lunes, 27 de febrero de 2012

DEPRESORES (II)

LOS BARBITÚRICOS 
Y OTRAS PASTILLAS PARA DORMIR 
(DOWNERS)


Esta clase de drogas sedantes son los hipnóticos, llamadas corrientemente "pastillas para el sueño", y circulan por el ambiente desde hace mucho tiempo. Se las fabrica tanto legal como ilegalmente y su uso es muy corriente. Los médicos las prescriben en dosis bajas para calmar a la gente durante el día y, en dosis más altas, para ayudarla a dormir por la noche. Hay millones de personas que toman píldoras para dormir todas las noches y no pueden hacerlo sin ellas. Millones de otras personas toman hipnóticos por razones no médicas: para entonarse, para sentirse bien o para ir a una fiesta.

El adicto a los barbitúricos presenta un espectáculo chocante.
No pueden coordinar sus movimientos, tropieza, se cae de los
taburetes de los bares, se duerme a mitad de una frase y se le
cae la comida de la boca. Está confuso, agresivo y atontado. Y
casi siempre usa otras drogas además del barbitúrico, cualquier
cosa que caiga en sus manos: alcohol, bencedrina, opiáceos o
marihuana. Los adictos a los barbitúricos son mal mirados en
la sociedad de los adictos: "gamberros del pildorón... sin clase
de ninguna clase...". Para mí, los barbitúricos causan la peor
forma de adicción, destructora de la introspección, deteriorante
y difícil de tratar. (Novela de William S. Burroughs, 1959,
DeNaked Lunch 

El ácido barbitúrico fue descubierto en 1864. Desde entonces ha aparecido una serie de derivados. Todos ellos son conocidos como barbitúricos. Son la droga más importante del grupo de depresores. La primera droga barbitúrica para el sueño se llama barbital y apareció en 1903. La segunda, llamada fenobarbital, apareció en 1912. Hoy se conocen cientos de barbitúricos, y muchos de ellos están en uso.


Algunos barbitúricos se metabolizan lentamente y son eliminados por el riñón. El barbital y el fenobarbital son drogas de este tipo; se los llama barbitúricos de uso prolongado porque sus efectos duran entre 12 y 24 horas. Se los emplea como sedantes diurnos más que como hipnóticos nocturnos y no producen mayor estimulación o euforia. Por eso poca gente los toma para entonarse.


Otro tipo de barbitúricos se metaboliza más rápidamente por el hígado. Sus efectos duran de 6 a 7 horas, y se los llama de acción corta. Este grupo incluye el amobarbital (Amytal), pentobarbital (Nembutal), hexobarbital (Sombulex) y secobarbital (Seconal). Son drogas que actúan de manera muy parecida al alcohol, con sensación de agrado en dosis bajas, especialmente al principio del efecto. Por lo tanto, hay quienes las toman para cambiar su estado de ánimo, y no faltan en el mercado negro.


Por último, hay barbitúricos  de muy corta duración que producen pérdida de conciencia casi instantánea, si se los inyecta por vía intravenosa. El tipental (Pentotal) es el más representativo. Los dentistas y los médicos lo usan como anestésico en operaciones quirúrgicas. Debido a que elimina la conciencia con tanta rapidez y no deja memoria de la experiencia, nadie la toma por placer.

Cuando la gente habla de tomar depresores se refiere casi siempre a barbitúricos de acción corta y a algunas otras drogas similares, de las cuales se hablará después. Todas estas sustancias actúan como el alcohol. Casi todo lo dicho sobre el alcohol se aplica también para los barbitúricos.

Las píldoras para el sueño pueden hacer que las personas se sientan y parezcan borrachas, pueden provocarles resaca, pueden matarlas por sobredosis debido al bloqueo del centro respiratorio del cerebro. Pueden también producir adicción tenaz, con peligrosos síndromes de abstinencia, marcados en algunos casos por convulsiones y muerte.


Dado que las similitudes entre los efectos de los hipnóticos y el alcohol son tantas, es más útil hablar de las diferencias que de las similitudes.

