lunes, 27 de febrero de 2012

DEPRESORES (I)

HIPNÓTICOS SEDANTES

La amplia categoría de depresores comprende el alcohol, las "píldoras para dormir" y ciertos tranquilizantes. En dosis bajas, estas drogas favorecen la relajación y la tendencia al reposo (efectos sedantes), sobre todo durante el día. En dosis mayores, sobre todo por la noche, inducen al sueño (la palabra hipnosis deriva del nombre del dios griego del sueño). La denominación "hipnótico-sedante" se refiere a esta doble forma de efecto.




ALCOHOL 
(alcohol etílico, etanol)


El alcohol es la droga psicoactiva más extendida en el mundo. Es también probablemente la droga más antigua que los seres humanos conocen, porque es fácil descubrir que las frutas y los jugos de frutas pronto empiezan a fermentar como mezclas alcohólicas, si se los deja en sitios templados. El alcohol es algo tan común y sus efectos (tanto los buenos como los malos) son tan conocidos, que no requieren demasiadas explicaciones. Todo el que haya sentido el efecto agradable de un vaso de vino conoce el lado placentero de esta droga. Cualquiera que haya tenido relaciones con un borracho sabe lo desagradables y poderosos que pueden ser los efectos de la sobredosis de alcohol. Quien haya vivido con un alcohólico puede atestiguar los horrores de la adicción al alcohol.




La producción del alcohol etílico depende de una levadura que se nutre del azúcar y da como resultado alcohol y anhídrido carbónico (dióxido de carbono). Las levaduras son organismos vivos simples, formados por una sola célula, que se dan en todas partes, incluido el aire y la piel de muchas frutas, especialmente las uvas. Todo lo que las levaduras necesitan para crecer es agua, azúcar y calor moderado. Siguen creciendo hasta que se acaba el azúcar o hasta que el mismo alcohol que producen las mata. El alcohol es tanto un veneno como una droga: en dosis altas mata a los seres vivos, incluidas las células que lo producen.

Las fuentes naturales de azúcar de las cuales disponían los pueblos primitivos eran las frutas y la miel. Las dos pueden ser convertidas en vino con un contenido máximo de alcohol de aproximadamente el 12%. Otra fuente potencial de alcohol es el almidón pero, antes de que las levaduras lo puedan transformar, hay que convertirlo en azúcar con ciertas enzimas. Estas enzimas existen, entre otras partes, en la saliva. Y, en efecto, los indios de la América tropical la utilizaban para producir una de las clases de cerveza conocidas más antiguas. Aprendieron a masticar el maíz hasta hacerlo una pasta que escupían en cacerolas de arcilla. La mezclaban con agua y esperaban hasta que fermentara. Los granos en brote también contienen este tipo de enzimas. En la producción común de cerveza se usan los granos en brote de la cebada para convertir el almidón de estos granos en azúcar de malta. En la malta pueden crecer las levaduras y producir alcohol. El contenido de alcohol de la cerveza es por lo común la mitad que el del vino. La cerveza es además más nutritiva que el vino porque contiene muchísimas calorías en forma de hidratos de carbono.


En estos famosos grabados del artista inglés William Hogarth (1697-1764)
se pintan las diferentes consecuencias entre el uso regular de las bebidas
alcohólicas fermentadas y las destiladas. Los residentes de "La calle de la Cerveza" están contentos, sanos y productivos; mantienen al vecindario en orden. Por lo contrario, en "La calle del Aguardiente" sólo hay desorden, caos y muerte. Entre
otras calamidades, un hombre se ha ahorcado, otro, esquelético, está cerca de la muerte por desnutrición y una mujer borracha deja caer a su desvalido niño al vacío (The Boston Atheneum).

