen de maniobra del cirujano y favorece la aparición de problemas posteriores a la operación, como infecciones, sangrados o fallos en las suturas de los intestinos.

En función de la distancia del tumor al margen del ano, la sutura entre los dos extremos del intestino (conocida como reconstrucción intestinal) puede no ser posible y obligar al cirujano a colocar un ano contra natura u ostomía.

Por lo general, en los tumores que se localizan a menos de 4-5 centímetros del margen anal, la reconstrucción posterior resultaría funcionalmente inadecuada, ya que generaría incontinencia fecal a todos los pacientes. La única opción quirúrgica suele ser la resección completa del recto y del ano, suturando la apertura exterior y uniendo la parte final del intestino con la piel de por vida (colocación de una colostomía terminal permanente). Esta técnica quirúrgica se conoce con el nombre de amputación abdominoperineal de Miles.




Debido al estado de los tejidos de la región de la pelvis después del tratamiento con quimioterapia y radioterapia, en la cirugía de cáncer de recto se suele unir una parte del intestino delgado a la piel (una ileostomía de protección temporal) para evitar los fallos en las suturas (conocidos como dehiscencias de sutura) y posibles complicaciones postoperatorias, como infecciones (formación de abscesos en la pelvis) o hemorragias. En estos pacientes y en aquellos en los que la colostomía es permanente, su calidad de vida se ve condicionada por la necesidad del recambio de la bolsa de colostomía para la evacuación diaria. 


OSTOMÍA
En determinados pacientes la resección por debajo de los 4-5 centímetros (la llamada resección ultrabaja de recto) y la unión o anastomosis posterior con el resto del intestino sano puede ser una opción de tratamiento menos agresiva y mutiladora.

Otra opción para un reducido número de pacientes es la llamada microcirugía endoscópica transanal, que es una opción de tratamiento sólo para la tumoración del recto. En dicha opción no se extirpan los ganglios linfáticos y sólo es útil para los pacientes con pequeños tumores superficiales del recto en estadio inicial en los que no se sospecha de afectación de los ganglios linfáticos en las pruebas previas.

Esta técnica quirúrgica implica una resección del tumor a través de la luz intestinal. La recuperación posterior suele ser muy rápida y sin complicaciones. En determinados casos el estudio del tumor extirpado por parte del especialista en anatomía patológica nos informa de que el tumor es más agresivo de lo inicialmente sospechado, y esto implica que el paciente deberá ser sometido de nuevo a una intervención quirúrgica más amplia, como las anteriormente descritas.

En el caso de enfermedad avanzada con presencia de diseminación a distancia o metástasis, las opciones quirúrgicas sobre la tumoración de colon o recto dependerán tanto de los síntomas que presente el paciente relacionados con el tumor del recto o del colon como de las posibilidades de resección quirúrgica de las metástasis.

Existen opciones de mejorar los síntomas debidos a la obstrucción del intestino por el tumor (la llamada oclusión intestinal) con unas mallas o endoprótesis que se colocan en el interior del intestino a través de una endoscopia (colonoscopia) y que solucionan la estrechez del calibre intestinal (la estenosis) producida por el tumor sin necesidad de intervención quirúrgica, lo que permite un tratamiento con quimioterapia más precoz.




En otras situaciones, como en los tumores de la parte final del recto o en caso de imposibilidad de colocación de la prótesis u obstrucción de la misma, la resección quirúrgica del tumor colorrectal o la derivación del intestino a pared abdominal (colostomía o ileostomía de descarga) se convierten en la única opción de tratamiento posible para estos pacientes.

CIRUGÍA DE HÍGADO Y PULMÓN

Desde hace años se sabe que los pacientes en los que se puede extirpar quirúrgicamente el tumor originario y las metástasis tienen más opciones de curarse.

Desgraciadamente, son escasas las posibilidades de que unas metástasis en hígado o pulmón puedan ser técnicamente extirpables, es decir, que el cirujano puede extirpar las metástasis preservando una cantidad de hígado o de pulmón sano suficiente para poder vivir.




En este sentido, los avances con la quimioterapia y los nuevos medicamentos han permitido ser más eficaces en conseguir una reducción del tamaño y número de las metástasis. En casos seleccionados se puede ofrecer un tratamiento quirúrgico a unos pacientes en los que de buen principio la resección de sus metástasis era técnicamente imposible, pero que tras unos meses de tratamiento con quimioterapia la reducción del tumor ha sido suficiente para permitir operar con éxito.


