martes, 10 de enero de 2012

CLASES DE ESTIMULANTES (V)

TABACO Y NICOTINA


MUJER DE 41 AÑOS (PROFESORA DE COLEGIO):
Hace varios años me enamoré como loca de un ex fumador, un hombre que,
aunque de mentalidad muy abierta en otros aspectos, era un fanático en el
tema cigarrillos. Yo siempre había creído que sería capaz de abandonar mi
adicción al cigarrillo por una persona a quien amara. La suposición resultó ser
falsa. En última instancia, obligada a elegir entre el amor y los cigarrillos, elegí
los cigarrillos. Así de claro, En ese momento me hice un nuevo propósito al cual
siempre me he atenido desde entonces: no enamorarme nunca de un hombre
que no fumara cigarrillos.




El tabaco es uno de los estimulantes vegetales conocidos más poderosos. Su principal activo -la nicotina- es la más tóxica de todas las drogas. Un cigarro corriente de hoja contiene nicotina suficiente para matar a varias personas.




Cuando se fuma tabaco, la mayor parte de la nicotina se quema en la brasa (para matar a una persona con la nicotina de un cigarro habría que empapar el cigarro en agua hasta que se pusiera negra y hacerle beber el agua). La nicotina es tan fuerte y peligrosa que la gente desarrolla pronto tolerancia para protegerse de ella. Si una persona empieza a fumar regularmente, la tolerancia se desarrolla en horas, en comparación con los días o semanas que tarda en producirse la tolerancia a la heroína, y a los meses que tarda en producirse la tolerancia al alcohol.




En forma de cigarrillo, el tabaco es la droga más adictiva que se conoce. Es más difícil romper el hábito de fumar cigarrillos que el de interrumpir el uso de la heroína o el alcohol. Más aún, muchas personas llegan a conseguir usar la heroína y el alcohol de manera no adictiva, en tanto que pocos fumadores son capaces de evitar la adicción. De vez en cuando conocemos a personas que fuman dos o tres cigarrillos por día; incluso dos o tres por semana, pero son casos raros. Estos fumadores sienten un placer especial cuando fuman, en tanto que los fumadores regulares no experimentan mayores cambios conscientes.




El humo inhalado de los cigarrillos lleva nicotina concentrada a centros vitales cerebrales en cuestión de segundos (más rápidamente de lo que la heroína tarda en llegar al cerebro cuando se la inyecta en una de las venas del brazo). Este hecho tal vez explique por qué el tabaco en forma de cigarrillo sea tan adictivo.




El tratamiento de la adicción al tabaco es muy difícil. Los médicos prescriben a menudo el uso de sustitutos de la nicotina para ayudar a los adictos en el período de abstinencia, tales como masticar chicle o aplicar parches cutáneos. Pero tales procedimientos no suelen conseguir vencer la ansiedad por el tabaco que siente el fumador.




Los médicos saben también que el consumo regular de cigarrillos causa serias enfermedades del pulmón, el corazón y los vasos sanguíneos. Esto no significa necesariamente que todo fumador vaya a tener cáncer de pulmón. Algunas personas fuman mucho durante toda su vida sin que aparezcan enfermedades, probablemente porque de partida tenían muy buenos pulmones y una fuerte constitución física. Otros no tienen tanta suerte.




La pipa y el cigarro son menos peligrosos, probablemente porque el humo que producen sea más áspero y no invite a la inhalación. Muchos fumadores de pipa y cigarro no inhalan humo alguno, y así evitan el riesgo de enfermedades de pulmón. Además, como no mandan rápidas cargas de nicotina al cerebro, tienen menos posibilidades  que los fumadores de cigarrillos de desarrollar adicción tan intensamente y tan deprisa. Sin embargo, ni la pipa ni el cigarro están libres de riesgos. También ellos mandan nicotina al cuerpo, nicotina que afecta al corazón y a la circulación, aumentando el riesgo de cáncer de labio, boca y garganta.




Otro riesgo del tabaco es el "fumado de segunda mano". Si uno vive o trabaja con fumadores puede inhalar el equivalente de medio o un paquete de cigarrillos por día, aumentando así el riesgo de enfermedades asociadas al tabaco (el humo que sale de la punta del cigarrillo encendido contiene en realidad más nicotina que el que sale por la otra punta, que ha sido filtrada por el filtro del cigarrillo).




Algunos fumadores de tabaco toman la droga sin quemarla. Los masticadores de tabaco se meten bocados de tabaco en la boca y dejan que la nicotina pase a sus sistema nervioso a través de los vasos sanguíneos absorbentes, situados debajo de la lengua y en las mucosas de la cara interna de las mejillas. Otros usan rapé -tabaco finamente pulverizado- a través de la inhalación nasal o metiéndose en la boca pellizquitos o pizcas de tabaco. Muchos indios amazónicos cuecen tabaco en agua hasta formar una pasta, que frotan sobre las encías.


TABACO  DE  MASCAR
Todas estas preparaciones producen gran estimulación porque la dosis de nicotina es alta: más alta que la del cigarrillo, las pipas y los cigarros porque en éstos mucha nicotina se destruye al quemarse. Sin embargo, el tabaco masticado o inhalado por la nariz es menos adictivo que el fumado, probablemente porque la nicotina fumada pasa directamente tanto a la sangre como al cerebro.