El alcohol destilado es una forma relativamente nueva del producto, ya que apareció hace pocos cientos de años. El aguardiente (brandy) fue el primer licor destilado. Se obtuvo calentando el vino, condensando por enfriamiento los vapores de alcohol que se producían y recogiendo el goteo en otro recipiente. Este proceso aumentaba espectacularmente la concentración de alcohol: de 12 a 40 o 50%. La idea original de los destiladores fue la de concentrar el vino en menores volúmenes para abaratar su transporte ultramarino en barriles. Al final del viaje el aguardiente había de ser diluido en agua hasta volver a la concentración original del 12%. Pero, cuando la gente tuvo a mano los barriles, nadie esperó a echarles agua. Una nueva y poderosa forma de alcohol invadió de repente el mundo.

En estos momentos nuestra sociedad fabrica y consume numerosos licores destilados. El whisky escocés (scotch) y el norteamericano (bourbon) se destilan a partir de bebidas hechas con grano, parecidas a la cerveza. El ron se destila de melazas fermentadas. El gin y el vodka son simplemente alcohol diluido (al gin se le agrega un aroma), destilados por lo general de un grano. Estos licores son bebidas mucho más fuertes y embriagadoras que las bebidas fermentadas, porque su contenido alcohólico es mucho más alto.


Hombre de 62 años (psicoanalista): me gusta el alcohol. Es una poderosa
droga y, bien lo sabe Dios, para algunas personas es infernal. Pero si se
usa con cuidado puede dar gran placer. Después de un largo y duro día, el
espléndido y cálido brillo que da una bebida fuerte es una de mis sensaciones
favoritas. Empieza en la cavidad de mi estómago y se extiende por los miembros
y el cerebro. Sé que el alcohol es un depresor, pero actúa y se siente como un relajador
suave. Tanto del espíritu como del cuerpo. Para darse cuenta de cómo puede el alcohol
poner a la gente emocionalmente cómoda, sólo hace falta fijarse en el aumento de la vivacidad
y el ruido en un cocktail party en cuanto se sirve una bebida.

Desde los tiempos antiguos, los pueblos deben de haber usado la cerveza y el vino de manera muy parecida a como los usamos ahora, es decir, como drogas sociales y recreativas para entonarse y para tener sensación de cambio ante el trabajo rutinario. Nuestros primitivos ancestros probablemente sabían también que los efectos del alcohol eran variables y estaban relacionados con la dosis. Y que algunas personas se hacían dependientes de él.



El alcohol se absorbe muy rápidamente desde el sistema digestivo, llega a la sangre y al cerebro, y allí produce sus conocidos efectos sobre el ánimo y la conducta. El cuerpo tiene que trabajar mucho para deshacerse del alcohol. Una parte de éste se quema como combustible; otra se elimina sin metabolizar por la respiración y la orina; pero la mayor parte de la tarea de metabolizarlo le toca especialmente al hígado.



Los efectos del alcohol están en relación directa con la cantidad que contiene la sangre en un momento dado. Las bajas concentraciones, en especial al empezar a beber, causan viveza de ánimo, buen humor, sensación de energía, calidez y seguridad, además de ahuyentar ansiedades e inhibiciones. La mayor parte de la población encuentra agradables estos efectos.



Sin embargo, es importante tener en cuenta que algunas de tales sensaciones (especialmente la sensación de seguridad) producidas por el alcohol en dosis bajas, pueden ser falsas. Al revés que los estimulantes, el alcohol y otros depresores reducen la eficiencia del funcionamiento del sistema nervioso, incluyendo los reflejos, el tiempo de reacción y la precisión de la respuesta muscular. Aunque la gente cree que rinde más después de un par de tragos, los tests científicos demuestran que rinde menos. Ésta es una de las fuentes de peligro del uso de depresores para sentirse mejor: la falsa sensación de confianza en uno mismo puede conducir a riesgos irresponsables, como el de conducir un automóvil en condiciones que llevan al desastre.