Si la metástasis se sitúan en un lado del hígado y son de tamaño suficientemente
pequeño para permitir la extirpación del trozo de hígado afecto y preservar más de un
30-40% de hígado sano, suficiente para poder vivir.


En estas situaciones es cuando más se benefician los pacientes de los comités multidisciplinares, cuando cirujano y oncólogo trabajan conjuntamente para primero reducir el tamaño de las metástasis y luego poderlas extirpar.


Múltiples metástasis hepáticas en ambos lados (lóbulos) del hígado
que impiden su extirpación quirúrgica al ser imposible preservar una
suficiente cantidad de hígado sano.


Aún con la resección completa de las metástasis, el riesgo de que éstas vuelvan a aparecer sigue siendo alto, motivo por el cual la mayoría de los pacientes recibe un tratamiento con quimioterapia posterior a la operación y seguimiento estrecho una vez finalizada aquella.


Radiografía que muestra múltiples metástasis en ambos pulmones,
lo que imposibilita su resección completa.


RADIOTERAPIA

La radioterapia consiste en tratar una localización tumoral, ya sea el tumor primario o alguna de sus metástasis (generalmente óseas) con pequeñas dosis diarias de irradiación, que se van acumulando hasta producir la destrucción tumoral deseada.




La radioterapia puede utilizarse sola o en combinación con pequeñas dosis de quimioterapia para aumentar su efecto antitumoral. Los efectos secundarios de la radioterapia son generalmente locales en la zona de irradiación, como irritación de la piel o de las mucosas o, como sucede en cáncer de recto, puede provocar sangrado, diarreas, dolor abdominal o molestias al orinar.




La radioterapia juega un papel muy importante en el tratamiento del cáncer de recto. Habitualmente se combina con la quimioterapia de forma preoperatoria (tratamiento neoadyuvante, antes de la cirugía), consiguiendo reducir el porcentaje de pacientes que presentan efectos tóxicos severos secundarios a la quimioradioterapia, y aumenta el porcentaje de pacientes que se pueden operar sin necesidad de colocar un ano contra natura permitiendo la preservación del esfínter anal.




La quimioradioterapia también se puede administrar de forma postoperatoria (terapia adyuvante, posterior al tratamiento quirúrgico) consiguiendo igualmente el objetivo principal de la quimioradioterapia, que es una reducción en el número de pacientes que presentan una recidiva del tumor en la pelvis, aunque a costa de una mayor toxicidad si se compara con el tratamiento preoperatorio. Por este motivo, siempre que se a posible el tratamiento de elección será la quimioradioterapia preoperatoria.




El esquema habitual de combinación de quimioterapia y radioterapia preoperatoria implica un total de unas 28 sesiones de tratamiento con radioterapia diaria durante unas 5-6 semanas, requiriendo posteriormente un descanso de entre 8-12 semanas para la cirugía.




En casos determinados, como por ejemplo en pacientes que no podrían soportar el tratamiento con quimioterapia y radioterapia combinadas, ya sea por su edad o por enfermedades previas que impidan la utilización de la quimioterapia, la radioterapia preoperatoria se puede administrar en una semana (5 sesiones seguidas), sin combinación con quimioterapia, y cirugía inmediata a la finalización del tratamiento.

Esta técnica permite una operación a las 2 semanas del fin de la radioterapia y con pocos efectos secundarios atribuibles a la misma, consiguiendo una reducción del riesgo de recidiva del tumor en la pelvis, pero no una reducción del tamaño del tumor, a diferencia del tratamiento combinado con quimioterapia y radioterapia. Por lo tanto, en aquellos pacientes con tumores grandes en los que el tratamiento previo a la cirugía está indicado, es preferible, si es posible, el tratamiento combinado al tratamiento exclusivo con radioterapia.

En cambio, la radioterapia no ha demostrado su utilidad en el tratamiento del cáncer de colon y, por lo tanto, no tiene un papel obligatorio en este caso. Una situación distinta podría darse en aquellos pacientes donde la resección del tumor no ha sido completa, es decir, en aquellos pacientes de los que el patólogo nos informa de que los márgenes de resección están afectos por tumor.

En esta situación se debe volver a intervenir al paciente siempre que sea posible. En caso contrario, la radioterapia podría tener un papel importante en la zona donde estaba situado el tumor para conseguir una "esterilización" de la misma y evitar que el tumor pueda reaparecer.

En cuanto al rol de la radioterapia en los pacientes afectos de metástasis de cáncer de colon o de recto, su utilidad es similar a la ofrecida en otros tumores con metástasis. Su uso se limita al tratamiento paliativo del dolor óseo en caso de metástasis en esqueleto o a la radioterapia del cráneo en caso de metástasis en el cerebro.

