domingo, 8 de enero de 2012

EDAD ADULTA

La edad adulta es la etapa en la que la sexualidad se asienta y se estabiliza. Las mujeres y los hombres toman conciencia de sus necesidades, sus respuestas y sus preferencias sexuales, y por lo general el sexo se convierte en una parte importante de las relaciones maritales o de otro tipo, casi siempre caracterizadas por la monogamia.



Mientras que las relaciones sexuales en la adolescencia tienen lugar en el contexto de una libertad económica, social y doméstica cada vez mayor, el sexo en la edad adulta se define por el aumento de las responsabilidades en esos campos mencionados. El comportamiento sexual en la edad adulta cambia de una década a otra. Las parejas compuestas por jóvenes entre 20 y 30 años suelen tener más relaciones sexuales que las parejas de más de treinta o cuarenta años. Además, las parejas más jóvenes son también más fértiles.



La edad adulta es la época en que la mayoría de personas tienen hijos, y los altibajos emocionales que acompañan a la presencia de nuevos miembros en la familia transforman las relaciones, tanto para bien como para mal.

RESPUESTAS SEXUALES FEMENINA



Los modelos de excitación y orgasmo que las mujeres experimentan a los 20 años forman la base de su futura sexualidad. Estos años constituyen una época de aprendizaje sobre el sexo y de exploración de las respuestas corporales, ya que muchas mujeres no están familiarizadas con sus cuerpos y sienten una gran ansiedad sobre su comportamiento sexual, y pueden concentrarse demasiado en sus preocupaciones (no llegar al orgasmo, por ejemplo), en lugar de centrarse en su placer. El estudio The Social Organization of Sexuality (1994), de Edward Laumann y otros autores, descubrió que las mujeres en la franja situada entre los 20 y los 30 años tienen menos probabilidades de llegar al orgasmo mediante el sexo o la masturbación que las mujeres de más edad.



A los 30 años, la mayoría de mujeres han desarrollado un buen nivel de autoconocimiento sexual, lo que se refleja en su disfrute del sexo y en su capacidad para llegar al orgasmo. El estudio de Laumann descubrió que el 88,5% de las mujeres de esta edad lograban el orgasmo con regularidad, frente al 79% de mujeres de 20 años. Por lo general, las mujeres de la franja comprendida entre los 30 y los 40 años se sienten menos inhibidas a la hora de comunicar sus necesidades sexuales a sus compañeros. Un problema que algunas mujeres de este grupo están comenzando a experimentar es la falta de líbido provocada por unas condiciones de trabajo estresantes y/o el cansancio relacionado con el embarazo y el cuidado de los hijos.



La franja de los 40 a los 50 marca una época en la que los cambios hormonales pueden comenzar a afectar a la sexualidad de la mujer. No obstante, según la terapeuta sexual Helen Singer Kaplan, las mujeres tienen más probabilidades de experimentar orgasmos múltiples en esta etapa de su vida, debido a que ya han resuelto sus problemas sexuales pasados y han conseguido una estabilidad sexual y emocional.

RESPUESTAS SEXUALES MASCULINAS



A los 20 años, los hombres se excitan sexualmente con mucha facilidad y, por lo general, experimentan períodos refractarios cortos, lo que significa que pueden conseguir una erección minutos después de su última eyaculación y son capaces de realizar el coito varias veces sucesivas. El principal problema sexual al que se enfrentan los jóvenes es la eyaculación precoz, ya que muchos aún no han aprendido a controlar sus respuestas eyaculatorias. Además, la mayoría muestra muy poco interés en los juegos preliminares.



Los hombres en la etapa entre los 30 y 40 años tal vez noten que sus respuestas sexuales son ligeramente más lentas y que les cuesta más mantener erecciones consecutivas. En el aspecto positivo, los hombres en esta etapa son menos propensos a sufrir sobreexcitación y eyaculación precoz, lo que significa que el acto sexual  puede durar más. La falta de líbido debida al estrés relacionado con el trabajo o con la familia también caracteriza  a esta etapa; no obstante, no será un problema si ninguno de los dos miembros de la pareja lo contempla como tal.



Los hombres de más de 40 años pueden notar que les cuesta más conseguir una erección completa, pero sólo un pequeño porcentaje de hombres en este grupo de edad sufren de impotencia.

EL AMOR ROMÁNTICO

Según la cultura popular, los adolescentes sucumben a enamoramientos pasajeros, mientras que los adultos se enamoran de verdad. Las sociedades modernas consideran este sentimiento de amor romántico como una justificación suficiente para la mayoría de relaciones adultas.