También es engañosa la sensación de calor que provoca la bebida. Se debe al mayor aflujo de sangre hacia la piel, que de este modo disipa más calor hacia fuera. La realidad es que la temperatura interna del cuerpo está bajando aunque la sensación de calor crezca. La gente que está desabrigada y, para sentirse templada, bebe alcohol cuando el tiempo es frío pude ser víctima de una hipotermia.



Otro ejemplo de la naturaleza engañosa de las sensaciones que da el alcohol es el efecto sexual. Muchas personas beben para aumentar la sensación de necesidad sexual. Creen que el alcohol aumenta el deseo, elimina las inhibiciones y favorece la relajación. En los hombres, sin embargo, la depresión del sistema nervioso provocada por el alcohol puede impedir la erección e interferir drásticamente en las relaciones sexuales. Los escritores han notado este efecto desde los tiempos de Shakespeare. En la tercera escena del segundo acto de Macbeth se desarrolla este diálogo entre Macduff y un lacayo del castillo:
  • Macduff: ¿Y cuáles son las tres cosas que provoca el alcohol?
  • Lacayo: ¡Por Dios!, señor: la nariz roja, el sueño y la orina. La concupiscencia, señor, la provoca y la desprovoca: provoca el deseo, pero se lleva la hazaña.
La gente que bebe debe saber que, cuando está bebiendo alcohol, sus impresiones subjetivas pueden no corresponder a la realidad.


Más aún, está claro que, como ocurre con toda droga psicoactiva, el efecto agradable que produce el alcohol puede depender tanto de la actitud y del ambiente como de la acción farmacológica. La misma cantidad de alcohol que durante una placentera reunión social puede hacerlo sentir a uno gratamente entonado, es capaz de hace que una persona deprimida en una habitación solitaria se sienta aún más deprimida.


La concentración del alcohol en la corriente sanguínea depende de varios factores: 
  1. La concentración del alcohol en la bebida;
  2. La velocidad con que se bebe;
  3. La presencia de alimentos en el estómago; y
  4. La velocidad a la cual el cuerpo es capaz de metabolizar y eliminar el alcohol.
Cuanto más fuerte sea la bebida, más rápidamente subirá la concentración de alcohol en sangre y más pronto se emborrachará el sujeto. Beberse de un trago el cóctel y beberse el vino como si fuera agua, hará que se pase muy deprisa por la etapa de los efectos agradables producidos por el alcohol, y se llegue antes a los efectos no tan agradables.


Los alimentos que estén en el estómago, especialmente la leche, disminuyen la velocidad de absorción del alcohol hacia la sangre. Por lo tanto, beber con el estómago vacío puede provocar una borrachera más rápida y más intensa. Comer antes y después de beber modera la intensidad de los efectos del alcohol.



Por último, algunas personas son capaces de metabolizar el alcohol más deprisa que otras y aguantar mejor las dosis altas. Esto puede estar genéticamente determinado y, si es así, algunos podrían tener una tendencia hereditaria al alcoholismo. Las personas que beben regularmente metabolizan más deprisa el alcohol que quienes no beben, y no las afectarán dosis que con seguridad afectarían a otros. Es lo que se llama tolerancia, tolerancia que se desarrolla rápidamente con el uso del alcohol y los hipnóticos sedantes. Los alcohólicos tienen gran tolerancia a esta droga. Pueden beber cantidades de alcohol que matarían a un abstemio. Otras personas pueden en cambio tener menor capacidad de lo normal para metabolizar el alcohol. Por ejemplo, algunos japoneses tienen una peculiaridad bioquímica innata: se emborrachan con dosis de vino o licor que, difícilmente, afectarían a un americano o a un europeo.