A diferencia del alcohol, las píldoras para el sueño no liberan calorías. El cuerpo no puede quemarlas, así que tiene que metabolizarlas de otra manera. No son tampoco tan tóxicas a lo largo del tiempo como el alcohol. No causan daño hepático ni otros daños corporales, tan frecuentes en alcohólicos. La tolerancia a los depresores ocurre como con el alcohol, pero hay algunas curiosas diferencias. A medida que la gente los usa, la tolerancia a los efectos sobre el ánimo se desarrolla más deprisa que la tolerancia sobre los efectos letales. Por esta razón la gente que usa estas drogas tiene más riesgo de matarse accidentalmente que los alcohólicos. Por ejemplo, las personas que adquieren el hábito de tomar todas las noches pastillas para dormir, es posible que empiecen por una cada noche, necesiten aumentar después a dos la dosis y luego a cuatro para conciliar el sueño. Una noche, la cantidad necesaria para dormir puede ser igual a la que se necesita para dejar de respirar. Combinar depresores y alcohol es especialmente peligroso porque los efectos se suman. La adición de una dosis de alcohol a la que el consumidor está habituado y una dosis de depresor (que en sí misma puede ser tolerable) es capaz de llevar al coma y a la muerte. Mucha gente ha muerto por ignorar este hecho.



Lo mismo que con el alcohol, los efectos de los hipnóticos sobre el ánimo son extremadamente variables y dependen de la personalidad, de las expectativas y del entorno del momento. Mucha gente que toma pastillas para dormir siente sólo sueño. Otros se sacuden el sueño y dicen que se sienten entonados. 


Una dosis de seconal tomada en una wild party (una orgía) pude provocar intensa excitación; en tanto que la misma dosis tomada en un cuarto solitario puede hacerle caer a uno en estado de letargia. Algunos pacientes médicos a quienes se les han recetado hipnóticos tienen reacciones extrañas: se sienten ansiosos y agitados en vez de calmados. Las personas de edad tienen altas probabilidades de intoxicarse con una dosis normal. A las personas con enfermedades de hígado y riñón les pasa lo mismo.

La mayoría de la gente toma estas drogas por la boca, pero hay también formas inyectables. En los hospitales las dosis hipnóticas de Nembutal se administran a menudo por inyección intramuscular, especialmente cuando se tienen problemas con la alimentación oral.

En la calle hay consumidores que se inyectan la droga en vena (algunas veces muelen y disuelven preparaciones orales), una práctica que aumenta sobremanera los efectos tóxicos.

A otros consumidores les gusta combinar depresores y estimulantes, porque aseveran que el efecto combinado es más placentero que el de cada droga por separado. Ciertas combinaciones de este tipo se fabrican incluso legalmente para uso médico. Un ejemplo de esta combinación es Dexamyl, mezcla de amobarbital y dextroanfetamina (Dexedrina). Se dice que en esta combinación el barbitúrico contrarresta la tendencia de la anfetamina a producir ansiedad y agitación, en tanto la anfetamina refuerza el potencial del barbitúrico de producir euforia. De manera similar, la gente que toma mucha cocaína dice que la bebida simultánea de alcohol reduce los efectos desagradables de la cocaína, en tanto la cocaína les evita caer en la borrachera y les disminuye la resaca. Aunque estas combinaciones pueden no ser dañinas en sí mismas si se usan ocasionalmente, tal vez tengan mayor potencial de conducir al abuso porque facilitan la posibilidad de tomar mayores cantidades de droga.

La dependencia de los barbitúricos puede aparacer tanto en los consumidores callejeros como en los pacientes médicos. Los médicos suministran grandes cantidades de recetas de píldoras para dormir y muchas personas caen en el hábito de tomarlas todas las noches. Está ciertamente justificado tomar estas drogas cuando el insomnio es temporal y debido a una causa específica e identificable. Por ejemplo, la muerte de un amigo íntimo, la ruptura de la familia o la pérdida del trabajo. Incluso el mudarse de vivienda puede causar serios trastornos del sueño y las píldoras para dormir pueden ayudar durante la crisis. Hay quienes toman pastillas para conciliar el sueño durante vuelos largos u otras clases de viajes; para poder dormirse después de períodos de intenso trabajo o estrés, o para conciliar el sueño cuando las condiciones de trabajo cambian. No hay nada malo en tomar en estos casos pastillas para dormir durante unos cuantos días.