El sentimiento inicial de estar enamorado de una persona puede conducir a colocar a esta persona en un pedestal y a pensar en ella de una forma obsesiva. Esta etapa de gran intensidad puede ir acompañada por sensaciones físicas como debilidad, insomnio y pérdida de apetito. Los especialistas coinciden en señalar que las relaciones adultas siguen una evolución natural en la cual esta etapa de enamoramiento se transforma gradualmente en un sentimiento de cariño y afecto. Si esta transformación no se produce, una vez superado el estado de enamoramiento, la pareja se separará.



En una buena relación, el sentimiento de estar enamorado evoluciona hacia un estado de afecto profundo y recíproco en el cual los miembros de la pareja se expresan y crecen como individuos (en términos psicológicos, esto se conoce como el papel facilitador del amor). Por lo general, sin embargo, las parejas se asustan cuando se dan cuenta de que sus sentimientos iniciales de pasión e intensidad desaparecen, ya que consideran esta situación como un signo de que deben dejar de estar enamorados y que la relación pierde su significado. Los consejeros de pareja afirman que ésta es la etapa en que las parejas deben comenzar a contribuir a la relación en términos prácticos en lugar de confiar únicamente en la fuerza de sus emociones.



Las formas en que las personas responden a las relaciones adultas dependen en gran medida de las lecciones aprendidas durante la infancia. Los consejeros suelen intentar ayudar a las parejas a solucionar los problemas en la relación. Sobre todo, animan a las personas a aprender a escuchar, de manera que un miembro de la pareja pueda escuchar sin sentido crítico lo que el otro dice, no lo que uno desea o espera que el otro diga.

EL MATRIMONIO



Aunque muchas sociedades ya no consideran el matrimonio como el único modo de consagrar las relaciones sexuales, muchas parejas todavía se comprometen de esta manera. Aproximadamente entre el 75% y el 80% de personas que han experimentado un divorcio vuelven a casarse, y en algunos casos más de una vez. En su forma ideal, el matrimonio representa una relación afectuosa en la cual dos personas se ofrecen mutuamente apoyo emocional, seguridad y compromiso. Los matrimonios no son perfectos, pero los consejeros sentimentales afirman que un matrimonio satisfactorio o sano es aquel en el que la pareja se comunica bien, reconoce sus diferencias y puntos de vista distintos y está preparada para esforzarse para que la relación funcione.

A pesar de las asociaciones románticas que muchas personas establecen con el matrimonio, las relaciones a largo plazo pueden resultar estresantes. Cuando una pareja se casa, el dinero y los hijos se convierten en las principales fuentes de preocupación. La incertidumbre sobre su futuro nivel de ingresos ejerce una presión demostrada en las parejas casadas. Los factores sociológicos, como el paro y la tendencia creciente a los trabajos a tiempo parcial, implican que el trabajo permanente ya no puede darse por sentado. Otra fuente común de estrés proviene de las diferencias de opinión sobre el momento adecuado para tener hijos.

La percepción del matrimonio ideal varía de una cultura a otra. Un estudio aparecido en el Journal of Social and Personal Relationships (1993) sugiere que, en Japón, factores socioecnómicos como el sueldo del marido son muy importantes para la buena marcha del matrimonio. En las culturas occidentales, en cambio, una buena indicación la constituye la calidad de la interrelación entre los cónyuges.

Hasta los años sesenta, la presión sobre el matrimonio tendía a causar infidelidades y fracasos, pero no el divorcio. En los últimos cuarenta años el divorcio se ha convertido en un proceso relativamente sencillo, y una buena muestra de las presiones que soporta el matrimonio es el progresivo aumento del número de divorcios.

En Occidente, donde el amor se enfatiza como la principal razón del matrimonio, la satisfacción marital decae con la edad. En otras culturas, donde el amor se contempla como una consecuencia del matrimonio, no ocurre lo mismo. Aunque la satisfacción disminuye con los años, la mayor parte de parejas occidentales casadas durante mucho tiempo deciden que la seguridad emocional que el matrimonio proporciona hace que estar casado sea preferible a no estarlo.

ADULTERIO



Las cifras sobre la incidencia del adulterio en el matrimonio varían enormemente. En el estudio realizado en Estados Unidos The Social Organization of Sexuality (1994) se produjo una espectacular revisión a la baja de las anteriores cifras que hacían referencia al número de parejas implicadas en actividades sexuales fuera del matrimonio. Las cifras pasaron del 65% de los hombres y 50% de las mujeres, al 26% y 21%, respectivamente.