QUIMIOTERAPIA




La quimioterapia consiste en administrar de forma endovenosa u oral fármacos que consiguen destruir las células tumorales con mayor eficacia que el daño que generan sobre las células normales del cuerpo, permitiendo una reducción del número total de estas células malignas, y eventualmente, la destrucción por completo de todas las células tumorales.






La quimioterapia se lleva administrando en el cáncer colorrectal desde hace más de 50 años, pero ha sido en los últimos 10 cuando se han obtenido los avances más significativos en cuanto a nuevos fármacos para el tratamiento de este tipo de cáncer.






La quimioterapia en el manejo de los pacientes con cáncer colorrectal se puede dividir en tres grandes grupos:

  1. La quimioterapia de prevención o adyuvante tras cirugía curativa del cáncer de colon.
  2. La quimioterapia antes o después de la cirugía del cáncer de recto (neoadyuvancia o adyuvancia), habitualmente en combinación con la radioterapia.
  3. El tratamiento de los pacientes que tienen metástasis a distancia.
QUIMIOTERAPIA POSTERIOR A CÁNCER DE COLON

En cuanto a la indicación de tratamiento postoperatorio en cáncer de colon, existen estudios clínicos que han demostrado la eficacia de la quimioterapia en pacientes con tumores que afectan a los ganglios linfáticos (el llamado estadio III de la enfermedad).

De los pacientes con tumores en estadio II, o sea, que no tienen afectados los ganglios linfáticos, existen datos que apoyan la eficacia de la quimioterapia posterior a la cirugía en un grupo muy determinado de pacientes afectos con lo que se conoce como factores de mal pronóstico, es decir, características del tumor que hacen predecir un mayor riesgo de reaparición del mismo, habitualmente en forma de metástasis.

Estos factores de mal pronóstico son:
  • La perforación del intestino o la obstrucción del mismo.
  • La mayor agresividad del tumor medida por el grado tumoral (a mayor grado, más agresividad, en una escala de 1 a 4), es decir, aquellos tumores grandes que sobrepasan los límites del intestino e invaden órganos vecinos (los conocidos como tumores T4, de la clasificación TNM de los tumores sólidos).
  • La invasión a cargo del tumor de pequeñas venas o conductos linfáticos adyacentes al tumor (conocida como invasión o infiltración angiolinfática).
  • Los niveles sanguíneos elevados del marcador tumoral por excelencia del cáncer de colon (el CEA) determinados antes de la operación.
  • El insuficiente número de ganglios linfáticos extirpados por parte del cirujano (con un número de ganglios encontrados inferior a 12).
Los tratamientos de quimioterapia se basan en la mezcla de distintos medicamentos que se administran de forma endovenosa, habitualmente a través de un reservorio subcutáneo (llamado Port-a-Cath) conectado a la vena subclavia, que permite administrar la quimioterapia de forma continuada 24 horas al día y sin necesidad de ingresar al paciente en el hospital.

El esquema de quimioterapia más utilizado en la situación de prevención posterior a la resección completa de la tumoración del colon se conoce con el nombre de FOLFOX, y se trata de una combinación de 3 medicamentos: el 5-fluorouracilo (5FU), el leucovorin y el oxaliplatino.

Más recientemente, un nuevo medicamento que se administra por vía oral y que se transforma en 5FU cuando es absorbido por el cuerpo (la capecitabina) ha demostrado eficacia en estadios III, tanto solo como también en combinación con oxaliplatino (el conocido como esquema XELOX).

Este esquema permite ahorrar a los pacientes la colocación del reservorio subcutáneo y reduce el número de veces que tienen que acudir al hospital, ya que la frecuencia de infusión del oxaliplatino es cada 3 semanas, a diferencia del esquema FOLFOX, que es cada 2 semanas.

La elección entre un esquema u otro dependerá del perfil de efectos secundarios esperado para cada esquema y para cada paciente, así como de situaciones personales como, por ejemplo, la elevada distancia al centro sanitario que aconseje reducir al mínimo posible el número de desplazamientos.

La quimioterapia postoperatoria en cáncer de colon debe administrarse un total de 6 meses, que corresponden a 12 ciclos del esquema FOLFOX (cada dos semanas) y a 8 ciclos del esquema XELOX (cada tres semanas). El tiempo de infusión de la quimioterapia varía en función del esquema utilizado, siendo alrededor de unas 3 horas el tiempo necesario para que la medicación se administre sin riesgo.

