domingo, 22 de enero de 2012

EL CORAZÓN (IV)

LA CIRCULACIÓN DE LA SANGRE




"Circular" significa ir y venir, y esto es exactamente lo que hace la sangre: va del corazón a todos los órganos de nuestro cuerpo y vuelve al corazón para, después de pasar por los pulmones, ser enviada de nuevo a la aorta y reiniciar la circunvalación.



Nuestro sistema circulatorio consta de una bomba, el corazón, y un circuito de vasos sanguíneos con una longitud superior a los 100.000 kilómetros, que garantiza el aporte de energía mediante la oferta de oxígeno y la recogida de los productos derivados del metabolismo celular, principalmente el dióxido de carbono.



El bombeo de los ventrículos es intermitente; sin embargo, la dilatación de las arterias durante la sístole ventricular permite a la energía acumulada en sus paredes en sístole empujar la sangre durante la diástole y crear, así, una circulación continua. La pared elástica de las arterias funciona, pues, como bomba supletoria. 



Las últimas ramas del árbol arterial, las arteriolas, tienen una pared musculada que permite, mediante su contracción y relajación, regular el flujo de sangre hacia los capilares.



Estos conductos microscópicos constituyen el último tramo del árbol arterial; en ellos la sangre circula muy lentamente para permitir, a través de su pared, el intercambio de los nutrientes por los desechos en lo más profundo de cada órgano.



La red de capilares es inmensa, aproximadamente unos dos millones de centímetros cuadrados. Esta red se continúa con venas, microscópicas al principio, que van haciéndose cada vez mayores y que devuelven al corazón la sangre desaturada mediante las dos venas cavas. Para impedir el reflujo de la sangre en las venas de las extremidades, éstas están provistas de válvulas.



Además, el retorno de la sangre está facilitado por el vacío que provoca la inspiración en la cavidad torácica y por el empuje que recibe la sangre con las contracciones musculares en brazos y piernas. Una vez la sangre ha llegado a la aurícula derecha es vaciada en el ventrículo derecho para que, a través de la arteria pulmonar, pase de nuevo por los pulmones y se oxigene, y se reinicie el ciclo.



Debido a la baja presión a que están sometidas, las venas tienen una pared mucho más delgada que las arterias, con una capacidad de distensión enorme que les permite acumular gran cantidad de sangre con mínimas variaciones de presión. La capacitancia de las venas es inmensa, su tono está sometido a estimulaciones neurohormonales que pueden favorecer cambios del mismo acelerando el retorno de sangre o almacenándola según las necesidades del organismo. En reposo, más del 50% del volumen sanguíneo está almacenado en las venas.


El sentido de la circulación es siempre el mismo: desde el corazón hasta la periferia y desde ésta de nuevo hasta el corazón para pasar por los pulmones antes de volver a la periferia.



La circulación sirve además para regular la temperatura corporal, aumentando o disminuyendo la dilatación de las arteriolas para permitir la evaporación o el ahorro de calor.



La circulación es, junto al volumen circulante de sangre, el factor que hace aumentar o disminuir la presión arterial al variar las resistencias que encuentra la sangre, contrayendo o relajando la musculatura de las arteriolas.



En condiciones basales, el corazón hace circular cinco litros por minuto. Este caudal es variable dependiendo de los requerimientos tisulares. Así, en caso de ejercicio físico intenso, por ejemplo en atletas con corazones grandes y gran capacidad de contenido, el corazón puede llegar a mover hasta cincuenta litros por minuto.



El propósito de mantener niveles adecuados de presión es asegurar la perfusión adecuada de los órganos vitales.



En el circuito pulmonar, la circulación tiene como función básica el aporte de sangre a los pulmones, donde se libera dióxido de carbono y se capta oxígeno para nutrir los tejidos. Las arterias pulmonares son de paredes finas, un tercio del grosor de las paredes de la aorta, pues soportan presiones que son una sexta parte de las que existen en la circulación sistémica.



La sangre en los capilares pulmonares está separada del aire inspirado por dos finas membranas (alveolo pulmonar) y por una delgadísima capa de líquido. A través de esta membrana infinitesimal, el oxígeno del aire inspirado pasa a la sangre gracias al gradiente de presión de este gas a ambos lados de la membrana.


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