miércoles, 15 de febrero de 2012

EL CORAZÓN (XI)

¿CÓMO PODEMOS PREVENIR 
LA ENFERMEDAD ARTERIOSCLERÓTICA?



La    enfermedad     arterial coronaria  y la enfermedad arteriosclerótica   son   un importante    problema    de salud  pública. El elevado porcentaje de   mortalidad y morbilidad que conlleva afecta   mayoritariamente  a adultos  jóvenes  entre  los  45  y  los  65  años de edad, en plena fase productiva de su vida profesional.



Independientemente de las actuaciones de los profesionales de la salud para paliar los efectos de esta enfermedad, lo esencial para obtener resultados satisfactorios y disminuir sus efectos en la población es la aplicación de todas las medidas preventivas a nuestro alcance. 



El médico puede hacer lo inimaginable para ayudar al paciente a solventar su problema, pero si el paciente no quiere ayudarse a sí mismo, no hay solución.



La primera de ellas tiene que ver con la educación. Sería conveniente iniciar a edades tempranas una concienciación seria y constante de la importancia de los hábitos que hay que seguir y las prácticas que hay que evitar. 



La educación en medidas de prevención debería ser una asignatura obligatoria para hacer interiorización de conocimientos positivos sobre la salud a todo el mundo desde la primera infancia. 



El conocimiento de cómo prevenir una enfermedad debe ser parte fundamental de la educación y de la cultura de la humanidad, y la aplicación de este conocimiento es una obligación de todos y cada uno de nosotros, para que todos vivamos mejor, para evitar sufrimientos inútiles y disminuir gastos que lastran mucho la economía de las naciones.



El riesgo cardiovascular está condicionado por factores individuales que pueden favorecer la aparición de la enfermedad. 



Algunos son, actualmente, inalterables, como la genética, el tipo de personalidad o la edad. 



Existen, en cambio, otros factores de riesgo que son modificables y que dependen de nuestra voluntad para evitarlos. Éstos deben ser publicados de forma amplia, para obtener una conciencia universal y eficaz. 



Entre estos factores de riesgo modificables están el sedentarismo, el tabaco, el alcohol, las drogas, la dieta, etc. 



Se caracterizan por aumentar las tasas de colesterol en sangre, favorecer el sobrepeso, generar hipertensión arterial y potenciar la aparición de la enfermedad arterial coronaria.



Es muy probable que la variante genética pueda ser modificada y alterada en un plazo corto de tiempo para que deje de ser un factor de riesgo elevado en la aparición de esta enfermedad. 



Actualmente, sin embargo, los individuos con una historia familiar proclive a la enfermedad arteriosclerótica deberán extremar las precauciones y evitar por completo los factores de riesgo controlables para poder evitar esta enfermedad.




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