Las razones que se aducen para mantener relaciones extramatrimoniales son diversas y van desde la venganza por infidelidad a la seducción por parte de otra persona aunque también hay quien afirma ser polígamo por naturaleza. Las diferentes razones que hombres y mujeres proporcionan apuntan a claras divergencias entre ambos sexos. Mientras que los maridos adúlteros ponen el deseo de mayor excitación sexual como principal razón para cometer una infidelidad, las esposas adúlteras aducen que la causa principal es la insatisfacción emocional en su matrimonio.



Un estudio aparecido en el Journal of Social and Personal Relationships (1995) afirmaba que, cuando las mujeres descubren que su pareja les ha sido infiel, son más dadas a dudar de sí mismas y a sentirse decepcionadas, aunque se sientan tan enfadadas y traicionadas como los maridos de las mujeres adúlteras. Esto resulta especialmente cierto en el caso de las mujeres que poseen un bajo nivel de autoestima. Por otro lado, los celos de la mujer descienden en los casos en que ella también ha sido infiel.

Aunque muchas personas creen que el adulterio es una razón suficiente para dar por terminada una relación, la mayor parte de matrimonios consiguen sobrevivir a la infidelidad. Los asesores matrimoniales afirman que la honestidad es una de las claves del éxito. Es preciso exponer las razones de la infidelidad para que cada miembro de la pareja pueda evitar repetir las circunstancias que le han llevado a una relación extramatrimonial.

EMBARAZO



Las mujeres experimentan profundos cambios emocionales y sexuales durante el embarazo. Algunas afirman sentirse fértiles, llenas de energía y sensuales, mientras que otras sufren náuseas y se sienten sencillamente agotadas. El deseo sexual puede fluctuar durante este período, y la frecuencia del coito suele descender a medida que el embarazo progresa, aunque algunas mujeres hablan de un incremento del deseo durante la etapa central de su embarazo.



No existen razones fisiológicas por las que las parejas deban abstenerse de practicar el sexo durante el embarazo, a menos que el coito resulte doloroso o exista riesgo de aborto. El feto, suspendido en líquido amniótico, está protegido de golpes y contusiones. No obstante, el vientre hinchado y los pechos doloridos pueden hacer que el sexo cara a cara resulte incómodo, por lo que otras posturas alternativas, como la que consiste en acostarse de lado, son más adecuadas durante el embarazo.

TENER HIJOS



La presencia de un hijo recién nacido puede ejercer un efecto espectacular en la relación y la vida sexual de una pareja, sobre todo entre los 3 y los 6 primeros meses tras el nacimiento. Las parejas hablan de sentimientos de amor y alegría intensos, además de fatiga y, en ocasiones, una ligera depresión. Aunque las mujeres pueden practicar el sexo tan pronto como se sientan preparadas tras el nacimiento, muchas parejas tardan en reanudar su vida sexual activa. Entre las razones de este retraso se encuentran el agotamiento, el dolor durante la penetración (debido a los puntos, por ejemplo), el dolor en los pechos (debido al delicado estado de los pezones), una mala imagen de sí misma, en el caso de la mujer, y falta de intimidad. Algunos padres primerizos tienen dificultades para reconciliar la sexualidad de su mujer con el dolor de dar a luz, del cual algunos son testigos. El sexo sin penetración resulta ideal para recuperar la sensación de intimidad, y puede resultar tan gratificante como el sexo con penetración.

Los hijos pueden consolidar y afirmar una relación entre dos personas, y es posible establecer un intenso proceso de unión a tres bandas entre madre, padre e hijo. Aunque la paternidad a una edad temprana puede resultar difícil, muchos padres comparan sus sentimientos hacia su hijo con las sensaciones experimentadas al enamorarse. Hasta cierto punto, estos sentimientos amorosos pueden estar provocados por hormonas, ya que los niveles de una hormona denominada oxitocina, que favorece el comportamiento afectuoso y cuidadoso, son más altos de lo normal en las madres con niños muy pequeños. Los niveles de la hormona también aumentan, aunque en menor medida, en los padres.

En los primeros 5 años de vida del niño, éste puede llegar a minar la satisfacción marital. Esto puede deberse al estrés y a las exigencias inherentes al cuidado del niño o al cambio de punto focal que se produce en la relación, la cual pasa de centrarse en las necesidades emocionales de la pareja a concentrarse en las necesidades del niño. Los hombres y las mujeres también experimentan estrés por los nuevos papeles que adoptan cuando se convierten en padres. ¿Son unos "buenos" padres que educan a su hijo de la manera correcta?¿Cómo deberían repartirse las tareas del cuidado de un niño?¿Quién se ha de responsabilizar principalmente del pequeño?¿Qué ocurre si la división de trabajo hace que el hombre se sienta excluido o la mujer sobrecargada?¿Qué pasa si la mujer desea volver a trabajar? Algunas de estas cuestiones son las que asaltan a las parejas que se convierten en padres. Aunque algunas de ellas tienen la suerte de encajar en un modelo al que se adaptan de inmediato, otras pueden necesitar cierto tiempo para llegar a una solución.