RAPÉ


A la mayoría de la gente que se mete tabaco en la nariz o la boca por primera vez no le gusta. Parece quemar, tiene muy mal sabor, causa intensa secreción de saliva, estornudos y, a menudo, produce mareos y ganas de vomitar. 


Una gran compañía de tabaco recomienda disfrutar de esta manera los simples
y aromáticos polvillos para aspirar. No se dice que el tabaco usado de esta forma
es menos adictivo y más estimulante. Lo que más interesa a los vendedores es que
se puede usar en lugares donde no se permite fumar.




Sin embargo, si sigue insistiendo, se acostumbra a los peores efectos y termina por gustarle la sensación en la boca y en la nariz. Las compañías de tabaco venden ahora rapés como "tabaco sin humo", algunos de ellos con el agregado de menta o aromas de fruta para hacerlos más apetecibles a los principiantes. 






Los promocionan comercialmente como una agradable forma de usar la droga, incluso en sitios donde está prohibido fumar. Los tabacos sin humo han ganado últimamente muchos adeptos entre los adolescentes, tal vez porque el uso de la droga es más difícil de detectar. Una indiscutible ventaja de esta forma del uso de la droga en que no produce polución de aire en ambientes cerrados, y no expone a la nicotina y otras sustancias irritantes a quienes no fuman.




A pesar de la clara conciencia de su toxicidad y potencial adictivo, el uso del tabaco sigue estando totalmente aceptado en nuestra sociedad. Su consumo ha sido incluso promovido por la propaganda comercial, haciendo parecer a sus consumidores como gente madura y sexualmente atractiva. 






Los gobiernos han apoyado sin recato a la industria del tabaco con fondos públicos. Éste es por cierto un buen ejemplo de cómo la división que en general hacemos entre buenas y malas drogas no es en absoluto racional.




Los indios del Nuevo Mundo usaban el tabaco en ritos religiosos y mágicos hace miles de años. 


El gran espíritu de la religión nativa americana, como un cósmico fumador de tabaco.




Muchos indios sudamericanos usan aún tabaco fuerte como droga que cambia el estado de conciencia. En ciertas ocasiones lían enormes cigarros que los hombres fuman por turno. Rápidamente llegan a altos grados de intoxicación. Como no usan el tabaco si no es en ocasiones excepcionales, no llegan a desarrollar tolerancia, de manera que se entonan mucho. Hoy en Norteamérica, los curanderos indios -mujeres y hombres- hacen uso ceremonial del tabaco. Creen que el humo del tabaco lleva sus plegarias al espíritu del mundo. Cuando los conquistadores españoles descubrieron América vieron a los indios usar tabaco y los imitaron.

En el siglo XVI también los europeos usaron el tabaco para alterar la conciencia. Era una droga escas y costosa del Nuevo Mundo y rara vez la fumaban. Para lograr efectos máximo, la inhalaban tan profundamente como podían y conservaban el humo en los pulmones todo lo que pudieran aguantar. El tabaco primitivo era tan fuerte, que la gente no podía acudir a él con la suficiente frecuencia para desarrollar la rápida tolerancia y adicción, características del tabaco. Con todo ello, las autoridades de la época estaban muy indignadas con lo que consideraban una nueva forma del mal, e hicieron todo lo que pudieron para prohibir su consumo. En muchos países la condena para las personas a quienes se encontraba en posesión de tabaco era la pena de muerte.




No hace falta decir que no tuvieron éxito, como ocurre siempre con las penas que castigan el uso de droga. Más y más gente empezó a fumar con más y más regularidad. A medida que empezó a extenderse su uso, el tabaco perdió su significado ritual original y los consumidores que insistieron en fumarlo -a menudo para entonarse- se hicieron adictos; los necesitaban nada más que para sentirse normales. Los gobiernos vieron en la expansión del hábito una ventaja para la recaudación de impuestos, ventaja de la cual dependen hasta nuestros días.




El desarrollo de tabacos más suaves, que pueden ser inhalados profunda y frecuentemente, llevó al nacimiento de una nueva adicción: la adicción al cigarrillo, tal y como la conocemos hoy. Fue esta adicción la que generó el surgimiento de la moderna industria del tabaco. 






Durante la primera mitad del siglo XX las autoridades alentaron el uso del tabaco convencidos de que favorecía la concentración y la relajación. En las películas de las décadas de los años 30 y 40 todos los personajes fumaban sin parar. 






A lo largo de la segunda guerra mundial, los cigarrillos estaban incorporados a la dieta diaria de los soldados norteamericanos y, en fecha tan reciente como la década de los 50, había avisos comerciales en los cuales aparecían médicos promocionando el tabaco de determinadas marcas como "suavizadoras de la garganta".






En este momento la actitud de nuestra sociedad hacia el tabaco está cambiando. Fumar empieza a ser visto como pasado de moda. Los no fumadores reclaman ambientes libres del humo de tabaco. Será interesante ver qué cambios relacionados con esta actitud ocurren en los patrones de conducta de adicción al tabaco. 










Un estudio británico entre adolescentes muestra que un adolescente que fuma más de un cigarrillo tiene sólo un 15% de probabilidades de no hacerse fumador habitual. Quien esté pensando en experimentar con el tabaco, especialmente en forma de cigarrillo, debe considerar el hecho de que la mayoría cae en la trampa y se ha convertido en adicto antes de darse cuenta.







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