QUIMIOTERAPIA ANTERIOR Y POSTERIOR 
A LA CIRUGÍA DE CÁNCER DE RECTO

El tratamiento tanto previo como posterior a la cirugía del cáncer de recto tiene la peculiaridad ya descrita anteriormente de la combinación de quimioterapia con radioterapia.

Varios estudios clínicos han comparado los tratamientos preoperatorios con los postoperatorios, demostrando una eficacia en supervivencia similar, aunque una mejor tolerancia y un mayor porcentaje de preservación de esfínter anal con los tratamientos preoperatorios, motivo por el cual se consideran el tratamiento de elección en estos pacientes.

La quimioterapia utilizada en combinación con radioterapia es el 5FU, que se suele administrar en infusión continua, o sea, 24 horas al día, a través del reservorio subcutáneo, durante todo el período de la radioterapia. Esto significa que los pacientes van "atados" a la quimioterapia durante 5-6 semanas, todas las horas de todos los días.

Desde la aparición de la capecitabina, existen varios estudios que demuestran su equivalencia respecto a 5FU, y en varias instituciones se está utilizando en combinación con radioterapia por su mejor comodidad (administrado por vía oral).

La quimioterapia con intención de prevención (adyuvante) tras la operación del cáncer de recto consiste en esquemas basados únicamente en 5FU. En los últimos años existen varios estudios que analizan la adición, de oxaliplatino al esquema de quimioterapia adyuvante, aunque su eficacia aún debe ser demostrada.

La quimioterapia adyuvante tiene una duración de 4 meses, variando el número de ciclos en función del esquema de quimioterapia utilizado.

QUIMIOTERAPIA PARA PACIENTES CON METÁSTASIS

La quimioterapia que se utiliza en los pacientes que presentan metástasis es la misma para el cáncer de colon que para el cáncer de recto. Hasta la mitad de la década de los 90, el único fármaco disponible para el tratamiento del cáncer colorrectal metastásico era el 5FU, con una eficacia discreta que permitía aumentar la esperanza de vida de los pacientes hasta los 10 meses, consiguiendo reducciones del tamaño tumoral en tan solo el 10-15% de los pacientes.

La introducción hace una década de dos nuevos fármacos, el irinotecan y el oxaliplatino, en adición al 5FU (los esquemas de quimioterapia conocidos como FOLFIRI y FOLFOX respectivamente) ha resultado en un significativo progreso del tratamiento del cáncer colorrectal avanzado, consiguiendo aumentar la esperanza de vida de los pacientes más allá de los 20 meses y reducir el tamaño de los tumores en un 50% de los casos.

La duración de la quimioterapia paliativa en situación de cáncer colorrectal avanzado dependerá de los efectos tóxicos que presente cada paciente y de la efectividad de cada quimioterapia administrada. Por lo general, el tratamiento se administra de forma permanente, ofreciendo descansos y modificaciones de la quimioterapia en función de los efectos adversos y del tiempo que se lleve realizando la misma.

EFECTOS SECUNDARIOS DE LA QUIMIOTERAPIA

Los efectos secundarios de la quimioterapia son muy dependientes del tipo de fármaco que se administra. Habitualmente genera dos tipos de efectos adversos: los que podemos ver en los análisis y pruebas y los que afectan al estado del paciente.

Los primeros, aunque  dan pocos síntomas, pueden ser los más perjudiciales, como el daño sobre los riñones o el hígado, o los efectos tóxicos sobre la médula ósea, responsable de la fabricación de hematíes, plaquetas y glóbulos blancos.

El descenso de los glóbulos blancos o neutrófilos (llamado neutropenia) puede provocar fiebre e infecciones oportunistas; el descenso de las plaquetas puede ocasionar hemorragias, y el descenso de los glóbulos rojos (hematíes) puede provocar anemia y cansancio.



En cuanto a los efectos secundarios que afectan al estado del paciente, encontramos como más frecuentes el cansancio (llamado también astenia), la pérdida de apetito (anorexia), la caída de cabello (alopecia), la sensación de hormigueo o calambre en las manos y los pies (llamada neurotoxicidad periférica, secundaria al oxaliplatino), la afectación de las plantas de los pies y las palmas de las manos en forma de sequedad, enrojecimiento, grietas e incluso ampollas (conocida como el síndrome de mano-pie, típico de la capecitabina, aunque el 5FU también puede provocarlo), llagas en la boca (mucositis), dolores de barriga y diarreas.



Existen otros efectos adversos potencialmente más graves, como las embolias o los infartos de corazón o de cerebro, aunque son muy poco frecuentes.