RELACIONES NO MARITALES



Aunque muchos adultos optan por el compromiso de por vida que supone el matrimonio, otros conservan su soltería durante toda la etapa adulta. Algunas personas deciden que el matrimonio no proporciona el contexto adecuado para su relación (tal vez no estén dispuestas a comprometerse en serio, o quizá consideren que una relación no tiene por qué sellarse con un anuncio público y una ceremonia). 



Como alternativa, las relaciones pueden no evolucionar hasta el punto en que el matrimonio se convierte en una posibilidad. Algunas personas han experimentado matrimonios fallidos y les desilusionan las relaciones íntimas y duraderas. Otras creen que el carácter de su sexualidad hace que el matrimonio resulte imposible para ellos.

COHABITACIÓN



Cada vez más adultos recurren a la cohabitación como alternativa al matrimonio. Por lo general, sin embargo, esta opción resulta un aplazamiento más que un rechazo real del matrimonio; la mayoría de las parejas que cohabitan acaban casándose. Algunas parejas consideran que vivir juntos antes del matrimonio tiene sus ventajas, pues les permite evaluar cómo se relacionan antes de comprometerse realmente. Cuando estas parejas se casan, ya han desarrollado rutinas, hábitos y expectativas comunes.

Un estudio aparecido en el Journal of Social and Personal Relationships (1994) informaba de varias diferencias inesperadas entre parejas que cohabitan y parejas casadas. Las primeras afirmaban practicar sexo con más frecuencia que las parejas casadas, tener menos relaciones extramatrimoniales, ser un mayor número de mujeres las que inician la relación y tener un nivel más elevado de satisfacción sexual que las mujeres casadas. Por lo general, las parejas que cohabitan se casan o se separan en dos años.



Si estas parejas acaban casándose, tienen más probabilidades de divorciarse que las parejas que no han cohabitado antes del matrimonio. La razón podría ser que las personas con fuertes creencias religiosas tienden a evitar la cohabitación y el divorcio.

Las parejas que cohabitan antes del matrimonio parecen tener una escala de valores distinta a la de quienes no lo hacen. Tienen más experiencia sexual, dividen más equitativamente las tareas domésticas y pasan juntas gran parte de su tiempo de ocio.

CELIBATO



Dado que la edad adulta es la época en la que la mayoría de personas se comprometen en relaciones estables, aquellas que se desentienden de las relaciones sexuales suelen considerarse individuos poco comunes.

Las razones para mantener el celibato pueden ser diversas. Incluyen el desarrollo espiritual, la espera del compañero adecuado, la presión del trabajo, el ajuste mental tras el final de una relación importante, el miedo a contraer una enfermedad de transmisión sexual o a quedarse embarazada, la falta de interés por el sexo, las cuestiones de identidad sexual, la separación física a largo plazo de la pareja, o ser viudo o separado a una edad avanzada.

El celibato posee significados distintos según los diferentes individuos: algunos lo consideran liberador, otros lo aceptan como la mejor opción disponible y otros creen que es algo que se les impone contra su voluntad. Por definición, las personas célibes no mantienen relaciones sexuales, aunque pueden liberar la tensión sexual a través de la masturbación, así como dar y recibir afecto físico en forma de caricias y abrazos.

RELACIONES HOMOSEXUALES DURADERAS



Aunque algunas sociedades permiten el matrimonio entre homosexuales (en Europa hay varios países que cuentan con legislación al respecto), éste no es el modo más habitual de expresar amor y compromiso entre la comunidad homosexual. La monogamia varía con el sexo en las relaciones de este tipo: se calcula que el 18% de gays y el 72% de lesbianas son monógamos en sus relaciones.



Las relaciones sexualmente no exclusivas o "abiertas" son más habituales en las relaciones duraderas entre hombres homosexuales, sobre todo si existe una diferencia de edad considerable entre los miembros de la pareja. Las investigaciones llevadas a cabo hasta el momento sugieren que, a diferencia de los compañeros en relaciones heterosexuales abiertas (que son comparativamente pocas), los hombres homosexuales en relaciones abiertas son más dados a negociar sus propias reglas sobre sexo seguro con sus parejas.


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