A medida que la concentración de alcohol aumenta en la sangre deprime más y más al sistema nervioso produciendo los conocidos síntomas  de la borrachera: 
  • Habla confusa;
  • Descoordinación de movimientos;
  • Insensibilidad al dolor; y
  • Conducta inadecuada.
Las personas se emborrachan de diferentes maneras según sea su personalidad, su ánimo del momento o el entorno social. Algunas se vuelven vociferantes y molestas; otras se hacen demasiado amigables y confían los más íntimos detalles de su vida privada a perfectos desconocidos. Hay quien se vuelve agresivo e incluso violento, en tanto otros se ponen melancólicos, llorosos y autocompasivos.


La ebriedad es un serio problema en el mundo entero, según se ve por el número de accidentes, actos de violencia, heridos y muertos. Muchos accidentes son consecuencia directa del alcohol, como lo son muchos crímenes. Es frecuente que los borrachos maten a amigos o a parientes y, al día siguiente, no se acuerden de los incidentes, lo cual es consecuencia del efecto depresor del alcohol sobre partes del cerebro responsables de la razón, el pensamiento y la memoria.


Muchos borrachos terminan por caer en un sueño estuporoso. Cuando despiertan tienen "resaca", con síntomas tales como acidez de estómago, dolor de cabeza, debilidad, temblor, depresión y dificultad para concentrarse, trabajar o pensar con claridad. Estos síntomas reflejan los efectos tóxicos del alcohol sobre el cuerpo y son muy molestos. El alcohol es intensamente diurético. Es decir, aumenta la secreción de orina y la pérdida de agua. El exceso de bebida de una noche puede resultar en una deshidratación seria si no se repone el agua, y puede contribuir al malestar de la resaca del día siguiente.


Dado que tomar más alcohol hace que la persona con resaca se sienta mejor, beber en exceso puede conducir a beber más ("el trago que cura la resaca"), cosa que la pone en el camino de la dependencia.

La dependencia del alcohol es una verdadera adicción, caracterizada por deseo ansioso de la droga, tolerancia y síndrome de abstinencia. El deseo angustioso de alcohol es legendario. Ha sido el tema de muchos libros y películas. Los alcohólicos recuperados cuentan aterrorizadoras historias sobre los extremos a los cuales llegaron para conseguir la droga cuando se vieron privados de ella; y hablan de cómo despilfarraron dinero en la bebida. La abstinencia rápida de alcohol constituye una crisis médica de gran proporción. Alguna de sus peores formas, como el delirium tremens (DT), puede ser fatal y más seria que la abstinencia de los narcóticos.


Es más, como el alcohol es una droga tan fuerte y tan tóxica, su uso prolongado puede causar un gran daño físico. La cirrosis de hígado, en la cual las células normales de este órgano son reemplazadas por células fibrosas sin función, es un resultado común y directo del consumo abusivo del alcohol y conduce a muchos síntomas perturbadores. Entre ellos la impotencia sexual y la incapacidad de digerir alimentos. Los otros órganos que soportan la carga del efecto venenoso del alcohol son el cerebro y el sistema nervioso periférico. Los alcohólicos desarrollan temblor, amnesia y descenso de la capacidad intelectual, lo cual puede reflejar un daño permanente de las células nerviosas. La lista de los problemas médicos relacionados con el exceso de bebida es demasiado larga para reproducirla aquí. Incluye efectos adversos en el desarrollo de niños no nacidos de madres alcohólicas (síndrome alcohólico fetal) y susceptibilidad aumentada a enfermedades infecciosas como la neumonía y la tuberculosis. Los hospitales de todo el mundo están llenos de enfermos crónicos, cuyos cuerpos han sido estragados por el alcohol.


El alcoholismo es también una de las más empecinadas formas de adicción a la droga, muy resistente al tratamiento. Muchos médicos que trabajan con alcohólicos admiten tener poco éxito. Entre los pocos grupos que parecen capaces de ayudarlos, están los de Alcohólicos Anónimos. El tratamiento depende de una adhesión casi religiosa a la ética de grupo. Otro grupo con éxito es el de la Iglesia Nativa de Norteamérica (Native American Church), que emplea el peyote en ceremonias religiosas y emprende vigorosas cruzadas contra la bebida de alcohol entre los indios norteamericanos. 


