viernes, 20 de enero de 2012

EL CORAZÓN (II) LA CHISPA DE LA VIDA

¿POR QUÉ SE CONTRAE EL CORAZÓN?


El hombre ha estado siempre fascinado y perplejo por el latido espontáneo del corazón y por su capacidad de contraerse incluso separado del cuerpo. Para algunas tradiciones, este hecho lo convirtió en un amuleto sagrado que hacía poderoso a quien se lo comía mientras latía.

A pesar de toda la curiosidad que desde hace siglos ha despertado el latido autónomo del corazón, no fue hasta principios del siglo XX cuando se descubrieron las bases anatómicas de su contracción. Los nombres de His, Tawara, Keith y Flack perdurarán en la historia de la medicina porque descubrieron, demostraron y explicaron racionalmente el cómo y el porqué del movimiento autónomo del corazón.



El sistema autónomo de estimulación y propagación del estímulo para la activación de la contracción está formado por cuatro eslabones encadenados. El nódulo sinusal, situado muy superficialmente en la pared de la aurícula derecha, tiene forma de elipse, una longitud de diez a veinte milímetros y está muy vascularizado por una arteria exclusiva, la arteria del nódulo sinusal. Esta arteria cruza por el centro del nódulo dando origen a varias ramas que se distribuyen alrededor del mismo. El nódulo sinusal es llamado también el "marcapasos del corazón" porque sus células generan espontáneamente estímulos eléctricos que el músculo cardíaco convierte en contracciones; el número de descargas determina la frecuencia cardíaca y su cantidad está regulada por el control que ejercen sobre este nódulo las dos ramas del sistema nervioso central que nacen en el cerebro: el simpático, que lo acelera, y el parasimpático, que lo inhibe.



De esta forma se entiende que la frecuencia cardíaca se acelere en estados de tensión y estrés, como el ejercicio físico o psíquico, y, en cambio, durante el sueño, cuando domina el parasimpático, la frecuencia cardíaca disminuya.

Mediante fibras especializadas de conducción eléctrica, el estímulo originado en este nódulo se desparrama por las dos aurículas provocando la contracción auricular. Se favorece así la entrada de sangre en los ventrículos a través de las válvulas mitral y tricúspide, que se abren milésimas de segundo antes.



Los impulsos que activan la contracción auricular se desplazan hasta el nódulo auriculoventricular, la segunda estación de este eslabón de mando de la frecuencia cardíaca. Este nódulo está situado en la cavidad auricular derecha, cerca de la inserción de la válvula tricúspide, ligeramente por encima de la desembocadura del seno coronario en la cavidad auricular.

La función más importante de este nódulo, verdadero colector de los impulsos que provienen de las aurículas, es retrasar la conducción del estímulo para que las aurículas tengan tiempo suficiente de vaciar toda la sangre que almacenan en los ventrículos relajados.



El nódulo auriculoventricular está formado por fibras nerviosas entrelazadas entre sí en su porción superior y que van liberándose en la inferior. El llamado "haz de His" se introduce en los ventrículos y se divide, a nivel de la porción más superior del tabique que separa ambas cavidades, en miles de fibras nerviosas que acompañan a todas y cada una de las fibras musculares para que su contracción sea unísona y coordinada (fibras de Purkinje).



El estímulo eléctrico no es lo único que se necesita para que el corazón convierta dicho estímulo en latido; es imprescindible también el concurso y la normal concentración de iones, sodio, potasio y calcio que se intercambian a través de las membranas celulares haciendo posible que la célula muscular cardíaca responda con una contracción al estímulo eléctrico. La estimulación normal del corazón y el ritmo que genera reciben el nombre de "sinusal" porque el primer impulso se inicia en el nódulo sinusal, y de aquí se distribuye a todo el miocardio siguiendo los otros eslabones del tejido específico de conducción y produce una contracción sincronizada de cada una de las fibras musculares que componen el miocardio.






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