sábado, 21 de enero de 2012

EL CORAZÓN (III)

LA CIRCULACIÓN DEL CORAZÓN



El corazón es uno de los órganos con más vasos sanguíneos por centímetro cuadrado de nuestro organismo. Las paredes musculares que expulsan rítmicamente la sangre a todo nuestro cuerpo sin descanso requieren un sistema de alimentación y aporte de energía constante y abundante que llega a cada célula muscular a través de un vaso arterial microscópico.



Las arterias coronarias principales (nombre que reciben las arterias y venas del corazón), discurren por la superficie del corazón y son fácilmente identificables. Estas arterias van subdividiéndose por el interior de la masa muscular hasta formar una vastísima red de arteriolas y capilares que alimentan al miocardio desde la superficie del epicardio (superficie del corazón) hasta la profundidad del endocardio.



Es importante señalar que el hecho de que las arterias coronarias principales sean fácilmente visibles e identificables en su trayecto por la superficie del corazón permite que se puedan abordar fácilmente para la práctica de bypass coronario. Si discurrieran por el espesor del miocardio, sería difícil acceder a ellas y el bypass aortocoronario se convertiría en una técnica difícil y peligrosa.



Los vasos sanguíneos del corazón reciben el nombre de "coronarios" porque se desparraman y cubren la superficie del órgano como una corona invertida de arterias y venas. Las arterias coronarias son las primeras ramas que nacen de la aorta y lo hacen a nivel de los senos de Vasalva.



El origen de la arteria coronaria derecha es un orificio de unos 3 mm. de diámetro situado en la porción media del seno. De allí circula por el borde derecho del corazón irrigando todo el ventrículo derecho y una parte considerable de la cara posterior del ventrículo izquierdo. Sus ramificaciones se distribuyen por estos segmentos del corazón con un diámetro que oscila de 0,5 a 2 mm.



La arteria coronaria derecha es la responsable de la irrigación de las dos primeras centrales del sistema de contracción autónoma del corazón (nódulo sinusal y nódulo auriculoventricular). No es de extrañar, por tanto, que en aquellos casos de obstrucción, estenosis o espasmo de este vaso, las arritmias e incluso el paro cardíaco sean unas de las manifestaciones más relevantes.



La arteria coronaria izquierda tiene su origen en el seno de Vasalva izquierdo, que es el orificio de salida de unos 4 mm. de diámetro. El inicio de este vaso pasa por debajo de la arteria pulmonar y antes de dividirse en su dos ramas principales recibe el nombre de "tronco común".



Este segmento de la arteria coronaria izquierda tiene una relevancia muy especial en patología coronaria, puesto que las lesiones que lo afectan requieren, por la gravedad de las complicaciones que pueden ocasionar, una atención médica urgente.

La arteria coronaria izquierda se divide después en dos ramas importantes: la arteria circunfleja y la arteria descendente anterior. A su cargo está la irrigación de todo el ventrículo izquierdo y del tabique que separa ambos ventrículos.



Las colaterales de estas arterias circulan por el espesor del músculo y llegan al endocardio, esto es, a la superficie interna del corazón que está en contacto directo con la sangre de la cavidad. La ramificación de estas arterias en el espesor del miocardio es tan grande que podemos decir que cada célula del músculo cardíaco va acompañada de una arteria.



Todo el miocardio (músculo cardíaco auricular y ventricular) está irrigado por las arterias coronarias que distribuyen el oxígeno y aportan la energía necesaria para que la contracción sea eficaz. 

Una vez las células han captado el oxígeno de la sangre arterial, ésta se convierte en sangre desaturada (sin oxígeno) que transporta el dióxido de carbono y otros productos de degradación del metabolismo celular. A través de las venas, dicha sangre es devuelta al corazón derecho para que pase de nuevo por los pulmones y se intercambie el dióxido de carbono por oxígeno y se reinicie el ciclo vital.

De esta forma, observamos que cada una de las arterias epicárdicas va acompañada de una o más venas que siguen un trayecto paralelo a las mismas y que devuelven la sangre a la aurícula derecha por un gran colector venoso, el seno coronario que desemboca en dicha cavidad.

La distribución de las arterias coronarias por el espesor de la masa muscular condiciona que la irrigación de la misma se haga en la fase de relajación ventricular, es decir, en diástole, pues en sístole, cuando se produce la contracción ventricular, la presión intramural en el miocardio (masa muscular del corazón) es mayor que la presión sistólica (prexión máxima) en la aorta.

Así, el cierre de la válvula aórtica que se produce con la diástole ventricular cuando el músculo está relajado favorece el paso de sangre desde los orificios (ostia) coronarios de los senos de Vasalva a  toda la profundidad de la masa muscular, que en fase de relajación no ofrece resistencia a la irrigación sanguínea. Durante la sístole ventricular, las arterias coronarias epicárdicas se llenan de sangre que penetra e irriga el miocardio en diástole, cuando la presión intramural en el espesor del músculo es mínima, inferior a la presión diastólica (mínima) en la aorta que se transmite a las arterias.

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