No todos los bebedores regulares se hacen adictos. De hecho, la mayor parte de los bebedores regulares de alcohol no es adicta. Es probable que algunas personas hereden la tendencia a la adicción al alcohol debido a peculiaridades de su bioquímica o metabolismo. Los hijos de alcohólicos tienen más probabilidades de desarrollar alcoholismo, pero también las tienen aquellos cuyos dos progenitores son abstemios. Esto sugiere que la falta de un modelo adecuado en la forma de beber los padres puede ser también un factor importante.


Uno de los más claros síntomas  de alcoholismo es la bebida repetida con el objeto de emborracharse. Los alcohólicos no pueden limitar a uno o dos vasos su consumo de bebida en sociedad: invariablemente toman mucho más. Pero emborracharse no es tan divertido, ni en el momento, ni al día siguiente. ¿Por qué, entonces, consume tanta gente sobredosis de alcohol?


La cuestión apunta al problema principal del alcohol. A la mayor parte de las personas le gusta los efectos tempranos del alcohol (que se parece al de los estimulantes), pero tomar más para lograr esos efectos cambia la calidad de éstos de manera dramática. No es sencillo para la gente mantenerse en los límites desagradables y lamentarlo después. La gente joven que empieza a beber ha de tener en cuenta que deberá afrontar ese problema al hacer la experiencia. Si las personas son metabólicamente normales, si cuentan con el apoyo de un buen modelo familiar de conducta en la bebida y si no tienen problemas psicológicos serios, aprenden a controlar su ingestión de alcohol y a evitar resbalar a la zona de peligro. Otras personas no pueden.


El alcohol es una de las drogas más difíciles de controlar por ser tan fuerte y debido a que la diferencia  entre los efectos  relacionados con la dosis varían mucho de una persona a otra. Usado con inteligencia, el alcohol puede aliviar el estrés. Hay incluso quienes sostienen que el alcohol es saludable. Por ejemplo, algunos estudios médicos sugieren que la bebida moderada previene los infartos cardíacos porque reduce la tendencia a la coagulación de la sangre y facilita la metabolización del colesterol. Los amantes del vino sostienen que beberlo con las comidas ayuda a la digestión. Ciertos médicos creen que el alcohol, en pequeñas cantidades, es bueno para los ancianos. Estas opiniones pueden ser correctas. Pero, por desgracia, hay gente que no aprende a beber con moderación. Cuando los alcohólicos recuperados intentan hacer uso social del alcohol, caen otra vez en el alcoholismo con mucha facilidad.


No hay duda alguna de que el alcohol es la más tóxica de las drogas que se tratan en el mundo entero. Sin embargo, nuestra sociedad ha hecho del alcohol la droga elegida para uso social. Está al alcance de cualquiera en todos lados, en muchas y atractivas formas. Se hace intensa propaganda comercial de ellas, y se usa hasta el extremo de que es difícil evitar tomarla. En algunos grupos es hasta tal punto el lubricante social que, quienes no toman alcohol, se sienten incómodos y fuera de lugar. Se mete en la vida de la gente a cada paso. Los amigos se cambian entre ellos botellas de alcohol como regalos de Navidad. Las líneas aéreas venden licores durante el vuelo y, si los aviones se retrasan más de lo previsto, aplacan con bebidas la impaciencia de los pasajeros. Los placeres de la bebida se exaltan por todos lados en carteles de propaganda e ilustraciones de revistas. En nuestra sociedad, cada uno de nosotros debe aprender a defenderse de esa propaganda para manejarse con esta poderosa droga.



A menos que uno sea mormón o musulmán, debe aprender a rechazar una copa de alcohol si no quiere beber. Y si no, ha de aprender a beberla con inteligencia, moderación y no permitir que el uso se le escape de su control.