Los problemas aparecen cuando la gente las toma todas las noches durante largo tiempo. El insomnio persitente siempre es síntoma de otro trastorno físico o emocional. Las píldoras para el sueño tratan sólo el síntoma. Es más, el sueño que inducen los hipnóticos no es el mismo que el sueño natural. En primer lugar, disminuyen la capacidad de soñar, parte del mecanismo normal de recuperación nocturna; en segundo lugar tienden a producir resaca. Debido a que no proveen todas las necesidades normales del cuerpo y de la mente, las píldoras para conciliar el sueño pueden a la larga agravar el problema subyacente. Aunque mucha gente las toma durante años sin necesidad de tener que aumentar la dosis ni sufrir trastornos mayores, este tipo de uso de la droga es una forma de dependencia.


Tomar hipnóticos como un medio de superar situaciones anímicas o depresiones es probablemente la manera más arriesgada de usarlos. Como el alcohol, estas drogas pueden enmascarar temporalmente los síntomas, pero a lo largo del tiempo pueden con frecuencia aumentar la ansiedad y la depresión y pueden también conducir a tomar más droga en "una espiral hacia abajo" capaz de llevar al suicidio.


Como se dijo al principio, hay un número de hipnóticos no barbitúricos. El más reputado fue en el pasado la metacualona, comercializada bajo los nombres de Quaalude, Sopor y Mandrax. Aunque tomada sola tiene menos probabilidades de producir parálisis de los centros respiratorios por sobredosis, los efectos de la metacualona son equivalentes a los de los barbitúricos. Sin embargo ha habido muertes como resultado de combinar la metacualona y el alcohol. Los consumidores hablan de "qualudarse", es decir, tomar Quaalude hasta producir euforia y un grado alto de aturdimiento. El Quaalude ha ganado fama en la calle  como excitante de la sexualidad y droga para la juerga. Igual que todos los depresores pueden reducir la inhibición y reducir la ansiedad. Pero, también como el alcohol, interfiere en los hombres en sus relaciones sexuales y puede dificultar el orgasmo en las mujeres. El Quaalude auténtico es difícil de conseguir hoy, pero en el mercado negro suelen venderse tabletas look-alike que no contienen metacualona a compradores incautos.

No hay duda de que el Quaalude puede ser peligroso cuando se lo usa
irresponsablemente; ni de que pude producir adicción. Como droga
recreativa, tomada de cuando en cuando y de manera responsable,
la encuentro interesante y me da una experiencia diferente de la que
consigo con cualquier otra droga. Hombre de 36 años, consejero sobre drogas.

Otro depresor, el hidrato de cloral, es somnífero más antiguo de los que están todavía en uso médico. Son las famosas "gotas para el knock-out", que se ponen a escondidas en el vaso de bebida alcohólica de un sujeto desprevenido para robarlo o raptarlo.

Aún quedan otros hipnóticos no barbitúricos más, como la glutatimida (Doriden), la metiprilona (Noludar), el etoclorinol (Placidil) y el paraldehído. Todas estas drogas se usan en medicina como hipnóticos. De vez en cuando llegan al mercado negro. Los beneficios y peligros de estos hipnóticos son los mismos que los de los barbitúricos.

SUGERENCIAS
PARA NO ABUSAR DE LOS HIPNÓTICOS
  1. Tomar las píldoras para dormir por la boca y sólo en las dosis que los médicos recomiendan. A menudo bastan dosis aún menores.
  2. No conducir automóviles ni trabajar con máquinas bajo los efectos de las píldoras. Lo mismo que el alcohol, empeoran la lucidez, la coordinación de movimientos y los reflejos.
  3. Tener máxima precaución contra el uso combinado de los somníferos con el alcohol o con otras drogas depresoras.
  4. No caer en el hábito de dormir apoyándose en el uso de los hipnóticos. Por lo general, el insomnio se supera con la mejora de la salud, con el ejercicio físico adecuado, con la disminución del consumo de estimulantes (incluida la cafeína y el tabaco), un baño caliente antes de meterse en la cama y por muchos otros medios que no incluyen el uso de drogas.
  5. Mucho cuidado con tomar estas drogas para superar el mal estado de ánimo.
  6. No tomar regularmente hipnóticos y estimulantes para lograr el efecto agradable.
  7. No tomar hipnóticos cuando se está enfermo (sobre todo si se tienen problemas hepáticos o renales) como no sea por prescripción médica.
  8. Pedir auxilio profesional si uno se da cuenta de que se está haciendo dependiente de los hipnóticos, desarrollando tolerancia o sintiendo algún efecto físico o mental que no se ha sentido antes.

No hay comentarios:

Publicar un comentario