miércoles, 25 de enero de 2012

EL CORAZÓN (V)

LAS DISFUNCIONES DEL CORAZÓN




LAS ARRITMIAS




Las arritmias constituyen una parte muy importante de la patología cardíaca. En las últimas décadas se han conseguido avances muy significativos en su diagnóstico y tratamiento, especialmente porque son la causa de la llamada "muerte súbita", responsable sólo en Estados Unidos de más de medio millón de muertes al año.




¿Qué son las arritmias? 

Cuando nos palpamos el pulso en la muñeca, notamos la expansión de la arteria radial, es decir, la traslación a la periferia del latido cardíaco. En condiciones de normalidad, el latido cardíaco se produce a intervalos regulares, y su frecuencia aumenta o disminuye dependiendo de las necesidades energéticas de las células de nuestro organismo.




En condiciones de normalidad, este latido está desencadenado por una estimulación eléctrica que activa primero las aurículas y se propaga posteriormente a los ventrículos, siempre con un ritmo y una sincronización perfecta para que la energía desarrollada por la contracción sea efectiva al cien por cien.




Sin embargo, como en toda red eléctrica, el programa de activación coordinado del corazón puede verse alterado por interferencias y cortocircuitos de diversos orígenes. El resultado son latidos o secuencias variables de latidos que no se activan por la vía normal y producen una descoordinación en la contracción. Son latidos de más, que reciben el nombre de "extra sístoles", es decir, contracción extra, que los pacientes acostumbran a notar como "un vuelco en el corazón", un sobresalto que muchas veces produce un golpe de tos. Todas las alteraciones del latido regular y rítmico del corazón reciben el nombre de "arritmias". Éstas pueden tener su origen en cualquier segmento del tejido de conducción, ya sea en las aurículas o los ventrículos.

Las arritmias auriculares o supraventriculares, muy frecuentes en la práctica médica diaria, pueden originarse en cualquier punto del sistema de conducción que circula por la musculatura auricular o en un cortocircuito producido en alguna de las subestaciones del impulso eléctrico localizadas en las aurículas. Las causas de estas arritmias son diversas: desde alteraciones congénitas hasta efectos de tóxicos, fármacos, arteriosclerosis o dilataciones anormales de las aurículas por problemas en el funcionamiento de las válvulas auriculoventriculares.

Las arritmias auriculares producen un movimiento no contráctil de la pared auricular, de frecuencia variable, aunque más veces rápido que lento, que se traslada sin ninguna periodicidad al centro de distribución de la contractilidad ventricular. Éste responde entonces con una contracción descoordinada y poco efectiva de la musculatura ventricular y, en consecuencia, se disminuye la eficacia de la circulación. Siempre que la contracción ventricular no se haga con una coordinación perfecta de todas las células musculares que constituyen su masa muscular, disminuirá la efectividad de la contracción resultante y por tanto, el volumen de sangre que debería ser expulsada en cada latido.




Las arritmias auriculares más frecuentes son las llamadas "fibrilación" y "flutter auricular".




Independientemente de los síntomas que pueden generarse por las alteraciones circulatorias que producen estas arritmias, un serio peligro de las mismas es el estancamiento de sangre en la red de trabéculas musculares de los apéndices auriculares. Este estancamiento puede iniciar la formación de coágulos que al desprenderse produzcan embolias en el cerebro u otros órganos, creando situaciones clínicas graves. Ésta es la razón por la que los pacientes con este tipo de arritmias deben ser anticoagulados, es decir, medicados para disminuir la coagulabilidad de su sangre, y así evitar en la medida de lo posible estos procesos.




Las arritmias ventriculares son alteraciones del ritmo cardíaco que se generan en los ventrículos y producen situaciones de emergencia, ya que provocan alteraciones circulatorias graves que pueden ocasionar la muerte del paciente en pocos minutos. Estas arritmias son las responsables de la citada muerte súbita.










En las arritmias ventriculares, la contracción de estas cámaras es llevada a una frecuencia extrema, por encima de los ciento setenta latidos por minuto. La rapidez con que se suceden la contracción y la relajación impide un llenado y un vaciado efectivo de los ventrículos, quedando afectada así la propia irrigación sanguínea del corazón.

La gran mayoría de las arritmias ventriculares acaban generando una fibrilación ventricular. En este caso, los movimientos de las fibras musculares no producen contracción alguna, la sangre no circula, el cerebro y el corazón no son irrigados y, si no se revierte la situación rápidamente, el paciente muere súbitamente.

La mayoría de las veces el origen de estas arritmias malignas es isquémico ("isquemia": falta de irrigación sanguínea suficiente), ya sea por una alteración de la perfusión sanguínea en un momento dado o por cortocircuitos que pueden producirse en áreas del ventrículo con isquemia crónica.

Hoy en día las arritmias pueden tratarse médicamente. Las zonas arritmógenas en aurículas o ventrículos pueden ser anuladas mediante la introducción de sondas en el corazón que, conectadas a un complejo sistema de informática, son capaces de detectar el origen del cortocircuito y de eliminarlo mediante radiofrecuencia, coagulación o crioterapia.




Si la alteración en el sistema autónomo de contracción cardíaca radica en un impedimento en la transmisión del impulso de la aurículas a los ventrículos, se produce entonces un "bloqueo auriculoventricular". Cuando el ventrículo es incapaz de contraerse al ritmo que le marca la aurícula, las pulsaciones pueden disminuir por debajo de la frecuencia requerida para una correcta irrigación de órganos vitales, la circulación cerebral puede verse afectada, el paciente puede perder el conocimiento y, como consecuencia, sufrir lesiones traumáticas al caer.

Los bloqueos auriculoventriculares pueden ser congénitos, inducidos por actos quirúrgicos, fármacos o causados por lesiones coronarias que producen alteraciones isquémicas en los tejidos de conducción.

El hecho de que las arritmias anteriormente descritas constituyan una parte importante de la patología cardíaca ha hecho que no sólo se hayan introducido en la farmacopea medicamentos sofisticados para su tratamiento, sino también que se desarrollen técnicas intervencionistas que nos permiten abolir, controlar o como mínimo mejorar la calidad de vida de los pacientes con estas arritmias. Puesto que las arritmias cardíacas son producto de alteraciones eléctricas, no es difícil comprender que la "electricidad" desempeñe un papel importante en su tratamiento.


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