ALGUNAS SUGERENCIAS 
PARA USAR EL ALCOHOL 
DE FORMA RACIONAL


  1. Determinar los beneficios que se esperan del alcohol. Hay que recordar que es atractivo porque hace que uno se sienta bien por un tiempo, tanto física como mentalmente. Es posible aprender a conseguir estos beneficios si se bebe el alcohol con cuidado y teniendo un propósito determinado. Si uno se siente dolorido y con fiebre puede ser aconsejable meterse en la cama y tomar antes un poco de bebida. Si uno llega a una fiesta y se siente torpe, ansioso e inhibido, tomar un poco de alcohol puede ayudar a incorporarse al ritmo general.
  2. Es también beneficioso establecer algunas reglas sobre dónde y cuándo no se debe tomar alcohol. Por ejemplo, una persona que decide beber para relajarse después de una jornada de trabajo especialmente dura o difícil, no debe tomar alcohol cuando ha tenido un día fácil, ni tampoco antes de terminar el día. Nadie debe conducir si ha bebido alcohol.
  3. Las reglas sobre el momento, los lugares y las situaciones apropiados para el consumo del alcohol ayudan a vigilar la tendencia a perder el control, típica del alcohol. Uno puede decir que va a beber cuando está entre amigos, pero no cuando está sólo. Que va a beber durante el fin de semana y durante las vacaciones, pero no los días de trabajo. Que va a beber después de la caída del sol, pero no durante el día.
  4. Hay que aprender a regular la concentración de alcohol en sangre. Una vez está allí, sólo el tiempo puede llevárselo. Es posible controlar la absorción del alcohol hacia la sangre tomando bebidas diluidas en vez de concentradas (por ejemplo, agregando agua al vino o añadiendo alguna bebida no alcohólica al licor fuerte). También es posible asegurarse de tener algo en el estómago antes de empezar a beber, practicar el consumo lento de alcohol, además de acostumbrarse a decir "no" cuando alguien sabe que ya ha tomado bastante y le ofrecen otro trago.
  5. Una vez se ha bebido mucho alcohol, es necesario recordar tomar mucha agua para compensar la pérdida de ésta por orina. Una buena cantidad de agua alivia la resaca del día siguiente.
  6. No hay que pasar demasiado tiempo con gente que bebe mucho o lo alienta a uno para tomar más.
  7. Cuidado con la práctica de caer en el hábito de bebida regular para tratar problemas emocionales persistentes como la ansiedad o la depresión. El alcohol puede enmascarar los problemas por un tiempo, pero este tipo de uso tiene todas las probabilidades de terminar en dependencia.
  8. La adolescencia, con sus conflictos, la presión de los compañeros y tendencia a la rebeldía, es una época durante la cual se pueden desarrollar malos patrones del uso de droga, patrones que pueden extenderse hasta la vida adulta y ser muy difíciles de romper. Los jóvenes pueden creer que tienen menos inclinación a la dependencia que los adultos, pero la realidad los contradice. El alcohol es una droga difícil de controlar a cualquier edad; el alcoholismo no aparece de la noche a la mañana. Es el resultado de los malos hábitos de bebida a lo largo del tiempo, empezando por las experiencias más tempranas.
  9. El alcohol contiene calorías. Si uno está preocupado por su peso, debe vigilar lo que toma.
  10. La mejor manera de protegerse contra los efectos dañinos del alcohol es no beber todos los días.
  11. Si se bebe regularmente, es necesario asegurarse de mantener buenos hábitos de descanso, ejercicio físico y nutrición. El día que se ha bebido es aconsejable tomar 100 mg. de vitamina B1 (tiamina) como suplemento de la dieta. El alcohol destruye esta vitamina de manera selectiva.
  12. Si uno empieza a sospechar que tiene problemas con el alcohol (o si los conocidos creen que los tiene) debe buscar ayuda profesional. Es difícil, si no imposible, tratar el problema de la bebida sin ayuda externa.

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