TERAPIA DIRIGIDA (ANTIANGIOGÉNESIS Y ANTI-EGFR)

El conocimiento más profundo de los mecanismos moleculares responsables del proceso de formación de los tumores, conocido como carcinogénesis, ha permitido el desarrollo de nuevos fármacos dirigidos contra dianas específicas, o sea, medicamentos que son capaces de "atacar" un solo objetivo aumentando la especificidad del tratamiento oncológico, mejorando el perfil de efectos tóxicos y progresando hacia una medicina más personalizada para cada caso.



En este sentido, existen dos grandes grupos de fármacos que han demostrado beneficios en el cáncer colorrectal avanzado:
  • Los fármacos antiangiogénicos, como bevacizumab, que modelan, impiden y normalizan las venas y arterias que nutren a los tumores, proceso conocido como angiogénesis (creación de vasos sanguíneos).

  • Panitumumab y cetuximab, dirigidos contra una molécula que se encuentra en la superficie de la membrana celular, el receptor del factor de crecimiento espitelial (EGFR).


En aquellos pacientes donde tenemos posibilidades de ofrecer una resección de las metástasis si obtenemos con la quimioterapia una reducción óptima del tamaño de las mismas, se pueden utilizar combinaciones de quimioterapia estándar con terapias dirigidas desde el primer momento.

En cambio, en aquellos pacientes que nunca podrán disponer de la opción de la cirugía, la combinación secuencial de los fármacos, es decir, la utilización de las combinaciones de quimioterapia estándar, con o sin terapias dirigidas en función del momento de la enfermedad, será la estrategia terapéutica que ofrecerá a los pacientes mayores expectativas de vida con un perfil de efectos secundarios menor. La duración de esta quimioterapia paliativa es de carácter permanente e independiente de que participen en la misma las terapias dirigidas.



La combinación de las terapias dirigidas con la quimioterapia estándar en los tratamientos postoperatorios adyuvantes no ha demostrado un beneficio en supervivencia en los primeros resultados de los estudios. En un futuro próximo se conocerán los datos de otros estudios similares que permitirán determinar el papel de los nuevos  fármacos dirigidos en este escenario.

La aparición de nuevos fármacos dirigidos contra dianas moleculares -cetuximab y panitumumab- para el tratamiento del cáncer ha aumentado el arsenal terapéutico de forma significativa, pero a expensas también de un aumento del coste económico de los tratamientos.

Este hecho ha obligado a la búsqueda de indicadores, los llamados marcadores biológicos (o biomarcadores) de respuesta a los tratamientos, para conseguir una mejor selección de los pacientes candidatos a obtener el máximo beneficio del tratamiento.

El primer biomarcador que ha permitido diferenciar aquellos pacientes que se pueden beneficiar del tratamiento con anti-EGFR (cetuximab o panitumumab) de aquellos que no obtendrán ningún beneficio, es la determinación del estado mutacional de un gen muy importante en el desarrollo del cáncer de colon y de recto, conocido como oncogen K-ras.

Aquellos pacientes que presentan mutaciones del gen K-ras son resistentes al tratamiento con fármacos anti-EGFR y, por lo tanto, sólo se ofrece dicho tratamiento a los pacientes con el gen k-ras nativo no mutado.

Este biomarcador ha permitido seleccionar a los pacientes que tienen mayores probabilidades de responder al tratamiento con fármacos anti-EGFR, maximizando los recursos y minimizando los efectos secundarios a aquellos pacientes que se sabe que no van a responder al tratamiento. En la actualidad se siguen investigando más biomarcadores de respuesta a los tratamientos dirigidos, tanto a los anti-EGFR como a los antiangiogénicos.

NOTAS IMPORTANTES

El tratamiento del cáncer de colon localizado consiste en la resección quirúrgica seguida habitualmente de quimioterapia intravenosa durante 6 meses. El tratamiento más frecuente del cáncer de recto consiste en administrar quimioterapia y radioterapia preoperatoria durante 6 semanas, seguida de la cirugía del recto, que posteriormente se completa con quimioterapia durante 4 meses más. El tratamiento paliativo del cáncer colorrectal metastásico consiste en administrar distintas líneas de quimioterapia, combinada en determinadas ocasiones con terapias dirigidas, con el objetivo de reducir y enlentecer el crecimiento del tumor, y así alargar significativamente la supervivencia de los pacientes. En determinadas ocasiones, el tratamiento con quimioterapia permite una reducción suficiente de las metástasis para que puedan ser operadas.



No hay comentarios:

Publicar un comentario